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Las empresas ponen en marcha diferentes iniciativas tendentes a mejorar
la sinergia colectiva de trabajadores y directivos; por ejemplo,
programas sobre liderazgo y trabajo en equipo. Sin embargo, pocas veces
se perciben mejoras en los resultados empresariales. Un coach podría
ayudar al Comité de Dirección en la revisión de cuatro puntos muy
cardinales.
Hay diferentes aspectos a los que orientan su atención los Comités de
Dirección, en su obligación de velar por la efectividad —especie de suma
de la eficacia y la eficiencia— colectiva; sin embargo puede que, en
algún caso o circunstancia, acabe faltando percepción de realidades,
sintonía en los diagnósticos, o acierto en la aplicación de las
decisiones adoptadas.
Un consultor podría también hacer aportaciones valiosas, pero,
como sabemos, el coach intentaría ampliar el ángulo de visión (gran
angular) de los ejecutivos, para enfocar y aproximar (teleobjetivo)
algunos detalles y facilitar la deseada sintonía. A menudo cabría
repasar estos cuatro importantes elementos:
§ Las metas perseguidas.
§ La organización funcional.
§ La efectividad de las personas.
§ La calidad de vida en la organización.
Las metas
Alcanzar o no las metas también depende de ellas mismas, y además se ha
de asegurar que toda la organización las comparta. Si, por ejemplo,
mientras las personas creen trabajar para la prosperidad, el primer
ejecutivo pusiera el énfasis en el cultivo de la imagen para vender la
empresa al mejor precio posible,
o en cualquier otra meta no explícita, entonces algunas
decisiones crearían desconcierto, podría surgir algún grado de anomia
organizacional, y seguiría quizá algún repliegue en las competencias
emocionales y cognitivas de las personas; pero hay otros muchos casos en
que las propias metas generan conflictos.
En los años 90, vimos que muchas empresas ponían su empeño en liderar el
mercado, o en obtener reconocimientos a su calidad o excelencia, lo que
podía colmar expectativas de los ejecutivos pero quizá no tanto de los
profesionales de la plantilla. Éstos, por ejemplo, han vivido con cierto
tormento algunas exigencias de certificación; en algún caso parecía que
no era importante que los clientes estuvieran satisfechos, sino que
hubiera un sistema de medida de la satisfacción...
Desde luego, un nuevo trabajador del conocimiento, como nos lo
dibujara Peter Drucker, puede sentirse, por ejemplo, comprometido con la
idea de soluciones eficaces para discapacitados, o la de
electrodomésticos silenciosos y de bajo consumo; pero quizá no tanto con
la intención de la Alta Dirección de liderar el mercado, o de conquistar
premios. Un coach puede ayudarnos más de lo que a primera vista parece,
tanto en la formulación de metas propias como en las colectivas.
La organización funcional
Como así ocurre en la mayoría de los casos, ha de asegurarse que la
organización funcional concilie coyunturas, intereses o compromisos
propios del Comité de Dirección, a veces difíciles de explicar, con la
deseada efectividad de los esfuerzos dedicados por las personas. La
sinergia organizacional, la innovación, el alineamiento de esfuerzos, la
perspectiva sistémica o la contribución de las partes al todo, son sin
duda inquietudes constantes de los ejecutivos, pero no siempre se ven
favorecidas por las decisiones adoptadas.
Por concretar, el reparto de poderes y dignidades puede estar
facilitando o dificultando el buen funcionamiento de la empresa;
justamente la arquitectura de la toma de decisiones parece ser un
indicador —entre otros muchos— de la inteligencia colectiva, aunque cada
realidad exija una arquitectura específica, y la denominada inteligencia
colectiva pueda interpretarse de diferentes formas. El postulado
empowerment nos obliga a poner sobre la mesa pensamientos y sentimientos
que no siempre afloran con fluidez. El coach puede contribuir a ello: a
hacer emerger lo subyacente.
La efectividad de las personas
Fijémonos en un detalle: el liderazgo en la empresa. Los directivos
intermedios parecen haber sido proclamado líderes no por sus supuestos
seguidores, sino por la Alta Dirección que los ha elegido. El nuevo
knowledge worker puede recordar que, en su juventud, en su pandilla, él
veía en su líder a “uno de los suyos” en que todos confiaban; ahora
puede verse obligado a identificar la figura de líder con “uno de los
suyos” en quien ellos confían.
