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La etimología de la palabra trabajo no está ciertamente definida.
Algunos autores consideran que deriva de la palabra tripalis que
significa sostenido por tres palos o estacas y que dio origen al
tripallium, instrumento de tortura de tres palos. En tanto que otros
sostienen que la palabra labor, utilizada como sinónimo de trabajo,
proviene del griego labeo, que significa vacilar bajo un gran peso.
Es posible sostener entonces que en sus orígenes la acción de trabajar
fue relacionada con sacrificio, pena y sufrimiento.
Conceptos que se fueron modificando a través del tiempo a medida que
evolucionaron las condiciones laborales. Si bien en el imaginario
colectivo el esfuerzo que demanda trabajar es considerado, aún hoy, como
un sacrificio.
El hombre en el trabajo
El hombre es un ser indigente con obligaciones que debe satisfacer. Para
saciar esa apetencia necesita realizar una actividad (trabajo) a fin de
transformar los recursos que le brinda la naturaleza y que deben ser
explotados. Se trata de un combate ininterrumpido que nació con él y
cuyas primeras etapas están jalonadas por el descubrimiento del fuego,
el uso de los instrumentos de piedra, el cultivo de la tierra, el empleo
de animales domésticos, etc. Pero cuenta además con un recurso
valiosísimo, su inteligencia, a través del cual está en condiciones de
transformar y convertir todos los recursos naturales.
Esa tarea exige actividades de investigación para descifrar las leyes
naturales, los estilos de comportamiento que impone la vida social:
modas, estilos, creencias, y el desarrollo del conocimiento para
aplicarlos a la realidad, a través de la producción de bienes y
servicios. Esta acción se transmite mediante el proceso educativo por el
que las generaciones heredan el patrimonio cultural, científico y
técnico de sus antecesores. Trabajo y educación unidos dinamizan las
habilidades y operan cambios.
Para tratar de comprender esos cambios analizaremos la evolución de las
condiciones de trabajo en dos etapas claramente diferenciadas, la
primera antes de la irrupción de la revolución industrial y la segunda a
partir de ésta. Y una tercera, haciendo referencia a los actuales
cambios y transformaciones operados por la globalización económica de
los mercados.
PRIMERA ETAPA
Apropiación.
En la antigüedad el trabajo humano se caracterizaba por atender
solamente elementales niveles de subsistencia en la que cada familia
procuraba satisfacer sus propias necesidades. La organización social
estaba compuesta por clanes y tribus donde la caza, la pesca, y la
recolección de frutos que espontáneamente se producían constituían la
forma de trabajar.
Agricultura y pastoreo.
El avance de la civilización y la aparición de organizaciones sociales
caracterizadas por el asentamiento de las familias, impuso la
realización de tareas agrícolas y ganaderas. Los instrumentos de
producción que se utilizaban dependían de la fuerza muscular del hombre,
que era ayudado por los animales a los que había logrado domesticar. El
jefe de la familia era secundado por todos los miembros y trabajaban
mientras hubiese luz solar, por cuanto vida y trabajo se confundían en
un mismo concepto: el campesino construía su vivienda, fabricaba y
reparaba sus enceres y herramientas y se procuraba la alimentación.
Esclavitud.
En forma paralela y como resultado de las continuas guerras de
conquista, se fue generando la esclavitud. Los derrotados eran tomados
prisioneros para ser utilizados como esclavos en minas, talleres o
reparación de caminos. En esa época lo habitual para evitar peligros y
molestias era matar al prisionero, por lo cual la esclavitud llegó a ser
considerado como un acto humanitario, que incluso fue reglamentado por
el Derecho Romano. Es decir: la esclavitud era una pena de muerte
conmutada en cautiverio. Los esclavos eran considerados como una cosa u
objeto (a la manera de las bestias de carga) y no como seres humanos y
como tal su fuerza de trabajo era alquilada, siendo la utilidad de la
locación para el dueño del esclavo.
La posesión de esclavos era un hecho habitual, natural, considerado
lógico, en tanto que la idea de establecer la abolición de ese estado de
cosas era considerada como artificial e impracticable. Quién sentó el
principio básico que destruye toda la estructura de la esclavitud fue el
cristianismo al establecer la igualdad sustancial de todos los hombres,
que por cuestión de intereses fue concretada recién en el siglo IXX.
Servidumbre.
Al llegar la Edad Media (período comprendido desde la caída del Imperio
Romano de Occidente, año 476, hasta la caída de Constantinopla en poder
de los turcos otomanos, año 1453) las costumbres se modifican: la
organización feudal de la sociedad atenúa las características de la
esclavitud al sustituírla por la servidumbre.
Los hombres se agrupan alrededor de alguien sumamente poderoso
celebrando un contrato de alianza - foedus - por el cual el señor feudal
se compromete a proteger y defender a los siervos y sus familias a
cambio de la obligación de éstos de prestar servicios, por lo general en
trabajos agrícolas. El siervo estaba ligado a la tierra que cultivaba y
compartía con el señor feudal los frutos obtenidos, y en caso de cesión
de la tierra a otro dueño la transacción comprendía al siervo que en
ella trabajaba.
Artesanado.
Paulatinamente y como consecuencia del desarrollo de las ciudades se van
formando grupos de personas que pertenecían a un mismo gremio: herrero,
talabartero, platero, etc. constituyéndose así las corporaciones,
instituciones características del medioevo originadas en el siglo once y
que se desarrollan notablemente en el siglo doce, en las cuales se
establecían condiciones de trabajo minuciosas y obligatorias para todo
el gremio.
