Cualquier empresa de cualquier parte de este planeta existe gracias a la
relación que establece con su público: consumidores que pagan por bienes
y servicios; empresas que se proveen a través de otras empresas en
alianzas estratégicas, de outsourcing o de mercado.
En todos los casos, la relación entre ambos se establece en términos de
un intercambio a través del cual el público (cliente) está dispuesto a
otorgar algo de su dinero, esfuerzo, atención o tiempo para recibir un
producto o servicio que le dé beneficio, satisfacción o solución por
parte de la empresa.
Productos y Mercados deben estar unidos por algo que haga posible su
intercambio. Un producto o servicio, más que el conjunto de sus
características físicas, representa para los clientes una solución a sus
problemas, una satisfacción de sus necesidades. En una expresión,
representa beneficios que la empresa hace claros a través de su
estrategia de posicionamiento.
Diferenciarse de sus competidores le permitirá crear una posición única
y exclusiva, una manera singular de competir, que se traduzca en un
valor agregado y superior para sus clientes.
A este valor superior para los clientes le llamamos ventaja competitiva,
es decir, una superioridad definitiva y claramente distinguible de un
producto o servicio, ofrecido bajo una identidad única y con valor
significativo a un segmento del mercado, dejar de tratar a los clientes
como números y darles su trato personalizado es la diferencia.
Una de las principales diferencias de las empresas hacia los clientes es
“El Espíritu de Servicio”, que es la disposición emocional hacia una
persona o situación, está basada en valores y creencias sobre la
sociedad, el trabajo y sus necesidades, haciendo que una persona atienda
de buena voluntad a otra persona o grupo, haciéndolo sentir orgulloso y
satisfecho de su trabajo.
Las capacidades en el servicio son:
· El espíritu de servicio es la capacidad que una persona tiene de ir
más allá de las acciones cotidianas y de rutina.
· Cuenta con las habilidades técnicas, de actitud y aptitud para atender
las necesidades especificas de sus usuarios/clientes.
· Posee las habilidades interpersonales para tratar a los demás como
individuos integrales y no solo como necesidad, obligación o
responsabilidad.
El servicio al cliente es una filosofía en que todos los empleados
sienten y actúan para crear clientes satisfechos, leales, que atraerán
tarde o temprano a otros más.
Satisfacción se define conceptualmente como “el cumplimiento o
realización de una necesidad, deseo o gusto”, lo cual, en términos de
investigación de mercados, se podría plantear como una pregunta en
términos de si se ha cumplido o no, en mayor o menor grado, la
necesidad, el deseo o gusto que dio origen a una compra determinada.
La satisfacción del cliente es una respuesta de evaluación que éstos dan
acerca del grado hasta el cual un producto o servicio cumple con sus
expectativas, necesidades y deseos. Sensibilizarse acerca de ella sólo
tiene sentido en la medida que el proveedor esté dispuesto a cambiar su
manera de establecer una relación con ese cliente.
Podemos denominar como pilares a dichos aspectos esenciales que
contribuyen a que los resultados se puedan generar a través de los
diferentes responsables de la organización, por este motivo, resulta muy
conveniente darse cuenta, así como reflexionar acerca de cada uno de
estos:
Calidad
Cuando nos referimos a la calidad debe interpretársela a través de la
satisfacción que proveemos a cada potencial comprador, a los nuevos
clientes y a los clientes ya existentes a través de cada contacto
directo con cada uno de ellos.
Este aspecto es tan importante que su efecto es determinante en la
continuidad de la venta de los productos o servicios en cuestión y viene
proveída por la directa acción del representante de la empresa desde que
se realiza a partir del primer contacto entre la empresa proveedora y el
potencial comprador así como en todos los subsiguientes que surgirán
según la solidez del vínculo que se haya creado.
Venta - Compra
Cuando ambos conceptos se confunden hasta el punto de llegar a optar por
el más cómodo y menos riesgoso, esto se origina y sustenta por el
desconocimiento de cómo se logra que nos compren con satisfacción como
producto de una eficiente acción de ventas de calidad.
Ampliando en los detalles de la preferencia actual del consumidor, es
decir de quienes prefieren que "no les vendan", esto debería
interpretarse como que realmente no desean:
Ser atendidos de mal modo, con antipatía, sin ningún respecto a su
presencia, a su identidad como persona ni a sus verdaderos intereses; el
sentir que su presencia o llamada para efectuar una consulta molesta o
interrumpe otras actividades que pudieran estar realizando; escuchar
comentarios improvisados o que despierten dudas acerca de su veracidad;
que les ofrezcan todo el muestrario de oferta sin que sean
consultados acerca de lo que desean o requieren previamente; ser
presionados a tomar decisiones para lo cual no están resueltos ni en
condiciones; que les compliquen, dificulten o nieguen una devolución
para cambio o reintegro por fallas en el producto o servicio adquirido.
