ORGANIZACIONES EN APRENDIZAJE Y GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO
11-2006
La esencia de toda organización depende del pensamiento y la interacción
de sus integrantes” Senge
El crecimiento y desarrollo de una economía basada en el conocimiento se
ha convertido en objetivo clave de políticas económicas de los países
avanzados, y en nuestro país también. El tema de la medición y las
comparaciones se impone para evaluar el impacto en la eficiencia y la
productividad, antes que en los aspectos metodológicos de las
aplicaciones; para no hablar de estrategia y cultura empresariales, y
así, es difícil llegar a la esencia del problema.
Esto obliga a una profunda revisión y creación de nuevas concepciones
propias, a nivel macro y micro, sin caer en la reafirmación de teorías
discutibles o en la negación rotunda de aquellas.
En el mundo, y en nuestra región, tanto en el medio académico como en
determinado medio empresarial, en los últimos años, hay una fascinación
por los temas y enfoques de moda, como pueden ser la Gestión del
Conocimiento (GC), de Organizaciones Inteligentes, de Aprendizaje
Organizacional (AO) y Organizaciones en Aprendizaje,
así como del Capital Humano, Capital Intelectual, o Gestión de
Innovación, conceptos todos a fin de cuentas interrelacionados y con
interconexiones cuyas gestaciones se iniciaron muchos antes de los años
noventa, como muchas veces se escribe. Habría que decir que es el camino
de las ideas y propuestas sobre el mejoramiento de las organizaciones
desde décadas atrás (Lewin, Mc Gregor, Trist).
También habría que anotar desde el principio, que el tratamiento a las
personas, si se quiere a los recursos humanos, y el lugar que ocupan en
la organización, es prácticamente el mismo que antaño; y esto es lo más
preocupante.
Pero, este no es el único problema. El problema, o uno de ellos, radica
en la gran distancia entre los planteamientos teórico-conceptuales y las
prácticas, las buenas y las mejores prácticas, que no profundizan lo
suficiente y lo necesario como para hacer de los cambios, cambios
profundos y duraderos; en consecuencia, muchas veces tampoco se puede
hablar de Organizaciones en Aprendizaje y Gestión del Conocimiento, ya
se trate de mejoramientos a nivel primario o elemental de 5 S o mucho
más complejo de TQM.
Simplemente se trata de aplicaciones de tal o mas cual técnica o
herramienta, sin interesar la gestión global, y mucho menos las
relaciones gerente-dirigido o la dirección de los procesos.
Otro problema sería el de la concepción e interpretación, y es que pocas
veces se piensa en Aprendizaje Organizacional y Gestión del Conocimiento
cuando de actividades tradicionales se trata, o cuando se trata de
comprender, interpretar, aprender, transformar al nivel de las
complejidades de las actividades, aunque estas tengan un componente o
nivel relativamente bajo de conocimientos. Entonces, GC como AO u
Organizaciones en Aprendizaje se convierten en conceptos excluyentes.
Desde luego que en actividades de tecnologías de avanzada, de generación
de nuevos conocimientos, los enfoques serán cualitativamente superiores,
y los impactos, tanto internos como externos, serán mayores.
No es posible que una organización que produce nuevos
conocimientos hacia el exterior, no aplique también una gestión
innovadora al interior; pero sucede más veces de lo que se puede
imaginar.
La mal interpretación de estos conceptos, al considerarlo sólo desde la
visión de las nuevas herramientas y técnicas, dejando de lado la gestión
y el comportamiento de las organizaciones, lejos de considerarlo como
“un marco de trabajo que acompaña todas las actividades (Wigg, 93);
es decir, sólo como parte de la dimensión técnica del trabajo,
como parte de las nuevas tecnologías, sin considerar que estas implican,
la reestructuración productiva, incluso del entorno externo, pero sobre
todo del redimensionamiento necesario de la dimensión social de la
organización, lleva al fracaso o limitaciones en los impactos.
Por definición, estas organizaciones, empresas incluidas, deben trabajar
y desarrollar una nueva gestión innovadora, e incuestionables nuevos
métodos de dirección y de gestión empresarial de más amplia base social
en nuestra sociedad.
Para tener una visión más amplia y profunda de qué, el cómo y el porqué
de las cosas que suceden y que se proponen, es necesario establecer
puntos de partida amplios, enfoques integradores, que permiten
visualizar los nexos entre las propuestas y teorías administrativas y
organizacionales con las macroeconómicas.
La utilización e instrumentación del conocimiento como recurso
productivo, al mismo nivel de los factores tradicionales, entiéndase
Trabajo-Capital, “tiene profundas implicaciones para los factores de
producción, la organización de la producción y sus efectos sobre el
empleo y las calificaciones requeridas” (OCDE, 1998).
Aunque nuestro interés es detenernos a nivel organizacional, veremos muy
brevemente algunos de los planteamientos fundamentales desde la economía
y la administración.
Planteamientos macroeconómicos
Las concepciones sobre todos y cada uno de los conceptos arriba
mencionados, tienen su origen y presencia en las teorías macroeconómicas
desde las décadas de los 50 y 60, modelos que sentaron las bases
metodológicas del crecimiento, modelos neoclásicos y de crecimiento
endógeno, que no es posible desconocer, por las implicaciones no sólo
técnicas, sino ideológicas, políticas y sociales profundas.
