2. La necesidad de una franja que frene los efectos de las actividades externas hacia el área natural protegida (amortiguamiento externo).

La alteración de un hábitat natural no comprende solamente la conversión directa y física de un área natural en antropogénica (destrucción de hábitat), por ejemplo cuando un bosque húmedo se convierte en potrero; también incluye la ruptura de un parche de hábitat grande y continua en parches mas pequeños (fragmentación de hábitat) y cambios en la composición, estructura o función de un ecosistema (degradación de hábitat) (Noss et al. 1997).
La destrucción y degradación de hábitats naturales están muy
difundidas y sus implicaciones para la conservación de la diversidad
biológica y sustentabilidad de los recursos naturales son de
significancia global. Donde los hábitats no están completamente
destruidos están fragmentados en pequeños parches, originando “aisladas
de hábitat en un “mar de desarrollo” (Turner 1996; Alonso et al 2001).
Todo indica que la fragmentación de hábitats tiene efectos severos sobre
la viabilidad poblacional aun cuando, con el manejo, se trata de
eliminar la invasión y la introducción de especies exótica u otras
amenazas a especies de los hábitats fragmentados (Burker 1988).
Fragmentación se refiere a la división de un hábitat continuo en parches más pequeños y aislados, cuyo resultado es la reducción del área total de hábitat (perdida de hábitats), la reducción del tamaño de los parches de hábitat y el aumento en el aislamiento (Saunders 1991; Hobbs 1993; Fahrig y Merriam 1994; Ecotono 1996).
Al reducir el área total del hábitat, consecuentemente se reduce el
tamaño poblacional y se incrementa la tasa de extinción local; además,
el área remanente que esta fragmentada, limita las tasas de diseminación
e inmigración (Guevara 1995).
Los efectos de la perdida y fragmentación de hábitats pueden ser notados
a varios niveles de la organización biológica e incluyen tanto cambios
al nivel genético, como poblacional (Meffe y Carroll 1997). Tales
efectos influyen en la dinámica de una población de por lo
menos cuatro tipos de especies:
1. especies sensibles al aislamiento, afectadas por las barreras de
dispersión creadas por la nueva matriz del hábitat con estructura y
composición diferentes; 2. especies sensibles al tamaño del área, con
requerimientos de áreas extensas; 3. especies sensibles a los cambios
físicos y biológicos relacionados a los bordes; 4. especies invasoras
que se dispersan y colonizan los nuevos hábitats creados en la matriz
(Ecotono 1996).
Los fragmentos pueden carecer de una representación de todos los
hábitats del bloque original, conduciendo a una perdida de
heterogeneidad, lo que puede afectar a especies que requieren diferentes
hábitats (Carrillo 2000). El proceso de reducción y fragmentación de
hábitats también altera ecosistemas al cambiar procesos ecológicos (Peck
1998).
La combinación de estos cambios reduce la biodiversidad nativa y
actualmente, esta tendencia es considerada una de las principales cusas
de extinción de especies (Noss 1987; Hudson 1991; Guevara 1995; Turner
1996; Meffe y Carroll 1997; Noss et al, 1997; Haddad 1999).
La alteración de hábitat es considerada como el principal factor que
amenaza especies y ecosistemas (Noss 1987; Hudson 1991; Guevara 1995;
Turner 1996; Meffe y Carroll 1997) y la fragmentación de los bosques
tropicales húmedos una de las causas más directas de la pérdida de la
biodiversidad (Meffe y Carroll 1997; Alonso et al 2001).
La fragmentación resulta generalmente en terrenos que consisten de áreas
remanentes de vegetación nativa rodeada de una matriz de tierras
agrícolas (zona de amortiguamiento e influencia) u otras formas de uso
de la tierra. Remanente pude ser definido como un parche de vegetación
nativa alrededor del cual toda o la mayor parte de la vegetación
original ha sido removida y debido a esto, por veces son denominados
islas de hábitats. Los llamados parches de hábitat, por otra parte, son
áreas en el paisaje que son definidas funcionalmente para una especie en
particular, que los pueden usar para la reproducción o alimentación
(Saunder 1991; Fahrig y Merriam 1994).
El aislamiento de las áreas remanentes tiene importantes consecuencias
para la biota (Hobbs 1993; Bennet 1998), que varían con la distancia
hasta otros remanentes y con el grado de conexión entre ellos.
Remanentes naturales crecientemente ocurren como un mosaico de grandes
parches que pueden ser considerados reservas naturales y pequeños
parches supervivientes rodeados por tipos de uso de la tierra intensivo
(Bennett 1998).
La estructura espacial del paisaje, que consiste en la relación espacial
entre parches de hábitats y la matriz en la cual están inmersos, es de
central impotencia para la compresión de los efectos de la fragmentación
sobre la supervivencia de las poblaciones.
Esta relación espacial controla las funciones presentes (flujo o
movimiento) y los cambios temporales. Algunas de las características de
la estructura espacial del paisaje son: 1. el tamaño, forma y calida de
los parches; 2. presenciad de rutas de dispersión a través del paisaje;
3. la calidad de las rutas de dispersión; 4. la configuración espacial
de los componentes del paisaje. La recolonización de extinciones locales
es crítica para la supervivencia regional de las poblaciones
fragmentadas.
Las especies en peligro de extinción están típicamente restringidas en
su rango de dispersión y en los tipos de hábitats a través de los cuales
se dispersan. La conservación de grandes extensiones de remanentes de
bosque tropical es esencial para proteger un amplio rango de especies de
las cuales la extensión del hábitat excede los limites de la reservas.
Por estos, factores como las relaciones espaciales entre los
elementos del paisaje y las características de dispersión de los
organismos son consideraciones fundamentales para la toma de decisiones.
Para muchas poblaciones, la supervivencia a escala regional depende de
la recolonización de estas extinciones locales a partir de otras áreas
mediante la dispersión (Fahrig y Merriam 1994, Alonso et al 2001).
En paisajes fragmentados, la inhibición del intercambio de individuos
conduce cada población o subpoblación dentro de cada remanente de bosque
al aislamiento, favoreciendo a que este más susceptible a la extinción
local, debido a efectos, favoreciendo a que esté más susceptible a la
extinción local, debido a efectos genéticos (endogamia, por ejemplo),
demográficos (p. ej. Fluctuaciones de la temperatura, en las poblaciones
depredares y presa). La reducción de la disponibilidad total del hábitat
(Carrillo, 2000) y acceso a los recursos básicos requeridos por las
especies también juegan un papel. La reducción de inmigración conduce al
aislamiento reproductivo y está entre los seis mecanismos de extinción
en fauna. Además, al no desplazarse entre fragmentos, muchos animales
pueden restringir la migración de especies de plantas que dependen de
sus dispersores de semillas y pueden restringir el flujo genético de
especies que dependen de polinizadores (Turner 1996).
En función de esto, uno de los mayores desafíos actuales es mantener y
conservar la biodiversidad que se encuentra amenazada por el acelerado
proceso de fragmentación, pérdida y aislamiento de hábitats naturales
ocasionados por perturbaciones humanas. Los efectos de fragmentación
pueden ser atenuados mediante algunas medidas que incluyen la
disminución de los impactos ocasionados por lo usos de la tierra del
entorno, mejoría de la calidad de los hábitat existentes, incremento del
área efectiva del hábitat y el incremento de la conectividad que permita
la migración entre fragmentos o reservas y así retardar la extinción
(Burkey 1988).
El incremento de la conectividad puede ser logrado mediante la
identificación y evaluación de oportunidades para el mantenimiento,
restauración o revegetación de corredores amplios de hábitat o de otras
formas de conectividad funcional entre áreas naturales, para contribuir
a la conservación de la biodiversidad, antes de que estos se pierdan y
las reservas se aíslen completamente (Hobbs 1993; Meffe y Carroll 1997;
Bennet 1998).
