El imperio de los imbéciles en las organizaciones
10-2006
Te veo acribillado por moscas venenosas. ¡Refúgiate donde sopla un
viento frío y fuerte! ¡Refúgiate en tu soledad, amigo mío! Ya has vivido
demasiado entre mediocres y miserables. ¡Huye de su venganza invisible!
No piensan más que en vengarse de ti.
No les levantes la mano.
Son legión, y tu destino no es convertirte en matamoscas. Esa gente
mediocre y miserable es muy numerosa, y tú sabes que las gotas de lluvia
y las malas hierbas han terminado derribando un soberbio
edificio.....Sin embargo, procura que tu destino no sea tener que
soportar toda su venenosa justicia. (Nietzsche, F., 2000, p. 53).
El presente trabajo pretende describir la naturaleza de las mentes
imbéciles, cómo actúan y cómo se las arreglan para tener éxito en la
vida. Es de carácter introductorio, de tal manera que sirva de base para
futuras investigaciones sobre este tema. En ese sentido, se plantean la
importancia de su estudio, los tipos de personas que existen, las leyes
fundamentales de la estupidez, las bases generales que la sustentan y,
finalmente, algunas conclusiones.
Introducción
El tema de la imbecilidad reviste mucha importancia en el análisis de
las organizaciones, por cuanto puede ayudarnos a entender muchos
fenómenos que suceden al interior de las empresas y a desentrañar
algunas características de los individuos, que han permanecido ocultas
hasta este momento. A pesar de su enorme importancia, pocas
investigaciones se encuentran sobre la naturaleza de la imbecilidad;
quizás, por lo sensible del tema y porque no nos gusta saber que existen
muchos imbéciles en la sociedad y que, gran parte de los males que nos
aquejan encuentran su explicación en esta característica típicamente
humana.
Esta es una de las razones por las que en nuestros países no se
desarrollan los genios.
Cuando surge un genio, inmediatamente es detectado por los individuos
imbéciles y toda una inmensa masa cae sobre él despiadadamente hasta
destruirlo. Para ello, emplean todos los medios a su alcance, aunque
sean laberínticos, con tal de lograr su objetivo. Es que los individuos
imbéciles atacan con el mismo odio a la ciencia con el que Newton la
defendía. Las personas inteligentes constituyen un estorbo para sus
fines malébolos; por eso, los atacan sin piedad y con sadismo. Las
personas imbéciles pasan la mayor parte de su tiempo pensando cómo hacer
daño a las personas no imbéciles, obstaculizando el desarrollo normal de
las actividades. Por eso, elevan el costo en las organizaciones. Aquí
radica la importancia de estudiar la imbecilidad, en la búsqueda de
caminos que permitan identificar a los individuos imbéciles y, a su vez,
conocer su verdadera naturaleza para estar en capacidad de enfrentarlos.
Por qué es importante para las organizaciones el estudio de los
imbéciles
El estudio de los individuos imbéciles ha tenido poca discusión al
interior de las organizaciones, a pesar de que este tipo de personas
existen a montones. Se las encuentra por todas partes, en las
universidades, en las iglesias, en las empresas, en los sindicatos; en
fin, en cualquier lugar en que uno se encuentre. Poseen la
característica de la ubicuidad. Como estas personas son muy dañinas para
el desarrollo de las organizaciones y de la humanidad, es necesario
reflexionar sobre ellas, a fin de conocerlas y poder combatirlas. Esto
es un deber. Si los imbéciles entendieran lo dañino que son para la
sociedad, ellos mismos se autoexiliarían y constituirían un mundo
paralelo, el mundo de los imbéciles o, al menos, se pusieran un cartel
que dijera: “yo soy imbécil, aléjense de mi”, como los hombres - de El
Apocalipsis - que tenían la marca de la bestia. Pero, como esto es
imposible, los imbéciles no tienen la capacidad de autoconocerse y
percibir el mal enorme que provoca su triste existencia y debido,
además, que la naturaleza no es sentimental al crear estos seres,
estamos condenados a vivir con ellos y peor aún si la teoría del eterno
de retorno, que defiende Nietzsche, es cierta; por lo tanto, debemos
conocerlos, identificarlos y hacerles frente. Su perversidad y odio son
de tal magnitud que derraman cicuta por todos lados, cuando son ellos
los que deberían consumirla. Por eso, lo menos que podemos hacer es
alejarnos porque son una ofensa a las mentes íntegras y brillantes;
aunque es difícil hacerlo porque siempre andan en la búsqueda de las
personas inteligentes, puesto que estos últimos constituyen un peligro
para ellos. Son como los dictadores criminales. La historia de éstos,
como es el caso de Hitler, plantea que muy pocas veces se detienen ellos
solos, es necesario que alguien los detenga. Y para hacerlo, habrá que
conocerlos.
Los imbéciles son como un barril repleto de estiércol, con muchos
agujeros, que viene rodando en una pendiente y salpicando a los
individuos que encuentran a su paso. Se parecen al pantano, que encierra
podredumbre; por eso, entre más lejos estén, mejor y, como son muchos,
constituyen una enorme masa amorfa; recordemos que entre los cuerpos
funciona la ley de la Gravedad.
Debemos estar lejos y muy alto de ellos para no escuchar sus voces
maldicientes. “Es preciso estar entrenado en vivir en las montañas, -
afirmaba Nietzsche - en ver por debajo de uno mismo la mezquina
charlatanería actual de la política y el egoísmo de los pueblos
(Nietzsche, F. 1999, p. 19).
Los imbéciles y mediocres odian a las personas brillantes y pasan toda
su triste vida buscando la forma de hacerles daño. Por eso, es
imprescindible identificar sus características y su forma de actuar
porque éstos siempre ven como enemigos a las mentes brillantes, a los
honestos a quienes atacan sin piedad con intención de destruirlos,
aunque para ello tengan que destruirse ellos mismos. Son unos verdaderos
kamicazes. Es verdad que los imbéciles y mediocres son dañinos en todo
lugar, hasta en su hogar; sin embargo, son más dañinos en instituciones
en las que se dedican a la enseñanza, porque allí se están formando
nuestros jóvenes, la generación de relevo. Imagínese usted, un profesor
con mente imbécil y mediocre frente a jóvenes con mente brillante.