Los neoclásicos de las teorías económicas (Solow, R. Swan, T. 1956), que
consideran sólo dos factores, Capital Y Trabajo, plantean la relación
acumulación de capital y crecimiento económico.
Basan el crecimiento económico en el ahorro y la acumulación de Capital
Físico, teniendo en cuenta los rendimientos decrecientes de este como el
componente principal del crecimiento de la producción; la oferta manda,
se estimula el ahorro y la inversión, se planifica continuo aumento en
la productividad sobre la base de mayores ahorros de tiempo y ahorro de
recursos en la relación producción-insumos.
Es evidente que el Capital no incluye el Capital humano, y es
fundamental el factor trabajo individual, aunque no es relevante su
calidad.
Surge una pregunta al comprobar el propio Solow que la tasa de
crecimiento de producción per cápita crecía mucho más que la acumulación
del Capital físico por trabajador. Comienzan a considerarse otros
factores como el progreso técnico. Surgen modelos de crecimiento
endógeno.
La función de producción, sin el suficiente desarrollo del sector de los
servicios aún, comienza a considerar la combinación de Capital Físico y
Capital Humano. Las capacidades humanas aún se medían desde el punto de
vista cuantitativo, en términos físicos, pero no de capacidades; es
decir, en términos hoy de nivel calificatorio (Capital Humano= Educación
formal) que ya se sabe no significa necesariamente competencias.
La producción se establece entonces en función no sólo de Capital Físico
y Capital Humano, sino se agrega Capital Tecnológico y Capital Social o
de Cooperación: P= f (Kfis. KHum. KTec. KSoc.). Con ello se va más allá
del esquema simplista que explica Capital Humano en función sólo de
inversiones y tecnología.
Luego, se empieza a complejizar el problema, tanto desde las
concepciones como desde el punto de vista práctico y metodológico, lo
que hace desarrollar enfoques y herramientas sistémicas.
Pero entre los dos momentos históricos anteriores median más de tres
décadas. Dos son los modelos más representativos del desarrollo
endógeno, y citamos las teorías de Romer, P. (1986, 1990) y Lucas, R.
(1988).
El primero, aunque no hace alusión de manera explícita al Capital Humano
sino al progreso tecnológico como determinante fundamental del
crecimiento, sí habla de la acumulación de conocimiento, y que al igual
que este puede incrementar el ingreso per cápita sin límites.
Con evidentes consecuencias económicas a nivel individual, aunque no se
demuestran siempre en la práctica, y teniendo en cuenta que el
Individualismo Económico, sigue siendo uno de los dos pilares
fundamentales del Capitalismo actual, conjuntamente con la División
Social del Trabajo,
autores como Fischer, Schmalensee y Dornbusch señalan a finales de
los 90 que el Capital Humano, “es el valor del potencial de obtención de
renta que poseen los individuos….que incluye la capacidad y el talento
innatos, así como la educación y las calificaciones adquiridas”.
En el 1990, Romer propone un modelo de cuatro variables: Capital,
Trabajo, Capital Humano, Capital Tecnológico.
El modelo de Lucas plantea explícitamente el Capital Humano (CH) como el
motor de crecimiento, entendiendo CH como “las capacidades que es capaz
de adquirir el individuo, que contribuye decisivamente a la
productividad de factores”. Esto no significa que la acumulación del
Capital Físico no sea importante, y dice: “no se puede adquirir
habilidades de programador de computadoras sin una computadora”.
Otros autores como Aghion,P. y Howit,P. (1998) apuntan que tanto el
crecimiento del Capital Físico como la Innovación Tecnológica,
entiéndase esta como la aplicación de conocimientos, herramientas,
sistemas, son factores determinantes.
La parte del crecimiento que no se atribuye a factores tangibles, se
atribuye a los intangibles y hace desarrollar la medición de éstos. Y
aquí es necesario pasar a teorías y enfoques de mayor pragmatismo a
nivel de las empresas, como parte de enfoques organizacionales y de
economía empresarial.
A los niveles macro, se han propuesto metodologías e indicadores
macroeconómicos. A manera de ejemplos más extendidos, citamos los del
Banco Mundial (BM) y la de la OCDE. Esta última ha identificado hasta
160 indicadores, sobre todo aquellos de los que se dispone información
completa y comparable.
El BM basa su método en 4 factores relativos a la Adquisición, Creación,
Diseminación y Uso del Conocimiento. Los factores son: Régimen de
Incentivos Económicos; Instituciones; Personas y sus Habilidades;
Infraestructura de Información y Comunicación, que totalizan 76
variables estructurales y cualitativas.
La última versión propone 12 parámetros básicos, a saber:
Incentivos económicos: barreras arancelarias y no arancelarias, calidad
del marco regulatorio, marco legal.
Nivel educacional y Preparación de Recursos Humanos: Tasa de
escolarización, Educación secundaria y Educación Universitaria.
Sistema de Innovación: Investigadores vinculados a I+D/millón de
habitantes, Patentes registradas en EU. Artículos científicos
publicados.