La producción se realizaba fundamentalmente en forma familiar y aquellos
que no pertenecían a la familia del maestro vivían con él como si lo
fueran. Los integrantes de las corporaciones trabajaban en pequeños
talleres y de acuerdo a rigurosas reglas del oficio, siendo la jornada
de trabajo de sol a sol. La característica principal del artesanado
radicaba en que el productor era propietario de los sencillos
instrumentos que utilizaba y quién ponía su esfuerzo de trabajo. Además
era más importante la pericia del trabajador que la acción de los
instrumentos, a tal punto que la cantidad y calidad de la obra dependían
de la aptitud del artesano.
Es en esta época que surgen los primeros elementos de la división de
capital y trabajo, que habrán de acentuarse en la etapa siguiente: las
materias primas las adquiría quién efectuaba la primera fase del proceso
(por ejem. el pañero en la industria textil), y luego pasaban por manos
de quienes completaban las etapas subsiguientes (hilanderos, tejedores,
limpiadores, tintoreros) hasta llegar el empresario que colocaba el
producto en el mercado vendiéndolo al mejor postor.
CONQUISTA Y DESARROLLO AMERICANO
La ocupación de Constantinopla por parte de los turcos otomanos en 1453
cortó la ruta que permitía el comercio entre Oriente y Occidente y los
reinos más poderosos comenzaron a pensar en vías alternativas.
El avance de la técnica fue notable. La inventiva naval diseñó la
carabela, que combinaba velas cuadradas y triangulares con un moderno
timón. Además de valiosos instrumentos de navegación, como la brújula
(traída de China), el estrabolario (inventado por los árabes), y el
sextante. Fue así que Portugal inauguró la ruta de Africa que conducía
al Lejano Oriente, en tanto que España estaba en condiciones de
emprender una gran empresa marítima, comercial y militar.
A fines del siglo XV en la Europa la mayoría de la gente vivía en la
miseria. En las ciudades las condiciones de higiene eran pésimas y eran
frecuentes las pestes, siendo el promedio de vida de 35 años. La gente
comía lo que podía y por eso se hacían tan necesarias las especias, para
conservar las carnes y dar sabor a las comidas.
Descubrimiento de América
Es entonces cuando, en 1492, Cristóbal Colón descubre América. La suya
fue una empresa exclusivamente comercial y tuvo como fin hallar una ruta
hacia los países asiáticos productores de especias. Los primeros
habitantes del continente americano habían llegado de Asia y Oceanía
300.000 años antes. A la llegada de Colón existían sociedades urbanas
con grandes y bellas ciudades, como la de los aztecas en el valle
central de México, y la de los incas, en los Andes centrales. Los incas
crearon un imperio que llegó a ocupar gran parte de los actuales países
de Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina.
Las invasiones españolas, más conocidas como el descubrimiento de
América, provocó la irrupción de aventureros deseosos en participar en
actividades de exploración de las nuevas tierras. Sus intereses, además
de la conquista, fue minero y esclavista: poseer el oro y la plata se
convierte en obsesión ante la demanda de metal precioso por parte de las
potencias de la época. Es un período signado por el ataque a las
civilizaciones indígenas.
En el choque bélico de la conquista, contra la superioridad numérica y
el conocimiento del terreno que poseía el indio, el español tuvo a su
favor la superioridad del armamento y la disposición a atacar y dominar
despreciando la muerte.
Los nativos fueron esclavizados y estaban obligados a entregar todo el
oro que encontraran, a quienes no lo conseguían o se negaban a
satisfacer la apetencia de sus captores se les cortaba las manos, en
tanto que aquellos que huyeron a la montaña fueron cazados con perros.
Fue luego del año 1500 y ante las noticias de baja notable en la
población sometida (tan sólo 10 años después del descubrimiento), es que
los Reyes de España dieron instrucciones para tratar a los indios como
súbditos y vasallos de los Reyes y no como esclavos, y proveer los
medios de instruírlos en la fe cristiana. Instrucciones que rara vez
fueron observadas por los conquistadores.
Fundaciones de Buenos Aires
En 1516, el español Juan de Solís desembarcó en las costas del Río de la
Plata, pero los indígenas se resistieron a su intento de conquista y la
expedición fracasó.
A principios de 1536 llega la flota del adelantado Pedro de Mendoza
"para conquistar y poblar las tierras que hay en el Río de Solis,
llamado de la Plata", a lo que luego sería Buenos Aires, en ese entonces
habitada por los indios Querandíes, que significa "hombres o gente con
grasa" ya que en su dieta diaria consumían grasa de animal. Físicamente,
los querandíes eran bien proporcionados, de elevada estatura y sumamente
belicosos. Vestían un abrigo de cuero, similar al quillango; las mujeres
también usaban una falda que cubría su cuerpo hasta las rodillas.
De vida semi sedentaria, agrupaban sus toldos de cuero junto a las
aguadas en las épocas de frío, y en verano hacían sus correrías o
incursiones hacia el interior.
Eran buenos corredores -cazadores, con arco, flecha y boleadora cazaban
perdices, venados, codornices y ñandúes- Su industria era la alfarería.