¡Qué terrible paradoja! La importancia de abordar el tema de la
imbecilidad es grande. Estos elevan enormemente los costos en las
empresas y más aún los costos sociales en las organizaciones y atentan
contra la estabilidad emocional de las personas.
Los resultados de un estudio realizado por Proudfoot Consulting a
trabajadores de nueve países durante más de 10,000 horas mostraron que
la baja productividad europea es resultado de una administración
mediocre, Managing for mediocrity (gestionar para la mediocridad).
Quizás ayude en algo incluir en los planes de estudio de las Facultades
de Administración una asignatura con el nombre de Estupidología.
Habrá, entonces, que conocerlos y conocerlos bien. Los imbéciles y
mediocres que hay en este país son los peores que existen. Aunque por lo
general, el mediocre y el imbécil de nuestro país se identifica
fácilmente por su inmensa soberbia y, además, muchos se empecinan en
serlo, existen algunos que no es muy fácil su identificación. Estos son
los más peligrosos. El conocimiento de ellos hará más fácil la
estrategia a emplear y, por lo tanto, los procesos de desarrollo
personal y grupal fluirán con mayor dinamismo.
Acostúmbrate – decía Marco Aurelio – a estar bien atento a lo que dice
otro, y en la medida de lo posible penetra en el alma del que habla
(Libro VI, 53). Ya lo reconocía, también, Sun Tzu, cuando afirmaba…
“Conoce al enemigo y conócete a ti mismo; nunca te encontrarás en
peligro en cien batallas” (El Arte de la Guerra, 1963). El pensamiento
central de la enseñanza socrática es la máxima de Delfos "conócete a ti
mismo" (nosce te ipsum).
De aquí que Sócrates recomendara a Alcibíades que practicara el
autoconocimiento, como una forma de desarrollar la razón: "esta parte
parece realmente divina y quien la mira y descubre en ella todo ese
carácter sobrehumano, un dios y una inteligencia, bien puede decirse que
tanto mejor se conoce a sí mismo" (Alcibíades, 133 C). El combate a
este tipo de individuos (si es que puede llamárseles así) no sólo es una
necesidad sino también un deber; y, como constituyen un inmenso rebaño
de imbéciles y soberbios, que transpira odio por sus poros, atropellan a
aquellos que encuentra en su camino, habrá que hacer algo para
marginarlos al bajo mundo de las cavernas, de las sombras, lugar donde
deberían estar confinados para siempre.
Las palabras de Cervantes, en boca de don Quijote, son estímulos para la
acción: ..... así , que casi me es forzoso seguir por su camino, y por
él tengo de ir a pesar de todo el mundo, y será en balde cansaros en
persuadirme a que no quiera yo que los cielos quieren, la fortuna ordena
y la razón pide, y, sobre todo, mi voluntad desea;.....(De Cervantes,
Miguel, Segunda Parte. Cap. VI, p. 592). Si Dios mismo los combate,
cómo no habremos de hacerlo nosotros, simples mortales: .....Dios
resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. (Santiago, 4: 6).
Es verdad que debe respetarse la diversidad; pero, también debe
protegerse la inteligencia de aquellos que quieren eliminarla.
Recordemos a Newton en su defensa contra los ignorantes, el odio con que
defendía la ciencia.
El odio puede existir, también, en los grandes hombres, cuando defienden
con pasión sus ideales y, sin embargo, no pueden sentir envidia; el
imbécil odia para ofender y calumniar y, a la vez, siente envidia ante
el desarrollo de las personas. La envidia es propia de mentes obtusas.
La incapacidad de tener nobles ideales motiva a los imbéciles a envidiar
y a calumniar. La calumnia y la envidia son sus recursos favoritos.
Por eso, este trabajo debe considerarse una apología de los menos,
aquellas personas humildes y brillantes y un combate tenaz a las
mayorías, a los imbéciles y mediocres que constituyen la mayoría. ¿Es
éste un comportamiento antidemocrático? ¿Hay que dar protagonismo a la
mayoría? No importa si es o no un comportamiento antidemocrático.
Dejemos para otra ocasión esta discusión. ¿O acaso permitiremos que este
rebaño de imbéciles y mediocres con mentalidad pigmea y embrionaria,
amparados en que son mayoría, acaben con el honor de las personas? Habrá
que actuar hoy, para no lamentarnos después. Es una lucha desigual
cuantitativa y cualitativamente, es un combate de los menos contra los
más. Muchos son los andantes – dijo Sancho. Muchos - respondió don
Quijote -; pero pocos los que merecen nombres de caballeros (De
Cervantes, Miguel, Segunda Parte. Cap. VIII, p. 608).
Es cierto que el gobierno de la mayoría es fundamental para el bien
vivir. Sin embargo, no es cierto que siempre la democracia trae
beneficios para todos. La democracia funciona cuando la mayoría está
constituida por individuos racionales; pero, la simple observación del
funcionamiento de las organizaciones muestra que la mayoría de personas
son irracionales o actúan con una racionalidad limitada. Cuando la
mayoría de la población es imbécil, en un sistema democrático las
mayorías arremeten contra los no imbéciles y éstos se encuentran
desprotegidos. Aristóteles era un fiel defensor de la racionalidad y de
la democracia; sin embargo, advertía que cuando la población estaba
conformada, en su mayoría, por individuos infames y malvados, la
democracia deviene en una forma de gobierno no muy recomendable. Veamos,
a continuación, lo que Aristóteles plantea al respecto:
“De las demás propuestas trataremos en otro lugar. En cuanto a esa de
que sea soberana la mayoría antes que los mejores y pocos, puede parecer
una solución que tiene cierta dificultad, pero que, por de pronto,
ofrece además algo de verdad.