5.2 Perdida de la conectividad
Conectividad el opuesto de fragmentación, se ha convertido en uno de los
principios de conservación mejor aceptados y fundamentales para el
desarrollo de reservas naturales, zonas de amortiguamiento y zonas de
influencia.
Pocos conservacionistas no están de acuerdo en que poblaciones locales funcionalmente conectadas mediante movimientos naturales son menos susceptibles a la extinción que poblaciones aisladas por la actividad humana (Rosenberg et al 1997; Soule y Terborgh 1999). El termino conectividad, creado en 1984 por el ecólogo Gray Merriam, se refiere a la “capacidad de un paisaje de mantener el movimiento de organismos, genes, materiales o energía, siendo que, por lo general, el concepto esta principalmente relacionado al movimiento de especies”.
Conectividad implica el enlace de hábitats, especies, comunidades y
procesos ecológicos a escalas espaciales y temporales múltiples (Noss
1991) Y GENES ENTRE PARCHES DE HABITAT. También Pude referirse a la
medida en que un corredor esta espacialmente continúo o conectado
(Forman 1995). No obstante, es una idea relativa, la cual depende del
proceso o especies en cuestión (Peck 1998).
Dos componentes principales influencian la conectividad potencial para
una especie en particular, comunidad o procesos ecológicos: el
estructural (configuración espacial, presencia y extensión de claros y
vías alternativas, distancia entre parches, entre otros) y el
comportamiento, que es la respuesta a la estructura física del paisaje
por el organismo (grado de especialización al hábitat, tolerancia a
disturbios, entre otros) (Bennet 1998).
No obstante, la conectividad no es mas que unos objetivos de
conservación, en vez de eso, es el estado natural de las cosas, ya que
originalmente la naturaleza estaba conectada a la escala continental,
separada por barreras naturales. Desde el desarrollo de la agricultura,
la cobertura de vegetación de todo el continente, excepto la Antártica,
ha sido extensivamente modificada (Saunders 1991). Los defensores de la
conectividad del paisaje (p.ej. Reed y F. Noss) , en general, y de
corredores para la vida silvestre, en particular, por veces retroceden a
la premisa naturalista de que la situación natural del mundo
pre-agricultura era la conectividad y no la fragmentación (Mann y
Plumier 1995). Los efectos antropogénicos más significativos sobre la
biodiversidad han originado cambios en la conectividad del paisaje y su
existencia es indispensable para mantener la viabilidad de poblaciones
silvestres en paisajes (USDA) principalmente cuando se trata de especies
de fauna que requieren grandes áreas boscosas naturales (Turner 1996).
Además, la conectividad mantiene o restaura procesos ecológicos que han
sido interrumpidos por las actividades humanas (Noss 1991; Soule y
Terborgh 1999; Rosernberg et al. 1997).
Por esta razón, es que al restaurar la conectividad,
consecuentemente, se esta reparando los impactos de la agricultura o del
desarrollo, aunque, en algunos casos, la imposición de la conectividad o
restauración pude ser más perjudicial que la fragmentación.
Existe una creciente necesidad de utilizar criterios de diseño para
mejorar los sistemas o redes de conservación en áreas fragmentadas, pero
eso requiere un claro entendimiento de los problemas creados por la
fragmentación (Saunders et al. 1991). El mantenimiento de la
conectividad del paisaje también ha tomado mayor importancia entre las
grandes cuestiones relacionadas al manejo forestales (MFS), donde
actividades, como la extracción de madera, tiene el potencial d eliminar
especies de las áreas taladas, fragmentado y asilando poblaciones
(Margules 1996).
5.3 La implementación de corredores biológicos en la zona de
amortiguamiento
Morales R. (2002), argumenta desde más de una década que la opción más
viable de implementación de corredores biológicos en la zona de
amortiguamiento e influencia de las áreas naturales protegidas, deben de
ser lo causes de ríos, riachuelos y/o quebradas, siendo característico
de dichas áreas la preservación del bosque de galería adyacente al
cauce.