Desde el primer momento se mostraron amistosos y obtuvieron mercancías
españolas a cambio de alimento proveniente de la caza y la pesca; pero,
repentinamente, optaron por interrumpir el contacto y el alimento
comenzó a escasear entre los españoles. Con el fin de robarles comida y
de someterlos Pedro de Mendoza organizó una expedición militar, fue así
que el 15 de junio de 1536 tuvo lugar una cruel batalla en las márgenes
del Río Luján en la cal los españoles fueron derrotados. A partir de ese
momento Buenos Aires quedó a merced del hambre y de los esporádicos
ataques de los querandíes, quienes a fines de ese mes iniciaron el cerco
de Buenos Aires y la situación de supervivencia empeoró para los
españoles. Los indios fueron finalmente dispersados pero en la lucha
murieron cerca de cuarenta españoles y aproximadamente unos mil indios.
Los indios sobrevivientes se aliaron a otros y destruyeron la recién
fundada ciudad.
Será otro Conquistador español, Juan de Garay, quien en 1580 arribó con
el propósito de colonizar los territorios del sur y poblar la costa,
llevando a cabo la segunda fundación de Buenos Aires, a la que llamó
Santísima Trinidad y a su puerto Santa María de los Buenos Aires.
Otras conquistas y colonizaciones
De manera casi simultánea se verifican notables progresos en el arte de
la navegación como así también el descubrimiento de nuevas tierras. Es
así que España, Francia, Dinamarca, Suecia, Inglaterra, Escocia y
Austria, impulsaron la creación de compañías de comercio, hecho que
generó que se incrementara en forma notable el comercio por vía
marítima, y consecuentemente los depósitos de dinero y los bancos.
El 31 de diciembre de 1600 el reino de Inglaterra autorizó a 125
accionistas el funcionamiento de la Compañía de las Indias Orientales,
otorgándole amplias facultades tales como hacer la guerra y la paz,
acuñar moneda, y poseer facultad para actuar en los ámbitos criminal y
civil en las tierras que ocupaba. Otras dos compañías, que se
encontraban asentadas en Londres y en Plymouth, fueron responsables de
la colonización de Virginia y Nueva Inglaterra, que fue el impulso
inicial para lo que más tarde se constituyó en los Estados Unidos de
América, en tanto que la Compañía Real Africana, fundada en 1672, se
dedicó casi con exclusividad al comercio de esclavos. Los negros
africanos trabajaron como esclavos en las minas de Potosí cuando los
indios habían casi desaparecido por la explotación a la que fueron
sometidos.
Las acciones tendientes a la colonización del nordeste de Brasil fue una
operación comercial de Mauricio Nassau quién, en su carácter de agente
de la Compañía de las Indias Occidentales de los Países Bajos, tenía
derecho al 2% de las ganancias. Esta empresa fue creada en 1631 y en sus
orígenes fue integrada por 6.000 accionistas. Lógicamente esos criterios
comerciales no eran compartidos, entre otros, por Antonio Vieira, quién
obtuvo que Portugal creara la Compañía General de Comercio. Esta empresa
fue la encargada de armar la flota que luchó contra las fuerzas
holandesas e impulsó la colonización portuguesa del Brasil.
Casi todas esas compañías poseían gran espíritu comercial, realizaban
asambleas, distribuían dividendos y se conducían con atributos de
sociedades anónimas. Los comerciantes, como integrantes de una
corporación, organizaban su abastecimiento, sus inversiones, las
modalidades de venta, y negociaban con reinos, competidores extranjeros
y otras corporaciones.
Un célebre cuadro de Rembrandt, pintado en 1662, llamado Los síndicos de
la corporación de pañeros, refleja las difíciles alternativas de una
reunión del consejo de administración de una corporación.
El Río de la Plata
Todo el proceso económico estaba pensado en función de España. La idea
de una América autoabastecida o industrializada era contraria a las
concepciones económicas de la época. Se trataba de crear para España el
monopolio de todo comercio y navegación entre la metrópolis y las
Indias.
Las disposiciones españolas en lo referente a las vías de acceso y los
lugares de interior favorecían a Lima, puerta de entrada al virreinato
del Perú. De allí que las incipientes industrias locales se percibían
como competitivas de las españolas y por lo tanto inconvenientes.
El férreo control impuesto por España no impidió que en forma paulatina
y merced al esfuerzo de los habitantes se verifique en el Río de la
Plata cierto crecimiento económico que se tradujo en lento desarrollo de
la actividad comercial, y de producción de materias primas. Este
incipiente desarrollo industrial se encontraba en el interior y
vinculado económicamente a Lima.
El monopolio español estaba al servicio de la obtención de plata y oro.
Todo lo obtenido salía del puerto de Lima hacia Portobelo y luego a
Sevilla. En tanto que las mercancías que llegaban al continente
recorrían un largo camino desde Sevilla, al istmo de Panamá y de allí a
Lima, para recién luego ser transportadas por tierra al litoral, por lo
que casi todo lo vinculado a las necesidades primarias del interior:
telas, harinas, vinos, carretas, arreos, aceites, azúcar, era abastecido
por las nacientes industrias.
