Este ensayo presenta un breve antecedente histórico que permite formular
cual es el objeto de la Política para a partir de éste, desarrollar el
planteamiento del problema de la socialización de la Política.
Para los sofistas la Política era el arte de poder persuadir mediante la
palabra. Persuadir no significa tener la verdad, sino poner la palabra
al servicio de unos intereses y así concebir las leyes como
convencionalismos que los hombres adoptaban para vivir en sociedad de
manera diferente a como lo hacen los animales y en donde el más fuerte
se aprovecha del más débil.
Sócrates en cambio, se preocupó por la búsqueda del fin o propósito del
hombre, en encontrar el objeto del ser humano, que si bien Sócrates no
definió, en este ensayo es, el de hacer posible que el hombre viva en
sociedad; o al decir de Arent (1997) en las siguientes citas: “La
Política se basa en el hecho de la pluralidad de los hombres…”. “La
Política trata del estar juntos y los unos con los otros de los
diversos. Los hombres se organizan políticamente según determinadas
comunidades esenciales en un caos absoluto, o a partir de un caos
absoluto de las diferencias. En las mediadas que se construyen cuerpos
políticos sobre la familia y se los entiende a imagen de ésta, se
considera que los parentescos pueden, por un lado, unir a los más
diversos y, por otro, permitir que figuras similares a individuos se
distingan las unas de las otras”, p.45.
Resulta así que es la Política la que hace posible la vida del hombre en
sociedad, respetando la individualidad y las diferencias que de tal
individualidad se desprende, es al acuerdo al que se llega mediante la
Política y gracias a ella se promueve el gobierno de la sociedad por el
Estado.
Lo expuesto permite afirmar que la Política, hay que ubicarla dentro de
las denominadas ciencias sociales y que se ocupa del estudio de las
relaciones entre gobernantes y gobernados en donde el elemento poder,
tiene especial importancia en los actuales tiempos en donde se
desarrolla “la coacción por encuadramiento colectivo” (Cruz 1994, p.12),
al igual que las noción de legitimidad y gobernabilidad, que derivan del
consenso y la aceptación alrededor del gobernante.
El elemento poder, las relaciones gobernante-gobernados, no tienen vida
propia, surgen de la participación de los asociados, de la socialización
que estos hagan de lo público, de los intereses colectivos que han de
garantizar los intereses particulares.
A partir de lo dicho se puede ensayar la elaboración de un concepto que
exprese lo que se puede entender por socialización de la Política:
proceso de aprendizaje por medio del cual el ciudadano interpreta las
expresiones o símbolos de la Política vinculándose a los procesos
relacionados con la vida pública.
El concepto socialización Política se puede tomar en dos sentidos, en el
de intervenir en los centros del gobierno de una sociedad y participar
en la toma de decisiones. El otro sentido, socializar la Política de
manera individual o en grupo pero sin pretender influenciar en la toma
de decisiones que se adoptan en los centros de poder político.
Este tipo de socialización Política es lo que comúnmente se conoce, como
lo dice Arzaluz S. (1999) con el calificativo de participación social,
popular o comunitaria.
La socialización política es un acto social, colectivo y es producto de
una decisión personal por lo que resulta ser el producto de la
influencia de la sociedad sobre el individuo y de la voluntad de este,
de influir en la sociedad. Por ser un acto individual la socialización
de la Política no se da de igual manera en todas las personas.
La socialización Política es un proceso social que genera la interacción
de diferentes actores, bien sean estos colectivos o individuales en la
definición de su destino social.
Son fuentes de socialización política, escribe Jacqueline Peschard en
“La cultura Política democrática”: 1) la relación entre los roles que
una persona juega en la sociedad y en la política; y 2) la relación
entre las experiencias que se tienen con la Política.
Al estudiar la socialización de la Política a la luz de la teoría de la
acción razonada (Fishbein 1975), encontramos unos factores de
personalidad en los comportamientos políticos y factores o influencias
sociales o del entorno, y factores que podemos llamar circunstanciales,
que inciden en el pensamiento político de los asociados. Esta
complejidad hace que se tengan diferentes consideraciones con relación a
la política y el interés en socializarla.
Las circunstancias o situaciones que se presentan en el entorno político
juegan papel importante en las actitudes y creencias de las personas en
sus procesos cognoscitivos. De ahí que la familia, la educación, la
religión, por ejemplo, se constituyen en potenciales de la transmisión
de actitudes que influyen en la socialización de la Política, de tal
suerte, resulta utópico pretender dar respuesta única que explique la
concepción que el hombre individual posea sobre los asuntos relativos a
la vida pública y más aun lo es, si tal explicación no cuenta con el
soporte de una teoría o enfoque psicológico para saber de las
motivaciones del individuo en la elaboración de los procesos de
socialización de la Política.
