“La consultoría gerencial se ha convertido en el instrumento más
dinámico de difusión de tecnologías gerenciales avanzadas, más que los
cursos y los libros…”- Edgar Schein.
Las consultorías gerenciales ejercen en la actualidad una poderosa
influencia sobre la forma como operan las empresas y funcionan las
dependencias gubernamentales, plantea la OIT. Es una de las industrias
de más rápido crecimiento en el mundo contemporáneo.
Según Rasaam-Dates (1996), a inicios de los años noventa, en Europa
estuvieron creciendo del 25-30% anual y se movían 25-30 mil millones
dólares, como promedio anual, en servicios de este tipo. Cohen (2003)
estima que en EEUU ha crecido de 10-15 mil millones de dólares a 100 mil
millones en una década.
Entre las razones que explican este “boom” se señalan las siguientes:
-La competencia en los mercados se ha hecho más intensa.
-Los cambios en el entorno de las organizaciones (tecnologías,
productos, mercados, demandas de clientes) se han acelerado aumentándose
los niveles de incertidumbre.
-Las nuevas tecnologías de la información han modificado significativamente la forma de hacer negocios.
-La desregulación de los mercados ha multiplicado la presencia de ofertas y competidores en los mercados.
-La celeridad con que surgen nuevos enfoques gerenciales ha hecho imposible que, en las empresas, puedan asimilarse e introducirse con la velocidad requerida, sin la ayuda de especialistas externos.
-La tendencia a la terciarización de servicios profesionales, buscando las respuestas mas calificadas, con menores costos fijos.
Según la OIT, el Instituto de Consultores de Empresas del Reino Unido
define la consultoría de empresas de la siguiente manera:
“Servicio prestado por una persona o personas independientes y
calificadas en la identificación e investigación de problemas
relacionados con: políticas, organización, procedimientos y métodos;
recomendación de medidas apropiadas y prestación de asistencia en la
aplicación de dichas recomendaciones..”.
Entre las características que identifica la OIT en este tipo de
servicios se señalan las siguientes:
-Es un servicio independiente. Se caracteriza por la imparcialidad del
consultor, que es un rasgo fundamental de su papel. Esto significa una
relación compleja con las organizaciones clientes. El consultor no tiene
autoridad directa para tomar decisiones y ejecutarlas. Pero, sabe actuar
como promotor de cambios, y debe asegurar la máxima participación del
cliente en todo lo que hace.
-Es un servicio consultivo. Esto significa que no se contrata a los
consultores para dirigir organizaciones, o para tomar decisiones en
nombre de sus directivos. Su papel es el de actuar como asesores, con
responsabilidad por la calidad e integridad de su trabajo.
-Es un servicio que proporciona conocimientos y capacidades
profesionales. Esto implica dos cosas: en primer lugar, el consultor es
un profesional que ha acumulado suficientes conocimientos y experiencias
que puede poner a disposición de las organizaciones, lo que lo distingue
es que ha pasado por diferentes empresas y adquirido las capacidades
necesarias para identificar problemas y ayudar a la organización a
encontrar soluciones; en segundo lugar, que como parte de su trabajo, el
consultor debe contribuir al desarrollo de los conocimientos y
capacidades de los miembros de la organización para su mejor desempeño.
-La consultoría no proporciona soluciones milagrosas. Sería un error
suponer que, una vez contratado un consultor, las dificultades
desaparecen. La consultoría es un trabajo difícil, basado en el análisis
de hechos concretos y en la búsqueda de soluciones originales, pero
factibles.
El empeño y dedicación de la dirección de la empresa en resolver sus
problemas y la cooperación consultor-cliente son tan importantes para el
resultado final, como la calidad del trabajo del consultor.
Impactos del “boom” de las consultorías
Entre los impactos principales que ha tenido el “boom” de las
consultorías pueden destacarse los siguientes:
-Profusión de bibliografía sobre el tema.
Entre los temas más abordados están: Enfoques y herramientas (Schein,
1987); Modelos y Técnicas (OIT 1997, 2002); Experiencias personales
(Bermont, 1997); Secuencia y actividades (Cohen, 2003); Problemas y
sugerencias (Block, 2002).