Cuyo y Córdoba eran las regiones más importantes y más pobladas. Allí se
harán los primeros intentos de pasar de la economía de subsistencia a la
economía productiva. En el rubro textil será donde esos esfuerzos den
frutos más rápidamente: En Tucumán y Misiones despuntan primitivos
obrajes de telas para abastecer a la mayoría de la población y para
realizar incipientes exportaciones. Es así que el 2 de septiembre de
1587 y por iniciativa del obispo de Tucumán, fray Francisco de Vitoria,
partió del fondeadero del Riachuelo que hacía de puerto de Buenos Aires
la nave San Antonio rumbo al Brasil, llevando a bordo el primer embarque
para exportación de nuestra historia, que dio nacimiento también a la
Aduana y constaba fundamentalmente de productos textiles: lienzos, lana,
cordobanes, costales, sobrecamas, sombreros y frazadas tejidas en
Santiago del Estero. Ese acontecimiento es especialmente recordado:
Todos los 2 de setiembre se conmemora en la Argentina el “Día de la
Industria”. Lo notable es que dentro de las bolsas de harina se
encontraban camuflados varios kilos de barras de plata del Potosí, que
salían de contrabando.
Contrariando las disposiciones de España parte de la plata altoperuana
salía por el puerto de Buenos Aires. Es entonces cuando, en 1594 una
Real Cédula prohíbe introducir en Buenos Aires mercaderías procedentes
de las colonias portuguesas “…que por Río de la Plata no pueden entrar a
las provincias del Perú ni mercaderías del Brasil, Angola, Guinea u otra
cualquier parta de la corona de Portugal…”.
Entonces Buenos Aires empieza a ejercer un contrabando casi
institucionalizado, única manera de recibir productos que permitieran la
subsistencia. Una de las maneras era aprovechando una disposición
firmada en 1581 entre España y Portugal, por la cual las naves de ambos
reinos que se encontraran en peligro podían ingresar al puerto más
cercano y vender toda su carga. De esta manera arribaron numerosos
barcos “en peligro” con esclavos y variada mercadería.
Pero los efectos que se compran deben pagarse, aún cuando se compren de
contrabando. Y los bienes de cambio eran cueros y sebo, es decir
productos primarios de la pampa circundante, que se obtenían por
intermedio de las vaquerías, modo primitivo y depredador pero eficaz
para hacerse de bienes.
Consistía en introducirse al galope en el rodeo vacuno con larga lanza
cuya punta era una afilada media luna de metal. Con ella los jinetes
cortaban los tendones del garrón del animal, en cuanto éste caía,
pasaban a hacer lo mismo con otro. Así durante toda la jornada. Al final
del día venía la otra parte de la faena: ultimar las vacas y cuerearlas,
muchas veces en caliente. El producto obtenido se estibaba en carretas
para su traslado.
La zona del Río de la Plata no tiene oro, tampoco plata, su riqueza
consiste en el aprovechamiento de sus recursos naturales a través del
trabajo arduo. Pero no todos los españoles estaban dispuestos a
trabajar, ni los nobles ni los vasallos, pues el trabajo y la falta de
honra eran considerados equivalentes. Respetaban lo dispuesto en la edad
media por Alfonso X (el Sabio), donde llamaba “gente menuda” a
trabajadores y artesanos y que los caballeros “… siendo público y
notorio que estos tales no viven de oficios de sastres, ni de
carpinteros, ni de pedreros, ni barberos, ni especieros, ni recatones,
ni zapateros, ni usen de otros oficios viles y bajos…”, disposición que
incluía a sus hijos, so pena de perder la honra. Fue así que ante la
falta de sirvientes debían lavarse la ropa con sus propias manos, pero
eso sí, lo hacían de noche, cuando nadie los veía. Recién el 18 de marzo
de 1873 Carlos III declara por real cédula que no es deshonroso
trabajar.
Parte de la importancia comercial de Buenos Aires estuvo dado por la
instalación de la South Sea Company, con el privilegio de introducir
todos los esclavos destinados al litoral, al Tucumán, Chile y Perú. En
el Retiro se instaló, en 1716, el Asiento de Negros, lugar empleado para
concentrar y dar descanso a los esclavos antes de expenderlos a los
diversos mercados. Esto encubría un revitalizado contrabando desde la
Colonia del Sacramento, en esa época en manos de los portugueses, y
grandes compras de cueros por parte de los ingleses.
En la práctica las vaquerías fueron una matanza indiscriminada de
vacunos, una depredación irracional de tal magnitud que trajo como
consecuencia que en 1723 en el Cabildo se expresó “…nos quedaremos sin
cueros y en cueros...”, y que a mediados del siglo XVIII se verificara
una alarmante disminución del ganado vacuno, y fuertes disputas con
Buenos Aires, pues el territorio en el cual se producían las matanzas se
extendía cada vez más.
Será solo hacia fines de ese siglo XVIII cuando el interés de la corona
española por la zona del Río de la Plata crecerá, a medida que decrece
la importancia de la plata de Potosí por su agotamiento. La enorme
distancia que separaba al Río de la Plata de la ciudad de Lima, cabecera
virreinal, había despertado la codicia de ingleses y portugueses,
quienes lucraban con el contrabando hacia Buenos Aires y la zona del
Litoral, perjudicando a las arcas reales. La creciente competencia entre
una España que busca controlar el comercio de sus colonias y una
Inglaterra que busca abrir nuevos mercados para sus productos, tendrá su
reflejo en la creación en -forma provisoria en 1776 y confirmada en
1778- del Virreinato del Río de la Plata, integrado por las provincias
de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra y
Charcas, y los territorios de Mendoza y San Juan que hasta allí
integraban la Capitanía General de Chile. Quedando Buenos Aires como
puerto habilitado al comercio, a partir de ahí la actividad comercial va
girando del Pacífico hacia el Atlántico favoreciendo a Buenos Aires.