Información y Comunicación: Teléfonos/1000 habitantes,
Computadoras/10000 habitantes, Usuarios Internet/ 10000 habitantes.
No es despreciable la cantidad de trabajos en los cuales el Capital
Humano es tratado como variable flujo (Razin 1976; Hicks 1979; Landau,1980;
Blanchet 1988; Romer, 1989,1996; Barro 1991; De Grégorio 1991 ; Barlow
1992; Ghura y HadjiMichael, 1995; Gould y Ruffin 1995 ; o como una
variable stock (Kyriacou 1991; Benhabid y Spiegel 1994; Bloom y Mahal
1995; Dessus y Herrera 1996; Easterly y Levine 1997.
Planteamientos a nivel de empresas
El concepto de Activos intangibles se introduce por Sveiby, E. en 1997.
Todos los autores reconocen la necesidad de que las personas, o las
empresas, inviertan en su talento, o en el desarrollo de sus capacidades
y habilidades, y que esto es condición necesaria para llevar a cabo las
propuestas de cambio.
Pero también la mayoría entiende esto a nivel individual. Se produce una
revalorización de la información, la comunicación, el aprendizaje, el
aporte de las personas, y de cómo coordinar estos procesos en los
distintos enfoques organizacionales.
Surge y se desarrolla el concepto de Gestión del Conocimiento y los
demás términos referidos a una organización con necesidad de mayor
participación de los trabajadores, mayor cooperación Capital-Trabajo al
decir de algunos autores, en el que la componente conocimientos tiene un
alto nivel, y los conceptos en boga de “identificación” , “pertenencia”
y de “involucramiento”, saltan al primer plano como una necesidad
gerencial.
El propio concepto de empresa, empieza a tratarse con mayor profundidad
como “organización”, un concepto olvidado o limitado, poniendo énfasis
en las relaciones sociales y sistemas sociales, y esto no cabe dudas, sí
es un aspecto positivo, que es necesario asimilar de manera crítica y
profundizar mucho más entre nosotros, como veremos más adelante.
Desde luego, estas propuestas vienen con trampas conceptuales y
teóricas, a veces muy sutiles, que muchas veces se obvian, a partir del
olvido voluntario o involuntario por parte de los que asimilan y
transmiten estas ideas, de que estamos hablando de teorías establecidas
en y para una sociedad capitalista, en la que, para empezar, priman unas
Relaciones Laborales con diferenciación para los trabajadores y para los
gerentes y directivos.
De manera que al querer profundizar y modelar los sistemas sociales
complejos y la organización relacional no se presentan pocos problemas
prácticos, metodológicos, desde los actores laborales, en nuestra
región.
La Teoría del Capital Intelectual se desarrolla fundamentalmente a
partir de los trabajos de Edvinsson,L. (1991), para medir la creación de
activos en la empresa sueca Skandia. Se conoce como Skandia Capital
Prototype Report (1998), y es el más difundido.
Este autor divide el Capital Intelectual (CI) en: Capital Humano y
Capital Estructural. El Capital Estructural a su vez se subdivide en
Capital Cliente y Capital Organizativo. El Capital Organizativo se
descompone en Capital de Procesos, Cultura y de Innovación (derechos
intangibles, marcas, patentes, conocimientos, secretos empresariales).
Este último aspecto de Innovación, es muy controvertido y el que más se
ha tratado de medir, y muchas veces se habla y calcula como aspecto que
resume el CI, lo que no es cierto, visto desde esta teoría. Este es el
único modelo que considera Marcas y Patentes juntas como parte de la
Innovación.
También se desarrolla el no menos conocido Monitor de Activos
Intangibles de la empresa sueca Celemi, por Sveiby (1997) que se muestra
a continuación, que lo divide en “Nuestros clientes” (clientes, marcas,
contratos), “Nuestra organización” (estructura, patentes, sistemas de
información, de apoyo) y “Nuestras gentes” (capacidades del personal),
entre otros.
Hall,R. y Andriani,P. (1998) presentan otra clasificación de intangibles
que se ilustra a continuación, y que tiene más en cuenta la situación
empresarial:
|
Protección legal
|
Posición de la empresa
|
Capacidad funcional
|
Cultura Organizacional
|
|
Patentes
|
Reputación
de la empresa
|
Habilidades
individuales
|
Habilidad
para administrar
|
|
Derechos
de autor
|
Reputación
de productos
|
Conocimientos
del personal
|
Habilidad
para innovar
|
|
Secretos
|
Redes
de distribución
|
Experiencia
|
Habilidad
de trabajar en equipo
|
Otras propuestas son: Steward (1997) que divide el CI en Capital Humano,
Capital Estructural y Capital Cliente; de Euroforum (1998) que considera
CI como Capital Humano, Capital Estructural y Capital Relacional.
En EE.UU. se desarrolla a partir de 1992 por Norton y Kaplan la
herramienta conocida como BSC o Cuadro de Mando Integral, bastante
difundida en los últimos años, pues controla mediante sistemas
sofisticados de software, un grupo de indicadores, referidos a
inversiones, clientes y empleados, pero sobre todo se emplea para
alinear la estrategia con las acciones y decisiones operativas.
