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Las Organizaciones están sujetas constantemente a los embates de su
contexto (Burns & Stalker – 1961; James D. Thompson – 1968; Charles
Perrow – 1969) y eso requiere que introduzcan cambios y modificaciones
tanto en su estructura como en los procesos, lo que a su vez impacta
sobre los distintos participantes organizacionales.
Posiblemente una de las responsabilidades de mayor importancia que
tienen los líderes organizacionales es la de estar atentos a éstas
situaciones cambiantes en contexto. Tener la sensibilidad para sentir,
percibir, entender y modificar estas situaciones como resultado de un
estado de alerta es vital para la supervivencia de las empresas y
entidades.
Muchas veces los cambios pueden forzar a cambios en la
tecnología o en los procesos de producción y “delivery” de los servicios
basados en requerimientos de calidad y en otras oportunidades las mismas
pueden deberse a necesidades de crecimiento. En éste último caso las
empresas pueden verse obligadas a cambiar pues necesitan alcanzar un
distinto volumen en sus ventas pues comienza a operar el principio de
economía de escala.
Las empresas están sujetas también al “negocio financiero” que pone su
interés en los dividendos y la “caja” por encima del producto o
servicio.
Es así que muchos empresarios y emprendedores pueden encontrarse en
algún momento con la necesidad de decidir si crecen o si se mantienen a
un nivel de operaciones de menor volumen. Esta última opción ha sido
definida por Eric Gaynor Butterfield como “operar a hélice en lugar de
jet” (Taller “Empresarios ¿Resulta ser mejor crecer en tamaño y volumen?
No resulta fácil sostenerse dentro de un mundo competitivo regido por la
globalización financiera y esto requiere de una importante capacidad en
los líderes de diseñar un nuevo escenario que es distinto de lo que
están haciendo en el día a día. La “zona de comodidad” parece ser un
área donde muchas veces las personas desean situarse y algunas de ellas
quedarse; no es común que los líderes lo hagan pero sí es frecuente
encontrarlo en otros niveles como es el de los gerentes, ejecutivos y
profesionales.
De modo que los líderes se encuentran entonces con dos problemas de
difícil resolución. Por un lado deben estar en condiciones de apreciar
correctamente lo que está sucediendo fuera de su organización de modo de
poder introducir los cambios necesarios y por otro lado puede
encontrarse con serias resistencias que presenta su propio equipo
gerencial.
Sí, nos estamos refiriendo al equipo de personas a quién todos los meses se los remunera, a quienes remunera más alto, y quienes reciben la mejor recompensa en términos de bonificación anual. Muchos estudiantes a nivel de Maestría o Doctorado a veces preguntan
¿Cómo es posible que sean estas personas las que pueden llegar a
ofrecer resistencia para cambiar? Pues bien, el hecho es que esta es una
realidad dentro del mundo empresarial y llegar a desconocerla puede
resultarle fatal a los dueños, propietarios, accionistas principales y
líderes empresariales.
Los cambios a nivel de “tradición” o “transición” representan
modificaciones que no llegan a ser tan grandes como los cambios a nivel
transformacional que se han estado viviendo durante los últimos 15 años
en los distintos países latinoamericanos.
Y lo que los líderes puedan tener en sus cabezas para superar los
cambios transicionales es muy posible que sea suficiente para superar
los cambios transformacionales. Los cambios transformacionales requieren
de una perspectiva que puede ser sumamente diferente de la común; y esto
no es usualmente enseñado – ni aprendido – en las mejores Universidades
del planeta.
Y aquí es donde justamente aparece la posibilidad de contar con alguien
de “afuera de la organización” que pudiera lidiar más efectivamente con
los problemas que se viven “dentro de la organización”.
Habíamos dicho que los líderes requieren de una capacidad de sentir, percibir, comprender y de modificar importante para lidiar con los problemas en el día a día, pero ahora estamos pidiendo nuevas perspectivas que usualmente pueden contradecir lo que justamente ellos han decidido que otros hagan en el día a día. Y tener una vida razonable con “hacer las cosas bien diariamente” y por otro lado “cuestionar como estas cosas se están haciendo para luego cambiarlas”, no es algo muy sencillo.
