En la actividad económica existe un elevado nivel de irracionalidad,
ello acontece en todas las latitudes, lo único que en distinto grado.
Cuanto más irracional sea la gestión de los recursos, mayor será el
problema para las empresas, organizaciones en general, y el país como un
todo.
Si hay algo que sobresale en América Latina es el elevado nivel de
irracionalidad, tanto de políticos, como de empresarios, sindicalistas y
directivos en general. Irracionalidad que ha llevado y lleva a un
despilfarro continuo de recursos, sean estos humanos, materiales o
financieros. Y el mayor de todos los desperdicios, que es el despilfarro
del tiempo.
Las experiencias concretas vividas en el día a día me permiten aseverar
la incapacidad y en muchos casos la notable irresponsabilidad de
dirigentes y profesionales que dilapidan posibilidades y potencialidades
de manera o forma sistemática.
No es factible avanzar sin investigación, disciplina y una férrea ética
de trabajo. Sólo ello permite la mejora continua que lleva a una mejor y
mayor calidad de vida.
Sobre profesiones y actividades
Si bien como pacientes no se harían atender por un oculista una carie en
la dentadura, o no se harían ver por un traumatólogo por un problema
cardiovascular, tenemos empresarios que ponen al frente del control de
calidad a una licenciada en ciencias políticas, o a una dietóloga a
cargo del área de recursos humanos, o lo que es peor un ingeniero
electricista a cargo de la gerencia financiera de un banco.
Así como el paciente no encontrará respuesta a sus problemas e incluso
puede llegar a la muerte, algo similar acontece con las empresas, las
cuales terminan en muchos casos desapareciendo.
Aunque ello parezca mentira es algo real, algo vivido por quien esto
relata, y sin lugar a dudas reconocido por muchos de los lectores. Algo
que se ve potenciado en muchos organismos gubernamentales, donde por
razones de política, o más bien de acomodo político no hay
inconvenientes en colocar a un abogado a cargo de un Ministerio de
Defensa, o a un ingeniero o contador a cargo de una Secretaria o
Ministerio de Salud.
Necesario es decir que la especialidad no garantiza el éxito, pero es sí
una cuestión básica a partir de la cual construir la concreción de
objetivos.
De lo contrario debemos preguntarnos para que existen las
Facultades y los Master, Post Grados y otras carreras de
especialización, si luego se pone al frente de determinados cargos a
personas carentes de idoneidad para cumplir acertada y eficazmente con
las funciones para las cuales han sido designadas.
Tanto la facultad como luego el ejercicio de la profesión provee al
profesional interviniente de una terminología y manera de pensar propia
de la profesión en cuestión. Claro esta decir que no puede ni debe
quedarse con un nivel de especialización que llegue a lo que ha dado en
llamarse la “incapacidad entrenada”, o sea la capacidad de ver sólo el
sector que comanda, o lo que es lo mismo la incapacidad de ver el todo y
sus interrelaciones.
Ver a una dietóloga a cargo de los recursos humanos de una empresa de
alta tecnología resulta sin lugar a dudas sorprendente. Sólo basta
pensar todo lo que ello implica en materia de estrategias de personal,
planificación de recursos humanos, gestión del conocimiento y políticas
de salarios e incentivos.
La falta de motivaciones, la carencia de una capacitación
acorde a las necesidades y una incorrecta política salarial podría
llevar a la empresa a la pérdida de personal clave, o a la disminución
gradual y sostenida en su capacidad de competitividad en el mediano y
largo plazo.
Sólo piensen en el ingeniero electricista a cargo de la Gerencia
Financiera de una entidad financiera. Sin preparación en economía y
finanzas, y sólo con una carrera bancaria de escaso nivel esta persona
fue clave en la desaparición de la entidad bancaria en la cual
desempeñaba sus funciones.
Estas cuestiones marcan claramente los logros de aquellos países que
conquistan el espacio, o logran poner un pie en la luna, de aquellas
empresas que no logran salir de sus círculos viciosos.
O es que podemos imaginar a un médico proyectando una órbita, o
a un economista operando de una apendicitis? Por ello imagínense mí
sorpresa cuando una persona me dijo acerca de su necesidad de que le
diera explicaciones sobre el sistema Seis Sigma, dado que ella era
licenciada en ciencias políticas y tenía un master en relaciones
internacionales.
Ello no hizo más que demostrar que en muchos países y empresas
desconocen totalmente las teorías sobre la asignación óptima de los
recursos, guiándose por un comportamiento irracional que lleva a la
perdida de competitividad o lo que es peor ponen en juego su propia
existencia.
Sobre áreas y responsabilidades
Que un gerente de una importante empresa internacional se presente
diciendo que tiene a cargo la Gerencia de Reducción de Costos, es a
todas luces sorprendente y disparatado, máxime con todo lo que se ha
escrito y dicho sobre ésta temática.
Cómo es posible asignar a una persona o área la responsabilidad de la
reducción de costos? Cuando en realidad los costos son una
responsabilidad de todas y cada una de las áreas, además de estar
involucrado de manera fundamental y especial el tema calidad.
Es posible concebir un asesor interno en reducción de costos a manera de
staff, o bien a un encargado de un comité para el control y reducción de
costos, pero no un gerente de reducción de costos. Los costos al igual
que la calidad y la productividad son responsabilidad de todas las áreas
y sectores. Por ello tampoco es admisible aceptar la existencia de una
Gerencia de Control de Calidad.
Que exista un responsable de asesorar o monitorear la calidad es algo
aceptable, pero en la actual etapa en el desarrollo de la calidad no es
admisible centrarse en un responsable de ello, desligando de manera
directa a todos los gerentes del tema calidad. Además la calidad no es
algo que pase sólo por la producción de bienes y servicios, también pasa
por las actividades administrativas, crediticias, financieras y de
comercialización entre otras.
