El negocio bancario tradicional está cambiando. De ser captadores de
depósitos (de individuos y empresas) y prestamistas de dichos fondos
(negocio de spread o diferencia entre tasa pagada a los ahorristas y
tasa cobrada a los tomadores de crédito) los bancos comerciales están
pasando de a poco a ser originantes de carteras de crédito (personales,
prendarios, hipotecarios, tarjetas de crédito) que luego comercializan
en la bolsa a través de fideicomisos financieros generalmente por ellos
administrados.
La nueva operatoria se denomina securitización, y consiste en la emisión
de títulos respaldados por dichas carteras de crédito, que les permite a
los bancos obtener fondos frescos que nuevamente originarán créditos que
posteriormente se volverán a securitizar (o titulizar, son sinónimos)
dando continuidad al ciclo. Es decir, del negocio de spreads, los bancos
están pasando al negocio de las comisiones: por administar carteras
securitizadas, por administrar fideicomisos financieros, entre otros
nuevos nichos de mercado.
¿Y ésto es bueno o es malo? Sin dudas, para la liquidez de nuestro
sistema financiero es muy bueno. Porque ayuda a superar un viejo trauma
de nuestra banca minorista, el descalce entre depósitos y créditos del
sistema. Sucede que los bancos toman depósitos (cuenta corriente, caja
de ahorro, plazo fijo) generalmente a plazos menores al año y dan
créditos en muchos casos con plazos muy superiores al de dichos
depósitos, poniendo en riesgo la capacidad de respuesta del sistema ante
corridas bancarias. ¡Si sabremos en Argentina de corridas bancarias!
Según el sitio Notibancos.com, los fideicomisos financieros son
instrumentos que hoy presentan un creciente grado de aceptación en la
plaza local para ser utilizados como alternativa de financiamiento (por
los fiduciantes) o bien como alternativa de inversión (por los
beneficiarios). Tal es así que en 2005 el volumen de emisión de estos
instrumentos triplicó al del año anterior.
Durante 2005, la estructuración de fideicomisos financieros alcanzó los
$ 5.147 millones en todo el país, cifra que equivale al 35% del
incremento que registraron los préstamos al sector privado en ese mismo
período. En tal sentido, cabe señalar que en la actualidad el stock
vigente de fideicomisos financieros ya representa más del 10% del stock
de préstamos bancarios al sector privado. Y la tendencia es hacia el
crecimiento sostenido en los próximos años.
¿Pero qué es esto de fiduciantes, beneficiarios, etc? El fideicomiso
financiero se estructura alrededor de tres actores básicos:
ü el fiduciante: (o sea la entidad que originalmente otorga el préstamo,
generalmente un banco, pero también casas de electrodomésticos, empresas
de tarjeta de crédito, etc.),
ü el fiduciario: (la entidad, generalmente un banco, que se encarga de
la emisión de títulos-valores respaldados por las carteras de crédito
originadas por los fiduciantes, incluyendo préstamos relativamente
homogéneos -similares tasas, plazos- de distintas provincias,
individuos, etc.)
ü el beneficiario: (los inversores en los títulos emitidos por los
fideicomisos, títulos que como dijimos están respaldados por el flujo de
fondos de las carteras de crédito originales)
Los bancos como fiduciantes
Según un informe del BCRA, los bancos vienen participando fuertemente
como fiduciantes. Por ejemplo en 2005 el ranking (en función al volumen
de emisión) era: primero los bancos con un 62% del volumen emitido,
seguidos por las compañías de venta minorista (Frávega y otros) con un
19%, y luego, por las entidades financieras fuera de la órbita del BCRA
con un 15% y por otras instituciones con un 4%.
El mismo informe del BCRA señala que los activos más utilizados para
estructurar estas obras de ingeniería financiera son: los créditos
personales (42%), los cupones de tarjetas de crédito (11%), los
préstamos hipotecarios (10%), préstamos comerciales (10%), y otros
activos (27%).
Los bancos como fiduciarios
En segundo lugar los bancos también manejan otra de las patas de este
negocio (la administración del fideicomiso), el 93% de los fondos que
conforman los fideicomisos financieros vigentes hoy son administrados
por bancos, lo que les redunda ingresos vía comisiones por dicha tarea.
Los bancos como beneficiarios
En tercer lugar, los bancos también son los grandes inversores en dichos
instrumentos (beneficiarios), según el BCRA quienes más invierten en
fideicomisos financieros son: los bancos con un 60% del stock, seguidos
por las AFJP con un 8% del stock y los fondos comunes de inversión con
un 3%. El 29% restante se encuentra muy atomizado en poder de compañías
de seguros, empresas, personas físicas e inversores del exterior. Y,
para un banco, ser beneficiario de un fideicomiso financiero es muy
distinto a ser acreedor de una cartera de créditos propia: es mucho más
rápido negociar títulos valores en la bolsa y hacerse del cash que
esperar a que sus deudores paguen hasta la última cuota de los créditos,
o bien tener que caer en el BCRA para redescontar carteras de crédito,
en caso de necesidad para hacerse de fondos en caso de iliquidez
transitoria.
Mendoza
Si bien no hay datos por provincias, Mendoza casi seguramente no es
ajena a esta tendencia. La mayor parte de las casas bancarias presentes
en nuestra provincia son sucursales de casas centrales de Bs. As., lo
que muy probablemente implica que parte de las carteras crediticias
generadas en Mendoza hoy estén integrando los distintos fideicomisos
financieros diseñados vía el mercado de capitales porteño.
Conclusión
Las cifras expuestas ponen en evidencia que el protagonismo de los
bancos es fuerte en los tres pilares del negocio, ya que se destacan
como fiduciantes, como inversores-beneficiarios y como fiduciarios o
administradores. La revolución es silenciosa, pero de a poco los bancos
están combinando el negocio de spread (diferencia entre tasa activa y
tasa pasiva) con el de las comisiones de los fideicomisos. El negocio de
spread los obliga a tener que prestar fondos y mantener dichas carteras
en sus activos por plazos superiores al de sus depósitos, con el
consiguiente riesgo de descalce (iliquidez), es decir de no poder hacer
frente a corridas bancarias. Sin embargo, desde que llegó la
securitización a la Argentina (mediados de los ’90) los bancos ya no
necesitan mantener carteras “descalzadas” en sus activos, las pueden
titulizar y hacerse de fondos frescos, lo que implica un cambio en su
negocio, a lo cual dichas entidades deberán adaptarse. Pero para la
economía como un todo, la securitización y los fideicomisos financieros
son una muy buena noticia en lo que respecta a evitar futuras corridas
bancarias.