Algunos líderes han preguntado bajo esta situación: ¿Usted me está sugiriendo que quizás tenga que dividir mi cabeza en dos? Por supuesto que esto no es necesario – afortunadamente – pero sí es necesario que el líder comience a operar desde un punto de vista bi-dimensional donde el escenario actual que el mismo ha construido pacientemente deba ser transformado en un nuevo escenario preferido.
Y ustedes, estimados participantes, creen acaso que todo el equipo de gerenciamiento ha de estar en condiciones de acompañar al líder a modificar como ellos mismos están trabajando actualmente, como ellos han decidido dar instrucciones para que otros trabajen, como ellos han decidido asignar y distribuir los recursos en el día a día, y en especial como ellos actualmente interactúan con otros gerentes y otras unidades departamentales.
Esto les ha llevado tiempo llegar a construirlo y derrumbarlo
porque tan sólo desde la cúspide se percibe y se siente que se deben
cambiar las cosas, a los ojos del gerenciamiento no les parece
razonable. Más aún ¿Porqué habrían de hacerlo si actualmente les va
bien? Los gerentes no sienten de la misma manera la necesidad de cambiar
las cosas puesto que sus remuneraciones e incluso bonificaciones en un
plazo razonable no parece que fueran a cambiar.
Y ahora una nueva pregunta: ¿Qué les queda entonces a los líderes
empresariales que entre ideas, perspectivas – y quizás también sueños y
pesadillas – comienzan a tener dentro de sus cabezas que su empresa
puede no ser sostenible ni sustentable en el tiempo? Mas aún, vive el
dilema de “con quién compartir sus inquietudes”. Por un lado si
manifiesta y comparte sus inquietudes con el equipo gerencial puede
pensar que ello podría afectar negativamente la energía gerencial.
Si por otro lado no las comparte – e inicia acciones con otros de afuera
de la empresa para ganar una nueva perspectiva – el equipo gerencial
puede pensar en que ellos no son dignos de total confianza. Y el líder
sabe muy bien – como lo manifiesta el pasaje bíblico “Que los
asalariados no son quienes guían al rebaño”.
Es el pastor como líder en cambio, el que guía al rebaño porque tienen
total confianza en él. No necesita dar instrucciones ni pautas y mucho
menos hacer uso de un sistema de recompensas y castigos. El pastor
simplemente camina por delante y las ovejas le siguen en la total
confianza de que han de recibir la protección de él.
Este dilema que viven los empresarios no ha sido comúnmente tratado en
la literatura y mucho menos en los distintos países latinoamericanos.
Puede ser por ello que los servicios de asesoría de fuera de la organización sean requeridos con muchísima menor frecuencia de lo que lo hacen los líderes en los países más desarrollados económica y financieramente.
Decididamente en éstos últimos países recibir asistencia de afuera respecto de una nueva perspectiva es sumamente común y los Estados Unidos de Norteamérica se ha caracterizado por estar a la vanguardia en este sentido por encima de otros países desarrollados.
La necesidad de la existencia de esta función de brindar una
perspectiva de afuera hacia la empresa ha sido iniciada y ejecutada por
USA como pionera y además ejerce una función de liderazgo en cuanto a la
Profesión de Cambio y Desarrollo Organizacional. Hoy en día contamos
incluso con una serie de competencias que son requeridas para llevar a
cabo la función de Desarrollo Organizacional (www.theodinstitute.org).
Los consultores resultan ser la figura “natural” que suelen elegir
aquellos líderes empresariales y organizacionales interesados en ganar
una nueva perspectiva. Convencidos de que las organizaciones del día a
día y del éxito que ellas acompañan en el acontecer diario no siempre
son de utilidad para el desarrollo de un nuevo escenario, los
consultores resultan ser aquellos que pareciera estuvieran mejor dotados
para lidiar con el cambio.