-Ofertas de servicios consultivos.
Además de los servicios más tradicionales, en la esfera de la
contabilidad, asesoría financiera, marketing, sistemas de calidad, para
citar algunos, se incorporan acciones consultivas especializadas como
“reingeniería de procesos organizacionales” (en los dos primeros años
que se iniciaron generaron un volumen de 20 mil millones de dólares en
EEUU), diseño de estrategias organizacionales y programas de cambio,
entre otros.
-Programas formativos.
Universidades y centros de capacitación gerencial empiezan a ofertar
talleres, cursos, diplomados y, en menor medida, programas de Maestría
en consultoría gerencial.
-Organizaciones profesionales.
Se incrementan las organizaciones de “consultores”. En el caso de América Latina, en los últimos años se ha multiplicado la presencia de representaciones de firmas consultoras internacionales como la Price Water House & Cooper, Ernest & Young, entre otras.
A esto se incorporan los “consultores” que actúan como representantes
de “gurús” del management que han desarrollado enfoques y tecnologías
para procesos gerenciales avanzados como son: Covey, Senge, Blanchard,
Fisher, Karras, Hammer, entre otros.
En la esfera académica, un impacto importante es la identificación de la
consultoría como parte del proceso de generación, utilización y difusión
de conocimientos y tecnologías gerenciales. En este plano, la
consultoría se puede considerar como una trilogía, integrándose con los
procesos de enseñanza-aprendizaje y la investigación científica.
Los procesos de enseñanza-aprendizaje, tanto en programas académicos
universitarios como en actividades de formación gerencial, tienen como
objetivos centrales: la transmisión de conocimientos y el desarrollo de
habilidades.
A la investigación científica le corresponde la generación de
conocimientos y de metodologías. A la consultoría, la integración de
conocimientos y experiencias, su utilización en la solución de problemas
empresariales y la generación de nuevos conocimientos.
Entre estos tres tipos de actividades debe existir una interrelación muy
estrecha. Para una mayor efectividad del impacto de estos tres
componentes, las instituciones y consultores deben establecer una
retroalimentación permanente entre los mismos. Mediante las
investigaciones, identificar nuevos sistemas de conocimientos y
enfoques, incorporarlos a los procesos de enseñanza-aprendizaje (incluye
talleres gerenciales y programas académicos), utilizarlos en las
consultorías. Además, utilizar estas últimas como procesos que aportan
nuevos conocimientos, para lo cual es necesario sistematizar los
resultados que vayan obteniéndose.
¿Por qué y para qué se emplean consultores?
Para Peter Block, un destacado consultor internacional y autor de libros
sobre el tema, las metas principales de un consultor son:
1-Establecer un vínculo de colaboración.
2-Solucionar problemas de manera que permanezcan resueltos.
3-Asegurar que se brinde atención, tanto a los problemas
técnico-comerciales, como a las relaciones interpersonales.
Una meta secundaria es “lograr entusiasmar y comprometer a los
directivos con la aplicación de los resultados de la consultoría, que el
informe final no se engavete”. Block enfatiza que, “más que resolverle
los problemas a la empresa-cliente, el consultor debe enseñarles como
ellos pueden actuar para resolverlos por si mismo”.
Para la OIT, las razones por las que se emplean consultores son las
siguientes:
-Para que aporten conocimientos y capacidades especiales.
-Para que presten ayuda intensiva en forma transitoria.
-Para que den un punto de vista imparcial.
-Para que den a la dirección argumentos que justifiquen decisiones
predeterminadas.
En estas y otras referencias de diferentes autores se destacan tres
aspectos que caracterizan el trabajo de consultoría, a diferencia de
otras actividades profesionales, como son:
1-La solución de problemas empresariales.
2-El manejo e interacción entre los problemas técnicos y organizativos
con los sistemas de relaciones humanas en la organización.
3-La preparación de los miembros de la organización para que desarrollen
sus capacidades para la solución de sus problemas.
Sobre esto último, Lyndon Urwick (Kubr 1994), ha señalado que “el único
trabajo que vale realmente la pena hacer como consultor es el que
instruye, el que enseña a los clientes y a su personal a administrar
mejor sus negocios”.