DelVal (1999) trae un aporte importante sobre los determinantes del
desarrollo humano, explicando las razones por las cuales las personas
ejecutan o se abstienen de ejecutar determinadas conductas, las cuales,
guardan relación con el tema de la socialización de la Política. Son
estos determinantes el “hereditarismo” y el “ambientalismo”, entendiendo
por lo primero el factor biológico que se manifiesta por los rasgos, las
disposiciones de la persona que se derivan de los factores hereditarios,
por lo que muchas de las conductas del individuo son semejantes a la de
los padres. El determinismo ambiental es explicado como la influencia de
la experiencia en el proceso de formación del individuo, siendo este
producto de la influencia del ambiente, esta relación con lo cultural es
factor determinante en el desarrollo de las personas.
Según Pizarro (1997), la necesidad de contribuir a la formación
democrática del individuo desde su primera infancia contribuye al
fortalecimiento de la democracia y a la convivencia social y política.
Queda claro con lo expuesto que la disposición a la socialización de la
Política en los individuos está mediada por las intervenciones de la
familia y de la escuela en las prácticas democráticas, circunstancia que
en el caso de Colombia, ha comenzado a ser tenida en cuenta en el
gobierno escolar, por ejemplo, con la escogencia del personero en las
instituciones educativas y el proyecto educativo institucional de cada
establecimiento educativo de educación básica primaria y secundaria.
Las actitudes de afecto y confianza que se le brinden al niño son muy
importantes para que cuando adulto, socialice la Política así como la
existencia desde el inicio de su desarrollo de condiciones sociales
tales como creencias y valores culturales que favorezcan la
socialización de la Política.
Las actitudes a las que se ha hecho referencia, al igual que las
creencias y valores culturales, se transmiten al individuo por las
ritualizaciones (Di Caprio 1992), las que define como “patrones
repetitivos de conducta característicos de una sociedad en particular”
p.176.
Participar en los diferentes procesos ciudadanos de socialización de la
Política, debe producir en la persona la gratificación propia de haber
trascendido en el otro, de haber contribuido en la construcción de un
colectivo social.
El problema radica entonces, en que no todos los asociados ven en el
Estado la organización que garantice el supremo Bien Colectivo, ni como
el garante del respeto a la igualdad en el ejercicio de los derechos
ciudadanos. La percepción es hoy, todavía, que “la ley es para los de
ruana”. Esta percepción del ciudadano en su relación con las
instituciones del Estado, le aleja de la socialización de la Política,
de los asuntos públicos. Vale decir, que las tesis de Albert Bandura
parecen tener pertinencia al abordar este problema de las motivaciones
en el ejercicio de la socialización de la Política si se parte de la
afirmación que en definitiva, el comportamiento ciudadano depende de los
factores personales, como la motivación, así como del ambiente.
Al plantearse el ciudadano el problema de que no existen buenas razones
para participar en la vida pública, ni personajes de ella dignos de
imitar, las motivaciones de los asociados son orientadas a la búsqueda
de la satisfacción de sus necesidades por fuera del ámbito de lo
político, puesto que las instituciones estatales y quienes gobiernan o
ejercen el poder en su nombre, no consultan el Bien Común. Aquí se
agudiza el problema de la socialización de la Política.
En conclusión, el problema de la socialización de la Política no es solo
un asunto de educación y contenidos curriculares, en el también
interviene el concepto que el individuo se ha formado de ella como
resultado de factores culturales que determinan en gran medida, el grado
de participación o no del asociado en los asuntos relacionados con la
Política.
Bibliografía
Arendt Hannadt. “Qué es la Política” Editorial Paidós, Barcelona, 1997,
p. 46
Arzaluz. S. Socorro. “La participación ciudadana en el gobierno local,
algunas reflexiones teóricas sobre el concepto” 1999
Cruz Juan “¿Qué es la Política?” Publicaciones Cruz México 1994.
DelVal Juan. “El desarrollo humano”.Siglo XXI de España editores 4ª
edición 1999 p. 76.
DiCaprio, Nicholas S1992 Teorías de la personalidad. México D.F.:
Mcgraw-Hill.
DiCaprio, Nicholas S1992 Teorías de la personalidad. México D.F.:
Mcgraw-Hill.
Fishbein Summarising Fishbein and Ajzen 1975, Ajzen and Fishbein 1980
Fishbein, Middlestadt and Hitchcock 1991 Universidad de Illinois.
http://www.comminit.com/la/teoriasdecambio/lacth/lasld-335.html
Peschard Jacqueline “La cultura política democrática”.
htpp://www.ife.org.mx/InternetCDA/estaticos/DECEYEC
/la_cultura_politica_democratica.htm#V1
Pizarro Crisóstomo; Palma Eduardo. “Niñez y democracia”. Editorial
UNICEF 1997.