Y aquí surgen entonces dos corrientes principales en cuanto a los
enfoques y orientaciones de los consultores. Las empresas pueden optar
por aquellos que tienen un expertise técnico que no encuentran dentro de
su propia organización y también pueden elegir a alguien que los ayude
respecto de cómo mejorar la toma de decisiones ante nuevos escenarios.
Por supuesto existen muchas otras posiciones intermedias pero
por el momento creo que sería bueno tener en cuenta estas dos
principales formas de “mejorar” las empresas.
La Intervención de Consultoría resulta ser entonces uno de los
mecanismos a través de los cuales la organización puede ganar
objetividad respecto de su escenario y posicionamiento actual y al mismo
tiempo llegar a visualizar un nuevo escenario “a alcanzar” que le
resulta preferido.
Y surge una de las preguntas que tiene que ver con los procesos de
cambio y mejora de procesos dentro de las empresas:
¿Qué elegimos – como consultores – para iniciar nuestra intervención de consultoría? ¿Qué herramientas hemos de utilizar para implementar el cambio? ¿Cuál es la unidad de análisis que debemos privilegiar? ¿Con quiénes debemos trabajar dentro de la empresa para facilitar el proceso de cambio?
¿Cuáles son los factores a tener en cuenta que pueden limitar y
obstaculizar la implementación de cambios? ¿Con qué apoyo contamos desde
la cúspide de la organización? ¿Encontramos personal suficientemente
alistado para el cambio? ¿En qué sectores de la empresa se encuentran
las mayores resistencias? ¿Tendremos que poner foco en aumentar las
fuerzas a favor del cambio en la medida que se comiencen a presentar
ciertas resistencias?
Además los diferentes Modos en cuanto a Intervenciones de Consultoría
tienen mucho que ver con la situación concreta que vive la empresa en un
momento determinado y la necesidad del cambio de la misma lo que implica
otro factor muy importante que es la nueva dirección que se debe adoptar
dentro de la organización. El nuevo foco es de suma importancia. Muchos
consultores se involucran en un proceso sin haber dedicado suficiente
tiempo para analizar la nueva dirección que ha de adoptar la
organización, y perseveran en el cambio sin tener en cuenta que avanzar
velozmente y de manera persistente en la dirección equivocada muchas
veces no solamente nos aleja del punto de llegada sino también del mismo
punto de partida.
El consultor en cambio y desarrollo organizacional puede privilegiar
alguno de éstos distintos aspectos:
el tipo de problema que confrontamos
el área o el rol a cambiar
la persona sujeta a cambio
el proceso principal en que se ha de poner foco
el área jerárquica a modificarse
la combinación de las opciones anteriores
el alcance respecto de los puntos 1 a 6 anteriores.
Como vemos existen distintas opciones en materia de decidir el foco que
hemos
de privilegiar y la combinación de ellos hace aún más compleja la
decisión.
A ello debemos también agregar el hecho que estas distintas
posibilidades han de llevarse a cabo a través de prácticas y
procedimientos dispares. Como se lleva a cabo la intervención es también
un aspecto relevante y los consultores pueden realizar su intervención
haciendo uso de distintas metodologías.
Hace más de 30 años dos importantes expertos en los procesos de cambio y
desarrollo organizacional (Schmuck & Miles – 1971) desarrollaron un
modelo general que pueden seguir y adoptar aquellos que están
interesados en modificar las estructuras, los procesos y los
participantes organizacionales.
Se ha definido a dicho modelo como el “Cubo de OD” el que a su vez
tiene en cuenta tres aspectos principales que se relacionan con tres
temas fundamentales que están presentes en toda intervención de
asesoría.
Por un lado los problemas diagnosticados pueden estar vinculados con los
objetivos, metas, planes, cultura y clima organizacional, liderazgo,
autoridad y poder, resolución de problemas y toma de decisiones,
conflicto y cooperación, definición de roles, entre otros.
