Desde un punto de vista competitivo, la globalización y la distribución crearon muchos competidores nuevos en todos los mercados.
De lo único que podemos estar seguros es de que los competidores
futuros más dignos de temer no procederán de nuestra propia industria.
Un buen ejemplo de ello es que el principal competidor que le surgió a
la Enciclopedia Británica no surgió de la industria editorial, sino de
la industria del software, y su nombre es Encarta.
Ello nos pone directamente en contacto con la cuestión de los
paradigmas, y a la necesidad de su constante revisión y actualización en
función a las nuevas tecnologías y realidades del mercado.
Pensar que una enciclopedia para ser tal sólo puede serlo si es en papel impide ver la posibilidad de generar la generación del producto de manera digital, con todos los beneficios que ello trae tanto para el productor, como para los clientes y usuarios.
La Enciclopedia Británica tardo en reconocer esta posibilidad, dándole vía libre a Microsoft (competidor no procedente de su propia industria y propietaria de Encarta) para hacerse de un gran avance en la cuota de mercado.
Si a ello se agrega que ser el primero tiene sus efectos tanto en
materia de posicionamiento, como así también en la curva de experiencia,
ello generó enormes dificultades a la Enciclopedia Británica para
reposicionarse.
La globalización ha suprimido efectivamente muchas de las barreras
levantadas por los países, permitiendo una creciente libertad de
comercio y proporcionando a los consumidores cada vez más posibilidades
de elegir.
Las empresas no pueden seguir confiando en la regulación para proteger sus posiciones en el mercado, por tal motivo es necesaria tanto la planificación y pensamiento estratégico, como la implementación de un sistema de mejora continua. Y no se trata sólo de mejorar de manera continua los productos y servicios, sino también los procesos.
Deben ser mejorados día a día todos y cada uno de los componentes
producidos, como áreas de la empresa, sólo así las empresas podrán
proteger y mejorar su posicionamiento en el mercado. La nueva realidad
exige mejorar constantemente la calidad, la productividad, los costes,
los niveles de satisfacción y los tiempos de respuesta, sólo así una
empresa puede continuar participando del juego competitivo por los
mercados.
Si se quiere comprender debidamente la nueva economía mundial y su
impacto en las empresas, tenemos que adoptar un punto de vista sistémico
y holístico. Porque sin él, sólo veremos desorden, complejidad y
volatilidad. Nos encontramos en el final de un ciclo económico y en el
comienzo de uno nuevo, cuya fuerza ha de sacudir los fundamentos de los
negocios globales y de la economía mundial.
La nueva economía de la información, llamada precisamente a menudo la
Nueva Economía, impulsada por las comunicaciones y la tecnología
informática, ha producido en las últimas décadas una transformación
económica mayor que la que la economía industrial produjo en los últimos
siglos.
Todo el mundo puede tratar de acceder a toda la información mundial y
convertirla en conocimiento y capacitación. Por ello la información ya
no es un recurso escaso, gracias a Internet.
De lo anterior queda claro que ya no podemos servirnos mas de nuestros
modelos de control centralizado, nacidos en la economía industrial. Los
mismos son pesados, anticuados y mecánicos. Los mercados de la economía
de la información están poniendo de manifiesto, cada vez más, las
características de los sistemas complejos y dinámicos que configuran el
mundo en torno a nosotros.
Por tal motivo las empresas requieren de un nuevo tipo de liderazgo,
adecuado ello a los rápidos y profundos cambios en los consumidores, la
tecnología, la economía y la cultura, cómo así también los radicales
incrementos en la competitividad a nivel local y global. De tal forma es
menester contar con líderes:
Que inspiren.
Que creen que su visión es la adecuada y no titubean en sus creencias.
Que estén impulsados por un fuerte deseo de ganar en la competición, y
de derrotar al “enemigo”.
Que combinen una enorme energía con fortaleza y tenacidad.
Que demuestren tener valor para asumir riesgos.
Que poseen un profundo respeto por las personas de su equipo y por la
formación de un equipo valioso.
Que comprenden debidamente el funcionamiento del dinero.
Un buen líder en el mundo de la empresa es aquel que sabe construir
equipos humanos efectivos, que sabe escuchar, que tiene la capacidad de
tomar decisiones por sí mismo, que sabe retener los mejores elementos y
que tiene la habilidad de rodearse de gente capaz.
Hacer factible ello requiere de personas con un muy alto nivel de
energía. Hay diferencias entre el hecho de tener energía y el de ser un
gran trabajador. Sacar el máximo partido a la energía emprendedora es
más que trabajar rápido o más. Cualquiera puede trabajar 16 horas al
día, lo realmente importante es el modo en que emplean su tiempo y la
manera en que entusiasman a los demás que las horas trabajadas. La
calidad es vital; la cantidad ya no es una ventaja competitiva. Cantidad
no significa nunca calidad.
La planificación y pensamiento estratégico, como así también la mejora
continua en materia de calidad, productividad, costes y niveles de
satisfacción requieren de capacitación. Capacitación es igual a dinero
ahora más que nunca.
Es también igual a eficiencia. Estudios realizados revelan que
un incremento medio del 10% en la formación de la fuerza laboral produce
un 8% de incremento en la productividad. En contraste con ello, el
incremento de un 10% en instalaciones y equipos incrementa la
productividad tan sólo un 3%. En la nueva economía merece la pena tener
formación, pues son las personas las que marcan claramente la
diferencia.
Pero no es el conocimiento puro el más valorado y requerido, sino el
conocimiento aplicado. Sólo se crea un valor económico verdadero cuando
el conocimiento se traduce en capacidades, o sea en aptitudes por las
que el mercado está dispuesto a pagar. Ya no se trata de lo que sabemos.
Lo que marca la diferencia es lo que hacemos con lo que sabemos.
Los negocios ya no son lo que solían ser. Los clientes están cambiando.
Servicios, productos y empresas completas están quedándose atrás en la
carrera. Lo que funcionaba hasta este momento ha dejado de funcionar.
Las organizaciones piramidales están siendo literalmente
pulverizadas por las organizaciones fractales. La organización del
futuro es la organización fractal, una organización caracterizada por su
flexibilidad y adaptabilidad, enfocada totalmente al mercado.
Una empresa que no sea competitiva ya no tiene adónde ir. Si no está
estructurando su empresa en torno a las nuevas demandas del mercado es
probable que no vaya a permanecer en el negocio durante mucho más
tiempo. Para continuar siendo competitivas las empresas deben
redefinirse. En esta redefinición hoy las empresas se definen más por
sus relaciones que por sus productos.
La competencia por el cliente será encarnizada, sin paralelo y
radicalmente diferente en cada una de las áreas. La única constante
auténtica es el cambio. Así como los filósofos dijeron que un hombre no
podía bañarse dos veces en las mismas aguas, hoy puede afirmarse
diciendo en otras palabras que un hombre no puede generar éxitos
aplicando los mismos paradigmas.
Dr. Mauricio Lefcovich - Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor. E-mail: mlefcovicharrobahotmail.com
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |