Una de las preguntas que más compartían con nosotros los participantes
en el Congreso de Desarrollo Organizacional tenía que ver con la
variable Cambio. Otro aspecto interesante y que fue razón de mucho
debate se vincula con “qué necesidad existe de visualizar un escenario
futuro preferido cuando el actual es satisfactorio” y un área de abierta
discusión ha tenido que ver con “porqué es tan importante la
adversidad”.
A los ojos de la inmensa mayoría de los participantes la Argentina en
general se encontraba en una etapa donde alguien ha llegado a definir
como de “resurgimiento” y con un alto potencial de crecimiento como
resultado de la perspectiva de ampliar los mercados.
Ahora, en la mente de muchos argentinos tenemos a nuestra disposición un mercado global que multiplica nuestro actual mercado local varias veces, y particular atención se prestaba a las posibilidades de nuestro vecino país Brasil. Los gobernantes en los distintos países de Latinoamérica – impulsados posiblemente en gran medida por lo que estaba sucediendo en los países más desarrollados económicamente – decidieron participar del proceso de globalización que suponía acceder a un mercado de tipo ilimitado.
Lo que sucede es que quizás no han podido distinguir respecto de los que impulsaron originalmente la medida y las razones que ellos tuvieron que a veces pueden o no coincidir con las de aquellos países – menos desarrollados – que se sumaron más tarde. ¿Qué es lo que ha pasado hace unos 2.000 años atrás? Creemos que es bueno tenerlo en cuenta, aunque las implicancias ahora ya están en vigor.
Hace dos milenios el emperador romano Augustus consideró su intención de capturar otros mercados “fuera de sus fronteras” a diferencia de la política (local) de otro emperador romano, en este caso Adriano.
Este último prefirió cerrar las fronteras de Roma. Augustus estaba fuertemente tentado por las sabinas, las mujeres de otros, lo que por supuesto era alcanzable.
Pero a veces el precio de ellas tiene que ver con “perder a las
propias”. Con la globalización se presenta un fenómeno similar; nos
encontramos tentados de un mercado global enorme sin a veces tener en
cuenta lo que puede pasar con nuestro propio mercado.
En esta corta Jornada nos encontramos con más personas empresarias y
emprendedoras en proporción al total de participantes en comparación con
aquellos que atendieron el Congreso, de modo que vamos a esforzarnos en
bajar a tierra algunos conceptos para explorar la aplicabilidad de los
mismos en manos de empresarios.
En principio queremos aclarar que lo que está pasando en cuanto a
cambio, es solamente la punta del ovillo y sería bueno que tengamos esta
apreciación en cuenta. La globalización tecnológica, comercial y
financiera representa un poderoso mecanismo que ha de producir grandes
transformaciones y mucho más allá de la que estamos viviendo, por
supuesto.
Posiblemente estemos viviendo solamente el inicio de un cambio que por
lo general se produce con manifestaciones muy bajas que no siempre son
percibidas totalmente, algo parecido a lo que sucede con las
imperceptibles y pequeñas olas en la playa pero que dan origen a olas
muy grandes en la rompiente. Las empresas pueden acomodarse bastante
bien a las pequeñas olas de la playa puesto que tienen mayores
facilidades para acomodarse pero no les resulta tan fácil hacerlo con
las olas de la rompiente. Aquellos que han visto la película “El
Naúfrago” pueden dar muestra de ello. Charles R. Darwin (“Origen de las
Especies” – 1859) destaca desde hace muchos años que cuando la tasa de
cambio se ve modificada de manera drástica los mecanismos habituales
que tienen las personas a su disposición en materia tanto de
acomodación, adaptación y asimilación pueden llegar a ser
insuficientes.
Para comprender que es lo que dicen los expertos en materia de Mejora
Empresarial y Desarrollo Organizacional debemos introducirnos algo más
en la comprensión de este fenómeno tan relevante para la supervivencia y
crecimiento de las empresas, que resulta ser el cambio.