En efecto, se puede admitir que esos muchos, cada uno de los cuales es
de por sí un hombre mediocre, sean, sin embargo, al reunirse, mejores,
no individualmente, sino tomados en conjunto; la multitud se hace como
un solo hombre con múltiples pies y muchas manos y muchos sentidos, y lo
mismo ocurre con los caracteres y la inteligencia. Esa es la razón por
la que la mayoría juzgan mejor las obras musicales y las poéticas. Unos
aprecian una parte, y otros otra, y todas entre todos (.....) a no ser
que la masa esté demasiado envilecida” (Aristóteles: Política, Libro
III, cap. 11, 1281b y 1282a, la negrita es nuestra).
El mismo teorema de Gödel es una objeción al sistema de gobierno
democrático, al plantear la imposibilidad de resolver todos los
problemas dentro de sus propios límites.
Pero, ¿qué es un imbécil? El concepto imbécil proviene del griego:
im=sin y becil=báculo; es decir, aquellos que no tenían bastón. El
imbécil no es que no tenga apoyo; se refiere, más bien, a aquella
persona que comete un error, a pesar que se le indique. De lo que
carecen los imbéciles son de apoyos inmateriales, como la moral, de
ideales nobles y de la razón.
En un sentido más moderno, el imbécil es una desviación seria del
comportamiento racional y adaptable. Es decir, el imbécil adopta siempre
un comportamiento estúpido. La imbecilidad tiene implicaciones
cognitivas y morales. La gente inteligente puede comportarse
ocasionalmente como estúpida; es decir, como imbécil; pero, el imbécil
está inhabilitado permanentemente para comportarse como una persona
inteligente.
Es oportuno distinguir entre la estupidez ciega y la estupidez pura. La
estupidez ciega sucede cuando una persona capaz no está consciente de
esa capacidad. La estupidez pura resulta cuando el individuo no está, en
realidad, ciego. Una persona adopta una estupidez pura cuando insiste en
un comportamiento poco sensato, aunque ocasionalmente lo reconozca. Es
el caso de la persona imbécil. A la estupidez pura, en este trabajo, la
denominaremos simplemente estupidez o imbecilidad.
La estupidez comparte muchas características con la mediocridad, como la
difamación, la calumnia, la injuria, la deshonestidad, la vulgaridad, la
envidia y la incapacidad de crear y adoptar nobles ideales; algunos
hasta consideran sinónimos ambos términos. Sin embargo, el término
estúpido encierra las características más bajas de las pasiones humanas.
La mediocridad es el punto central entre la imbecilidad y la genialidad.
El individuo mediocre, si lo comparamos con el imbécil, constituye un
progreso. Por supuesto que, igual que la mediocridad, la imbecilidad
presenta grados. Hay personas más imbéciles que otras, y está el
ultraimbécil. Este es el más peligroso de todos.
A cualquier país que uno vaya encuentra imbéciles y mediocres plenos. El
mundo está lleno de ellos. La maldad es lo que más existe en este mundo.
Pero, los imbéciles y mediocres de nuestro país abusan de su
condición. En nuestro país, los imbéciles y mediocres están por todos
lados, con sus miradas de criminales, eternos fugitivos de la razón y de
la dignidad, con sus formas de caminar y hablar propias de los matones
del antiguo oeste, con los mismos trajes, con las mismas sonrisas, los
eternos despersonalizados, los carentes de originalidad, los sin
historia, los inoculadores de odio y toxina, los sicópatas venenosos,
los seres sin luz, versión antípoda del individuo, basura reciclada,
mentes obtusas, eunucos y lisiados mentales, con pasado infame e
ignominioso, mezcla de bestia y de humano, (aunque más de bestia que de
humano), prehomínidos que aún no se han distanciado de la línea de los
chimpancés; en fin, los dementes terroristas sin nombre, “los tísicos
del alma”, el homo demens demens. Ya lo reconocía Marco Aurelio:
“¿Qué es la maldad? Es lo que has visto tantas veces. Y en ocasión de
todo lo que acontece ten presente que es lo que has visto muchas veces.
En resumidas cuentas, por arriba y por abajo, encontrarás las mismas
cosas, de las que están llenas las fábulas de antaño, las intermedias y
las de hoy día, de las que ahora están llenas las ciudades y las casas.
Nada es nuevo: todo es habitual y de escasa duración (Libro VII, 1, p.
50)”.
En las organizaciones existe todo tipo de gente, imbéciles y no
imbéciles. Si un dirigente pretendiera formar un grupo únicamente con
personas inteligentes, no pasaría mucho tiempo para que personas
imbéciles aparecieran en el grupo que se han bifurcado de su grupo. A
este fenómeno se le conoce como oscilación crítica y hace posible la
autorregulación en los sistemas abiertos para que puedan lograr la
homeostasis. La existencia de imbéciles es necesaria para los
inteligentes, siempre y cuando la cantidad no vaya más allá de cierto
rango crítico para mantener el equilibrio. En el país, el número de
individuos imbéciles sobrepasa en mucho al de los inteligentes, por lo
que el sistema social se encuentra en situación de caos y de
desequilibrio permanentes. La estupidez individual ya alcanzó otra
dimensión: la estupidez social. La crisis social existente en el país es
una crisis de imbecilidad.
La imbecilidad es una fuerza muy poderosa porque todos los imbéciles son
unidos y nunca descansan en su lucha contra los inteligentes. Poco a
poco están invadiendo todas las esferas de la sociedad, sustituyendo a
los no imbéciles y ocupando puestos importantes.
