Si no se toman medidas de fondo hoy, en un futuro cercano podrían darse
guerras entre países por un agua dulce cada vez más escasa. Y en
Mendoza, si bien no hay peligro de guerra, si lo hay de escasez
creciente.
Introducción
La problemática del agua dulce a nivel mundial es compleja. Se da por
sentado, ya casi sin discusión, que el siglo XXI enfrentará guerras en
torno al agua, en cuanto comunidades y países se tornan crecientemente
más sedientos y más desesperados por el recurso natural más precioso y
fundamental del mundo (más importante que el petróleo). Así, proliferan
estadísticas y pronósticos sobre la calamidad inminente.
Un tercio de la población mundial vive en áreas con estrés hídrico,
donde el consumo supera al abastecimiento.
Para el año 2025, dos tercios de la población estarán atrapados en esta horrorosa condición si las actuales tendencias continúan sin freno, situación que sería caldo de cultivo para conflictos armados por la posesión de determinadas fuentes de agua dulce, en especial en las zonas donde más escasea el recurso.
Sucede que actualmente hay más de 150 cuencas (en lugares con
alta escasez) con acuerdos de cooperación deficientes, es decir,
acuerdos no del todo aceptados por las partes, lo que podría fomentar
conflictos bélicos.
Y si bien Argentina en general está bastante lejos de semejante riesgo
de guerra, Mendoza en particular, si bien también alejada de posibles
guerras,
enfrenta proyecciones de consumo creciente que deberá ser abastecido a partir de un recurso total disponible limitado (el caudal de nuestros seis ríos de deshielo más el acuífero subterráneo), lo que implica que en nuestra provincia no nos podemos hacer los distraídos.
Aunque por supuesto hay atenuantes, por ejemplo si Mendoza
eficientizara el transporte del agua en su camino desde la montaña al
llano, en especial impermeabilizando canales, se evitarían las pérdidas
por filtraciones y por lo tanto habría mucha más agua para distribuir.
Este trabajo tiene por finalidad fundamentar, ante las autoridades del
Municipio de Maipú encargadas de autorizar los proyectos denominados
“kioscos” para colegios secundarios del departamento,
por qué queremos comunicarles a todos los maipucinos que concurran durante la semana de la primavera a la plaza departamental que deberán empezar a tomar conciencia del problema que se anuncia para dentro de algunas décadas: guerras por el agua,
justo el agua, que en Mendoza es bastante escasa. Las guerras, aunque se produzcan en otras partes del mundo, siempre nos terminan afectando (es la globalización) y aparte Mendoza, como recién dijimos, no es un lugar donde sobre el agua, al contrario, cada vez es más escasa y debemos exigir que nuestros gobernantes estén alertas y activos para optimizar su aprovechamiento.
Hay obras que se deben hacer en Mendoza, que están escritas en el
Plan Hídrico Provincial, que hoy no se están haciendo y en el futuro
esta negligencia nos puede costar caro. Además cada habitante debe
colaborar no derrochando el agua, en especial cuando dejamos canillas
abiertas sin ninguna necesidad.
Finalmente creemos, como jóvenes maipucinos que somos, que hoy en un
mundo globalizado debemos tener en mente una palabra que se está
poniendo de moda: GLOCALIZACIÓN, que significa pensar globalmente (ver
el problema del agua a nivel mundial) pero actuar localmente (el
problema del agua mendocina). Y a través de nuestro proyecto de “kiosco”
pensamos que lo estamos haciendo.
Detalle del problema a nivel mundial
Como dijimos en la introducción, se da por sentado, ya casi sin
discusión, que el siglo XXI enfrentará guerras en torno al agua, en
cuanto comunidades y países se tornan crecientemente más sedientos y más
desesperados por el recurso natural más precioso y fundamental del
mundo. Así, proliferan estadísticas y pronósticos sobre la calamidad
inminente.
Un tercio de la población mundial vive en áreas con estrés hídrico,
donde el consumo supera al abastecimiento. Para el año 2025, dos tercios
de la población estarán atrapados en esta horrorosa condición si las
actuales tendencias continúan sin freno.
Un quinto de la población mundial no tiene acceso a fuentes de agua
potable. Seis mil personas, principalmente niños y en su mayoría en
países en desarrollo, mueren cada día como resultado de agua sucia y
contaminada. Anualmente, esto es equivalente a que la población total de
la zona central de París quedara borrada del mapa.
La contaminación cloacal de ríos y mares ha precipitado una crisis de
salud de proporciones masivas. El consumo de crustáceos contaminados
está causando un estimado de dos millones y medio de casos de hepatitis
infecciosa anualmente, resultando en veinticinco mil muertes y otras
tantas sufriendo de incapacidad a largo plazo debido a daños al hígado.
Cerca de la mitad de los ríos del mundo se encuentran en condiciones de
contaminación y agotamiento graves. Algunos de los humedales y canales
más importantes del mundo, incluyendo el mar Aral y los humedales de
Mesopotamia se han encogido, desencadenando calamidades ambientales para
la población, la fauna y las pesquerías sobre las cuales dependen
mutuamente.
Dos mil millones de personas –un tercio del mundo- dependen de los
suministros de las aguas subterráneas. En algunos lugares, como en zonas
de India, China, la Península Arábiga,
la ex Unión Soviética y la zona oeste de EE.UU., los niveles de las
aguas subterráneas están cayendo como resultado de la sobre-extracción.
Aguas subterráneas en Europa Occidental y EE.UU. están también
contaminándose en forma creciente por el uso de químicos en la
agricultura.
No es sorprendente entonces que muchos hoy concluyan que el vaso de la
tierra está medio vacío más que medio lleno, y que conflictos y disputas
internacionales sobre los recursos hídricos inevitablemente ocurrirán
mientras la población afectada siga creciendo para alcanzar a unos ocho
mil millones de personas para 2050 y mientras el espectro del
calentamiento global se manifieste en la forma de fenómenos climáticos
más extremos, incluyendo sequías.
Pero más allá del sombrío panorama descripto, no todo está perdido. En
el punto D de este trabajo enumeramos algunas medidas que los expertos
de la ONU hoy aconsejan tomar para evitar que dentro de algunos años la
situación se desborde.
La situación en Mendoza: no hay peligro de guerra pero sí de escasez
creciente
La historia de nuestra provincia está íntimamente vinculada al uso del
agua de deshielo proveniente de la montaña.
Esto es fácil de entender si se tiene en cuenta que una
superficie de más de 150.000 km2 no puede ser irrigada a través de agua
proveniente de precipitaciones menores a los 200 mm anuales, realidad
que implicó que ya desde la época de los huarpes se comenzaran a hacer
obras de canalización para conducir el agua desde la cordillera al
llano.
De esta forma, desde el punto de vista hídrico, esta vasta superficie
territorial consta de dos grandes unidades totalmente diferentes: la
región montañosa, que es la que capta el recurso hídrico, y la llanura
de la travesía, que es donde se produce la concentración y uso del agua
y luego la descarga en su largo camino al mar.
Es por eso que la situación de tener que abastecer a una población de
más de 1.200.000 habitantes, como la que hoy tiene la provincia, a
partir del escaso recurso hídrico proveniente del deshielo, ha
determinado que en Mendoza, como en ninguna otra parte de Argentina, la
gente tenga una profunda conciencia del uso de este recurso, inclusive
desde las primeras etapas de la colonización de este territorio por los
españoles.
La infraestructura hídrica de nuestra provincia
La larga práctica del uso del recurso hídrico que comienza con la
historia moderna de Mendoza, determinó que el extenso territorio se
fuera poblando de obras de aprovechamiento hidráulico desarrolladas en
diferentes períodos. Recorriendo la provincia de norte a sur, se puede
observar que el territorio está surcado por seis ríos con diferentes
caudales. Estos son:
Mendoza, con un caudal anual de 43 m3/s
Tunuyán, con un caudal anual de 30 m3/s
Diamante, con un caudal anual de 31 m3/s
Atuel, con un caudal anual de 30 m3/s
Malargüe, con un caudal anual de 4 m3/s
Colorado (formado por el Grande y el Barrancas), con un caudal anual
de 100 m3/s
Lamentablemente sólo cinco de ellos son usados para el desarrollo
económico provincial; el Colorado y sus afluentes no han sido
aprovechados hasta el presente, siendo los que aportan el mayor caudal.
Sin embargo, hay proyectos de trasvase de cuencas volcando un caudal
de 45 m3/s al sistema del Atuel, con lo que se ganaría un flujo
adicional muy importante que sería incorporado al sistema productivo de
la provincia (Proyecto Trasvase del Río Grande al Atuel).
También debemos mencionar que en Mendoza, a partir de la década del
sesenta, se viene haciendo una utilización importante del agua
subterránea (considerado el séptimo río mendocino). Actualmente hay
funcionando unos 20.000 pozos.
Es además interesante señalar que cada río tiene su correspondiente
infraestructura hidráulica, tanto para el almacenaje de agua como para
la derivación de sus caudales. Ellos son:
río Mendoza: con dos diques derivadores (el Cipolleti y el André) y en
construcción un dique embalse (el Potrerillos)
río Tunoyán: con dos diques derivadores (el Valle de Uco y el Gobernador
Benegas) y un dique embalse (el Carrizal)
río Diamante: con un dique derivador (el Galileo Vitale) y tres
diques embalse (Tigre, Los Reyunos y Agua del Toro)
río Atuel: con un dique derivador (el Rincón del Indio) y dos diques
embalse (Nihuil y Valle Grande)
En Mendoza, a diferencia de otras provincias donde el desarrollo
hidráulico fue promovido por los gobiernos, una parte importante de la
red de riego fue desarrollada por el sector privado, sobre todo durante
el siglo XIX. Hasta el momento se cuenta con 10.000 km de canales
matrices (primarios, secundarios y terciarios), donde sólo el 10% está
impermeabilizado[1].
De igual forma, se cuenta con 2.000 km de colectores primarios
de drenaje para mantener el saneamiento de las tierras de cultivo y
desarrollar una agricultura regadía sustentable. El Departamento General
de Irrigación y las “Inspecciones de Cauce” (organismos de usuarios)
administran la política hídrica provincial.
No hay peligro de guerra pero sí de escasez creciente
Pero lamentablemente toda esta infraestructura hídrica construida por la
mano del hombre mendocino sólo alcanza para irrigar el 4% del
territorio, donde se concentra el 96% de la población mendocina, es
decir los llamados oasis mendocinos. Fuera de ellos, está el olvidado
desierto mendocino, donde viven los puesteros.
Estos son números que a las claras muestran el grado enorme de
escasez de dicho recurso en nuestra provincia, que si bien no implica
que hoy falte agua, no lo sabemos en el futuro con una población mayor,
en especial si continuamos con tantos canales conductores sin
impermeabilizar, lo que origina, al igual que otras partes del mundo
subdesarrollado, fugas y pérdidas de agua, es decir, despilfarro del
recurso.
Medidas aconsejadas porla ONU para evitar las futuras guerras por el
agua en el mundo
Si la historia es nuestra guía, podemos tener un sosegado optimismo en
torno de que podamos delinear una política hídrica mundial y apartarla
de escollos inevitables –la guerra-. Investigaciones presentadas en el
Tercer Foro Mundial del Agua en Kyoto, Japón, en el 2003, han analizado
la historia de los acuerdos sobre el agua dulce que datan de más de
4.500 años.
Dichas investigaciones indican que la cooperación, más que el conflicto,
ha sido la norma durante los últimos siglos en términos de gestión de
los ríos y sus cuencas. De hecho el trabajo demuestra que a la hora de
la verdad, naciones y comunidades más frecuentemente toman el sendero de
la paz y comparten más que acumulan los recursos hídricos, ya sea en
reservas de agua para beber, protección de la vida silvestre o más
recientemente como fuente de energía.
Hay señales de esperanza. Hasta la mitad del siglo pasado, muchos de los
ríos ubicados en continentes como América del Norte y Europa, y
especialmente aquellos que atraviesan las grandes áreas industriales, se
encontraban tan contaminados que el agua podía ser usada como tinta y
los gases tóxicos que se desprendían desde las profundidades podían ser
encendidos con un fósforo.
Actualmente, luego de haber invertido mucho dinero en obras de
saneamiento, los peces están nuevamente reproduciéndose y migrando hacia
las cuencas altas a través de estuarios y tributarios relativamente
limpios. El Támesis de Gran Bretaña es uno de estos casos de ríos
recuperados.
También se han visto mejoras en el mundo en desarrollo, contrariamente a
la creencia popular. En la región del Sudeste de Asia, por ejemplo, el
acceso a sistemas de saneamiento mejorados durante los ’90 ha
beneficiado a 220 millones de personas. Desafortunadamente, el progreso
ha sido desbordado por el crecimiento de la población, que significa que
más de 800 millones de personas aún no cuentan con los sistemas seguros
y saludables que merecen.
Pero esto muestra que, si existe voluntad política, diplomacia e
inversión, se pueden lograr cambios reales, y que la verdadera esperanza
puede reemplazar al desamparo. En concreto, desde Naciones Unidas,
promotor de la mayoría de las cumbres mundiales sobre el tema, se
propone:
canalizar fondos para construir la infraestructura necesaria para
obtener un mayor suministro de agua más limpia, saludable y abundante,
como se desperdicia mucho agua[2], se aconsejan las tecnologías de goteo
y tuberías subterráneas, que son baratas y simples,
se debe valorizar correctamente el agua (hablamos de su tarifa), para que no fomente el despilfarro del recurso y a la vez no sea demasiado gravosa para productores pequeños,
como hay más de 150 cuencas de ríos donde existen acuerdos de
cooperación inadecuados, hay que rever dichos acuerdos, porque muchos
podrían convertirse en caldo de cultivo para potenciales conflictos
armados,
en dichas revisiones de acuerdos, deberían mediar los organismos
internacionales como la ONU.
Según los especialistas de la ONU tenemos, al inicio de este siglo XXI, todos los recursos intelectuales, financieros y tecnológicos que necesitamos para superar las actuales y futuras crisis del agua.
Es por eso que sería un pecado desperdiciarlos, como hoy hacemos con
los cuantiosos recursos de agua dulce que se pierden por causa de
infraestructura decrépita. De lo contrario, de no esforzarnos durante
estos primeros años del nuevo siglo, las guerras serán una realidad en
un par de décadas, y el agua seguramente dejará su color cristalino (o
amarronado en las zonas donde está contaminada) para teñirse de rojo
sangre.
Futuro del uso del agua en Mendoza y medidas para evitar un eventual
desabastecimiento
Tal como se ha comentado, a lo largo de la historia el uso del agua en
la provincia estuvo concentrado en la derivación y almacenaje del agua
para ser aplicada al suelo con métodos tradicionales de riego.
El gran avance se dio teniendo en consideración la gran cantidad antes que la gran calidad en el uso. Había que realizar grandes obras: canalizar los ríos y derivarlos para luego ser usados. Esta etapa está ya casi terminada, aunque faltan todavía algunas obras para concluir, como la regulación del río Mendoza y del Alto Tunuyán.
Nadie pone en duda ya este tipo de inversiones, y menos si se trata de un hombre de campo. Por otra parte, las demandas y requerimientos de la sociedad moderna determinan que cada día se use mayor cantidad del recurso para satisfacer sus necesidades.
Por ello se supone que los desafíos del futuro estarán
concentrados en el mantenimiento de la calidad, tanto del recurso
superficial como del subterráneo. Teniendo en consideración estos
conceptos, la nueva frontera de la inversión estará concentrada en
evitar impactos ambientales negativos.
El futuro de los mendocinos estará condicionado por la calidad del agua,
los productos agrícolas que se cultiven tendrán que guardar niveles
mínimos de contaminación como consecuencia de las exigencias de los
mercados externos a los que se dirigirá la producción.
La informática, los modelos matemáticos y los métodos de riego
presurizado automatizados determinarán el nuevo horizonte de inversiones
a realizar. Este período le pondrá punto final al uso del canal como
sistema de conducción y propondrá como alternativa la conducción del
agua por medio de tuberías y por el acuífero subterráneo, haciendo del
uso conjunto del agua superficial y subterránea el método más rentable
del sistema.
Y en especial, medidas como el mencionado uso de tuberías para conducir
el agua, más la impermeabilización de los canales que traen el agua
desde la cordillera hasta los oasis, son algunas de las que permitirán
que el escaso recurso de agua dulce mendocino no se mal use y pueda
abastecer a las crecientes generaciones de mendocinos que vendrán en el
futuro.
De lo contrario, el agua en Mendoza en algún momento empezará a
escasear y nos veremos en la obligación de tener que “importarla” desde
otras provincias, lo que si bien es un escenario menos complejo que el
de las guerras profetizadas para otras partes del mundo, no deja de ser
incómodo para una provincia siempre pujante como la nuestra.
Conclusiones
Como dijimos en la introducción, este trabajo tiene por finalidad
fundamentar, ante las autoridades del Municipio de Maipú encargadas de
autorizar los proyectos denominados “kioscos”,
por qué queremos comunicarles a todos los maipucinos que concurran durante la semana de la primavera a la plaza departamental que deberán tomar conciencia del problema que se anuncia para dentro de algunas décadas en algunas zonas del mundo: las guerras por el agua dulce.
Debemos tener en cuenta que aunque se produzcan en otras partes del mundo, las guerras siempre nos terminan afectando (por la globalización) y aunque estemos lejos del conflicto y ningún argentino muera, van a morir otros seres humanos como nosotros, y esto es injusto.
Además en Mendoza el agua no sobra, al contrario, cada vez es más escasa (por la población creciente) y debemos exigir que nuestros gobernantes estén alertas y activos para optimizar su aprovechamiento, en especial debemos conminarlos para que hagan las obras necesarias que hoy se recomiendan:
distribución por tuberías, riego por goteo, impermeabilización de
canales, etc. Y nosotros, por supuesto, también debemos colaborar: no
debemos derrochar el agua, por ejemplo dejando abierta la canilla en
situaciones innecesarias.
Es por todo lo mencionado que nuestro trabajo no sólo se limitó a
diagnosticar el problema, sino a plantear posibles soluciones. Las
guerras del futuro por el agua son hoy un escenario probable, pero a
través de este trabajo queda claro que existen medidas que, de
aplicarse, pueden acotar dicha probabilidad de guerra al 0%.
Bibliografía
Desai N., Malloch M., y otros técnicos de la ONU, El agua, entre el
conflicto y la esperanza, Diario Los Andes, año 2003.
Chambouleyron, Jorge, La cultura del agua: de la acequia colonial a los
grandes embalses, del libro “Mendoza, Cultura y Economía”, Editorial
Caviar Bleau, año 2004.
Triviño, Luis, Mendoza Desértica, del libro “Mendoza, Cultura y
Economía”, Editorial Caviar Bleau, año 2004.
Sebastián Laza - Economista www.conexionfinanciera.com.ar Mendoza, Argentina slazaarrobaconexionfinanciera.com.ar
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