Esta situación coincide con la Revolución Francesa y con la pujante
Revolución Industrial británica. Esta última se desarrollará bajo un
tenaz proteccionismo hacia adentro y el más absoluto librecambio hacia
afuera.
Ese interés de España por el Río de la Plata y el auge del contrabando
se demuestra con el movimiento del puerto de Buenos Aires: entre 1772-76
ingresaron al treinta y cinco buques, en la década del 90 más de sesenta
por año, y ciento ochenta y ocho en el año 1802.
En forma paulatina en el campo se van creando estancias, el ganado deja
de ser cimarrón y desaparecen las vaquerías. Se comenzó a producir sebo
y grasa mediante el procedimiento de hervir las carnes. La salazón de
carnes iniciada en 1784 constituyó una revolución: el valor de los
animales aumentó y en consecuencia el de las tierras. En realidad el
salado de las carnes comienza en las estancias y luego aparecen los
saladeros. La primera exportación de carne seca salada o tasajo se hizo
en 1785. El primer saladero se instaló cerca de Colonia y una novedad
fue la instalación en 1790 de la fábrica del conde de Liniers (hermano
del futuro héroe de la Reconquista) que producía “pastillas de carne”:
carne cocida conservada en gelatina.
Otra industria que se expandió fue la naval, desde Asunción y Corrientes
a la Ensenada de Barragán.
Entre 1791 y 1802 las rentas reales de la Aduana de Buenos Aires se
incrementan dos veces y media, la producción agropecuaria adquiere
volumen con la introducción de las ovejas de la raza Merino y la
producción lanera se quintuplica en sólo diez años. Se exportan pieles
de vicuña y chinchilla, cueros de tigre y lobo, venado y zorro, plumas
de cisne y crines de caballo.
La Nación argentina
Las actividades consecuentes con las invasiones inglesas, la gesta de la
independencia y las posteriores luchas intestinas, de manera fundamental
las disputas entre unitarios y federales, demoraron, en gran parte, el
progreso económico y social de la joven nación. Tanto en las tareas de
campo como en la incipiente industria se padecía por falta de mano de
obra, de capital, de crédito, y de maquinarias.
Años después de finalizada la guerra civil se realizó, en 1869, un censo
nacional, el primero después de la revolución de mayo. Este indicó que
la población argentina era de 1.737.000 de los cuales 495.000 vivían en
la provincia de Buenos Aires, en tanto que en la ciudad de Buenos Aires,
contaba 177.700 pobladores siendo casi la mitad de ellos italianos,
españoles y franceses. El 82% de la población del país era analfabeta.
Una tesis de la época revelaba una opinión de la clase dirigente: “No
somos ricos, tampoco conocemos la miseria, la riqueza es el trabajo y
por ello un poderoso elemento de prosperidad es la inmigración. Ella
poblará el desierto y asegurará las fronteras, es necesario que el
inmigrante penetre en el interior del país. La venta de tierras públicas
facilitará su asentamiento”.
Otra tesis decía: “Es necesario hacer del pobre gaucho un hombre útil a
la sociedad. Para ello necesitamos de hacer de toda la república una
escuela.”
Ambas tesis fueron aplicadas. La afluencia de una nueva población
aumentó el número de propietarios rurales dando comienzo al desarrollo
agrícola, con exportaciones de cereales, vacunos, y productos derivados.
Y en poco tiempo el alumnado primario se elevó de 30.000 a 100.000, y
los maestros pasaron de 1778 a 2868.
En 1874 se producen doscientos mil resmas de papel y en el país existen
70.000 máquinas y herramientas, las industrias del vino y del azúcar
prosperan al igual que los molinos harineros, las jabonerías, sombrerías
y fábricas de ropa. En este esquema económico fundamental importancia
tiene el ferrocarril.
A partir de ahí se va consolidando el crecimiento del país, con
distintas acciones en el siglo XX.
SEGUNDA ETAPA
La revolución industrial
La revolución comercial que comentamos generó transformaciones que
permitieran la sustitución progresiva de paradigmas económicos y
sociales medievales. En tanto que la revolución industrial presentó como
signo distintivo la introducción de modificaciones de fondo al sistema
económico y consecuentemente al sistema social de la época.
A mediados del siglo XVIII en el viejo mundo la situación era distinta a
la del Río de La Plata. Fue en Inglaterra donde se dieron las
condiciones para la industrialización, debido a la circunstancia de
lograrse notables progresos técnicos.
En 1760 la creación de la máquina de vapor por James Watt generó el
desarrollo de numerosas actividades industriales y el agrupamiento de
gran número de trabajadores, en especial en la industria textil. En 1762
comenzó a utilizarse la iluminación a gas de carbón, lo que posibilitó
la realización de tareas nocturnas. Las máquinas de vapor también se
aplicaron al transporte (navegación y ferrocarril), el consecuente
desarrollo vertiginoso de la industria del hierro, y el mejoramiento de
las comunicaciones a través del telégrafo fueron el cimiento de la
industria moderna.
Rápidamente se multiplicaron las fábricas y los molinos. Miles de
campesinos abandonaron los campos y se genera la existencia de grandes
concentraciones de obreros en tareas fabriles. Se verifica también el
desordenado desarrollo de las ciudades, que en muchos casos se
convierten en sinónimo de hacinamiento y contaminación. El exceso de
mano de obra a causa de la migración y de progresos tecnológicos y las
periódicas crisis de sobreproducción por el afán de acumulación de
riquezas que inspiraba a la nueva clase de propietarios, generaron
situaciones de explotación y miserias graves.