Modelos de consultoría gerencial
Schein identifica tres modelos de consultoría en la esfera gerencial: la
adquisición de un servicio de “Experto”, el modelo “Médico-Paciente”, y
la “Consultoría de Procesos”.
En la adquisición de un “Servicio de Experto”, el cliente ha definido
cuál es el problema, qué tipo de ayuda requiere y a quién debe acudir
para obtenerla.
Ejemplos de este tipo de consultoría pueden ser:
-Contratación de un analista de sistemas, para que diseñe un programa de
computación.
-Un abogado, para que valore las consecuencias legales de una acción
determinada.
-Un especialista en finanzas, para que evalúe la situación financiera de
la empresa.
En este caso, el mensaje del cliente al consultor puede ser: “Este es mi
problema, encuentre la respuesta y dígame cuánto costará”.
Las condiciones para que este Modelo funcione con eficacia son, que el
cliente:
-Ha diagnosticado correctamente el problema.
-Ha identificado correctamente la capacidad del consultor para
proporcionar una asesoría experimentada.
-Ha expresado en forma correcta el problema y la clase de experto, o de
información, que debe obtenerse.
-Ha considerado y aceptado las consecuencias potenciales de obtener la
información o el servicio.
El modelo “Médico-Paciente” es una variante del modelo de “experto”,
pero en este caso se pide al consultor hacer un diagnóstico y recomendar
el tipo de información y experiencia que solucionarán el problema.
En este caso, el cliente experimenta cierto malestar u observa síntomas
insatisfactorios en alguna esfera de la actividad de la empresa, pero no
sabe en realidad qué es lo que anda mal, ni cómo arreglarlo. Su mensaje
al consultor podría ser: “Por favor, descubra lo que está mal y
recomiéndeme lo que debemos hacer para mejorarlo”.
Las condiciones para que este modelo funcione con eficacia son las
siguientes:
-El proceso de diagnóstico, por parte del consultor, se considerará
beneficioso.
-El cliente ha interpretado correctamente los síntomas de la
organización y ha localizado el “área enferma”.
-La persona o grupo identificados como “enfermos” revelarán la información pertinente necesaria para realizar un diagnóstico válido, es decir, no ocultarán datos, ni exagerarán los síntomas.
-El cliente comprenderá e interpretará correctamente el diagnóstico
del consultor.
-El cliente puede permanecer “saludable”, después que el consultor se
retira.
En la “Consultoría de Procesos” (CP), el consultor realiza un conjunto
de actividades que ayudan al cliente a percibir, entender y actuar sobre
los hechos del proceso que suceden en su entorno, con el fin de mejorar
la situación de la organización. El consultor procura dar al cliente una
idea sobre lo que está sucediendo a su alrededor, en su interior, y
entre él y otras personas o entidades. En base a esto, ayuda al cliente
a decidir qué debe hacer para mejorar la situación.
El consultor que se guía por el “modelo” de la CP comienza con ideas muy
diferentes sobre la naturaleza del sistema del cliente y las metas del
proceso de consultoría. La premisa fundamental de la CP es que “el
problema es del cliente y seguirá siéndolo a lo largo de todo el proceso
de consultoría”. “Es su problema, pero le ayudaré a resolverlo”, es el
enfoque del consultor. Su papel es más como facilitador que como
experto.
Consecuente con esto, e1 cliente, con la ayuda del consultor, es el que
“hace” el diagnóstico de “su problema”, y participa activamente en la
preparación de las recomendaciones y en su implementación en la
práctica.
En las experiencias de Schein y de otros consultores, el modelo de la
Consultoría de Procesos resulta el más adecuado cuando se dan las
siguientes condiciones:
-El cliente siente cierto malestar, pero desconoce su origen y no sabe
qué hacer al respecto.
-El cliente no sabe qué tipo de ayuda está disponible, ni qué consultor
puede proporcionar la clase de ayuda que necesita.
-El problema es de tal naturaleza, que el cliente no sólo necesita ayuda para definir lo que está mal, sino que se beneficiaría participando en el proceso de realizar el diagnóstico.
