Ríos de tinta han corrido en escritos, tratados y doctrinas sobre la Ética, por tal motivo no pretendo en este ensayo dictar cátedra sobre el tan controvertido tema, sino que suplicando al ALTÍSIMO, a nuestro ETERNO, TODOPODEROSO Y BUEN DIOS, y con la ayuda de su Gracia, quiero despertar y estremecer las conciencias, iluminar las mentes, motivar las voluntades, hacer que se vuelvan las miradas hacia la virtud y que se inclinen y enamoren los corazones de la misma, mover los sentimientos para que se anhele, desee y ame la Ética y se odie, deteste y rechace la corrupción.
Anhelo dejar en lo más profundo de las almas de las personas que
tengan contacto con este ensayo, el mensaje de que hay una profunda
necesidad de transformar nuestras sociedades, las organizaciones
públicas y privadas, como consecuencia de la corrupción generalizada que
permanentemente en el ámbito mundial ataca y destruye a las mismas, por
tanto se hace imperioso, ineludible, indispensable e imprescindible que
la implantación de la ética en ellas, tenga el carácter de URGENCIA
MÁXIMA.
Hoy día nuestros pueblos reclaman desesperadamente que nuestros líderes
y organizaciones tanto públicas como privadas asuman comportamientos
éticos en el ámbito de sus políticas, decisiones y ejecuciones. Se ha
venido insistiendo permanentemente en la marginación de la Ética de los
procesos económicos y organizacionales so pretexto de una presunta
incongruencia o dicotomía existente entre ellas, lo cual ha traído como
consecuencia la facilitación de la instalación de prácticas corruptas
que han causado enormes daños en nuestras sociedades. El Papa Juan Pablo
II ha encabezado el cuestionamiento de la supuesta dicotomía entre Ética
y economía y ha señalado que no solo no es ajena a ella, sino que
debería orientarla y regularla, exigiendo adicionalmente un código ético
para la globalización.
Diariamente nos estamos enfrentando a un maremagnum de escándalos de corrupción y ante estas realidades la sociedad se pregunta ¿Cómo pudo ser posible? ¿Que motivó estas conductas? y las explicaciones usuales no permiten entenderlas ni satisfacen las expectativas de las gentes.
Ello significa que necesitamos poner en el centro de la agenda
pública temas como la coherencia de las políticas económicas con los
valores éticos, la responsabilidad social de la empresa privada, la
eticidad de la función pública, fortalecimiento de las organizaciones
voluntarias, el desarrollo de la solidaridad en general, la erradicación
de la corrupción para motivar actitudes éticas positivas, la preparación
a fondo de las nuevas generaciones de profesionales en sus
responsabilidades éticas, entre otros, ya que por no haberlo hecho hemos
creado el terreno propicio para que ese vacío de discusión ética
favorezca a que se desplieguen sin sanción social los valores antiéticos
que encabeza la corrupción y continúe reinando el egoísmo exacerbado, la
insolidaridad y la insensibilidad frente al sufrimiento de tantos.
Es importante tener claro que el corrupto no solo daña por lo que roba a
la sociedad, sino por el mensaje que transmite: TODO PARA MI, NO ME
IMPORTAN LOS DEMÁS, NO TENGO PROBLEMAS DE CONCIENCIA, LO ÚNICO
IMPORTANTE ES ENRIQUECERSE. POR ESO ES HORA DE CONTESTAR DEFINITIVAMENTE
ESTE MENSAJE REIVINDICANDO LOS VALORES Y COLOCÁNDONOS EN PIE DE LUCHA,
tenemos que colocar LA ÉTICA COMO URGENCIA MÁXIMA, porque cuando se
destruye de cualquier forma el planeta tierra, cuando se apoya, se
simpatiza y se participa con el odio, la destrucción y la guerra, cuando
se esclaviza o se condena a la servidumbre a un ser humano a través de
un salario injusto, cuando se acepta y se promueve la pobreza y la
injusticia, cuando se pone por encima del ser humano el precio, la
ganancia, el consumismo y toda forma de alienación, cuando por razones
discriminatorias de cualquier tipo se persigue y condena a cualquier
persona, cuando no erradicamos la corrupción como pecado social, tal y
como lo presenta en su obra Carlos María Galli, y lo que Jorge Elkin
llama la doble moral de las organizaciones, cuando eso y otras muchas
situaciones antihumanas suceden; es cuando nuestra responsabilidad ética
nos compromete como un deber; para tomar parte en esa inalterable,
inaplazable e imprescindible lucha del ser humano por la construcción de
una sociedad más justa, fraterna, solidaria y participativa.
Lucha que en este caso no es otra cosa, y no tiene otra forma que no sea
una lección permanente desde la vida cotidiana y sencilla de todos los
días hasta los actos más heroicos para nosotros mismos y por ende a los
demás, para y con ellos hacernos más y mejores seres humanos. Lucha que
requiere del ataque frontal contra la corrupción, de su DENUNCIA con la
fuerza de la VERDAD, porque la grandeza del ser reside en su valor moral
para buscar y decir la verdad por encima de todo, para cumplir su deber
con honestidad, para procurar en todo momento ser justo y honrado.