La jornada laboral hasta mediados del siglo diecinueve es de doce a
catorce horas y debido a la demanda explosiva de mano de obra, se llegó
a utilizar menores y mujeres en la realización de tareas peligrosas y
penosas. En las hilanderías inglesas se trabajaba normalmente entre doce
y diecisiete horas diarias.
La concentración poblacional y la vida en las ciudades son
modificaciones sociales que impuso la Revolución Industrial que se
caracterizó, además de los horarios prolongados, por malas condiciones
de trabajo, insalubridad, inseguridad y bajo nivel de las remuneraciones
siendo los peores pagos los menores y las mujeres. No existía tampoco
legislación laboral que ordenara el caótico sistema.
Movimientos sociales
Los movimientos sociales que denunciaban abusos de las empresas
industriales en perjuicio de los trabajadores dieron comienzo en 1769 y
se tradujeron en huelgas y manifestaciones populares que fueron
respondidas con represión. La mayor de las protestas se realizó en St.
Peters Frield, Manchester, el 16 de agosto de 1819, de la que
participaron sesenta mil personas entre las que había mujeres y menores
de edad. El gobierno conservador inglés ordenó reprimir a la caballería
y a resultas de su intervención murieron 11 personas y 500 resultaron
heridas. Este episodio es conocido como "la matanza de Peterloo".
Paulatinamente se modifican las condiciones laborales. En 1833 en
Inglaterra se establece la jornada de ocho horas para los menores de 9 a
13 años y de doce horas para los menores de 13 a 18 años y años más
tarde, en 1847, se establece para estos últimos y para las mujeres
jornadas de diez y once horas.
En 1848 en Francia se dispone la jornada de diez horas para aquellos que
trabajan dentro de los límites de la ciudad de París y de once horas
para los que trabajaban en el interior del país. Es a partir de ese año
que en Europa se dieron las condiciones para denunciar los excesos a los
cuales eran sometidos los trabajadores.
En 1850 en Inglaterra y parcialmente en USA queda dispuesta la jornada
de diez horas para todos los obreros. Es en este último país donde el
reclamo generalizado para que se limite la jornada de trabajo a ocho
horas diarias tiene más fuerza, a tal punto que para lograr el objetivo
sistemáticamente se organizaban huelgas y manifestaciones. Durante el
desarrollo de una de ellas realizada en la ciudad de Chicago el primero
de mayo de 1866 se produce una represión durísima y sangrienta. Esa
fecha se conmemora anualmente como el “Día Internacional del Trabajo”.
La jornada de ocho horas
La limitación de la jornada de trabajo fue debatida en las conferencias
internacionales realizadas por los gobiernos de las principales
potencias europeas en 1890 en Berlín y Berna en 1905, 1906 y 1913.
La Primera Guerra Mundial (1914-1918) demandó que se realizaron grandes
esfuerzos en la producción de armas, equipos y pertrechos para equiparar
a los ejércitos. También existió el desarrollo del automóvil, la
aviación y la radio. En ese contexto, se pudieron fijar ciertas
condiciones exigidas por los trabajadores tales como aumentos de
salarios, descansos y protección de mujeres y menores
Finalizada la guerra, la Conferencia Internacional de la Organización
Internacional del Trabajo celebrada en la ciudad de Washington en 1919
(Convención N* 1) fue de fundamental importancia para el establecimiento
de la jornada de ocho horas en todo el mundo.
Otro antecedente fundamental fue lo resuelto en el Tratado de Versalles,
firmado el 28 de junio de 1919 en el Salón de los Espejos del Palacio de
Versalles, y por medio del cual se le puso fin. En este tratado se
estableció en el Art. 427: "...el trabajo no debe ser considerado
simplemente como un artículo de comercio...siendo de importancia
particular y urgente la adopción de una jornada de ocho horas o de la
semana de cuarenta y ocho horas como fin a obtener, donde no haya sido
obtenido..."
A través de todos esos años se tuvo en cuenta que la reducción de la
jornada de trabajo representaba que la producción material individual
disminuyera y que a su vez aumentara el nivel de educación por
aprovechamiento del tiempo libre, produciendo un sustancial mejoramiento
de la preparación para el trabajo como así también el bienestar físico,
moral e intelectual de los trabajadores, logrando de este modo la
dignificación del ser humano.
La jornada laboral en el continente americano
En nuestro continente los antecedentes se remontan al siglo dieciséis.
Durante el reinado de Felipe II se contemplaba la jornada de ocho horas
diarias y el descanso dominical para posibilitar la conversión al
cristianismo de los indígenas que, repartidos en grupos llamados
encomiendas, trabajaban bajo la condición de un español (el
encomendero). El sistema de encomiendas fue desarrollado para que los
indios fueran asimilados a la civilización y la cultura cristiana. Tal
lo indicado en la Recopilación de las Leyes de los Reinos de las Indias,
que reúne el ordenamiento legal (6385 leyes dictadas por el Rey y el
Consejo de Indias, quedando fuera de ella innumerables ordenanzas de
virreyes, gobernadores y otras autoridades), que debió ser aplicado en
las tierras conquistadas por España.
El derecho indiano no se elaboró con un conjunto jurídico acabado. Por
el contrario sus normas fueron apareciendo y modificándose
progresivamente, según las necesidades impuestas por la naciente vida
americana.