De una manera sencilla podemos decir que el cambio representa un proceso por el cual nos distanciamos del statu quo; nos alejamos de un escenario actual donde podemos – o no – sentirnos relativamente cómodos – hacia un nuevo escenario que visualizamos como más positivo o preferido. Implica la necesidad imperiosa de modificar nuestra visión, redefinir nuestra misión y alterar los objetivos y procesos.
Todo esto lo pueden “pensar y decir” los líderes con capacidad de
cuestionamiento respecto de lo que está sucediendo, pero lo que sucede
es que los líderes necesitan que alguien implementa y “haga” las cosas
distinto de lo que están haciendo hasta este momento. Este gran número
de personas que deben cambiar ahora no solamente sus actitudes sino
también sus comportamientos, por lo general se siente muy confortable en
lo que llamamos la “zona de comodidad”. Hasta ahora, y debido a todo lo
que han ido aprendiendo y pagando un precio por ello tal cual ellos lo
perciben, han aprendido una “mejor y más efectiva manera de hacer las
cosas”.
Mas aún, han sido “maestros” en cuanto a que esta manera mejor y más
efectiva de hacer las cosas sea también compatible “con los intereses y
conveniencias de ellos”. ¿Cómo lidia tradicionalmente la dirección de la
empresa u organización con éste tipo de fenómeno?
Muy simple: toman gerentes bajo la concepción de que los gerentes han de ser capaces de articular las “ideas” que tienen los líderes en sus cabezas (metafóricamente ya que en realidad está en sus mentes) y estos gerentes han de conseguir que las personas “hagan” las cosas de acuerdo a lo previsto desde la cúspide. Algunos consultores y expertos en Mejora Empresarial y desarrollo Organizacional llamaron a esta “Best Practice” con el nombre de “Alineamiento”.
Ahora bien, todos ustedes o por lo menos la inmensa mayoría de
ustedes como empresarios y propietarios de empresas cuentan con gerentes
o supervisores o encargados en los niveles intermedios de sus empresas.
¿Podrían decirme cuál es el éxito que logran a través de sus gerentes,
supervisores y encargados en cuanto a que se hagan las cosas como
Ustedes quieren o ustedes han planeado?
Y fíjense que aquí estamos hablando que se hagan las cosas “de manera
repetitiva” en base a lo que ustedes como líderes han planificado que se
hagan.
Es decir, bajo el no-cambio, con rutinas establecidas, con personas
que tienen asignados roles puntuales, con procesos claramente
descriptos, con productos establecidos que no se modifican y con un
mundo de acciones diarias que NO se modifican, así y todo usted ya sabe
que las cosas NO se están haciendo de acuerdo con como usted como
empresario lo ha planeado. Lo que estamos diciendo es que bajo el
escenario actual, con una estructura organizativa que tiene años de
vigencia, con todo el conocimiento que tienen los miembros
organizacionales, con productos repetitivos que venimos fabricando y
comercializando por años, así y todo si nos dedicamos a reflexionar
solamente un par de segundos, encontramos que no estamos haciendo todo
de la mejor manera. Es decir que lo que realmente existe ahora, ante el
no-cambio y la tranquilidad, y un contexto estable, y sin cambios en las
reglas de juego desde fuera de la empresa, todo ello no nos garantiza
que estemos haciendo las cosas de lo mejor. ¿Y como es esto posible? Se
pueden buscar muchas explicaciones y hay una de ellas que no queremos
dejar pasar por alto y que tiene que ver con la variable “tiempo”. Con
el tiempo todo, absolutamente todo, puede deteriorarse de una manera
casi natural.
Tomemos a título de ejemplo de las distintas implicancias del cambio lo
que ha de pasar con esta naranja que yo coloco en este momento sobre el
escritorio. Si la dejo a la naranja quieta, sin moverla, y por muchos
días con toda seguridad se ha de comenzar a pudrir en la parte que tiene
contacto con la madera de este escritorio (algo similar sucede con la
madera del escritorio pero resulta que es más imperceptible ante
nuestros ojos). Puedo encontrar una solución parcial a este problema y
es algo que hacemos frecuentemente cuando posamos fruta sobre un
recipiente por cierto tiempo. Para evitar que se pudra a partir de la
parte inferior, las damos vuelta.