Quizá esta reflexión suene exagerada, pero el modelo
líderes-seguidores podrían estar en algún caso restando, y no sumando,
efectividad colectiva. Los expertos sostienen que la mejora de
resultados pasa por un mayor protagonismo de los trabajadores.
Al hablar de personas y de productividad, hemos de pensar, en efecto, en
los trabajadores del saber, y no sólo en los directivos-gestores.
Aquéllos, en beneficio de los resultados, habrían de compartir metas
estimulantes, desarrollar su potencial y asumir el protagonismo que les
corresponde.
Quizá, en más de un caso, haya que impulsar el autoliderazgo de
todos tras las metas compartidas, y no insistir en una elitización de
los directivos, que recuerda más a la era industrial y menos a la
denominada era del conocimiento y la innovación. A estas conclusiones y
a otras, cuando sean pertinentes, se podría llegar tal vez mejor con
ayuda de un experto coach empresarial, que orientara la reflexión y
guiara las inferencias.
La calidad de vida
Convendrá el lector en que en todas las empresas se puede ser más
efectivo y estar, a la vez y quizá por ello, más satisfecho. El
psicólogo americano de origen húngaro Mihaly Csikszentmihalyi nos dice,
hablando de la calidad de vida: “El problema aparece cuando las personas
se obsesionan tanto en lo que quieren conseguir, que ya no obtienen
placer con el presente.
Cuando esto sucede, pierden su oportunidad de ser felices”.
Pero la satisfacción profesional se resiente no sólo con una exagerada
obsesión por las metas; también las emociones negativas, la fatiga
física y psíquica, la tensión nerviosa visible o escondida, o unas
insatisfactorias relaciones interpersonales, se cobran importantes dosis
de calidad de vida.
Son frecuentes ahora, y en la pasada década eran muy habituales, los
estudios de clima laboral; pero la experiencia apunta a que rara vez
contribuyen a mejorar las cosas. Lo había sugerido ya con la
satisfacción de los clientes: no se trata tanto de medir regularmente la
satisfacción de las personas, como de asegurarla.
Tanto los directivos como los trabajadores actúan mejor en el círculo
virtuoso de la motivación-rendimiento-satisfacción, de modo que se ha de
prevenir, y llegado el caso romper, el maleficio del vicioso círculo de
las emociones negativas, la fatiga, la tensión y el bloqueo de
facultades.
Todo esto lo sabe naturalmente el Comité de Dirección, pero un buen
coach puede ayudar a identificar y neutralizar lo negativo, como también
puede ayudar a mejor explotar lo positivo, y conseguir en suma una mejor
calidad de vida para toda la organización, cuyos efectos son muy
deseables.
Conclusión
El coach puede aportar perspectiva para percibir aspectos de la realidad
que pudieran escapar a los ejecutivos, y la metodología mayéutica se
muestra más eficiente que otras. Lo mejor es que este profesional
contribuya a que el Comité de Dirección establezca, y asuma como
propias, las conclusiones o decisiones más idóneas, de cara a la mejora
colectiva que se persigue. Los cuatro elementos que hemos recorrido
—aunque lo hayamos hecho rápidamente— constituyen el fin, los medios y
la fluidez del proceso, en la muy compleja andadura empresarial.
Sea cual fuere el requerimiento específico que haya llevado a un coach a
una empresa, éste habrá de tomar contacto con estos elementos para
orientarse debidamente; vienen a suponer puntos cardinales, tanto por su
importancia como por su relación sistémica entre ellos.
Consultor
de Management y Recursos Humanos, José Enebral Fernández, madrileño y
nacido en 1951, posee una experiencia de más de 30 años en formación
continua de titulados y directivos de grandes empresas, tanto mediante
métodos presenciales como aplicando nuevas tecnologías de la información
y la comunicación. Desde 1997, publica regularmente artículos en
diferentes medios impresos de su país (Capital Humano, Training &
Development Digest, Harvard Deusto, Aedipe, Dirección y Progreso,
Q-Calidad, etc.) y también en algunos portales de la Red".
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