Otra opción tiene que ver con la unidad de análisis con que se
privilegia trabajar. Se puede llegar a poner foco en los individuos o en
los grupos como “punto de entrada”. En algunos casos puede tratarse de
una sola persona, un rol, un par o terceto, un grupo o equipo, una
situación inter-grupal o la organización en su conjunto. Es común que –
incluso ante aquellas situaciones en que se intenta un cambio total en
la organización – se elija un punto de entrada que está relacionado con
un grupo en particular.
Una tercera opción tiene que ver con el modo que se efectiviza el cambio
organizacional el que puede realizarse a través de diversas prácticas
como ser el cambio a través de un nuevo proceso educativo, de
entrenamiento o de performance improvement, coaching,
consultoría de procesos, reuniones de confrontación, proveyendo feedback de información, resolución de problemas o toma de decisiones, actividades técnicos estructurales, planeamiento estratégico, desarrollando un tablero de control, implementando una metodología de mejora de procesos, implementando tecnología informática para procesos del ciclo “de ventas” como CRM o del ciclo “de compras / provisiones” como SCM, desarrollo de planes y proyectos, entre otros.
En los últimos años, y como resultado de las modificaciones que se introdujeron como resultado de la “reingeniería de procesos”, se ha privilegiado la mejora de los dos procesos que son vitales para toda organización: el de ventas y el de compras o abastecimientos.
Actualmente la metodología CRM parece haberse posicionado como líder
en el proceso de ventas mientras que SCM hace lo propio en relación con
el proceso de compras.
La lista de modos de intervenciones de consultoría resulta ser sumamente
amplia en especial cuando decidimos incorporar también todas las “best
practices” que ha introducido los consultores en los últimos 60 años.
Eric Gaynor Butterfield (ver: Best Practices en www.theodinstitute.org)
lista más de 50 (cincuenta) best practices que se pusieron en vigencia
en los últimos 50 años, lo que quiere decir que cada una de ellas ha
sido la “mejor” a pesar de que ha compartido el éxito con otra por más
de un par de años.
En el libro libro “Essential Competencies of Internal and External OD
Consultants” los autores (McLean y Sullivan - 1989) desarrollaron una
lista detallada de opciones en cuanto a Modos de llevar a cabo las
intervenciones de consultoría, distinguiéndolas según su unidad de
análisis.
McLean y Sullivan (ya citados) incluyen distintos Modos que representan
intervenciones de mejora organizacional en relación con la primera
unidad de análisis, la de nivel individual.
El counseling / coaching es una de ellas y se caracteriza por haber
sido diseñado este tipo de intervención para formalizar y aumentar las
relaciones “de ayudar a otros” en la resolución de problemas. Tiene que
ver con el desarrollo de habilidades “de escucha” y se los asesora para
lidiar con problemas inter-personales.
Esta práctica ha sido fuertemente difundida dentro de las culturas
latinoamericanas a partir de la última década del siglo pasado.
En realidad mucho de su fundamento se encuentra en los trabajos y aportes de los estudiosos e investigadores en las ciencias del comportamiento, prestando especial atención a los aspectos vinculados con el estrés. Un excelente trabajo pionero del estrés en las organizaciones es el desarrollado por el Dr. Donald W. Cole que es expuesto detalladamente en su libro “Professional Suicide or Organizational Murder” (Mc Graw Hill – 1981).
Podemos sugerir que los lectores interesados en este modo de intervención se familiaricen con dicho trabajo pues les puede ser de utilidad para conocer el origen de las relaciones – muchas veces disfuncionales – que se llevan a cabo entre la organización y sus miembros organizacionales.
Los lectores en español pueden acudir al libro “Suicidio
Profesional o Asesinato Organizacional” donde Eric Gaynor Butterfield es
co-autor del Dr. Donald W. Cole (Ed. The Organization Development
Institute International, Latinamerica – 2003).
También se sugiere a los lectores interesados en este modo de
intervención, familiarizarse con los hallazgos de las ciencias del
comportamiento en relación con los grupos de sensibilización (T-groups)
los cuales no siempre produjeron los resultados esperados y anticipados
por los consultores.