Las ponemos en movimiento cambiando su posición original. Esto por supuesto lo podemos hacer por cierto tiempo, y no de manera alguna por tiempo indefinido. Podemos decir que estamos ante la presencia de cambios (de posición solamente) que se asemejan a lo que podemos llamar cambios transicionales. Los cambios transicionales son los que la mayor parte de las empresas han venido desarrollando por muchos años en sus intentos de acomodarse a nuevas situaciones. Pero como hemos visto con el simple ejemplo de la naranja los cambios de posición de la misma, no son suficientes para conservarlo por mucho tiempo más en buen estado. ¿Qué podemos hacer entonces? Podemos crear un nuevo escenario distinto del actual.
Bastante distinto ya que en lugar de colocar la naranja sobre el escritorio resulta que ahora la introducimos en un habitáculo donde existe cierto ambiente refrigerado a una temperatura que hemos anticipado como la más conveniente, que recibe el nombre de refrigeradora. Y colocamos allí a nuestra naranja.
Esto nos hace extender la vida útil de nuestra naranja mucho más allá
de la naranja que habíamos colocado sobre este escritorio. Y también
podemos extender aún más la existencia sana de una naranja haciendo uso
de lo que hemos aprendido en cuanto a congelar en lugar de
refrigerar. Es por ello que a estos nuevos diseños ya no los llamamos
por el nombre de refrigeradora sino por la denominación de conservadora.
Y podemos extender la vida de esta y muchas naranjas más en este nuevo
mobiliario hasta en porcentajes superiores al 1000 por ciento de la
situación original. En todos los casos nosotros hemos estado moviendo
las naranjas, primero cambiando la posición de la misma que estaba sobre
el escritorio pero luego hemos hecho uso de otras opciones realizando un
cambio mayor. Estos cambios mayores cuando ganan en intensidad y en
complejidad pueden recibir el nombre de cambios transformacionales. Y
cuando nuestras empresas ya no pueden operar simplemente porque lo que
nosotros teníamos previsto es alterado por las fuerzas del contexto,
debemos entonces prepararnos para introducir cambios transformacionales.
Ahora bien ¿Qué es lo que hacen las personas que están acostumbradas en
una empresa a cambiar de posición a la naranja cada dos o tres días para
que no se pudra cuando le decimos que la ponga en la refrigeradora?
¿Cómo creen ustedes que ellos han de responder ante esta “idea” que
llega desde la cúspide de la organización. ¿Y que piensan respecto de
cómo han de responder los gerentes cuando desde la cúspide se decide
comprar una refrigeradora y una congeladora en lugar de tener a muchas
personas que cada tanto se dedican a dar cierto movimiento a las
naranjas?
Aquí debemos hacer mención especial a la existencia de un fenómeno que
muchas veces ha pasado desapercibido por muchos líderes y también por
consultores. Es bueno que tanto aquellos que lidian con los problemas
diarios de la empresa como también aquellos que debieran tener una
perspectiva distinta, tengan en cuenta si la empresa u organización está
funcionando bajo el mecanismo que hemos denominado “consenso hacia
abajo” o “hacia arriba”.
Eric Gaynor Butterfield ha encontrado evidencia donde se muestra que
muchas empresas eligen entre estas dos opciones principales,
especialmente dentro de las culturas latinoamericanas. Se ha encontrado
con que en intervenciones de consultoría donde se propone “ascensos” de
personal algunos de ellos prefieren mantenerse en sus posiciones
habituales (que son inferiores a las propuestas). Y cuando sucede este
tipo de fenómeno es posible que nos encontremos con una empresa con
consenso hacia abajo.