En España, el Modelo de Dirección Estratégica por Competencia (Bueno,
1998) integra Capital Organizativo, Capital Humano, Capital Tecnológico
y Capital Relacional, y refleja los tres pilares básicos de las
competencias: conocimiento (Co), capacidades (Ca), actitudes y valores
(A).
Finalmente, Brooking,A. (1996) desarrolla en el Reino Unido un modelo de
activos intangibles conocido como Technology Broker, que comprende
cuatro categorías: Activos de mercado (marcas, clientes, imagen, cartera
de pedidos, capacidad de colaboración); Activos Humanos (educación,
formación profesional, conocimientos, habilidades); Activos de propiedad
intelectual (patentes, derechos, secretos); Activos de Infraestructura
(cultura organizacional, sistema de información, base de datos
existente, filosofía del negocio).
Al igual que el Modelo Skandia y otros autores, que veremos a
continuación, consideran que la suma de Activos tangibles mas el CI
configura el valor de mercado de la empresa.
Con la filosofía pragmática siempre primando, los norteamericanos se
dieron a la tarea desde mediados de los 90 en medir el valor del Capital
Humano, y la gestión de RRHH. Se relaciona CH y RRHH en primer lugar
porque dicen que la función de Recursos Humanos debería cambiar,
y pasar de ser considerada un área de servicio a un área con posibilidad
de medición en términos financieros confiables con impacto en la
efectividad de la organización, considerando de forma prioritaria el
conocimiento-objeto, por lo que la capacitación se convierte en el eje
central de las formulas y las mediciones.
Así el Instituto Saratoga con Fitz-ens J. (1995) se consideran pioneros.
Este autor propone el Valor Agregado de Capital Humano, en que se divide
el Ingreso sustrayendo los gastos menos los referidos gastos
directamente relacionados con el personal, entre un concepto de tiempo.
Se basa en la idea que el ingreso de los trabajadores refleja bien la
productividad, lo cual en la práctica, y las investigaciones realizadas
demuestran que no es cierto.
HCVA= Ingreso – (Gastos – Sueldos, Salarios y Beneficios)/ ETC
También propone otro indicador de retorno sobre la inversión en CH:
HCROI = Ingreso – (Gastos – Sueldos, Salarios y Beneficios)/ Sueldos,
Salarios y Beneficios
Así se obtiene la utilidad sobre cada peso invertido en CH, siempre y
cuando no hay cambios en el gasto total, por cada 1.00 peso gastado en
costos directos de personal se obtiene 1. xx.
Los Índices Saratoga es un listado que mide: Efectividad Organizacional,
Estructura de RRHH: Eficiencia de Sueldos y Salarios; Eficiencia de la
Capacitación, que totaliza más de treinta indicadores.
Por otro lado, en los EEUU. la SHRM (Society for Human Resources
Management) utiliza desde 1984 los siguientes indicadores:
|
Ingreso/Trabajador
|
Gasto/Trabajador
|
|
(Compensaciones/Ingreso)*100
|
(Compensaciones/Gasto)*100
|
|
Gasto
Depto. RRHH/Trabajador
|
Gasto
Depto. RRHH/Gasto Total
|
|
Costo
Plan Prestaciones/Ingreso
|
Costo
Plan Prestaciones/Gasto
|
|
Costo
Plan Prestaciones/Costo Compensación Total
|
Costo
de cada área de RRHH/Costo Total
|
|
Nómina
Personal Directo/Nómina Personal Total
|
Costo
Rotación
|
|
Personal
Depto. RRHH/Personal Total
|
Costo
Ausentismo
|
|
Tiempo
para cubrir las vacantes
|
|
|
(Contrataciones
de Candidatos/Ofrecimientos a Candidatos)*100
|
|
|
Tiempo
en que comienzan a trabajar las personas contratadas
|
|
Otros autores reconocidos que han trabajado estos aspectos son:
Van Horne,J. (1998), Phillips;J. (1996), Cascio, W. (1991).
Lo cierto es que los esfuerzos prácticos no han llevado a una
herramienta ni a instrumentos universales válidos para llegar a una
medición confiable, sin considerar las propuestas teórico-conceptuales.
Muchos consideran CH como “indicador de la capacitación que un individuo
tiene para realizar un trabajo” (Jiménez,G. Y Simón, B. 2002), pero a
todas luces esta visión parte de una concepción estrecha de CH, como
veremos más adelante.
En este punto, es necesario subrayar que la esencia de todos los
planteamientos anteriores, tanto los de nivel macroeconómico, como a
nivel de la empresa y organizacional, es que consideran el conocimiento
como objeto, como cosa, lo que posibilita hablar de la propiedad de la
cosa u objeto, y puede también individualizarse, y puede intercambiarse
como mercancía. Como señalara el insigne científico nuestro Lage,A.
(2001) es “un paso atrás hacia la propiedad de las personas”.
Teorías cognitivas
Según las teorías y análisis científicos del conocimiento agrupados en
lo que se conoce como Ciencias Cognitivas, así como los desarrollos aún
escasos de la Complejidad, que empiezan a tener gran influencia en los
enfoques organizacionales, sobre todo a la luz de las Organizaciones en
Aprendizaje y la Gestión del Conocimiento, la Información junto al
Conocimiento y la Comunicación son los aspectos más tratados
(Varela,1998), a punto que se proponen nuevas disciplinas como la
Inforgética que se centra en la relación Información-Organización (Le
Moigne, JL. (1990).
Pero, esto también es una alerta, puesto que el conocimiento tampoco se
puede sustituir por información o reducirlo a información. Las
implicaciones, desde el punto de vista metodológico y práctico se
observan en las presentaciones que se realizan de las experiencias en
las empresas.
Tampoco el conocimiento se comporta como un objeto, y aunque ciertamente
puede tomar forma tangible de contenido material de una patente, se
puede almacenar, se puede socializar, externalizar y se puede gestionar,
entendiendo la gestión como coordinación, no es un objeto que se
gestiona desconociendo la persona portadora.
Desde este enfoque, la Gestión de Conocimiento incluso se puede
considerar como un concepto corto e inexacto, también cuestionado, al
igual que cuando se habla de “paquete tecnológico” en lugar de Sistema
Tecnológico,
puesto que este no es sólo un conjunto de conocimientos científicos,
tecnológicos y empíricos, que pueda desconocer explícitamente a la
persona, a la organización, al contexto, al lugar y las condiciones
concretas donde es o será utilizado.
La Gestión de Conocimiento de hecho tiene implícito a la persona, como
portador del conocimiento-objeto, pero esto no basta. Si se habla de
Gestión del Conocimiento como de un modelo de gestión, se queda corto la
definición de “creación de valor de activos intangibles” (Davenport,98),
y debe desarrollarse como “proceso integrador en que convergen la
gestión de información, la tecnología y los recursos humanos que implica
el perfeccionamiento de los procesos y el uso intensivo de tecnologías
(Soto y Barrios,2006).
Por eso, es imprescindible tener en cuenta las relaciones
organizacionales o la “configuración relacional de la red”, es decir, la
coherencia de la estructura de la organización y el proceso decisional
de la misma. Esta configuración relacional facilitará las
interrelaciones entre los distintos niveles de comportamiento
(individual-grupal-organización).
Ya Senge, P. (1992) un autor que ha marcado pautas, y que ha estudiado
profundamente el Pensamiento Sistémico, había anunciado que conocimiento
es la “capacidad para saber hacer”, pero esto el individuo no puede
llegar a hacerlo por sí sólo; necesita de la organización.
Por ello desarrolla un modelo de cambio basado en las Cinco Disciplinas
de Aprendizaje, de la Organización Inteligente: Dominio Personal,
Modelos Mentales, Visión Compartida, Aprendizaje en Equipo, Pensamiento
Sistémico o la Quinta Disciplina que lo integra todo.
Sólo la integración coherente y armónica de los diferentes objetos y
procedimientos de gestión de los que existen en la actualidad, más allá
de las funciones tradicionales o de cómo se agrupan y organizan en la
empresa, sino vistos en sus nuevas dimensiones cualitativas, puede
garantizar la implementación y desarrollo con éxito en una organización
que posee una cultura de Gestión del Conocimiento y de Aprendizaje
Organizacional o de Organización en Aprendizaje.
En este sentido, Senge ha dicho: “El verdadero papel del liderazgo
ejecutivo no es impulsar a la gente al cambio sino crear ambientes que
inspiren, sostengan y capaciten la imaginación e iniciativa ya
existentes en todos los niveles” .
A esto le añadimos: “Un valor sólo es un valor cuando se adopta
voluntariamente” (Senge). No entender esto y no trabajar en consecuencia
lleva a experiencias efímeras y nunca a cambios profundos.
A la capacidad para “saber hacer”, hay que agregarle con el desarrollo
de los últimos años el “saber interactuar” y el “saber producir”. Es lo
que permite y exige la dinámica del conocimiento, que se crea a partir
de la interacción de los niveles de comportamiento, de la interacción
entre los individuos y el colectivo menor o mayor.
Estas concepciones obligan a tratar la capacitación y el desarrollo de
las personas como procesos complejos que responden a otros procesos y
sistema global. De modo que, para que una organización cambie su
paradigma de gestión y se pueda convertir en Organización de Aprendizaje
permanente, no basta con buscar el alineamiento entre la
estrategia-necesidades personales de capacitación.
El carácter sistémico de la capacitación implica, desde el punto de
vista práctico: “cuidar la proporción de las personas participantes; el
tratamiento de los temas no tradicionales y su complejidad, que deben
combinar los aspectos técnicos especiales y generales con los aspectos
sociales; la metodología de aprendizaje-conocimientos-competencias; y
los sistemas de evaluación a utilizar” (Novick, 1999).
Las Organizaciones que Aprenden son aquellas en las que “el desarrollo
de nuevo conocimiento no es una actividad especial de un grupo
particular, sino una forma de comportamiento en la que cualquiera es un
trabajador con conocimientos” (Nonaka, 1994).