La misión suprema de toda empresa debe ser el mayor nivel de
satisfacción para sus clientes y usuarios, pues éstos con sus compras
permiten que la empresa siga existiendo y creciendo, generando de tal
forma beneficios para sus integrantes (propietarios, directivos y
empleados).
Y decimos “debe ser” y no “es”, puesto que muchas empresas no se han dado cuenta de ello aún. Enfrascadas en una orientación al producto o a la venta, dejan totalmente de lado las reales necesidades y deseos del consumidor.
La posibilidad de elección da poder al consumidor. Un
consumidor con poder se convierte en un cliente leal si se le ofrecen
productos y servicios calibrados a sus necesidades. Esto es responsable
de un cambio en el patrón del pasado, en el cual los consumidores o los
usuarios de cosas (o servicios) tenían que adaptar sus vidas a los
productos o los servicios ofrecidos.
Una empresa debe no sólo satisfacer a los usuarios de los productos o
servicios, que serán aquellos que los consumen, sino además la de sus
clientes directos y la de aquellos que conforman el canal de
distribución, como así también la del decisor final (que puede o no ser
el consumidor final).
1.- Satisface a todos y cada uno de tus Clientes.
Deberás asegurarte que cada cliente que entra en tu negocio salga
satisfecho.
Ten presente que son los clientes la única razón por la que abrimos las
puertas del negocio cada día. No existe nada más importante que un
cliente. Las tareas de depósito al banco, la decoración o mantenimiento
al local, las tareas administrativas, el chisme y la revista
interesante, en fin, todas pueden esperar, un cliente no debe esperar.
Por esta razón, un cliente nunca debe ser visto como una interrupción.
2- Deja tu vida personal en casa
Todos nosotros tenemos días en que nos sentimos estupendamente, y días
en los que queremos escondernos bajo la tierra. No debes permitir que tu
propio humor personal afecte la manera en que tratas a un cliente.
Todos esperan ser atendidos rápida, cortés y educadamente. El cliente
que entra en tu negocio no tiene idea que a ti se te hizo tarde por el
tráfico de camino hacia el trabajo o que tuviste un enojo con algún
familiar o amigo. Del mismo modo, no tiene idea de que acabas de ser
honrado con el premio al mejor vendedor del mes. El punto está en que el
cliente no debiera ser capaz de decir cual es la diferencia por el
servicio que recibe, espera ser tratado de la misma manera siempre y ése
es tu objetivo.
3- No te concentres en el salón de ventas
Es fácil involucrarse en conversaciones con otros vendedores o empleados
cuando hay poco movimiento en el local. Pero aún cuando la conversación
sea relacionada a temas de trabajo, debe concluir inmediatamente cuando
entra un cliente al establecimiento.
A veces, es intimidante para un cliente ver a un grupo de vendedores
reunidos en el negocio. Adicionalmente, esto da al cliente la impresión
de que él mismo es algo secundario a la conversación. En lugar de
interrumpir se siente frustrado, ignorado y hasta enojado, por lo que
decide ir a hacer compras a cualquier otro lado.
4- Saluda a cada Cliente
Sin importar si el negocio está lleno o hay poco movimiento, todo
cliente que entra debe ser recibido con al menos un simple "Hola".
Aunque más no sea con un simple saludo al cliente, estarás logrando dos
cosas:
La primera y más importante, le estás permitiendo saber que hay alguien
ahí que puede atenderlo. Le estás permitiendo saber que estás contento
de que haya entrado a tu negocio.
Saludar al cliente es también un resguardo contra los robos y asaltos.
La gente está menos inclinada a intentos de robar mercancía si saben que
hay alguien que está atento a su presencia.
De ser posible (y es algo que da muy buenos resultados) llama a los clientes por su nombre si son clientes frecuentes, esto les dará mucha confianza y sentirán que son importantes para ti, pero que no solo lo sientan, que sea real, con esto aumentarán los clientes leales y estos a su vez atraerán a otros,
esta es parte de la filosofía del “marketing 1 to 1”, un cliente es
una persona y debe tratarse como tal, no es un número más en la lista de
nuestra base de datos o en la estadística de ventas.
5- No califiques a los clientes por su apariencia
Simplemente por pensar que el cliente no luce como para poder comprar en
tu negocio, no cometas el error de creértelo. ¿Nunca has tenido que ir a
comprar un regalo importante justo después de lavar tu coche? ¿Has ido
en pants a comprar algún artículo caro en una tienda de marca? Todas las
posibilidades apuntan a que fuiste tratado diferente que si hubieras
seguido vestido con tu traje sastre o ropa de vestir.