Los especialistas en nuevas y mejores metodologías para implementar
cambios como es el caso de aquellos que introducen mejoras a través de
un nuevo software se encuentran con un dilema interesante ante la
propuesta de cambio o mejora que realizan ante la alta dirección. Esta
alta dirección después de escuchar la propuesta envía la misma al
responsable del sector o unidad donde el cambio sería posible de aplicar
con la nueva herramienta tecnológica. Y ésta práctica muchas veces es la
que justamente frena e impide el cambio pues la implantación de un nuevo
sistema no solamente le ha de cambiar la vida al personal de ese
departamento sino también y de manera especial al propio gerente. El
gerente está en su “zona de comodidad” y no quiere por lo general
recibir olas nuevas porque ya ha aprendido a lidiar con los problemas y
ha transformado de a poco a las olas de las rompientes en olas de playa.
Más aún, muchos de ellos se han dedicado a eliminar a aquellas personas
que traen ideas innovadoras; por lo general, a éstas personas creativas
los gerentes pueden crearles denominaciones muy especiales.
En lugar de manifestar que son creativos y que tienen ideas innovadoras,
es bastante común que el gerente se refiera a ellos como personas “que
se apartan del resto y parece ser que no son buenos para trabajar en
equipo”. Por lo tanto, la empresa sigue teniendo personas que – cada
tanto – siguen cambiando de posición a las naranjas.
¿Cuánto sabes respecto de cambio? ¿Cuánto sabemos respecto de cambio de
comportamientos? ¿Cuánto recursos y tiempo dedican las mejores
universidades para enseñar a sus profesionales diplomados a lidiar
eficazmente con el cambio? Especialmente dentro de las culturas
latinoamericanas no se ve mucho de ello.
Más aún, es posible que para aprobar un examen en la Universidad uno
tenga que “dedicar más tiempo a lo que el profesor quiere escuchar como
respuesta correcta” que a profundizar en los conocimientos respecto de
otras opciones y enfoques disponibles.
Resulta fascinante que en las mejores Universidades en Latinoamérica a veces lo aprendido a nivel de Licenciaturas y Master´s sea profundizado aún más a nivel de los doctorados, fortaleciendo en mayor medida lo aprendido en la maestría. No todos los programas de doctorado en las mejores Universidades dedican esfuerzos hacia cuestionar lo que los Master´s habían aprendido anteriormente. En muchas casas de altos estudios las tesis están mucho más cerca de ser monografías que tesis. Se ha dado un fenómeno fascinante en algunas Universidades donde encontramos “tesis” que no hacen referencia a las hipótesis básicas a ser tenidas en cuenta.
De modo que no nos quejemos si las personas en el ámbito de trabajo
no están dispuestas a cambiar, puesto que muchos años antes de trabajar
estas mismas personas han estado expuestas – muy posiblemente – a un
patrón de aprendizaje más de tipo autoritario tanto dentro del ámbito de
la familia como de lo educativo.
El cambio transformacional es indispensable en estos tiempos donde las
alteraciones que se presentan desde fuera de nuestros cuerpos y desde
fuera de nuestras empresas, es realmente de tipo dramático. Los cambios
transicionales a los que nos habíamos acostumbrado y estábamos en
condiciones de tolerar ahora no resultan suficientes. El estrés comienza
a ser percibido como pequeñas dosis de electro-shocks, que inicialmente
han sido suaves y van ganando en intensidad en algunos momentos y
situaciones particulares (ver: “Suicidio Profesional o Asesinato
Organizacional” del Dr. Donald W. Cole y Eric Gaynor Butterfield –
2003). El cambio transformacional nos obliga a tener presente todos los
días que debemos tener en cuenta modificaciones en nuestra Visión, en la
definición de una nueva Misión, en el establecimiento de nuevos
objetivos con una dirección distinta, y con la necesidad de crear – y
también matar – nuevos productos y servicios. Pero esto no lo podemos
hacer simplemente porque lo tenemos en nuestra cabeza por estar en la
cúspide de la empresa; esto tiene que ser realizado por otros en sus
acciones diarias. Y allí es donde comienza uno de los dilemas que viven
todos los líderes diariamente.
