Es sabido tal como nos los recuerda Nathaly Álvarez, hoy existen diversos instrumentos de gestión ambiental, de carácter económico, que permiten cofinanciar proyectos y que, a la vez, dan mayor flexibilidad para cumplir con las obligaciones ambientales.
Dentro de ellos tenemos el Mercado de Bonos de Carbono donde a nivel internacional y mediante el Mecanismo de Desarrollo Limpio del Protocolo de Kyoto, los países desarrollados podrán cumplir con sus metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero materializando inversiones en proyectos que reducen dichas emisiones, especialmente relacionados con energía, transporte, agricultura y silvicultura, y manejo de residuos.
Y dentro del mercado local es manejado como Proyecto de Ley de Bonos
de Descontaminación, que permitirá que los titulares de las fuentes con
mayor responsabilidad en la contaminación local, puedan optar entre
efectuar inversiones en sus propias fuentes o comprar bonos de
descontaminación generados por la reducción de contaminación efectuada
en otra fuente, con menores costos de abatimiento.
Todo esto del mecanismo de bonos de carbono ofreciendo incentivos
económicos trata de que si una empresa es capaz de disminuir sus
emisiones de CO2 puede vender esta reducción a países desarrollados que
se encuentren obligados a emitir menos gases, generando beneficios para
la sociedad. Estos países también podrían cofinanciar los proyectos de
captura o abatimiento de estos gases en otras naciones, acreditando
tales disminuciones como propias. Es así que hoy en día se transan bonos
de carbono.
Además cuya finalidad es controlar la emisión total de uno o más
contaminantes y establece mecanismos y procedimientos relativos a la
asignación de los cupos de emisión, la creación de los bonos de
descontaminación, y las características del régimen de transacción de
éstos, en una zona geográfica determinada. En términos más simples, los
bonos de descontaminación generan un permiso de contaminación ambiental,
permitiendo a un receptor cualquiera tener el derecho de emitir en
cualquier lugar, siempre y cuando el incremento de la contaminación de
dicho receptor no exceda la cantidad permitida.
Partiendo de todo lo anteriormente expuesto considero, que el uso de
este mecanismo en Venezuela traería beneficios, dando inicio desde el
hecho de que nosotros cada vez atentamos mas contra nuestro medio
ambiente destruyéndolo el cual nos ha traído grabes consecuencias, una
de las consecuencias es la escasez de agua que hoy afecta a una buena
parte de la población venezolana, tanto para el consumo doméstico, como
para la irrigación de tierras agrícolas o la producción de energía
eléctrica. Otra consecuencia de la deforestación incluyen: la pérdida
del patrimonio biológico del país; aumentos en la frecuencia e
intensidad de sequías e inundaciones, con daños a la producción
agrícola, represas hidroeléctricas, sistemas de irrigación, vías de
comunicación, empresas y hogares; erosión y pérdida de la fertilidad de
los suelos; y crecientes dificultades en el suministro de leña,
alimentos, medicinas, materiales de construcción y otros productos
tradicionalmente suministrados por los bosques a comunidades indígenas y
campesinas. Las altas tasas de deforestación implican que Venezuela es
también uno de los países con mayores emisiones de gas carbónico por
habitante de América Latina. En 1995 Venezuela emitía aproximadamente
240 millones de toneladas de gas carbónico (CO2). La mitad por el
consumo de energía, y la otra mitad por la destrucción de los bosques
naturales del país. Las emisiones de gas carbónico por habitante son muy
superiores a los de países en niveles similares de desarrollo. Lo cual
nos proporciona grandes ventajas.
Mónica Figueredo, por su parte opina, que el Protocolo de Kioto de 1997
formalizó un acuerdo internacional fundamentalmente destinado a reducir
la dependencia de la economía mundial del consumo de combustibles
fósiles: petróleo, gas y carbón.