La capacitación es otro modo de intervención que está al acceso de los
consultores y capacitadores que intentan introducir cambios en las
empresas. El supuesto básico de éste modo de intervención se basa en que
las personas al adquirir nuevos conocimientos, habilidades y destrezas,
y al cambiar sus actitudes están en condiciones de aplicarlo
inmediatamente en el trabajo.
Nuestra experiencia en materia de consultoría y capacitación sugiere que
este supuesto básico no siempre es necesariamente cierto. Las personas
no siempre están en condiciones de aplicar en el trabajo lo que ha
entrado por “sus cabezas” en un programa de capacitación.
Y esto es especialmente cierto cuando dichos cursos, talleres, y jornadas son realizados bajo las prácticas tradicionales de educación. Leavitt ha mostrado hace más de 50 años atrás que las personas – en situaciones de entrenamiento – aprenden como consecuencia del feedback que ellos pueden llegar a transmitir en dichos programas.
Algo que no es común en los programas de capacitación que
realizan las empresas dentro de las distintas culturas latinoamericanas.
También se ha encontrado evidencia que los cursos muchas veces tienen
que satisfacer “otros” objetivos no-explícitos.
Un trabajo de campo con las gerencias de recursos humanos y los
responsables de capacitación han mostrado que muchas veces la
contratación de cursos tiene que ver con:
a. “levantar” el nivel de motivación del personal;
b. satisfacer requerimientos formales que pueden estar vinculados con
regulaciones desde la cúspide de la organización o como resultado de
regulaciones externas (órganos de control, órganos reguladores, ISO´s,
etc.)
c. proveer conocimientos nuevos. Como vemos no necesariamente estos
objetivos han de posibilitar el aumento de performance.
Por otro lado se ha encontrado que muchas veces los gerentes suelen
enviar a cursos de capacitación a aquellas personas que tienen mayor
disponibilidad de tiempo libre dentro de sus respectivas áreas, y no
necesariamente a aquellos que tienen un mayor potencial de aprendizaje.
También se ha observado que los capacitadores a su regreso se encuentran con una verdadera barrera para implementar cualquier nuevo cambio dentro de su departamento o sector. Más de un participante nos ha manifestado que cuando regresa a su trabajo su superior lo recibe con frases dentro de este tenor: “¿Has pasado un buen día en la capacitación?
¿Qué tal ha sido el almuerzo? Te pido que por favor tengas en cuenta
que Rosa ha estado haciendo TU trabajo, de modo que ponte al día con él
lo más rápidamente posible. Ah, no te olvides que si estamos vivos y nos
va bien actualmente es porque estamos haciendo las cosas de manera
eficiente. No se te vaya a ocurrir sugerir cambios respecto de cómo aquí
se trabaja”.
Si las empresas no toman con seriedad a la capacitación en Latinoamérica
se han de encontrar en dificultades para competir ventajosamente. Ya
sabemos que el nivel de innovación y de nuevas patentes en el lejano
oriente es muchas veces superior al nuestro y la brecha parece
agigantarse.
Otro Modo de llevar a cabo la intervención es aquel que se define como
“Estableciendo Objetivos Individuales” y que se lleva a la práctica para
aumentar las habilidades de planeamiento hacia aumentos de productividad
como consecuencia del diálogo entre el empleado y su superior.
Esta práctica no es común dentro de las empresas latinoamericanas a
pesar de que ha mostrado buenos resultados dentro del ámbito empresarial
en los países más desarrollados económicamente.
Los sistemas de “Evaluación” se encuentran establecidos dentro de
organizaciones latinoamericanas y en especial en aquellas organizaciones
que son filiales de corporaciones globales.
En las culturas más desarrolladas se habla de un sistema de “Evaluación de Resultados” que por su sola definición exhibe sus diferencias. Bajo este tipo de intervención se canalizan energías para modificar los métodos de medición de performance.
Existen algunos aspectos que son claves para el logro de resultados que tienen que ver con que muy frecuentemente se cambian las tareas, los roles y las funciones de las personas, pero no siempre los superiores le manifiestan a los subordinados como dichos cambios tienen que ver con nuevos objetivos y con la manera de recompensar por estos nuevos objetivos diferentes.