Una perspectiva interesante y diferente de la que hemos mencionado
anteriormente respecto de las etapas de cambio y que es sumamente útil
es la que propone Robert Golembiewski (“Ironies in organization
Development”; New Brunswick, N.J.: Transaction Publishers, 1990).
Golembiewski señala la existencia de diferentes tasas de cambio las que
a su vez pueden gestar diferentes tipos de cambio. En primer término
tenemos el cambio que es denominado “Alfa” donde tanto las variables que
intervienen como así también las diferentes mediciones se mantienen
constante y por otro lado tenemos el cambio “Beta” que se caracteriza
por el hecho de que tanto las variables como las mediciones se ven
modificadas. Finalmente tenemos el cambio “Gamma” donde además del
cambio “Beta” debemos sumarle un cambio de paradigma que implica un
salto dimensional mayor.
¿Cómo podemos visualizar las modificaciones que están sucediendo
alrededor de nuestras empresas para tener mayor conciencia de la
necesidad de cambiar? Todos ustedes como empresarios y emprendedores
seguramente han estado comercializando productos durante muchos años de
modo que puedo tratar de aprender a partir de ésta pregunta:
¿Cuántos de ustedes comercializan los mismos productos de hace unos 10 o 15 años atrás? ¿Cuántos de ustedes siguen manteniendo el mismo diseño para sus negocios y sus empresas? ¿Cuántos de ustedes han mantenido inalterables como estaban haciendo las cosas? De algo estamos seguros: las empresas anteriormente se asemejaban en gran medida a una “vaca lechera” que producía razonablemente buena leche en el orden de unos 23 litros por día. Al igual que las vacas lecheras la mayor parte de las empresas tenían – y también vivían - dentro de un escenario de poco cambio o no-cambio o de cambio transicional. Por supuesto que hemos tenido alzas y bajas pero era bastante fácil reacomodarse y confrontar las nuevas situaciones. Si la vaca dejaba de producir los 23 litros por estar enferma, pues entonces traíamos a un veterinario y luego de cierto tiempo, relativamente corto, volvíamos a la producción de 23 litros por día hasta que la vaca ingresara a su fase Terminal.
Pero ahora no sucede lo mismo. Un negocio puede no ser jamás una vaca
lechera, ni siquiera desde sus comienzos siendo muy joven. Y puede
dramáticamente en muy poco tiempo estar en una situación casi Terminal.
Y el veterinario se presenta como un consultor en introducir Mejoras
Empresariales y Cambio Organizacional. Usted se presenta ahora en una
situación difícil, que no se asemeja a su historia anterior como
empresario. Incluso en el esquema anterior de cambio transicional en
lugar de transformacional en el peor de los casos después de muchos
buenos años de rendimiento de la “vaca lechera” uno podía encarar la
fase Terminal con optimismo consiguiendo recursos como resultado de
faenar esa vaca. Hoy en día usted no sabe si realmente le ha de quedar
un valor residual que alguien está dispuesto a pagar para asumir el
control de su empresa (existen Bancos y empresas que más recientemente
han pagado a otros para “salir de su negocio”).
Lo que sucede hoy día y que pone al empresario en una posición de
prestar atención a cambios transformacionales tiene que ver con algunas
de las conclusiones a las que arriba Alvin Toffler (“La creación de una
nueva civilización”, Plaza & Jones , 1995).
Toffler sugiere que el mundo de las empresas que desea sobrevivir ha de tener que lidiar diariamente con la creación de cada vez más nuevos productos y servicios. Y el empresario comúnmente no tiene en su cabeza que su empresa – que visualiza más bien como pequeña o mediana – no tiene “los recursos para contar con todo un departamento entero de Investigación y Desarrollo”.
Por otro lado no solamente debe contar con más productos sino que estos mismos productos deben ganar en variedad y finalmente confronta algo que inicialmente percibe como una tarea titánica: tener que matar sus propios productos nuevos y la variedad de los mismos “antes” de que lo haga la competencia. Esto no tenía mucho sentido hace un par de décadas atrás, pero ahora resulta ser indispensable, y los empresarios exitosos deben tenerlo muy presente. Para el empresario exitoso “de antes” muchas veces se percibía que “el secreto del éxito… es el secreto” (Mateo Vaccaro) pero ahora ya no sabe si “su dicho” es correcto.