Desde los planteamientos más generales (Nonaka 1991,2001; Coleman 1999;
Bollinger 2001, otros más vinculados a la empresa (Roberts, 1998;
Grayson y O’Dell, 1998), o con acento en la innovación (Mc Adam y Reid,
2001; Meso y Smith 2000), el concepto de “forma de comportamiento” es
esencial, y es el concepto que ha estado mas descuidado o menos seguido.
Por eso, aunque se lleve a cabo una Gestión del Conocimiento, pocas
veces realmente lleva al establecimiento y desarrollo de una
Organización en Aprendizaje; pocas veces se convierte en cambios
profundos que llevan a la gestión innovadora. Las Organizaciones
Inteligentes son organizaciones abiertas al aprendizaje (Senge, 1992).
A partir de estos planteamientos se han venido desarrollando ramas como
la conocida como Dinámica de Sistemas (Wolstenholme, 1985, Senge 1992),
y la Modelización Sistémica de procesos sociales al interior de las
organizaciones, que permiten profundizar las relaciones, (densidad, la
cercanía, la centralización y la intermediación), y los análisis de las
Redes Sociales (ARS, Hanneman, 2000).
Se pone el acento en el proceso, y se trata el conocimiento como
proceso. Aun dentro de la Escuela Cognitiva, están los que consideran la
cognición como representaciones, lo reducen a símbolos y a operaciones
posibles para su representación, lo que brinda la base
teórico-conceptual para formular y calcular Capital Humano en términos
de conocimientos-objeto.
Pero otras corrientes, que nos interesa destacar, son las no
representacionistas, porque trabajan el conocimiento como proceso, que
no es posible separarlo de la red que lo genera; en consecuencia el tipo
de gestión cobra un papel fundamental, y de hecho se evalúa.
El conocimiento no es posible representarlo como objeto, sino dar
cuenta de su relacionalidad, y es necesario insistir en hacer referencia
al valor de la relación como proceso. “Es entonces la actividad de la
red y la estructura que lo soporta la que constituye el capital
intelectual” (Arenas, T. y Lavanderos, L. 2006).
A manera de ejemplo, el modelo NICKS (Networks of Intellectual Capital
Knowledge Systems) de Lavanderos y Malpartida (2001,2005) es un
desarrollo nuevo, para evaluar el Capital Intelectual de una
organización a partir de la configuración y estructura de red de
relaciones de los actores,
fundamentalmente en grupos pequeños; en resumen, se trata de profundizar
en las relaciones sociales como factor determinante de la eficiencia
organizacional, tal y como lo señalara también en los últimos escritos
Gary Becker, pionero en los 60 y Premio Nobel por la teoría sobre
Capital Humano en 1992.
El conocimiento como acto humano, como acción, como proceso humano
dinámico, como proceso colectivo, requiere de la persona conocedora,
poseedora de conciencia, de ética, de valores, de motivaciones, y de un
medio o disposición organizacional, de una determinada organización
relacional y de relaciones sociales que posibilitan su utilización. Son
los elementos esenciales a tener en cuenta para la Gestión del
Conocimiento, para la Organización en Aprendizaje, y para la valoración
y medición del conocimiento.
El hecho de que el rol del individuo dentro del proceso de trabajo debe
cambiar radicalmente, y que es el individuo como parte de una
organización el que decide cuándo y cómo va a utilizar el conocimiento,
y que el conocimiento sea considerado como acción, como proceso, como
relación, cambia radicalmente las cosas, para las personas y para las
organizaciones.
“La Gestión del Conocimiento (GC) es un enfoque gerencial (no una tarea
más), orientado a crear una cultura de la organización en la cual se
aprende como modo de ser en la solución de cada oportunidad y de cada
problema, abordado en equipos, con comunicación abierta y fluida, en un
clima de confianza, optimismo, autoestima, satisfacción, sentido de
identidad y de pertenencia, y otras capacidades, valores y principios
más específicos…” (Núñez, 2001).
En consecuencia, procede buscar nuevos caminos y herramientas de
valoración, que tengan en cuenta a nivel de objeto “soporte de
decisiones, sistemas de información organizacional, teoría de la
organización, programas computacionales, logística, sistemas de soporte
a decisiones de grupo, gestión estratégica, modelación organizacional y
de negocios” (LMS de Le Moigne, 1990).
Implicaciones para la empresa
Para la mejor comprensión, sobre todo de los empresarios, diríamos que
ante todo, y sin entrar en profundidades conceptuales, para apoyar la
configuración de la organización que gestiona el conocimiento y se
constituye en organización en aprendizaje es necesario:
UN NUEVO CONTEXTO QUE POSIBILITE CAMBIO DE GESTIÓN
GESTIÓN DE LOS SISTEMAS SOCIALES EN LA ORGANIZACIÓN
UNA NUEVA DINÁMICA ORGANIZACIONAL
Una Organización en Aprendizaje, que gestiona el conocimiento, requiere
de un contexto de innovación. Por tanto, es necesario transitar de una
gestión de continuidad, caracterizada por la estructura jerárquica, de
procedimientos preestablecidos sin flexibilidad para iniciativas,
y división del trabajo tradicional, a una gestión de innovación,
con enfoque sistémico, con ambiente propicio para la iniciativa y
creatividad, con consolidación y cohesión de valores del ser y el tener,
con integración de funciones y formas organizativas autónomas con
responsabilidad colectiva y social.