Esto ha llevado a algunas personas a defender la imbecilidad, aunque sea
de manera irónica, como el famoso poeta chino Sus, que decía: Toda
familia, cuando nace un niño, lo quiere inteligente. Yo, con toda mi
inteligencia, he sufrido y he arruinado toda mi vida. Sólo espero que mi
hijo sea estúpido e ignorante: llegará a ministro, coronando así una
vida plácida.
(Citado por Ponte di Pino, Oliviero, 2000). ¿Y usted también espera que
su hijo sea estúpido e ignorante para que pueda triunfar en la vida?
¿Acaso no es posible para las mentes brillantes alcanzar la felicidad en
esta vida? No me responda; respóndase a usted mismo y actúe de acuerdo a
su respuesta.
A veces, también, las personas brillantes actúan como imbéciles; pero,
es más la excepción que la norma. Sin embargo, esto no lo hace imbécil;
le recuerda que es humano y nada de lo que es humano es ajeno a los
inteligentes.
Ya lo reconocía uno de los más grandes científicos de la antigüedad,
Plinio: Ningún mortal es sabio a todas horas. Cuando la persona
inteligente adopta un comportamiento imbécil, se percata de ello y trata
de autocontrolarse. El imbécil no está consciente de su imbecilidad y
menos aún los ultraimbéciles. Estos constituyen el verdadero problema.
Actuar, de vez en cuando, como imbécil no constituye un problema serio.
Séneca pensaba que, en ocasiones comportarse como tal era agradable: De
cuando en cuando es agradable ser estúpido. Y Pitágoras, el filósofo de
Samos, aconsejaba a sus jóvenes estudiantes: Disculpen las debilidades
humanas. Dice Homero que a veces los dioses mismos se descuidan. La
historia nos señala cómo muchas personas brillantes se comportaron como
imbéciles; pero, supieron sacar provecho de la estupidez. No es el caso
de la estupidez pura, que se desarrolla conforme avanza la edad.
Hay casos, también, de personas que adoptan un comportamiento estúpido
por razones de estrategia; sin embargo, no pueden considerarse
estúpidos. Es una táctica simulada de estupidez que se emplea, muchas
veces, para engañar a las personas y sacar provecho de esa
situación. Esta táctica es muy peligrosa. Por ejemplo, una muestra de
estupidez para hacer sentir importante a una persona que le gusta
ostentar poder y luego aprovecharse, atacarla o burlarse de ella. Hay un
proverbio etíope que evidencia esa situación:
Cuando pasa el gran señor, el sabio campesino se inclina profundamente
ante él, y en silencio se tira un pedo. Pero, ésta no es un tipo de
estupidez pura. La estupidez como táctica es una acción consciente. El
acto de un estúpido es inconsciente, debido a la falta de control de la
neocorteza que rige el sistema límbico. Las personas estúpidas tienen
problemas en la neocorteza y, por lo tanto, carecen de autocontrol y,
por eso mismo, su amor hacia los demás es muy débil o no existe. Las
personas estúpidas son incapaces de amar; en ellas sólo existen
intereses, igual que la mayoría de gobernantes, de los países pobres y
de los grandes imperios. Todos son iguales, la diferencia es de grado.
Como la existencia de las mentes brillantes es un peligro para la
permanencia de los imbéciles en este mundo, están siempre al acecho de
aquellas, como perros rabiosos intentarán muchas veces despedazar a las
personas honestas y no descansarán hasta ver saciada su sed de sangre.
Ponen todo su empeño y necedad en provocar daño en las personas íntegras
y se inventarán mil razones para hacerlo.
El rey Salomón ofrece una buena descripción de ellos: Como perro que
vuelve a su vómito, así es el necio que repite su necedad. (Proverbios,
26: 11). También, el salmista dice: Volverán a la tarde, ladrarán como
perros, y rodearán la ciudad. (Salmos, 4: 6). Por eso, no se debe tener
compasión con estos fracasados y decadentes; la compasión es debilidad y
es preciso que seamos fuertes y valientes frente a estos hemipléjicos
del alma; la compasión es una muestra de sadismo y crueldad contra la
vida misma, es un atentado contra la selección natural, es una ofensa a
la humanidad misma.
La abundancia de tanta putrefacción ya apesta y asfixia y habrá que
actuar tenazmente y pronto. Ellos son más, es cierto; pero, cada alma
noble vale por miles de ellos. Poner el pie sobre estos gusanos,
provocaría asco.
Luchemos contra estos imbéciles en el campo de los valores, de la
ciencia, del arte, de la luz y ya verán que son unos cobardes. Es que
sienten un profundo desprecio por las ideas, por la ciencia, por los
valores, por lo verdaderamente humano: No es la miel para la boca del
asno...(De Cervantes, Miguel, Primera Parte. Cap. LII, p. 528). Es
necesario superarlos, la sociedad ya está harta de ellos. Como la
inteligencia no es una característica fundamental para la vida (las
bacterias no poseen inteligencia y, sin embargo, viven) y los genios
están desapareciendo, parece que hay un largo camino por recorrer junto
a esta horda de imbéciles. Este constituye un sinsentido de los que
habla el Eclesiastés. Aprendamos a conocernos, aprendamos a ser hombres,
ya no discutamos cómo debe ser el hombre bueno, ya no busquemos al
hombre bueno (como decía Diógenes), seamos nosotros mismos el hombre
superado y tengamos fe en nosotros mismos. Aprendamos del mar su proceso
de regeneración. Hay que ser un mar- decía Nietzsche, (2000, p. 14) -
para poder recibir un río sucio sin ensuciarse al mismo tiempo.
Categorías de personas
Para desarrollar esta parte me apoyaré en el libro de Oliviero Ponte di
Pino (2000). Hace muchos años, la humanidad podía agruparse en dos
grandes categorías. Así, en el libro chino de las transformaciones, el I
Ching, se clasifica a los hombres en superior (el que practica los
preceptos y las reglas del libro) y después a los demás, los que, por
destino, están condenados a la ruina.
En la Biblia (Proverbios y Salmos), se mencionan dos grandes categorías
humanas, el sabio y el necio.