Peter Senge (“La Quinta Disciplina”; Doubleday, 1990) nos hace saber que las empresas “exitosas” se caracterizan por el hecho de que los distintos miembros organizacionales realicen aportes y contribuciones a su organización; y esto es solo posible si comenzamos a operar de una manera muy distinta donde compartimos la información y el conocimiento dentro de nuestras empresas (la “Best Practice” conocida como Knowledge Management es una de ellas). Pero ahora nuevamente nos encontramos con que podemos estar dispuestos a cambiar, pero:
¿Quién realmente quiere impulsar el cambio? Y una pregunta más ¿Quién realmente quiere ser el Líder que quiere implementarlo? Si actualmente los gerentes perciben que se encuentran dentro de una zona de comodidad ¿Por qué tendrían que cambiar y acompañar el cambio? Además ¿En qué medida han de cambiar las consecuencias – y las recompensas – asumiendo que el cambio ha sido positivo? Y ¿Quién está dispuesto a asumir la responsabilidad del cambio no-efectivo y a pagar por las consecuencias negativas de ello?
En realidad lo que estamos viendo es que tanto nosotros como otros,
al percibir que estamos dentro de nuestra “zona de comodidad” estamos
viviendo un fenómeno particular que me gusta definir de ésta manera: “La
ilusión de que nos va bien”. Ya hemos visto en el Congreso muchas de las
consecuencias fatales que tienen las ilusiones en las personas.
Y aquí es donde comienza a surgir en la cabeza de los líderes que tienen
la responsabilidad de llevar su empresa adelante, la búsqueda de una
opción adicional cuando se da cuenta que la necesidad de cambio es
Tranformacional y va más allá de los recursos personales que tienen
usualmente a su disposición. Se habla mucho respecto de lo que los
consultores hacen pero no siempre las percepciones de las personas
concuerdan con lo que los consultores hacen.
Y menos aún con los procesos que desarrollan. Y ni que hablar con las
consecuencias y resultados… que finalmente son pagados en su inmensa
mayoría por los empresarios (después de todo, el consultor está
acostumbrado a percibir honorarios por sus servicios, los que muchas
veces están estipulados en base a las horas trabajadas y no en los
resultados conseguidos).
Que ES lo que realmente sabemos del servicio de consultoría, y que
podemos llegar a verificar si es cierto, no representa una mala pregunta
para comenzar.
Estamos como empresarios convencidos de que el cambio “desde afuera” nos
impacta muy duro “dentro de nuestros cuerpos y dentro de nuestra
empresa” especialmente en materia de consecuencias que no habíamos
previamente anticipado. Y muchas de ellas con consecuencias
disfuncionales.
En el Congreso hemos visto las diferencias entre un consultor con un
expertise profesional particular, que es donde están usualmente
posicionados la mayoría de los consultores que se auto-definen como tal,
y esto también puede incluir en algunos casos a las propias empresas
consultoras. El dilema aquí es que bajo esta figura el consultor en
realidad puede terminar haciendo un trabajo como si perteneciera a la
misma planta de la empresa y por lo tanto estaría contaminado en alguna
medida por pertenecer a la misma cultura y de esa manera estar orientado
a sostener la misma perspectiva que la que está vigente (de no cambio o
cambio transicional, dando vuelta cada tanto a la naranja que está sobre
el escritorio.
Ahora ese talento y conocimiento que muchas veces proviene de excelentes
Profesiones Diplomadas resulta que es necesario, pero por otro lado no
es necesario para poder impulsar el Cambio en la empresa.
Al final de cuentas, si el propio líder que maneja los recursos
dentro de la empresa y que también tiene acceso a un sistema de
recompensas y castigos en relación a su propio personal, no lo puede
hacer por sí solo ¿Cómo sería posible que lo realice un consultor que
viene de afuera de la empresa y no tiene estas ventajas?