En otras palabras se modifica el “contrato psicológico” entre
el superior y el subordinado pero el subordinado no siempre es informado
de los cambios. Este tipo de Modo de intervención requiere además
entrenar y capacitar a los superiores respecto de cómo dar y recibir
feedback.
El Modo de intervención conocido como “Statistical Process Control” (SPC)
casi no ha tenido aplicación alguna dentro de las culturas
latinoamericanas. Implica una metodología y técnica asociada con una
apreciación “de cerca” respecto de las variaciones que pudieran llegar a
producirse en relación con la producción y la performance, como así
también de sus desvíos.
Las Descripciones de Puestos representan un Modo de Intervención que ha
tenido bastante aplicabilidad dentro del mundo de la consultoría dentro
de organizaciones en las empresas latinoamericanas.
Los países más desarrollados fueron quienes aplicaron e hicieron uso en primera instancia de esta metodología y en Latinoamérica la encontramos desarrollada con bastante frecuencia a partir de los años 50 y 60 del siglo pasado.
Era bastante común que las Descripciones de Puestos en las empresas al sur del Río Grande fueran acompañadas por el enfoque de estructura organizativa, que asumía que un cambio en “el organigrama” producía cambios en la forma de operar.
El cambio registrado en el organigrama usualmente era acompañado por un Manual de Funciones, un Manual de Descripción de Puestos, y a veces por un Manual de Procesos y Procedimientos. Desafortunadamente, los consultores aprendieron tardíamente algunas de las consecuencias no-funcionales de prestar especial atención al “aspecto puramente formal” dentro de las organizaciones.
El supuesto básico de que los participantes organizacionales
estarían en condiciones de modificar y mejorar sus conductas como
resultado de una nueva Descripción de Puestos, posiblemente sea válida
solamente en situaciones límites. Era muy común encontrar a las empresas
grandes de auditoría en el mundo en las décadas de los 50 y los 60 del
siglo pasado (las “big six”) hacer uso de esta práctica en sus Clientes
a través de sus departamentos de consultoría.
El Modo denominado “Clarificación de Valores” es otra opción adicional
que tienen a su disposición los consultores de empresas. Es un tipo de
intervención que ha sido diseñado para apreciar y evaluar los valores
individuales o grupales dentro de la organización.
El “Planeamiento de vida y de carrera” es un tipo de intervención que ha
sido diseñado para ayudar a los participantes organizacionales a
realizar un planeamiento tanto de sus vidas personales como de su
carrera laboral. Esta práctica ha sido común en las economías más
desarrolladas y podemos decir que prácticamente no ha sido implementada
a nivel global dentro de las empresas latinoamericanas.
Las transformaciones en el contexto – que las empresas dentro de economías más desarrolladas percibieron en la década de los 50 y 60 del siglo pasado – hicieron que muchas organizaciones especialmente dentro del mundo corporativo, prestaron especial atención a este tipo particular de Modo de intervención.
Esta práctica ha sido conocida dentro del mundo empresarial en
Latinoamérica recién en la última década del siglo pasado y
desafortunadamente la globalización financiera y la eliminación de los
puestos de trabajo, no dieron mucha oportunidad para que se aplicara de
manera ventajosa.
Otro Modo de intervención que no hemos visto dentro de las culturas
latinoamericanas tiene que ver con lo que se conoce como “People-Policy
Development” (desarrollo de políticas en material de personal). Bajo
este tipo de modo de cambio organizacional se busca establecer
lineamientos generales a seguirse dentro de la empresa en materia de
conducción del personal especialmente cuando se presentan algunos
problemas particulares en el trabajo.
Los “Manuales de Procedimientos” – mencionados precedentemente en la
sección de Descripción de puestos – tienen como propósito fundamental
establecer y formalizar un método que permite manejar aquellos problemas
comunes que confrontan las personas en el día a día de sus funciones
dentro de la empresa. Este tipo de intervención previamente ha
considerado las políticas organizacionales, y en base a ellas luego se
desarrollan los procedimientos.