Con el desarrollo de la sociedad, dos categorías no fueron suficientes
para clasificar a la humanidad. Maquiavelo, en su muy famoso libro El
Príncipe, clasifica a los hombres en tres categorías:
“Porque hay tres clases de cerebros, uno que comprende por sí mismo,
otro que discierne por lo que se le dice y un tercero que no entiende ni
por sí ni con la ayuda ajena, siendo el primero superior en todo, el
segundo excelente y el tercero inútil (Maquiavelo, Nicolás, cap. 22)”.
Confucio hablaba de cuatro categorías: los que nacen dotados de una gran
inteligencia; aquellos que han adquirido muchos conocimientos con
esfuerzo y estudio; luego están los que, a pesar de haber dedicado mucho
esfuerzo al estudio, poseen poco conocimiento y, finalmente, se
encuentran aquellos que, careciendo de inteligencia y sin haberse
esforzado por estudiar, permanecen toda su vida en la más absoluta
ignorancia.
El historiador y crítico francés, Hyppolite-Adolphe Taine (citado por
ponte di Pino, 2000, p. 74), en su ensayo De l’intelligence (1870),
también establecía una clasificación de cuatro grupos. Cuatro especies
de personas hay en el mundo: los enamorados, los ambiciosos, los
observadores y los imbéciles; y los más felices son estos últimos.
Más recientemente, el italiano Carlo María Cipolla, historiador de la
economía y escritor, en su Allegro ma non troppo, afirma que la
humanidad se clasifica en cuatro clases (en Ponte di Pino, 2000):
1. Los desgraciados que sólo buscan el propio provecho y al final, en
cambio, sus acciones acaban aprovechando a otros;
2. Los inteligentes, que obtienen ventajas para sí y para los otros;
3. Los bandidos, que sólo buscan su propio provecho;
4. Los estúpidos, que perjudican a todos, de forma imprevisible y a
ciegas.
Otros aseguran, entre los cuales se encuentra Oliviero Ponte di Pino
(2000), que no bastan esas cuatro categorías para comprender a la
humanidad, y en el esfuerzo de clasificar a las personas en base a los
grados de estupidez, hubo necesidad de crear los partidos
políticos. Pareciera que éste, el de los partidos políticos, es el lugar
preferido en el que se refugia la mayoría de individuos estúpidos. Desde
entonces, los partidos políticos han crecido significativamente. Es que
como dicen por todas partes: No hay ningún necio que no encuentre su
compañero.
Las leyes fundamentales de la estupidez
Gran parte de este apartado es un destilado de un artículo publicado en
Internet (E:\leyes de la estupidez Carlo M_ Cipolla (1922-2000).htm), el
cual se basó en Carlo María Cipolla, Allegro ma non troppo, 1988.
Primera Ley Fundamental: Siempre e inevitablemente todos subestiman el
número de individuos estúpidos en circulación .
Tratar de cuantificar el número de estúpidos en una población, además de
costosa, sería una tarea inútil. Sería tan grande el número, que casi
coincidiría con la población misma. Por eso, no estaría mal la idea de
crear un impuesto gradual y progresivo sobre la estupidez, que pudiera
denominarse Impuesto al Daño por la Estupidez (IDE) aplicado en forma
diferenciada, dependiendo del grado de estupidez y del cargo que
ostentan los individuos. Así, a mayor grado de estupidez, mayor carga
impositiva y los estúpidos que ocupen cargos muy delicados deben pagar
una suma mayor que aquellos con cargos menores. Con este impuesto muy
bien se puede pagar la deuda externa del país, en poco tiempo. Por
supuesto, para medir el nivel de estupidez, es necesario crear una
escala de medición y su instrumento. Una especie de cretinibarómetro.
Ustedes pueden hacerse una idea de cuáles serían los estratos que
tendrían que pagar más por el IDE.
Segunda Ley Fundamental: La probabilidad de que cierta persona sea
estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa
persona.
El comportamiento estúpido tiene una causa última de carácter genético.
En todas las personas existe un gen “estúpido”´, así como existe un gen
egoísta y un gen de la agresión. Los factores que desencadenan la
estupidez se encuentran en el entorno cultural.
El desarrollo humano es una interacción compleja entre datos genéticos y
moldeamiento cultural, como insisten los genetistas modernos. Sin
embargo, parece que no es muy agradable para muchos escuchar que nuestro
comportamiento tiene una causa última completamente genética.
El profesor Cipolla realizó muchos y amplias investigaciones
demográficas con varios sectores poblacionales: trabajadores “de cuello
azul”, “de cuello blanco”, estudiantes y profesores universitarios.
Observó que la fracción de estúpidos era mayor que la esperada y que,
independientemente de su nivel profesional, se mantenía la misma
proporción. Quedó muy sorprendido con los resultados obtenidos entre los
profesores universitarios. En realidad, en las universidades trabajan
muchas personas que no son profesores; más bien, son trabajadores que
imparten clases; pero, no son profesores, en el sentido verdadero del
término. En muchos casos, son profesionales que han fracasado en
trabajos fuera de la universidad y han hecho de la universidad su
guarida. Y lo que es peor, varios hasta han obtenido éxito.
Aquí no se cumple el principio de Dilbert: Los trabajadores menos
eficaces son trasladados sistemáticamente a puestos donde puedan hacer
menos daño: se convierten en directivos. Porque los profesores estúpidos
sí hacen mucho daño en las universidades.
Tercera Ley Fundamental (o de Oro): una persona estúpida es aquella que
causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna
ganancia para sí misma e incluso incurriendo en pérdidas.
Como hemos mencionado, en su Allegro ma non troppo (1988), Carlo María
Cipolla realiza un análisis de costes y beneficios y clasifica a los
seres humanos en cuatro tipos:
Ø Desgraciado (D): aquel que se causa un perjuicio a sí mismo,
beneficiando a los demás.