El empresario realmente sigue sintiéndose dolido respecto de cómo está
su empresa y de los resultados que ahora está alcanzando de manera que
de todas maneras persiste en que alguien de afuera “los vea”. Y surge
ahora otra pregunta importante: ¿Cómo hace el empresario para apreciar
lo que puede conseguir en materia de cambio el consultor que viene de
afuera? Está convencido el propietario que no está alcanzando lo
esperado en materia de ingresos, que sus costos están creciendo en
proporción lo que da como resultado un menor margen de contribución, se
encuentra con el dilema de mecanizar y automatizar en mayor medida pero
por otro lado no tiene todo el dinero a su disposición que es requerido
para adquirir la nueva tecnología y además para cumplir con los
compromisos que debe asumir “con el personal saliente” pero de todas
maneras persiste “en aprender de otro respecto de una nueva perspectiva”
que ahora “se encuentra sentado frente a él”. ¿Qué es lo que le provoca
preguntarle al consultor para saber si es competente?
En pocas palabras tiene que contar ahora con una habilidad adicional; la
de evaluar a un consultor. Y esto también es una nueva tarea que había
llegado a confrontar anteriormente y por lo tanto no tiene experiencia.
Como sigue convencido de que debe introducir Mejoras Empresariales y
alcanzar el Desarrollo Organizacional, luego de un par de diálogos
introductorias “cordiales” se atreve a preguntarle al consultor que
experiencias anteriores ha tenido. Es muy probable que el consultor no
haya tenido experiencia puntual dentro de ese mismo sector industrial y
si así lo fuera es posible que dicha experiencia haya sido en otro
tiempo no muy cercano lo que sugiere – en la mente del empresario – que
ha lidiado con problemas distintos. Y ahora se encuentra el empresario
con un dilema adicional que se le agrega a lo que vive dentro de su
propia empresa.
Se sugiere que aquí se siga el camino de si realmente es necesario un
tipo de expertise técnico que es la categoría en que en su inmensa
mayoría se auto-definen los consultores, o si puede estar requiriendo a
un “Consultor en Desarrollo Organizacional”. Este último tiene como
profesión al Cambio en sí mismo y en ello radica la diferencia
fundamental.
Es por ello que un notable experto (Edgar Schein: “Process Consultation”; Addison-Wesley – 1969) sugiere la existencia de un rango de dos opciones más además de la que propone bajo el nombre de consultoría de procesos.
Las otras opciones que usualmente son adoptadas por los consultores-expertos son la de “Médico-Paciente” y la “de Compra”. Y las consecuencias no-beneficiosas que sugiere Edgar Schein tienen que ver con que la primera de ellas asume en mayor medida que el Consultor es “genio” mientras que en la organización el Cliente es más bien “ignorante”.
La segunda opción asume que se ha elegido correctamente alguna “Best
Practice” o metodología que se debe implementar y que ha de resultar
beneficiosa lo que es implementado “sacando un libro del estante” que,
por supuesto, tiene como título el nombre del problema que –
supuestamente – tiene que resolverse.
Este representa el principal punto de partida para poder implementar un
Cambio de tipo Transformacional donde el empresario pueda verse en el
futuro acompañado por el personal a través de los niveles intermedios de
la empresa. No queremos entrar en detalles puntuales respecto de los
distintos enfoques que seguirían los más expertos consultores pues
pueden tener acceso a ello entrando a la sección artículos – Autores y
expertos… de la página www.theodinstitute.org
Por otro lado se pueden familiarizar muy fácilmente con una gran
cantidad de “Best Practices” a las cuales han acudido los consultores en
los últimos 50 años para introducir Mejoras Empresariales y Desarrollo
Organizacional”, y esta información también puede obtenerse de la página
web arriba mencionada.