Pero en realidad se requiere tener mucho valor moral, mucha entereza
de carácter para poder ser consistente a toda prueba frente a la verdad,
especialmente en medio de la adversidad como les ha tocado a tantos
hombres y mujeres que han tenido que soportar lo peor por no traicionar
sus principios.
Razón tenía Heine al afirmar que en todas partes donde un alma grande da
vuelo a sus pensamientos encuentra un Gólgota. Por eso hay que volver
los ojos hacia los grandes hombres para imitarlos, mira no más el bello
ejemplo de la vida de Jesús cuando saca a latigazos a los mercaderes del
templo. ¿Que tenía Jesús? ¿Fuerzas, armas, ejércitos?. No, solo posee el
poder de la virtud, la potencia de su verdad interior, la pujanza de la
moral, la fuerza de la justicia, el ímpetu de la verdad, de donde
podemos inferir que quien la practique honesta y constantemente, posee
la fuerza de los grandes hombres, ya sean genios, héroes o santos. Solo
con el poder de la virtud derrotaremos la guerra y haremos la paz, solo
con el poder de la virtud derrotaremos la adversidad, solo con el poder
de la virtud, derrotaremos la corrupción.
¿Acaso no nos está invitando el mismo DIOS a imitarlo ciñéndonos de
valor y expulsando con el látigo de la verdad a los corruptos, a estos
mercaderes de la muerte?
En un libro muy poco conocido, por cierto titulado “El Carácter”, el
escritor escocés, Samuel Smiles al profundizar en uno de sus capítulos
sobre el valor moral, destaca que cada paso de progreso en la historia
de la humanidad se ha hecho en medio de las oposiciones y de las
dificultades.
Pone de presente la manera como el progreso ha tenido lugar y se ha
consolidado gracias a tantos seres humanos intrépidos y valientes que
han tenido que soportar la calumnia, la ignominia, la persecución, la
crueldad de la tortura y de la misma muerte simplemente por proclamar
una verdad que no era compartida por quienes detentaban el poder en un
determinado momento de la historia, por tanto animémonos a enarbolar las
banderas de la Ética a sabiendas de las arduas batallas y múltiples
dificultades que nos esperan, pero motivados por los sabios, que como
Carlyle manifiestan que siempre hay lugar en las cumbres para el hombre
valiente y esforzado, como JESÚS, el cual va más allá y nos dice que el
reino de los cielos es para los valientes, para los esforzados y
estremecidos e impulsados por las palabras de Martín Luther King, quien
dice: “no me preocupan los actos malos de la gente mala, me preocupa la
indiferencia de la gente buena”, todo nos conduce y obliga a sostener
que no hay entonces lugar hoy para la MALDITA COBARDÍA si queremos un
país distinto, si queremos transformar el mundo, si queremos un mundo
mejor.
Necesitamos entonces generar personas con un desarrollo integral,
afianzados solidamente en la formación del hogar, en el ejemplo de los
padres, en las enseñanzas de los centros educativos, en la instrucción
religiosa que alimenta el espíritu, en el rescate del civismo, la
urbanidad y las buenas tradiciones, entre otros, pero guardando estos
aspectos estrecha relación y coherencia ya que de lo contrario se crea
una distorsión de las ideas y por ende una desviación del recto
proceder. Los valores morales han sido degradados, marginados,
excluidos, ¡es hora de recuperarlos!
Para concluir, habría que recurrir aquí a una metáfora que nos permita
exaltar la importancia de la Ética, su necesidad imperiosa y el anhelo
de cambio a través de ella en nuestras Organizaciones y motivarnos ante
el gran desaliento que se vive y observa a diario por la presencia de la
corrupción generalizada en todos los niveles del orden público y privado
en el país y en casi todo el mundo entero. Es la metáfora de la caja de
Pandora.
Se cuenta que Pandora y Epimeteo, la primera pareja de la humanidad para
los griegos, vivían en el Edén con todo lo necesario para disfrutar de
pleno bienestar y felicidad.
A esta primera pareja de la especie humana, los dioses le regalaron una caja misteriosa con el sagrado compromiso de que no la abrirían. Y no había para que hacerlo puesto que nada les faltaba en ese paraíso terrenal. Pero llenos de curiosidad tanto él como ella, hicieron caso omiso de la prohibición divina y procedieron a abrir la caja, dejando así volar lo que había adentro, uno a uno se fueron escapando los elementos entre los que sobresalían varios monstruos: la muerte, el dolor, la traición, la envidia, la avaricia, en fin todos los males que desde entonces azotan a la humanidad. Al ver todo esto, llena de pavor y culpabilidad, Pandora tapó la caja rápidamente.
Algo había logrado quedar en el fondo de la caja: La esperanza. Esa
Esperanza que en estos tiempos tanta falta hace y que debemos recuperar
para luchar, hasta la muerte si es preciso, por el triunfo de la Ética
sobre la corrupción, si queremos ver hecho realidad ese mundo por
nosotros tan soñado. La Ética importa, hay demasiado agobio y exclusión
en él, por eso declaramos la necesidad de la Ética en todos los rincones
de la tierra como URGENCIA MÁXIMA.
Nombre Autor - Santa Marta, Colombia delamanodedioshoracioarrobahotmail.com
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