-El cliente tiene una “intención constructiva”, basada en metas y valores que el consultor puede aceptar, y tiene cierta capacidad para participar en una relación de ayuda. (La consultoría no funcionará si el cliente tiene metas y valores ocultos que el consultor desconoce, o no acepta)
-En última instancia, el cliente es el único que sabe que forma de
intervención funcionará en esa situación.
-El cliente es capaz de aprender a hacer diagnósticos y a resolver sus
propios problemas organizacionales.
Tipos de consultores
Con independencia del modelo que se utilice, los consultores pueden ser
“externos” a la organización, que es el caso más generalizado cuando se
desea aplicar enfoques o técnicas sobre los cuales la organización no
cuenta con especialistas; o internos, cuando se utilizan directivos o
especialistas de la propia organización.
Entre las ventajas de los “consultores externos” se señalan que: es
independiente, tiene un juicio “fresco, imparcial y no comprometido” con
los problemas de la organización, maneja experiencias de otras
organizaciones, puede tener más credibilidad que miembros de la
organización.
Entre las desventajas están que: no conoce la estructura, la cultura
organizacional ni la empresa, por tanto, debe emplear algún tiempo en
familiarizarse con el medio, aunque nunca conocerá la organización como
los que “viven” en ella.
En el caso de los “consultores internos” entre sus ventajas se
encuentran que: conocen la estructura, las personas y los
procedimientos, esta “disponible” todo el tiempo, es un especialista en
algún área de la empresa, conoce los problemas a fondo.
Entre las desventajas se encuentran que: se le considera de la
“familia” y, por tanto, puede tener menos credibilidad y autoridad que
un externo, puede influenciarse por la “historia” y prejuicios sobre
procesos y personas, no puede aportar experiencias de otros lugares.
La práctica más efectiva, que es la que aplicamos en el CETED (Centro de
Estudios de Técnicas de Dirección) de la Universidad de La Habana, es la
utilización de un equipo mixto, integrado por consultores internos y
externos, en el que estos últimos se ocupan del diseño del Programa de
Consultoría, del entrenamiento de los consultores internos y de actuar
como facilitadores en las dinámicas grupales y en la integración de
informaciones de diferente procedencia, además de transmitir
experiencias de otras organizaciones, conocidas por trabajos anteriores,
por intercambios con otros consultores, por la bibliografía
especializada, o por su actividad académica.
Algunos principios éticos y criterios de trabajo.
El trabajo de un consultor, sobre todo si es externo, es complejo, se
integra en un medio que no conoce y en el que no es conocido. Por tanto,
entre las primeras cosas que debe lograr es ganarse la confianza de los
miembros de la organización.
En esto juegan un papel importante, el comportamiento ético que asuma
y la forma en que se relacione con los miembros de la organización.
Algunas de las sugerencias que hacen diferentes especialistas son las
siguientes.
-Mostrar modestia y respeto por los criterios de los miembros de la
organización.
-Trabajar con organización y disciplina.
-Evitar el enfrentamiento con el personal de la empresa, actuar como
mediador en el manejo de conflictos que se presenten, o identifiquen,
durante el proceso de consultoría.
-Tener capacidad y paciencia para escuchar los argumentos del personal
de la organización.
-Garantizar absoluta confidencialidad en el manejo de la información que
llegue a conocer, o se genere, durante el proceso de consultoría. Las
experiencias que conozca de otras empresas, que puedan resultar útiles,
debe manejarlas de manera que no se pueda identificar su procedencia.
-Capacitar a los miembros de la organización en los conocimientos y
habilidades que resulten necesarias y esté en posibilidades de
transmitirles. Además de ser un “facilitador”, el consultor debe
sentirse y actuar como un formador.
-Procurar que las propuestas de solución “salgan” de los miembros de la
organización, generar la sinergia y seguridad suficientes para que se
sientan que “ellos pueden llegar a resolver sus problemas”.
Dr. C. Alexis Codina Jiménez. (Ph.D.). - Profesor Titular. Centro de Estudios de Técnicas de Dirección (CETED) de la Facultad de Contabilidad y Finanzas de la Universidad de La Habana. acodinaarrobabancounion.com.bo
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