De liderazgos, conocimientos y objetivos
Muchos empresarios consideran que la lectura de un libro les da la
capacidad y aptitud de pretender instrumentar métodos y sistemas que
nada tienen que ver con sus presuntos conocimientos.
Así el presidente de una importante empresa durante un seminario de
capacitación y en presencia del personal superior de su empresa, decía
pretender implementar la mejora continua, pero no dejaba de hostigar en
todo momento a su personal, considerando que ellos eran incapaces de
comprender la necesidad de la mejora continua para lograr una mayor
competitividad.
Para que se logren los objetivos dicho presidente debe previamente
cambiar su cultura empresaria, aumentando la confianza en las capacidad
de su personal, concentrando sus esfuerzos en la motivación en lugar de
en el hostigamiento irracional.
No podemos pretender alcanzar un objetivo sin antes cambiar nuestra
propia cultura, nuestra manera de ver y sentir la realidad.
“Para mí está todo bien y nada hay para mejorar”
Si un Gerente pronuncia estas palabras en relación al funcionamiento de
su empresa, es mejor que los propietarios piensen seriamente en
despedirlo. Un Gerente que piensa de esta manera ya no tiene interés en
liderar un proceso de cambio, no reconociendo por otra parte que todo es
mejorable. Más aún, todo debe ser objeto de un análisis sistemático para
la mejora continua.
No reconocer la necesidad de mejora es dejarle el espacio servido a los
competidores que gustosos harán de la mejora continua la herramienta o
arma estratégica fundamental para hacerse de la mayor cuota de mercado.
La empresa a la cual pertenece este gerente, lamentablemente comenzó su
derrumbe. Es casualidad o causalidad esta forma de pensar con los
acontecimientos que luego han tenido lugar. Sin lugar a dudas los
pensamientos preceden a la acción, y si los pensamientos son incorrectos
llevan ellos a adoptar decisiones erróneas para la competitividad de la
empresa.
Sea incapaz y destruya la empresa
En una empresa de transporte urbano de pasajeros un mecánico tenía a su
cargo no el mantenimiento, sino toda la política de mantenimiento
preventivo. Los costos como ustedes se imaginarán volaban. Carente de
conocimiento en materia de sistemas informáticos y para no errarle a la
lubricación de las unidades, cada “x” cantidad de días le cambiaba el
aceite a todas las unidades sin importar en absoluto cuantos kilómetros
habían recorrido las mismas.
Eso era tan sólo una pequeñísima parte la anécdota. No hablemos de
estadísticas sobre la productividad de las unidades, de la respuesta de
los insumos o de la repetibilidad de inconvenientes o reparaciones. Por
supuesto, las reparaciones y mantenimientos constituían un auténtico
“agujero negro” que tragaba literalmente los recursos monetarios de la
empresa. Como era obvio dicha empresa sucumbió y terminó desapareciendo.
No cualquiera es banquero
Una cosa es ser un buen comerciante, un vendedor de telas o comestibles
y otra muy diferente hacerse cargo de la dirección de una entidad
bancaria. Estas estuvieron siempre y hoy más que nunca sometidas en
primera instancia y de manera profunda a las crisis económicas. Hacerse
cargo de un Banco implica conocer y reconocer las características
propias de ésta actividad.
Ello explica en gran medida la desaparición de la casi totalidad de los
bancos cooperativos. Falta de aptitudes, experiencias, sumadas a cierto
relajamiento en la disciplina financiera llevaron a la desaparición de
las mismas.
Apoyando a las Pequeñas y Medianas Empresas
Muchos organismos oficiales dicen tener abiertas sus puertas a las
inquietudes y al progreso. Por ello lo primero que uno piensa es: “al
gobierno le interesa fomentar la productividad y la calidad para hacer
factible el crecimiento y las exportaciones”.
No hay que esperar demasiado para darse cuenta que esas políticas de
puertas abiertas, están sólo abiertas a la corrupción. La mayoría de
tales organismos estatales tienen mayor interés en subsidiar préstamos a
sus seudo-clientes a cambio de gruesas participaciones o bien tienen su
interés en abultadas sobrefacturaciones.
Poco hay para hacer en países donde sus gobernantes tienen más interés
en afirmar sus enfoques cleptocráticos que en apoyar la competitividad
para la mejora continua en el nivel de vida de sus conciudadanos. Sólo
queda lugar para una masa crítica de empresarios consustanciados con la
gestión competitiva, y comprometidos con una ética de trabajo y
responsabilidad social.
Conclusiones
En la Era de Conocimiento quien no posee los conocimientos y
experiencias adecuados y actualizados para hacerse cargo de las
exigencias que el mercado propone día a día, termina matando a sus
pacientes y a sus clientes o empresas.
Los empresarios y directivos son responsables de sus propios fracasos al
actuar y seleccionar los recursos humanos de una manera inadecuada e
ineficaz.
Determinadas economías protegidas o actividades no obligadas a afrontar
competencia alguna pueden darse tranquilamente el gusto de malgastar
tiempos y recursos de manera irrazonable, o peor irracional. Pero
aquellas que deben afrontar la competencia y hacer frente a las cada día
mayores exigencias del mercado sólo tienen un camino, y ese camino exige
racionalidad y eficacia.
El día que los recursos sean asignados debidamente, y sobre todo el
principal de los recursos en esta nueva Era, que son los recursos
humanos, habrá mayores posibilidades de éxito para la economía de las
empresas y de los países como un todo. Ello explica en buena medida la
fuga de cerebros de determinados países, al no encontrar en ellos una
gestión de los recursos que los valore debidamente.
Dr. Mauricio Lefcovich - Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor. E-mail: mlefcovicharrobahotmail.com
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