Otro tipo de Modo al cual pueden acceder los consultores es el que se
conoce como “Mejora de Procesos”. Esta práctica surge como consecuencia
de haber emitido la partida de defunción a la organización jerárquica
vertical que privilegia las funciones verticales. La misma busca
modificar las maneras en que los procesos son desarrollados.
Se ha encontrado que en los países latinoamericanos se tiende a
seguir el modelo de “las ciencias duras” donde se asume que las personas
han de cambiar las conductas “para mejor” por el simple hecho de tener a
su disposición una nueva tecnología. Si los consultores latinamericanos
tuvieran en cuenta los hallazgos de Eric Trist y los de la escuela
socio-técnica, seguramente introducirían modificaciones en sus proyectos
de cambio y desarrollo organizacional.
Existen otros niveles de análisis más allá del individual como el que
hemos de tratar que es a nivel grupal. Aquí también nos encontramos con
diversos Modos de Intervención siendo uno de los más comunes el de
“Construcción de Equipos de Trabajo” que recibe en español el nombre de
Trabajo en Equipo. El lector avezado ya nota como una diferente
definición puede llegar a producir resultados diferentes.
El diseño de este modo de intervención busca aumentar el grado de
cohesión / cooperación / compromiso de las personas que se encuentran
inter-relacionadas como consecuencia de su trabajo.
Queremos hacer mención especial al hecho de que en las culturas
latinoamericanas la perspectiva común no siempre pone suficiente énfasis
en esta segunda unidad de análisis. Se “percibe” que del individuo se
puede “saltar” a la eficiencia organizacional, algo que está muy cerca
del absurdo.
La literatura en materia de “grupos” (su formación, desarrollo y crecimiento) es sumamente vasta dentro de las culturas más desarrolladas económicamente, y en especial dentro de los Estados Unidos de Norteamérica. En la sección Artículos - Bibliografía de la página web: www.theodinstitute se hace mención a más de 300 importantes aportes y contribuciones en materia de “Grupos”.
Los consultores que se interesen en mejorar las empresas al sur
del Río Grande deberán dedicar muchas de sus energías para aprender todo
lo que las ciencias del comportamiento dentro de las organizaciones,
tiene para decirnos.
Un capítulo especial merece el Modo de Intervención que se conoce bajo
el nombre de “Enriquecimiento en el Trabajo” (Job Enrichment). Este tipo
de intervención organizacional se orienta a diseñar un cambio en la
forma en que se realizan las tareas y labores significando mayores
responsabilidades para los participantes organizacionales.
Parte del supuesto de que las personas por lo general se orientan a ser autónomas y a ganar “dignidad” como consecuencia de un trabajo enriquecido donde por sí mismos prefieren trabajos más complejos alejándose de las labores repetitivas.
En general, asume que la división del trabajo atenta contra el desarrollo de las personas como consecuencia de que los trabajos resultan ser demasiado simples y repetitivos. Frederick Herzberg – a través de sus hallazgos e investigaciones – ha mostrado que las personas por lo general no pueden ser motivadas en mayor medida por el dinero u otros factores higiénicos.
Desafortunadamente esta práctica no ha sido aplicada dentro de las organizaciones en las distintas culturas latinoamericanas, quizás justamente porque la filosofía de dirección camina “a contrapelo”.
Resulta sorprendente que incluso hoy día – unos 50 años más tarde que
se ha inaugurado esta práctica dentro del mundo desarrollado
económicamente – la misma no pueda aplicarse en las empresas al sur del
Río Grande. Y lo más sorprendente se presenta en países como la
Argentina donde los propios representantes de los trabajadores se
esfuerzan en establecer regulaciones que “hacen más simples, rutinarios
y repetitivos las tareas de los trabajadores”.