A estas alturas los empresarios ya están en condiciones de saber que es
lo que han estado haciendo los expertos en introducir mejoras en
empresas y organizaciones, pero no sabe exactamente como lo hacen. La
metodología que siguen los consultores con la “Profesión de Desarrollo
Organizacional” puede ser encontrada en la página: www.monografias.com
Pero todavía queda una duda que debe resolver el empresario. Comúnmente
como empresarios ustedes están acostumbrados a contratar personal y
tienen muy buenas ideas respecto de cómo evaluar sus conocimientos,
habilidades, destrezas y competencias antes de contratarlos y hacerlos
efectivo.
Pero ahora tienen que apreciar en qué medida el Consultor tiene las
competencias necesarias para el ejercicio de su trabajo, y como tiene
que ver con cambiar todo lo que a usted le ha costado mucho construir,
no quiere dejarlo en las manos del consultor, sin tener algún tipo de
evaluación. Para ello pueden entrar en la página web:
www.gestiopolis.com donde hacemos mención a las competencias necesarias
para el desarrollo de su trabajo.
Y pueden sentirse más seguros de cómo se ha de desarrollar el trabajo si
es que indagan con el consultor respecto de las etapas o fases que ha de
seguir en el trabajo de consultoría. En la página www.theodinstitute.org
se hace mención a las distintas etapas que el consultor debe tener en
cuenta de modo que el cambio de mejoras no sea circunstancial sino que
más bien pueda sostenerse en el tiempo. Queremos destacar que no es
común que el consultor-experto a diferencia del consultor que tiene la
“Profesión de Desarrollo Organizacional” no presta suficiente atención a
la importancia que tiene la fase de “Separación”.
Durante esta etapa el consultor o el agente de cambio se prepara para
abandonar el esfuerzo de cambio. Esta es una de las etapas más críticas
de todo el proceso ya que consultor debe asegurarse que las mejoras
introducidas han de perpetuarse sin su presencia. Por supuesto esto es
posible cuando el conocimiento y las habilidades del consultor en
materia de cambio han sido eficazmente transferidas a la Empresa.
A estas alturas el empresario está convencido de que está ante un
problema complejo, pero afortunadamente ha aprendido que no se puede
tratar a un problema complejo de una manera sencilla. Y para ello hemos
puesto en la página a que hacemos mención en este mismo párrafo, mucho
material en relación con temas que se vinculan directamente con Cambio y
Mejoras Empresariales como por ejemplo: Trabajo en Equipo, Liderazgo,
Motivación, Selección e Instalación de personal, Compromiso –
Involucramiento, Toma de decisiones, Coaching, entre otros. En total
allí se mencionan más 5000 importantes aportes y contribuciones de
notables expertos en la materia. Una última acotación antes de ir al
break. Los consultores-expertos suelen mencionar que los resultados
alcanzados con el esfuerzo de cambio no fueron iguales a los previstos y
anticipados por el hecho de que las personas (en la empresa) “se han
resistido al cambio”.
Por mi parte he aprendido que los consultores también nos resistimos mucho al cambio y que también lo hacen aquellos que desarrollan la tarea que yo hago en este momento estando al frente de este salón y delante de ustedes; me refiero a los denominados capacitadores – entrenadores – facilitadores quienes a veces tienden a “guardar algunos secretos puntuales y hasta pantallas del PP”. Es por ello que no asumimos que las personas se resisten al cambio así de simple.
Las personas se resisten al cambio de manera especial cuando no
tienen todo el conocimiento respecto de las implicancias de dicho
cambio. Por otro lado no hemos visto a muchos consultores-expertos hacer
uso de todo lo que hemos aprendido en ciencias del comportamiento,
especialmente desde Kurt Lewin y hasta la fecha. De manera que tenemos
por delante un hermoso futuro teniendo en cuenta “todo lo que no se está
haciendo”.
Disfruten el break pues nos hemos de dedicar a un interesante caso
práctico que vamos a desarrollar trabajando en mesas redondas con un
número entre 4 y 5 participantes.
Muchas gracias por compartir y por debatir.
Eric Gaynor Butterfield - Ph. D. (abd) - Presidente The Organization Development Institute International, Latinamerica (Board member de The Organization Development Institute- Worldwide) www.theodinstitute.org informesarrobatheodinstitute.org
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