Bajo el concepto operativo de Morales R. los corredores biológicos en
la zonas de amortiguamiento e influencia conjugan dos factores
relevantes que puede permitir la viabilidad y funcionalidad de los
mimos, la existencia de cobertura boscosa a través del bosque de galería
(generalmente rico en especies arbóreas nutrices) y la presencia
continua o temporal de agua, permite cumplir el principal objetivo de la
implementación de un corredor biológico “incrementar o mantener la
viabilidad biológica y ecológica de especies y poblaciones, al
incrementar su persistencia en el hábitat y en la región”.
Paralelamente el ejecutar acciones compatibles de desarrollo que
promuevan el desarrollo y manejo sostenible de los recursos naturales
existentes en la zona de amortiguamiento e influencia tales como: 1.
implementación de planes de manejo forestal; 2. agroforesteria; 3.
sistemas agrosilvopastoriles; 4. diversificación agrícola; 5.
zoociraderos y 6. conservación de suelos.
Con las comunidades fortalecerá la función de conectividad y desarrollo
socioproductivo, considerando que la implementación y el manejo de los
corredores biológicos se desarrolla dentro de un contexto político y
social, considerándose extremadamente complejo, requiriendo una
estrategia integrada para preservar su valor para la conservación de la
biodiversidad y la seguridad alimenticia de las comunidades.
Su manejo pude estar basado en la mejor información disponible, pero
es un ejercicio social, el que se requiere de tierra para proporcionar
viabilidad biológica.
Los corredores, como toda estrategia de conservación de la
biodiversidad, poseen diferentes suposiciones, ventajas y desventajas.
En la práctica, la efectividad de su establecimiento es cuestionable si
no se conoce, se incorpora y respeta las necesidades básicas,
aspiraciones y especificidades sociales y culturales de las comunidades
humanas, como elementos claves en la ecuación de la conservación para
garantizar la sostenibildad.
En función de esto, la estrategia debe incorporar el componente
socioeconómico de las poblaciones que viven dentro y alrededor de un
corredor y las áreas protegidas adyacentes (Incer 1995).
Según Bennett (1998), son muy importantes los elementos sociales,
culturales, económicos y políticos, tales como el estatus y tenencia de
la tierra. Aceptación y apoyo de la comunidad local. Los lineamientos y
estándares no deben sostenerse solamente en aspectos biologías, pero
deben integrarse aspectos socioeconómicos y políticos (Bermúdez 2000).
Casi siempre los corredores biológicos se encuentran ubicados en las
zonas de amortiguamiento e influencia, siendo áreas desprotegidas y
vulnerables al desarrollo y actividades destructivas para la vida
silvestre y funciones ecológica. Su efectividad pude ser afectada y su
persistencia comprometida por el tipo, proximidad y extensión de las
actividades humana, bien como por las practicas de uso de la tierra
desarrolladas, tanto dentro, como adyacente al corredor, aunque
idealmente, este debería estar protegido y ser capaz de contrarrestar
las amenazas a la biota.
Puede existir casos ñeque no se justifique la alta prioridad de conectar
poblaciones de especies amenazadas cuando, en realizada, su declive se
debe claramente a la cacería u otras causas directas, que no están
relacionadas al aislamiento y fragmentación de sus hábitats (Bennett
1998).
La adquisición de hábitats marginales para formar corredores, podría
tener menos prioridad con relación a la preservación de áreas aisladas
que contienen especies endémicas o amenazadas (Noss 1987). A parte de
eso, se vuelve bastante difícil mantener remanentes de vegetación cuando
continuamente inciden impactos adversos originados por las prácticas de
manejo en su entorno (Saunders et al. 1991). Existen pocas iniciativas
para la definición de normas para el manejo de un corredor biológico,
que incluyen algunas prohibiciones de uso de la tierra que impidan el
área de funcionar como un corredor (Beier y Loe 1992).
Así como con las zonas de amortiguamiento, para que un corredor tenga
valor de conservación, los usos de la tierra deben ser compatibles con
los objetivos de conservación de la región.
Usos compatibles son aquellos que no interrumpen procesos, como el
ciclo de nutrientes, interaccione biológicas claves entre especies o
reproducción; son usos que no comprometen la integridad de los
ecosistemas o la viabilidad de poblaciones. No se puede establecer
corredores biológicos entre áreas naturales protegidas sin involucrar a
las comunidades asentadas en las zonas de amortiguamiento e influencia,
dado que estas pueden garantizar un manejo sostenible. El complejo
mosaico de instituciones, culturales, actividades humanas, tiene que
insertarse en el mosaico de la naturaleza con sus
interacciones. Poblaciones rurales adyacentes a parques nacionales deben
ser integradas en la toma de decisiones respecto a conservación,
incluyendo el establecimiento de corredores propuesto (Mwalyosi 1991).
Varios grupos de actores tienen diferentes percepciones e intereses en
las políticas y acciones de conservación. Estos actores, juntamente con
sus entres, percepciones y necesidades, deben ser definidos y tomados en
consideración en una estrategia de conservación afuera de áreas
protegidas (Halladay y Gilmour 1995).
Para que los conservacionistas motiven el comportamiento amigable entre
aquellos que viven y usas las zonas de amortiguamientos adyacentes a
núcleos y corredores, se hacen muy importantes los incentivos positivos.
Estos existen en una amplia variedad, con el propósito de incentivar la
participación de los diversos grupos e individuos en la implementación
de zonas de amortiguamiento y corredores biológicos (Shafer 1999; Soule
y Terborgh 1999).
Las políticas de conservación gubernamentales pueden costar menos para
la sociedad y ser más efectivas para la conservación cuando permiten que
los propietarios de la tierra opten por recibir compensación por sus
esfuerzos de conservación en vez de imponerse el mismo criterio (CI/IESB
2000). Los servicios ambientales benefician a los dueños y vecinos de
los bosques u otros ecosistemas que los producen, y también a la
sociedad, en general. Con el incentivo hacia la producción de estos
servicios, propietarios se sienten más motivados a participar (Oliver et
al. 2001- resumen Simpsiuo) y mayor va a ser la voluntad de conservar
los ecosistemas que lo producen (Garcia 2000).
Por ejemplo para implementar un corredor, se pude proponer como
principal medio un programa de expansión de servios ambientales. Estos
servicios incluyen el agua, en cantidad y calidad requerida, control de
erosión, reducción del impacto de desastres, conservación de
biodiversidad, fijación de gases invernaderos, u otros. Los beneficios y
servicios a las comunidades y sociedad, en general, contribuyen a que la
estrategia representada por los corredores sea viable.
Por otro lado, se observa que, la compra de tierras en la zona de
amortiguamiento e influencia ha sido el principal mecanismo para
vitalizar el establecimiento de corredores biológicos. Los planes de
adquisición de tierras en el interior de un corredor, son parte de una
estrategia de solucionar conflictos de uso de los recursos, la cual no
debería ser la única alternativa, cuando existen otros mecanismo (Varea
y Rodríguez 2000), como por ejemplo, los jurídicos, de conservación
privada, que no implican necesariamente en la compra o expropiación.
Los beneficios de la conservación son parte importante de la estrategia
política a ser usada cuando exista una situación compleja de tenencia.
Es importante que la gente tenga acceso a estos beneficios. Los
incentivos a la conservación pueden ser brindados a través de la
colaboración para que los propietarios saquen el titulo de sus
propiedades y siendo ellos dueños de los recursos, a partir de ahí se
promueve el cambio de actitud.
Marvin Melgar Ceballos - Escuela de Planificacion Organica Evolutiva EPOE Consultor especialista en planificacion y manejo de areas protegidas. http://eevoolucion.blogspot.com lomax.visionarrobagmail.com
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