Ø Inteligente (I): aquel que se beneficia a sí mismo, beneficiando a los
demás.
Ø Bandido (B): aquel que obtiene beneficios para sí mismo, perjudicando
a los demás.
Ø Estúpido (E): aquel que causa pérdidas a otros, perjudicándose a la
vez a sí mismo.
Puede ubicarse a cada uno de ellos en un cuadrante en un sistema de
coordenadas, como en el gráfico 1. Al representar sobre el eje de las X
el beneficio (+) o coste (-) que obtiene una persona y en el eje de las
Y el beneficio (+) o coste (-) que produce a los otros con los que se
relaciona, es posible definir y estimar las coordenadas de los tipos de
personas mencionados:

Las posibilidades son cuatro, correspondientes a los tipos de personas
descritos: tanto la persona como con los que se relaciona son
inteligentes; por lo tanto, todos salen ganando (su transacción está
ubicada arriba y a la derecha con respecto al cero. Tanto la persona
como con los que se relaciona son estúpidos; por lo que, todos pierden
(transacción abajo y a la izquierda con respecto al cero).
La persona es un bandido y, por consiguiente, resulta ganancioso; sin
embargo, los individuos con los que se relaciona pierden (abajo y a la
derecha del cero). La persona es un desgraciado, por lo que sale
perdiendo, mientras que las personas con las que se relaciona se
benefician (arriba y a la izquierda del cero).
En el gráfico de Cipolla funciona un juego de “suma cero”; es decir, lo
que pierde uno, lo gana otro. Existe un equilibrio. En este punto, puede
hacerse la siguiente extrapolación, de acuerdo a Cipolla (comentado por
Ponte di Pino): en las sociedades en las que existen juegos de suma
positiva están destinadas al progreso; mientras aquellas en las que
predominan juegos de suma negativa, su destino es la decadencia.
Aunque, por lo general, las personas tienden a mostrar un solo
comportamiento, no siempre lo hacen. Así, observamos a personas
inteligentes actuar como estúpidos o como desgraciados. Sin embargo, los
estúpidos normalmente mostrarán un comportamiento estúpido en cualquier
situación. Es posible representar la posición del resto de tipos de
personas en términos de una media de los resultados de sus acciones en
función de costes y beneficios, provocados sobre sí mismos y sobre los
demás en el eje de coordenadas del gráfico1. Esto nos permite hablar de
lo siguiente:
Un "bandido perfecto" es aquel que actúa para lograr un beneficio para
sí mismo igual al coste que produce en los demás. El ladrón que roba a
otro cincuenta dólares sin causarle ningún coste adicional, es un
ejemplo. Este caso es un "juego de suma cero", en el que lo que gana un
jugador es exactamente lo que pierde el otro; es decir, el conjunto de
la sociedad ni gana ni pierde. El "bandido perfecto" está representado
en el eje de coordenadas del gráfico 2, sobre la línea OM que bisecta el
cuadrante B.

Pero, los "bandidos perfectos" son tipos muy raros. Es más fácil
encontrar "bandidos inteligentes" (Bi), los cuales obtienen más
beneficios que los daños que causan, o "bandidos estúpidos" (Be) que,
para lograr algún beneficio, provocan un alto coste a los otros.
Entonces, los bandidos que permanecen por encima de la línea OM son
relativamente poco numerosos. Es mucho más frecuente el individuo Be.
Por ejemplo, un trabajador que denigra a otro sólo por satisfacer su
egoísmo.
Lo mismo puede suceder con el desgraciado. Un “desgraciado perfecto” es
aquel que con su comportamiento produce un daño para sí mismo igual al
beneficio que causa para los demás. Una madre gestante que prefiere
morir a cambio de que su hijo viva, es un ejemplo. También, en este
caso, es un “juego de suma cero”, en el que lo que pierde uno lo gana el
otro.
El “desgraciado perfecto” está representado en el eje de coordenadas del
gráfico 3 sobre la línea ON que bisecta el cuadrantre D. Este tipo de
personas es poco frecuente; se observan más “desgraciados inteligentes”
(Di), que con poco daño logran mayores beneficios para los otros, o los
“desgraciados estúpidos” (De), quienes logran algún beneficio con altos
costos para él. Los “desgraciados estúpidos” son más frecuentes que los
“desgraciados inteligentes”. Ejemplo de individuos De se observan mucho
en el trabajo. Existen individuos que, para hacer sentir bien a sus
jefes, adoptan una conducta muy sumisa, hasta humillante. También, es
muy frecuente observar a los “desgraciados estúpidos” en los partidos
políticos.
El peligro de la estupidez
Para hacer frente a un comportamiento estúpido habrá que conocerlo; sin
embargo, no es muy fácil entender este tipo de comportamiento. Es más
fácil seguir la pista a la lógica del comportamiento de un bandido.
Veamos por qué. Al observar el comportamiento de un bandido, vemos que
sigue un modelo de racionalidad.
Este siempre busca obtener beneficios, y como no es capaz de lograrlos,
procurando también beneficios para los demás, lo hace dañando a los
otros. Y, aunque esto no es justo, es racional (la racionalidad no
siempre va acompañada de la verdad y de la justicia) y, siendo racional,
es posible prever tal conducta y, por consiguiente, preparar la
defensa. En cambio, con una persona estúpida, la defensa resulta muy
difícil. Es que los individuos estúpidos, tal como lo hemos mencionado y
como lo predice la Tercera Ley Fundamental, son muy insistentes para
perseguir a los inteligentes, sin ningún plan, en todos los lugares
posibles. Tienen un olfato muy agudo para detectar a las personas
inteligentes y hasta sueñan con hacerles daño.
Son unos verdaderos psicópatas. Realmente, es muy difícil para una mente
inteligente entender un tipo de personalidad así, y más difícil aún
defenderse, porque estas gentes emplean los métodos más vulgares y
deshonestos, que no se atreven a emplear las personas inteligentes. Son
completamente irracionales.