El conocimiento, y conocimiento que genera valor, requiere la
comprensión, interpretación y transformación del sistema social que es
la organización, los procesos sociales al interior de las
organizaciones; porque se construye, se gesta socialmente. Esto se lleva
a cabo mediante el Diálogo y la participación activa sistemática y
sistémica de todos los trabajadores.

Ni el flujo de problemas ni el flujo de soluciones es privativo de
nadie, tampoco la comunicación-información puede “gestionarse” de
“arriba hacia abajo” o viceversa.
Para que sea verdaderamente un modelo de gestión, el conocimiento que es
dinámico, también requiere de una organización dinámica.

En conclusión, para apoyar la configuración o la arquitectura de un
nuevo contexto para un cambio profundo de gestión, es necesario
materializar las potencialidades de las relaciones de los sistemas
sociales que constituyen las organizaciones, y utilizar la propia
dinámica del conocimiento en la dinámica de los cambios.
A estos planteamientos, se agregan dos problemas y propuestas más.
En el proceso social que constituye el conocimiento, es imprescindible
atender las tres fases constitutivas que contribuyen con la
retroalimentación en el aprendizaje organizacional (Mertens, 2002).
La
primera fase establece el nexo con la formación, y conduce o no, a
nuevos conocimientos. La segunda fase es la comprensión e interpretación
de los fenómenos; y la tercera fase son las competencias o los
conocimientos puestos en práctica a través de un proceso efectivo de
aprendizaje.
FORMACIÓN-APRENDIZAJE-NUEVOS CONOCIMIENTOS
(COMPRENSIÓN-INTERPRETACIÓN-TRANSFORMACIÓN)-COMPETENCIAS
Los problemas mayores que se confrontan es que en la actualidad se
trabajan muy poco las competencias en formación, y luego en la empresa,
no se sigue ni complementa con un proceso de aprendizaje.
Es aquí donde cobran especial importancia tanto el método de Senge como
los hábitos de Covey. La incorporación de la subjetividad de los actores
colectivos es una necesidad, no es una fascinación coyuntural. De otra
manera las fases de aprendizaje no tienen sustento ni cohesión. (1)
La Visión Compartida no es sólo una idea común, ni una idea de una
persona, es una fuerza inspiradora e impulsora, porque es una idea que
se traduce en acciones colectivas. En consecuencia, se empieza a ver por
todos como si existiera. Pocas fuerzas son tan poderosas como una Visión
Compartida (Senge, P 1994), y pocas cosas se hacen tan poco en una
empresa como el desarrollo de visiones compartidas.
Difícilmente se alcance la “Visión Compartida”, dirección común, la
sinergia, si no se trabaja el “Dominio Personal”, si no se conocen las
metas individuales, ni por los propios individuos ni por la organización
que pasan por el reconocimiento conciente en la satisfacción de las
necesidades,
si no se tienen “hábitos de liderazgo personal”, que le da sentido a
la vida; si no se trabajan los “Modelos Mentales” que determinan el modo
de percibir el mundo, la empresa, el modo de actuar y de sentir. No se
alcanzan los hábitos efectivos, la comunicación efectiva, la
interdependencia; la interconexión de los procesos.
Es necesario insistir una y otra vez en la Visión compartida y efectiva,
que responda a valores éticos humanistas, a las necesidades del ser
sobre las necesidades del tener, sin desconocer estas, y que se
satisfagan, las necesidades del individuo y de la organización, porque
es la vía para alcanzar la Misión efectiva y esta a su vez se convierte
en el terreno donde se hace efectiva la Visión.
En la práctica cotidiana, son eslabones perdidos para la mayoría de las
organizaciones. Quizás por una simple razón: los cambios hay que
producirlos lo más rápido posible, como para que no se “enfríe” el
ambiente, y porque los plazos de solución, documentados y auditables,
son de corto plazo como para trabajar los comportamientos individuales,
grupales y organizacionales.
De esta forma, lejos de “enfriar”, lo que se enciende el fuego, que dura
lo que duran los materiales de combustión, y más temprano que tarde se
apaga.
Para establecer las interconexiones duraderas entre los procesos, y la
mejora continua, hay que trabajar las interconexiones entre las
personas, los hábitos de responsabilidad, autoconciencia,
interdependencia, liderazgo personal, conciencia social, entre otros.
¿Es posible que un personal sin hábitos de interdependencia y
cooperación que conduce a la Innovación, de Comunicación efectiva que
conduce a la convivencia, de beneficio mutuo que conduce al bienestar
común, al trabajo en equipo, de liderazgo personal que conduce a dar
sentido a la vida, sea consciente de la importancia de las actividades y
de sus contribuciones a los objetivos de la organización?
Definitivamente, no.
Una organización puede proponerse el cambio cuando la guía una visión,
cuando tiene apoyo y comprensión del entorno externo que sustenta la
responsabilidad social, cuando tiene un líder no sólo técnico, que
alienta el aprendizaje y el crecimiento profesional, y cuando todos los
integrantes de la misma tienen conciencia del papel que deben realizar;
pero no puede cambiar si los integrantes de la organización carecen de
las cualidades anteriores.