A través del Modo de intervención denominado “Calidad de vida en el
Trabajo” (Quality of Work Life) se diseña un cambio organizacional
orientado a mejorar las condiciones de trabajo y a mejorar la
participación del empleado en todas aquellas decisiones que influyen
sobre ellos y sobre las empresas donde trabajan. No hemos notado
esfuerzos de consultores en instalar este Modo de intervención dentro de
empresas en las culturas latinoamericanas (ni tampoco muchos líderes
empresariales que hayan mostrado bastante interés en ellas).
Los “Círculos” representan un Modo de intervención que se ha diseñado
para hacer uso de pequeños grupos – que son usualmente grupos de trabajo
– para identificar métodos orientados a mejorar la producción y
productividad o a solucionar los problemas que se presentan en el
trabajo diario. Existen algunas dificultades para que las personas
trabajen efectivamente en grupo dentro de las organizaciones en
Latinoamérica. En muchos casos esto puede deberse a las limitaciones que
se originan en una educación de tipo jerárquico, donde prevalece el
estilo autoritario. También es frecuente encontrar en las culturas
latinoamericanas una orientación preferencial hacia “locus de control
externo” que no es de ayuda para hacer uso de ésta mejor práctica.
Establecer objetivos para la unidad o departamento (Unit Goal Setting)
representa un Modo de intervención sumamente práctico en la medida que
la empresa está incondiciones de hacerlo en los distintos eslabones de
la empresa (Likert – 1961). Sin embargo, objetivos no-claros desde la
cúspide hacen que los gerentes también prefieran no clarificar lo que
tienen que hacer los subordinados.
En el excelente trabajo ya mencionado del Dr. Donald W. Cole se
muestra que bajo el estilo de conducción por subordinado son los
subordinados – y no la gerencia – quienes están comprometidos. Y al no
contar con objetivos claros los subordinados pueden ser premiados – o
castigados – de una manera que no tiene mucho sentido, lo que hace que
se confundan los medios con los objetivos organizacionales.
Gerenciando el Conflicto (Conflict Management) es un Modo de
intervención que el consultor diseña con el propósito de reducir los
conflictos destructivos que se presentan entre los miembros de un mismo
equipo de trabajo. No hemos visto a muchos consultores hacer uso de este
modelo de cambio organizacional dentro del ámbito empresarial en
Latinoamérica.
Tampoco hemos encontrado trabajos de consultores (en Latinoamérica) que
hicieran uso del modo de intervención que se conoce como Mapeo del
Sistema-Abierto (Open-System Mapping). Esta práctica de cambio
organizacional puede ser de suma utilidad ya que se orienta hacia un
diseño que permita identificar inputs y outputs relevantes, como así
también procesos que permiten una efectiva transformación
organizacional.
La Consultoría de Procesos (Process Consultation) es una intervención
que se ha diseñado particularmente hacia poner foco respecto de cómo los
miembros organizacionales (o los grupos) interactúan entre sí. Edgar
Schein (1969 – Addison-Wesley) presta especial atención a ésta
metodología de cambio y desarrollo organizacional haciendo notar las
diferencias de enfoque que existe entre el consultor “experto” y el
consultor en cambio organizacional.
Quedan aún otros Modos de Intervención que se relacionan con lo que
sucede entre distintos grupos, a nivel organizacional y a nivel
planetario que hemos de dejar para nuestra jornada siguiente.
Pasaremos ahora a debatir lo que hemos aprendido hasta ahora respecto de éstas prácticas o Modos de intervención que tienen que ver exclusivamente con el nivel individual o grupal y a explorar las diferencias entre lo que los consultores hacen en Latinoamérica y lo que han hecho y siguen haciendo los consultores en las economías más desarrolladas económicamente, en particular los Estados Unidos de Norteamérica.
Les pido que por favor abandonen por un momento su posición “en
auditorio” y se reúnan en mesas redondas de a cinco personas para
trabajar en equipo los hand-outs que les hemos entregado.
Eric Gaynor Butterfield - Ph. D. (abd) - Presidente The Organization Development Institute International, Latinamerica (Board member de The Organization Development Institute- Worldwide) www.theodinstitute.org informesarrobatheodinstitute.org
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