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“La economía política anterior partía de la riqueza supuestamente
engendrada para las naciones por el movimiento de la propiedad privada,
para llegar a sus consideraciones apologéticas sobre este régimen de
propiedad. Proudhon parte del lado inverso, que la economía política
encubre sofísticamente, de la pobreza engendrada por el movimiento de la
propiedad privada, para llegar a sus consideraciones, que niegan este
tipo de propiedad”. Karl Marx. La Sagrada Familia.
Cuando leí por primera vez el trabajo de Amartya Sen sobre los conceptos
y las medidas de la pobreza, me quedé sorprendido de saber que hubiera
dudas acerca de la definición de la pobreza. De hecho el propio Sen
declara que coincide con la siguiente afirmación de Martín Rein: “casi
todos los procedimientos utilizados en la definición de la pobreza como
nivel de subsistencia se pueden cuestionar razonablemente”.
Aquí la razón parece tener carácter impersonal y ser ajena a los
intereses de clase. Seguro que si Rein y Sen vivieran con unos ingresos
inferiores al salario mínimo, carecerían de cualquier duda acerca de la
definición de la pobreza. Sabrían establecer con mucha holgura el nivel
de subsistencia digno para un ser humano.
En la definición de la pobreza hay que tener en cuenta los intereses de
clase y no engañar a la gente con un falso objetivismo abstractamente
humano. Cuando se discute sobre el salario mínimo, los trabajadores
quieren que sea lo más alto posible y los capitalistas que sea lo más
bajo posible. No es un problema de abstracta objetividad el determinar
el salario mínimo, sino un problema de intereses. Igual ocurre con la
determinación del concepto de pobreza.
Después, cuando estudié más detalladamente el trabajo de Sen, observé
dos claros errores: uno, en ningún momento expuso la génesis de la
pobreza, y dos, elaboró el concepto de pobreza sin incluir una crítica a
la riqueza. En un mundo como el de hoy, donde mueren cada día 20.000
personas de hambre, resulta inadmisible que un economista de la talla de
Amartya Sen sea tan poco revolucionario en su concepción sobre la
pobreza. No entiendo cómo se puede ser tan metafísico: hablar de la
pobreza sin vincularla con su contrario: la riqueza. Como tampoco
entiendo que se pueda ser tan superficial: hablar de la pobreza sin
vincularla con su fondo oculto: la propiedad privada sobre los medios de
producción.
No nos dejemos engañar ni confundir
Juan Morales Ordóñez, en su trabajo titulado Dimensión Ética en el
Discurso Económico. Reflexiones sobre el pensamiento de Amartya Sen, se
expresa en los siguientes términos: “Amartya Sen comprende la
problemática mundial en los términos mencionados y se remite al
pensamiento de Adam Smith, considerado el padre de la teoría económica
contemporánea, para fundamentar sus propias reflexiones. Smith, en su
obra maestra Investigaciones sobre la naturaleza y causa de la Riqueza
de las Naciones, plantea que en economía de deben respetar principios y
valores. Afirma que dondequiera que haya una gran riqueza habrá una gran
desigualdad. “Todo para nosotros y nada para los demás parece haber sido
la ruin máxima de cuantos han gobernado a la Humanidad”, es otra de las
afirmaciones del gran pensador escocés. Hoy la situación parece ser la
misma que en la época en la cual escribió Smith, el siglo XVIII. Es que
esta manera de actuar forma parte de la naturaleza de los seres humanos.
Así como también forma parte de la condición humana la búsqueda de la
justicia, la igualdad y la felicidad para todos”.
Si hoy, en los inicios del siglo XXI, se da la misma situación que en el
siglo XVIII, todo para unos pocos y nada para los muchos, queda probado
que en la economía capitalista no se respetan los principios y los
valores de la igualdad y de la humanidad. Así que proclamar con Amartya
Sen que la economía capitalista se debería conducir por principios
éticos, es una proclama idealista que en nada ayuda a la liberación de
los pobres. Si ya en el siglo XVIII el principal representante teórico
de la burguesía, Adam Smith, veía con malos ojos que unos pocos tuvieran
mucha riqueza y los muchos poca, no puede pretender Amartya Sen hacerse
pasar por progresista y representante de los pobres defendiendo la misma
consigna.
Primero, porque es una idea vieja, y segundo, porque es la idea de un
burgués.