Y el conjunto de las cualidades o hábitos anteriores, forman parte
del Clima Organizacional para conducir a la organización hacia una
gestión de innovación y aprendizaje.
Por último, tomando en consideración que los determinantes de la
competitividad sistémica (Esser,1996) a nivel micro, ampliamente
aceptados, son: “capacidad de gestión, estrategia empresarial,
innovación, redes de cooperación, logística empresarial, integración
interna-externa”, además de otros a nivel meta, macro y meso, las
evaluaciones y los indicadores pueden referirse a estos mismos factores,
que son los que mejor reflejan los resultados cuantitativos y
cualitativos superiores a nivel global de la entidad.
Conclusiones
Una Organización que Aprende, por definición, sería aquella donde prima
el enfoque de aprendizaje con una gestión tal que lleva al conocimiento
y estos se traducen a competencias, a mayor productividad, eficiencia y
eficacia, y todo ello como parte de las políticas y estrategias de la
organización.
Su mayor potencialidad radica en la capacidad de aprendizaje que se
traduce en desempeños superiores a nivel individual, colectivo y de la
organización, y la masa crítica de ideas se traduce en mayor Innovación,
mayor iniciativa y creatividad, sobre la base de mayor autonomía y
responsabilidad.
El Conocimiento no es objeto; es actividad humana, es proceso, son
relaciones, son acciones individuales y colectivas. Por lo tanto, las
consecuencias y los indicadores, cuantitativos y cualitativos, deben
evaluarse a nivel de toda la organización.
Los indicadores que mejor lo reflejan es el nivel de
Innovación, de cambios y transformaciones que se requieren y se llevan a
cabo, las mejoras continuas que llevan a resultados cuantitativos y
cualitativos superiores, las adaptaciones rápidas a circunstancias
cambiantes
El Conocimiento se construye socialmente, necesita de una determinada
gestión y entorno empresarial, y es dinámico, lo que obliga a atender y
trabajar cada uno de estos aspectos de conjunto a nivel individual y
colectivo.
El Conocimiento no debe ser reducido a la valoración ni medido en
términos financieros individuales; debe evaluarse cualitativamente a
nivel global y en términos de organización relacional.
La Gestión del Conocimiento no es coordinación de conocimientos-objeto
ni conocimiento solamente; es parte integrante de la gestión
organizacional y del comportamiento organizacional.
El Aprendizaje Organizacional y Gestión del Conocimiento no es la
cantidad de capacitación ni plan mejorado u óptimo de capacitación; es
la capacidad colectiva para aplicar los conocimientos a la gestión, es
la capacidad de mejora continua, la capacidad de innovación, que
necesita de determinadas relaciones sociales para su aplicación.
(1) En “La Quinta disciplina en la práctica” Senge señala las nuevas
aptitudes de la organización que aprende:
“Aspiración: la capacidad de los individuos, equipos y organizaciones de
mayor envergadura para orientarse hacia sus auténticos intereses, y de
cambiar porque lo desean, no sólo porque lo necesitan. (Todas las
disciplinas de aprendizaje, pero sobre todo la práctica del dominio
personal y el desarrollo de una visión compartida alientan estas
aptitudes.
Reflexión y conversación: la capacidad para reflexionar sobre
premisas profundas y pautas de conducta, tanto individual como
colectivamente. El desarrollo de aptitudes para el diálogo no es fácil.
En la sociedad contemporánea el diálogo se suele confundir con un juego
de ping-pong donde no hay conversación ni pensamiento conjunto.
Cada individuo expone su perspectiva, los demás responden. A menudo
preparamos nuestra respuesta aun antes de haber oído lo que dice la otra
persona. En cierto modo, lanzamos el balón antes de haberlo atajado. Las
conversaciones inteligentes requieren individuos capaces de reflexionar
sobre sus propios pensamientos. (Estas aptitudes cobran especial fuerza
en las disciplinas de los modelos mentales y el aprendizaje en equipo).”
Bibliografía
Alhama, B.R.; Alonso, A.F. y Martínez,N.T (2005): Dimensión social de la
empresa.
Esencia de las Nuevas Formas Organizativas. <Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 2005.
Covey,S. (1998): Los siete hábitos de la gente altamente efectiva.
Lavanderos,L. y Arenas,T. (2006): A New Approach for Knowledge
management Networks of Intellectual Capital Knowledge Systems, Síntesis,
Chile.
Gerald,A.D. (2003): El Capital Humano en las teorías del crecimiento
económico, Eumed, net, Málaga.
Gutierrez,G. (2002): Modelización de la Complejidad, Tunquelén, México.
Núñez, I. (2001): Bases para la introducción de la gestión del
conocimiento en Cuba. Ciudad de La Habana.
Senge,P. (1995): La quinta disciplina en la práctica, Granica,
Barcelona.
Senge, P. (2000): La danza del cambio. El reto de avanzar en las
organizaciones que aprenden. Gestión.
Rafael Alhama Belamaric - Cuba.
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