Nunca podrás juzgar qué podría comprar o qué va a comprar el cliente
basándose en su apariencia. Finalmente el dinero con que compran en su
negocio tiene el mismo valor y eso es lo que cuenta.
6- Deja que el Cliente tenga su espacio
Todos tenemos una cierta medida de "espacio personal" que necesitamos
para poder sentirnos cómodos. Algunos clientes van a ser muy amigables y
abiertos desde el principio, mientras que otros se sentirán incómodos si
tratas de acercarte demasiado.
Mientras que es apropiado ofrecer tu nombre durante tu presentación ("A
propósito, mi nombre es Felipe y estoy para ayudarle"), no le preguntes
al cliente el suyo. Puede parecer una presión. Si él te ofrece su
nombre, utilízalo para dirigirte a él durante la conversación y para
personalizar la venta, ésta debe ser 3 veces como “starndar”: al
principio, a la mitad y al final al despedirse.
En esta misma línea, evita llamar a los clientes "caballero",
“dama” y peor aún “damita”. Estas palabras hacen que personas jóvenes o
de mediana edad tiendan a sentirse más viejas, además de que en México
se usa en lugares de mala nota queriendo hacer que se sientan “menos
mal” durante su estancia.
7- No interrumpas, aprende a escuchar
No debes interrumpir al cliente mientras te habla. Muchas veces un
vendedor detendrá a un cliente en medio de una frase u oración, para
decir algo que siente que es importante. Independientemente de cuán
ansioso estés para exponer ese aspecto que sabes que el cliente
simplemente va a adorar, espera hasta que haya terminado de hablar.
Recuerda, cuando el cliente está hablando, el cliente está comprando.
8- Baila al ritmo del Cliente
Adapta tu estilo al del cliente. Un tono más relajado, más sencillo
puede ser apropiado para algunos clientes, mientras que otros
responderán mejor a uno más formal.
Un gran vendedor no tiene solamente un estilo, debe ser versátil. Hay
que saber “bailar” tanto un vals como el baile de moda aunque no nos
guste, finalmente es dinero que entra al negocio, si nos gusta el HI-NRG
o el Techno y al cliente el pop y el regetón, con tal que nos compre,
debemos sacrificarnos, todo sea por vender.
9- Luce profesional, cuida tu vestuario
Ni bien ingresa en tu local, el cliente comienza a formarse una
impresión acerca de ti y tu negocio. Hay muchos factores que inciden en
sus opiniones, como tu propio humor personal o estructuras mentales, que
no puedes controlar. Por esta razón, es especialmente crucial que estés
de la mejor manera en lo que si puedes controlar: tu propia apariencia
asi como también la del local.
Deja que tu imagen transmita lo que estás vendiendo. Es extremadamente
importante que tu aspecto se adapte al estilo adecuado a lo que estás
vendiendo. La imagen es fundamental para las empresas, que lo sea
también para tu negocio porque atraerá más clientes, garantizado.
10- Muestra toda la mercancía
¿Has tenido alguna vez en el negocio algún producto que jamás te
hubieras llevado a casa, aunque fuera gratis? Bueno, simplemente porque
a ti no te gusta, no significa que a otra persona no le guste.
Debes tener siempre presente que lo que importa es lo que los clientes
quieren, no lo que a ti te gusta o piensas que es mejor. Tu nivel de
gusto o calidad puede diferir del de los clientes, eso es un hecho, pero
recuerda que, finalmente, la venta es el objetivo.
Conserva para ti mismo tus opiniones personales acerca de un tema o
artículo determinado. Escucha al cliente y ayúdalo a elegir lo que mejor
se adapte a sus necesidades e intereses, no a los tuyos.
Hay muchas maneras de hacer que la experiencia de comprar en tu
comercio
sea más placentera para el cliente. Lo que es importante recordar es que
puedes hacer la diferencia hoy, mañana será tarde, el tiempo es dinero,
no lo olvides.
Bibliografía
Nieves, Felipe. La Calidad en la Atención a Clientes. Ed. HiTEK. México
Felipe Nieves Cruz - Consultor y Capacitador de Telemarketing y Ventas en una empresa de Outsourcing en mi país, México. Estudié Contaduría y Administración en la Facultad de Contaduría y Administración de la Universidad Nacional Autónoma de México (U.N.A.M.) pero desde hace 16 años he trabajado en empresas de servicio y telemarketing, razón por la cual mi trabajo actual es sobre lo relacionado al Cliente y la Empresa. felipenc9@hotmail.com
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