Y es que, tanto la persona inteligente como el bandido y el desgraciado
incauto, están conscientes de su comportamiento; sin embargo, el
estúpido no sabe que es estúpido y esto contribuye en gran medida a dar
mayor fuerza, incidencia y eficacia a su poder devastador.
Cuarta Ley Fundamental: Las personas no estúpidas subestiman siempre el
potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en
especial, olvidan constantemente que en cualquier momento, lugar y
circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se
manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.
Las personas desgraciadas e incautas, es decir, las que en los gráficos
1 y 2 se sitúan en el cuadrante D, no reconocen la peligroso que son las
personas estúpidas, debido a su corta visión; por lo que este hecho no
extraña. Pero, lo que sí extraña es que las personas inteligentes y los
bandidos no logran reconocer y entender, casi siempre, la inmensa
capacidad dañina de la estupidez.
Resulta muy difícil explicar este hecho. Quizás, esto se deba a que
tanto los inteligentes como los bandidos, ante un ataque de los
estúpidos, prefieren despreciarlos o ignorarlos en vez de defenderse y
creer, falsamente, que aquellos desistirán de su empeño, y no se
imaginan que los estúpidos estarán siempre al acecho de los
inteligentes.
A las personas inteligentes, por su misma estructura cerebral y por sus
valores, les resulta extremadamente difícil reconocer que un individuo
estúpido sea capaz de cometer tantas maldades contra los demás y creen
que un estúpido sólo puede hacerse daño a sí mismo.
Gran error que acarrea graves consecuencias para la supervivencia del
más inteligente. Con alguna frecuencia, se observan, en las
organizaciones, a personas que se unen con un individuo estúpido para
lograr determinados objetivos. Esto es otro error que muestra una gran
ignorancia de la característica esencial de la estupidez y, en muchas
ocasiones, resulta contraproducente y perjudicial, puesto que el
estúpido muestra un comportamiento errático que imposibilita prever sus
acciones.
Quinta Ley Fundamental: La persona estúpida es el tipo de persona más
peligrosa que existe.
De esta ley se deriva el siguiente corolario:
El estúpido es más peligroso que el bandido
La quinta ley y su corolario tienen implicaciones globales. Imaginemos
una sociedad integrada sólo por bandidos perfectos.
En una situación así, aunque la sociedad estaría estancada, no entraría
en una situación desastrosa; más bien, en la sociedad funcionaría una
fluida transferencia masiva de bienes y riqueza. Hasta aquí, todo
funciona bien. El problema surge cuando aparecen los estúpidos, puesto
que éstos producen pérdidas a otras personas, sin ningún beneficio para
ellos mismos y, por lo tanto, la sociedad en su conjunto se empobrece.
El gráfico 3 muestra lo que hemos dicho anteriormente. Las acciones
ubicadas a la derecha de la línea NOM representan un beneficio social
neto; en cambio, las acciones que se encuentran a la izquierda o debajo
de dicha línea plantean un esquema de pérdidas sociales netas.

El profesor Carlo M. Cipolla afirma que el coeficiente σ es una
constante histórica. Surge, entonces la pregunta: ¿Por qué unas
sociedades se desarrollan y otras, no sólo se estancan sino que, lo que
es peor, entran en franco deterioro? Depende exclusivamente del alto
grado de envilecimiento de la población, debido a la existencia masiva
de los imbéciles y de la capacidad estratégica de los individuos
inteligentes para hacer frente a los estúpidos.
Cipolla observa que en las sociedades en decadencia, el porcentaje de
individuos estúpidos se mantiene igual a σ; mientras que, en el resto de
la población, principalmente entre los individuos que se encuentran en
el poder, abundan los bandidos con un alto porcentaje de estupidez.
Por otro lado, existe un alarmante aumento del número de los
desgraciados incautos, entre los individuos que no están en el poder.
Tal cambio en la composición de la población de los no estúpidos es el
que refuerza inevitablemente el poder destructivo de la fracción σ y
conduce al país a la ruina.
El periodista y escritor Pino Aprile, en su libro Elogio del imbécil,
hace un análisis del ascenso de la estupidez frente a la inteligencia la
cual, al final, se extinguirá. El libro responde a preguntas, como: ¿por
qué hay tantos estúpidos en el mundo?, o a ¿qué se debe que el primero
en ascender sea el más idiota de la oficina?
Aprile, para defender su tesis del desaparecimiento de la inteligencia,
señala con ironía, que la inteligencia que salvó al ser humano de su
extinción, ya finalizó su función. Los inteligentes han construido el
mundo, pero, quienes lo disfrutan y quienes triunfan en él son los
imbéciles. El autor se basa en una serie de leyes:
√ Primera ley: “El imbécil sobrevive. El genio se extingue”
√ Corolario de la primera ley: “Antes tontos que muertos”
√ Un principio: “La evolución prefiere a un tonto vivo, que a un
genio muerto. A cambio de darnos la vida, la evolución nos pide el
cerebro”
√ Segunda ley sobre el fin de la inteligencia: “El hombre moderno vive
para volverse tonto”
√ Tercera ley: “La inteligencia actúa en beneficio de la estupidez y
contribuye a su expansión”
√ Cuarta ley: “La imbecilidad sólo puede aumentar”
√ Quinta ley: “La unión no hace la fuerza, sino la imbecilidad”
Una característica de la estupidez es la violencia; por eso, el
crecimiento de la estupidez conduce a la violencia. “El estúpido cuando
no tiene argumentos grita, a veces levanta las manos y si tiene poder
destruye a los que hacen preguntas, el poder tiene miedo a la
inteligencia”, agrega Aprile.
Bases de la imbecilidad
El análisis de la mediocridad y de la imbecilidad requiere de un enfoque
multidisciplinario, en el que participan la etiología, la neurobiología,
la psicología, e incluso, la física cuántica y la lógica, puesto que el
individuo es producto de un proceso bío-psico-social.
La conducta humana está, en parte, determinada por leyes físicas, las
mismas leyes que rigen totalmente la conducta del átomo De estos
elementos, el biológico es, quizás, el más desconocido y es el objeto de
la neurociencia con el estudio del cerebro. Es en el cerebro donde
debemos buscar las causas fundamentales de este tipo de conductas y de
todas las conductas; por eso, el cerebro debería ser objeto de estudio
obligado de cualquier disciplina; de él depende, en última instancia,
toda nuestra conducta, toda nuestra visión del mundo y toda actitud
hacia la vida.
Quizás el mundo fuera distinto si conociéramos el funcionamiento del
cerebro en interacción con el cuerpo. Existe una relación directamente
proporcional entre el conocimiento del cerebro y el conocimiento de las
posibilidades de desarrollo como individuos. En la medida que conozcamos
más la organización y funcionamiento de nuestro cerebro y de nuestro
sistema nervioso, estaremos más capacitados para conocer todas nuestras
inmensas capacidades para desarrollarnos como especie humana. En él se
encuentran las bases de nuestra agresividad, del odio, del amor, de la
envidia, de la mediocridad, de la imbecilidad, en fin, de todas las
pasiones humanas. No es cierto que, cuando nacemos, nuestro cerebro es
como una tabla rasa (tanquam tabula rasa).
Los individuos, hombres y mujeres, poseemos distintas habilidades y
esto nos hace diferentes unos a otros; no se trata de que unos sean
superiores a otros, simplemente somos distintos. Cada persona hereda
unas capacidades más desarrolladas que otras, y, por lo tanto, los
resultados tendrán que ser distintos. Pensar que para tener éxito en la
vida depende de la voluntad de las personas y de las oportunidades que
se le presenten, es una forma de pensar poco seria.
En resumen, la conducta imbécil y mediocre es producto de la interacción
de factores ambientales y genéticos; sin embargo, el entorno por sí
mismo no actúa mecánicamente, sino que depende de cómo el individuo
interiorice ese entorno; es decir, de cómo la persona interprete una
experiencia determinada y esta interpretación dependerá del significado
que el mismo sujeto le asigne, de forma consciente o inconsciente.
Algunas conclusiones
Dice Crick que nuestros cerebros altamente complejos y desarrollados no
evolucionaron para descubrir las verdades científicas, sino simplemente
para hacernos más inteligentes y cooperativos a fin de poder sobrevivir,
reproducirnos y perpetuar la especie.
El mensaje que habrá que rescatar de todo esto es: no perdamos la
esperanza, quizás vengan los tiempos en que en este mundo repleto de
imbéciles y mediocres, de gente tan superficial y estúpida, la
diversidad permita el surgimiento de hombres y mujeres excepcionales.
Recordemos que: “Kepler nació de la copulación de un militar borracho y
de una bruja. En su época, los psicóticos eran por lo general acusados
de brujos. (...) La diversidad es un factor esencial de la evolución
puesto que es la que permite las "mezclas" más variadas.(...) El
progreso puede nacer de la diversidad de conceptos, de la diversidad de
las soluciones originales ante un problema planteado. (Laborit, Henri,
1975)”.
Uno de los muchos consejos que el filósofo de Samos, ofrecía a sus
alumnos era que no desesperaran ni desanimaran de la especie humana. Con
el tiempo, el barro se convierte en mármol.
Por lo tanto, aún en este mundo tan vacío y estúpido, existe la
esperanza que los individuos algún día cambiarán para desarrollar una
vida distinta a la actual, en la que seamos más racionales, en la que
existan menos imbéciles, en que la razón triunfe sobre la sin razón y
seamos más responsables con nosotros mismos, como condición para ser
responsables con los demás.
Y así como las estrellas alcanzan su final brillante al colapsar bajo
la acción de su propia gravedad para crear nuevas estrellas y los
elementos básicos (carbono y oxígeno) que dieron origen a la vida, así
el ser humano alcanza su verdadera apoteosis cuando asume con
responsabilidad sus acciones en todos los momentos de su
vida, consciente de sus limitaciones y de la finitud de su existencia;
pero, también consciente de que forma parte de una comunidad planetaria.
Ojalá, en un futuro no muy lejano, podamos repetir todos las palabras de
Rabindranath Tagore:
No puedo elegir lo mejor.
Lo mejor me elige a mí.
Lo mejor no viene solo.
Viene con la compañía del Todo.
Bibliografía
Castellanos Moya, Horacio (1997). El asco. El Salvador: Editorial
Arcoiris
Crick, Francis (1995). La búsqueda científica del alma. Barcelona: Ed.
Debate
De Cervantes, Miguel (2004). Don Quijote de La Mancha. México: Editorial
Impresora Apolo. Edición del IV Centenario
Di Pino, Oliviero Ponte (2000). El que no lea este libro es un
imbécil. Madrid: Grupo Santillana de Ediciones, S. A.
Gómez P., Marco Antonio (2004). Pitágoras. México: Grupo Editorial Tomo,
S. A. de C.V.
Ingenieros, José (2005). El hombre mediocre. El Salvador: Editorial
Jurídica Salvadoreña
Laborit, Henri (1975). La agresividad desviada. Barcelona: Ed. Península
Marco Aurelio (1996). Meditaciones (selección). Madrid: Alianza
Editorial, S.A.
Mérö, Lázlo (2001). Los azares de la razón. Barcelona: Editorial
Paidós
Nietzsche, Friedrich (1999). El Anticristo. Madrid: Editorial ALBA
Nietzsche, Friedrich (2000). Así habló Zaratustra. Madrid: Melsa, S.A.
Sternberg, Robert J. (ed.) (2003). Por qué las personas inteligentes
pueden ser tan estúpidas. Barcelona: Ares y Mares .
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Fernando Guerrero -
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