Los bonos de carbono es un mecanismo que nació al alero del protocolo de
Kyoto, el cual obliga a que los países desarrollados reduzcan sus Gases
Efecto Invernadero (GEI)
Para cumplir con sus metas de reducción de emisiones, los países
desarrollados pueden financiar proyectos de captura o abatimiento de
estos gases en otras naciones -principalmente en vías de desarrollo-,
acreditando tales disminuciones como si hubiesen sido hechas en
territorio propio. Esto abarata significativamente los costos de
cumplimiento.
En concreto, esto significa que una empresa venezolana que disminuye sus
emisiones de CO2 puede vender esta reducción a empresas de países
desarrollados que estén obligadas a emitir menos GEI, generando
beneficios tanto económicos como ambientales.
Ello significa que una empresa venezolana que disminuye sus emisiones de
CO2 puede vender esta reducción a empresas de países desarrollados que
estén obligadas a bajar sus emisiones de GEI.
El mercado de carbono se viene desarrollando a nivel mundial desde 1996,
pero sólo en los últimos años adquirió mayor fuerza. Se estima que sólo
en el año 2002 se transaron bonos equivalentes a 70 millones de
toneladas.
Durante la Cumbre de Río en 1992 la Convención sobre Cambio Climático
había establecido la meta de alcanzar en el 2000 los mismos niveles de
emisiones de 1990. Sin embargo, ese objetivo quedaba fuera de realidad
frente a las divergencias de los intereses económicos nacionales,
sobretodo entre los de países de mayor poderío, y así se confirmó
durante la Cumbre de Kioto en 1997.
Durante la cumbre de Buenos Aires (1998) se estableció el plan de acción
correspondiente a ese protocolo. Así, la verdadera fuerza derivada de
Kioto ha sido el consenso sobre la aplicación de un sistema de comercio
que guíe la negociación y el conflicto alrededor del proceso de
abatimiento de los niveles de emisiones.
El factor articulador de este mercado será el circuito de compraventa
de "derechos de emisión" entre países. Además, podrán también cumplir
parte de sus compromisos financiando proyectos de eficiencia energética
o fijación forestal de CO2 en otras naciones. La reforestación que
cualquier país industrializado haya realizado a partir de 1990
contabilizará para restar al CO2 emitido por la industria o el
transporte, lo cual dará como resultado una emisión neta, que es la que
se contabiliza para el citado protocolo.
La reconversión ambiental con las tendencias que ejemplifica el modelo
de Kioto se convertirá en otra de las brechas estructurales que
definirán la existencia de un mundo desarrollado y un conjunto de países
en desarrollo, a menos que éstos construyan sus propias instituciones
que los representen en el mercado ambiental global. Esta
representatividad quiere decir interdependencia pero también negociación
de los actores nacionales frente a los internacionales para aprovechar
nacionalmente la globalización de intereses.
El ambiente representa ya un nuevo paso en la organización de la
economía mundial por parte de grandes empresas y obliga a los países en
desarrollo a definir si sus mercados serán absorbidos del modo
tradicional del siglo XX o bien si endógenamente se construirán
mecanismos de interacción innovadores con la economía mundial en el
siglo XXI.
La comercialización de estos bonos me parece que es una manera poco
ética de los países industrializados de cumplir con el compromiso de
disminuir emisiones, y que van a jugar un rol importante para aquellos
países en vías de desarrollo que no tienen esos problemas ambientales a
corto plazo.
Coincido y me permito citar al Dalai Lama cuando en su libro “ El arte
de vivir en el nuevo milenio” nos menciona: “Nuestras conquistas
tecnológicas son tales hoy en día que nuestras actividades tiene un
efecto inapelable sobre el medio ambiente…, Desarrollar una noción de
responsabilidad universal, de la dimensión universal que tiene cada uno
de nuestros actos y del idéntico derecho que tienen todos los demás a la
felicidad…, equivale a desarrollar una actitud en razón de la cual
cuando vemos una oportunidad de beneficiar a los demás las emprendemos
sin tener en consideración la mera búsqueda de nuestros estrechos
intereses particulares”.
De la misma manera recuerda que los países mas pobre se ven afectados
por los excesos de los países más ricos y de su polución resultante de
sus toscos medios tecnológicos.