Al indio se le debía dar buen trato, educación, mantenerse unida a la
familia y proveer de alimentación y vivienda. Sin embargo los
conquistadores españoles no solo no aplicaron esa sabia legislación sino
que además abusaron de su poder y trataron cruelmente a los aborígenes.
Es así que el comercio de esclavos y el sometimiento irracional del que
fueron objeto dieron las notas características de la etapa colonial,
desde el descubrimiento en 1492 hasta comienzos del siglo XIX.
La jornada laboral en la Argentina
Durante la época de la colonia eran fundamentales las artesanías,
destacándose las vinculadas con la alimentación y las tejedurías. La
mayor parte de las manufacturas se encontraban en el noroeste debido a
la excelente habilidad artesanal de los aborígenes. En 1790 se registra
el primer antecedente para la formación de un gremio, el de los
zapateros, prohibido por un dictamen de Cornelio Saavedra.
El librecambio instaurado en las postrimerías del virreinato dejó fuera
de competencia a las mercaderías elaboradas localmente, lo cual originó
la decadencia de vastas zonas del interior y el crecimiento del litoral,
donde el desarrollo de la producción agropecuaria a escala comercial
facilitó las condiciones para adquirir mercaderías de importación.
Finalizado el dominio español, la Asamblea del año 1813 resuelve abolir
la esclavitud, y se observan rudimentos de alguna limitación en el
trabajo ganadero y en la actividad urbana de tipo artesanal.
Los elementos utilizados por los gauchos en la pampa: frenos, estribos,
ponchos, aperos, eran en gran mayoría fabricados en Manchester,
Inglaterra.
La política inmigratoria desarrollada por los gobiernos patrios, bajo la
inspiración del lema de Alberdi, “gobernar es poblar”, generó cambios
culturales, dado que los europeos que recalaron en nuestras tierras lo
hicieron con las ideas sociales, políticas y gremiales de sus países de
origen. A resultas de lo cual en 1856 es creada la Sociedad de Socorros
Mutuos San Crispín (de los zapateros) y en 1857 la Asociación Española
de Socorros Mutuos. El 25 de mayo de este año fue fundada la Sociedad
Tipográfica Bonaerense, considerada como la primera organización obrera
de nuestro país.
Paulatinamente se van creando entidades gremiales empresarias. Entre
otras: en 1854 es creada la Bolsa de Comercio, en 1856 la Sociedad
Farmacéutica Argentina y en 1866 la Sociedad Rural Argentina, que en
1874 hizo su primera exposición, exhibiéndose 71 lanares y 13 vacunos.
En Córdoba se realizó una exposición en 1871, siendo la mayor parte de
los productos exhibidos de características artesanales, existiendo una
casi absoluta falta de mecanización. A punto tal que las máquinas
agrícolas expuestas eran en su totalidad de origen externo.
En esa época las jornadas de trabajo generalmente eran de catorce horas
por día. Razón por la cual comienzan a aparecer los primeros conflictos,
siendo el gremio más activo el de los tipógrafos. La primera huelga se
realiza el 2 de octubre de 1878, y se extiende por un mes, siendo su
consecuencia un convenio que reglamenta el trabajo de los menores,
aumentos de sueldos, y la reducción de la jornada a diez horas en
invierno y doce en verano. El horario es fijado entre las 12 y las 18 hs,
y desde las 20 hasta la hora del cierre del diario.
Lentamente comienza a verificarse el aumento de pequeños talleres. Entre
1880 y 1990 se observó la instalación de algunas empresas con importante
número de obreros, muchos de ellos inmigrantes que aportaron nuevas
técnicas y mano de obra experta.
En 1881 la Sociedad Dependientes de Comercio solicita, y obtiene, el
cierre de los comercios los días domingos. En 1882 la Unión de Oficiales
Albañiles solicita que la jornada se limite a once horas en verano y
nueve en invierno, y el Club Socialista Alemán “Vorwaerts” (Adelante)
presenta en el Congreso un petitorio con más de siete mil firmas para
que se legisle reduciendo la jornada laboral a ocho horas,
reglamentación del trabajo de los menores, mujeres y del trabajo
nocturno, entre otros puntos.
El censo de 1895 revela que la mayoría del sector industrial estaba
constituído por pequeños establecimientos productores para el mercado
interno, caracterizados por carencia de tecnología adecuada. En la
década siguiente toman relevancia los frigoríficos, dedicados a la
exportación.
El primer antecedente para limitar la jornada laboral se produce en el
año 1894 siendo el Consejo Municipal de la ciudad de Buenos Aires el
receptor del proyecto presentado por el concejal Eduardo Pittaluga, el
cual no es sancionado. En 1896 los diputados Eleodoro Lobos y Delfor Del
Vale presentan en el Congreso Nacional proyecto de limitación de la
jornada a ocho horas diarias, que también es rechazado.
En 1903 se constituye la Unión General de Trabajadores, quién propugna
la jornada laboral de ocho horas y el descanso dominical. En ese sentido
en 1904 ingresan al Congreso Nacional dos proyectos. Uno es presentado
por Alfredo Palacios y otro por Joaquín V. González, que tampoco son
sancionados. Finalmente, el 31 de agosto de 1905, el Congreso sanciona
la Ley 4461, disponiendo que no se realicen trabajos por cuenta ajena
los días domingos. Antecedente que impulsó en 1907 la sanción de la Ley
5291 que dispuso la jornada de ocho horas para mujeres y menores, y en
1929 (diez años después de la Convención N* 1 de OIT) es dictada la Ley
11544 de Jornada de Trabajo.
Distintas leyes en años posteriores fueron adecuando las relaciones del
trabajo a las actividades económicas, financieras y productivas.
TERCERA ETAPA
El trabajo en el siglo XXI
El mundo ha sufrido trascendentes cambios estructurales en los últimos
años en lo geopolítico, económico, social y financiero.
Los descubrimientos científicos en el siglo XX y a comienzos del actual
son significativos, el sostenido desarrollo nuclear, la aventura de los
viajes espaciales, la era de la computación, el notable desarrollo de
internet, la televisión y la telefonía celular, son algunos de los
hechos que forman los hitos de la llamada revolución tecnológica.
Esos logros obtenidos en función de la inteligencia del hombre no
impiden, sin embargo, la constante generación de guerras y conflictos.
Luego de la desvastadora II guerra mundial el mundo se ha visto sometido
numerosos conflictos bélicos sin solución de continuidad. Ese estado
belicoso da pie para la creación de nuevas armas o para probar la
efectividad destructiva de las ya fabricadas.
El modelo económico definido como globalización de los mercados impone
que cada país o región trate de explotar y optimizar sus ventajas
competitivas. Las diferencias entre las economías de distintos países o
regiones ha representado que las oportunidades de negocios sean
desiguales. Hecho que ha generado ganadores y, lamentablemente, muchos
perdedores. Las consecuencias para los habitantes de estos últimos son
altos niveles de desempleo, marginalidad y exclusión social.
La cultura de la sociedad de consumo potenciada por esa
internacionalización de los negocios, demanda no tener restricciones en
su aspiración de mejorar su calidad de vida y tener a disposición amplia
gama de productos de diverso tipo, que ha generado notables acciones de
marketing, comercialización y distribución de bienes.
El proceso de cambio que experimenta actualmente el mundo del trabajo
produce nuevos modelos y figuras a ritmo vertiginoso. El trabajo
virtual, el teletrabajo, el trabajo electrónico, la robotización, la
informatización integral, las oficinas electrónicas, son algunos de los
términos que ya no resultan extraños a las organizaciones bancarias, a
las cadenas de comercialización masivas, las industrias o a las empresas
de tarjetas de crédito. Ni a empleados, clientes, proveedores ni público
en general.
Lo lamentable es que los modelos racionales de gestión empresaria no
siempre tienen en cuenta al factor humano, a pesar de la existencia de
numerosas teorías, conceptos, técnicas, herramientas y sistemas
orientados al hombre en el ámbito del trabajo, considerándolo el
elemento más valioso al conformar –con sus conocimientos, habilidades,
aptitudes y actitudes- el capital intelectual de la empresa.
Uno de los mayores problemas de fines del siglo XX y comienzos de éste
siglo XXI es la falta de trabajo, que se evidencia en los altos niveles
de desempleo que afectan por igual a jóvenes y adultos, hombres y
mujeres. Situación que se da en todas las áreas del conocimiento:
empleados, técnicos, profesionales y ejecutivos.
Siendo el trabajo la actividad destinada a proveer las necesidades del
ser humano (todas las cosas que se consumen, todos los elementos que
brindan confort son creaciones del hombre), y que el trabajo exige
resultados (por un lado productos y servicios de calidad con
rentabilidad y, por otro, realizaciones personales de quienes colaboran
para obtener esos resultados), es de desear que se continúen tomando
acciones considerando la trascendental importancia que tiene ayudar a
convertir a cada persona en alguien motivado, orgulloso y satisfecho de
sí mismo y de su aporte a la empresa.
Bibliografía principal
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Argentina: de la conquista a la independencia. Editorial Hyspamérica,
1986
LORIA. CARLOS ALBERTO, Y GARCÍA BELSUNCE, CÉSAR.
Historia de los Argentinos. Editorial Kapelusz, 1971
GILLESPIE ALEXANDER.
Buenos Aires y el interior. Editorial Hyspamérica, 1986
LÓPEZ, VICENTE FIDEL
Historia Argentina. Editorial Sopena, 1966
LUNA, FÉLIX.
Buenos Aires y el País. Editorial Sudamericana, 1982
LUNA. FÉLIX.
Martín Aldana, Un soldado de la Independencia. Editorial Planeta, 2001
O DONNELL, PACHO.
El Grito Sagrado. La historia argentina que no nos contaron. Editorial
Sudamericana, 1997
PIGNA, FELIPE.
Los mitos de la historia argentina. Editorial Norma, 2004
Bibliografía complementaria
DEI, DANIEL, MENNA NORMA, PARSAJUK DANIEL Y SANZ SEBASTIÁN
Recursos Humanos en las Organizaciones. Editorial Docencia, 1995
DURAN, MIGUEL UDAONDO
Gestión de Calidad. Editorial Díaz de Santos, 1992
GONZÁLEZ, HUGO F.
El Cambio y la Conducción de Recursos Humanos. Editorial Salido, 1997
VÁSQUEZ VIALARD, ANTONIO.
El Trabajo Humano. Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1970
Hugo F. González - adaptaARROBAtutorialaboral.com.ar /hugo.gonzalezarrobaargentina.com
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Asociado ADAPTA Gestión de Recursos Humanos Belgrano 957 (9000)
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