Cuando Smith dice “todo para nosotros y nada para los demás”, “nosotros”
son los capitalistas y “los demás” son los trabajadores. Y cuando dice
“donde hay una gran riqueza”, hay que precisar que la gran riqueza sólo
se da en manos de los capitalistas. Y esta contradicción, que unos pocos
tengan riqueza en exceso y la mayoría tengan poca, ha estado presente en
todos los modos de producción de riqueza que han precedido al
capitalista: los esclavistas y los señores feudales han tenido riqueza
en exceso, mientras que los esclavos y los siervos han vivido en la
escasez. Así que no entiendo por qué Morales Ordóñez afirma que esta
desigualdad forma parte de la naturaleza humana, cuando más preciso
sería decir que hasta ahora la sociedad se ha dividido en clases, donde
una de ellas explota a la otra. De manera que la solución a las
diferencias de clases, esto es a las desigualdades, estriba, no en
introducir principios éticos, sino en no permitir que una clase se
apropie del trabajo de la otra. Y para ello, para evitar que nos hombres
exploten a los otros, la propiedad sobre los medios de producción debe
ser mayoritariamente pública.
Esconder que la causa de la desigualdad entre las personas es la
propiedad privada sobre los medios para producir la riqueza, por medio
de frases como “los que han gobernado hasta ahora a la Humanidad se han
guiado por el principio ético de todo para nosotros y nada para los
demás”, es puro idealismo. Se quiere dar a entender que se puede seguir
manteniendo el modo de producción capitalista, donde rige el principio
de la explotación del hombre por el hombre, y, sin embargo, tener unos
gobernantes que eviten que los pocos tengan mucha riqueza y los muchos
poca. Pero es un engaño, un engaño que dura más de doscientos años. Y
Amartya Sen, con esa apariencia de neutralidad y de bonachón que tiene,
es el continuador de ese engaño.
Deseo y dinero
En el discurso de apertura del lanzamiento del nuevo informe La
infraestructura al servicio de los pobres elaborado por el PNUD y el
gobierno de Japón, Amartya Sen se lució con estas palabras: “Una
perspectiva de la pobreza exclusivamente centrada en los ingresos pasa
inevitablemente por alto muchos aspectos importantes de la causalidad de
la pobreza. La pobreza puede considerarse la privación de la verdadera
libertad de la persona para vivir de la forma en que con toda razón
desea vivir”. Es inadmisible que Amartya Sen se permita estos idealismos
con lo dura y terrible que es la realidad para miles de millones de
personas. Nos habla de que cada persona con toda razón desea vivir de
una determinada forma. Y llama pobre a quien se le prive de esa
libertad. De manera que hasta una persona millonaria que no pueda vivir
como desea o no pueda vivir enteramente como desea, sería pobre. Puesto
que puede haber una persona que tenga mucho dinero pero no el suficiente
para ser propietario de una isla, que es su deseo. Y como no vive como
desea, es pobre.
El poder social fundamental en el mundo de hoy es el dinero. Esto es una
verdad que Amartya Sen en calidad de economista debería saber muy bien.
Todo el mundo lo sabe; y si él lo ignora o hace como si no lo supiera,
sus razones de clase tendrá.
La única manera en que los seres humanos puedan vivir como desean, es
teniendo el dinero necesario para vivir como desean. Pero si los pobres
no tienen dinero o tienen muy poco, no podrán vivir como desean.
Mientras que los ricos al tener mucho dinero, más incluso del que
necesitan, podrán vivir como desean o se podrán aproximar a vivir como
desean. Así que hablar del modo en que se desea vivir sin hablar del
medio que hace realidad los deseos, esto es, la cantidad de dinero que
se posee, es un engaño.
Hacer extenso los conceptos para borrar las diferencias de clase
En su trabajo Las distintas caras de la pobreza, publicado en El País el
30 de agosto del 2000, Amartya Sen se expresa en los siguientes
términos: “Aquellos a quienes les gusta el camino recto tienden a
resistirse a ampliar la definición de pobreza. ¿Por qué no mirar
simplemente los ingresos y plantear preguntas como “cuántas personas
viven con menos, digamos, de uno o dos dólares diarios”? Este análisis
restringido toma entonces la forma sencilla de predecir tendencias y
contar a los pobres. Pero las vidas humanas se pueden empobrecer de
muchas maneras. Los ciudadanos sin libertad política –ya sean ricos o
pobres- están privados de un componente básico del buen vivir. Lo mismo
se puede decir de las privaciones sociales como el analfabetismo, la
falta de sanidad, la atención desigual a los intereses de las mujeres y
las niñas, etcétera”.
¡Que forma de confundir y engañar! Si yo elaboro el concepto de mesa y
después el concepto de silla, podremos distinguir la mesa de la silla.
Pero si yo elaboro el concepto de mueble, por medio de dicho concepto no
se puede diferenciar la silla de la mesa, puesto que el concepto de
mueble supone hacer abstracción de los rasgos que diferencian las sillas
de las mesas. Del mismo modo procede Amartya Sen: primero, determina la
privación como el contenido principal del concepto de pobreza, y
segundo, declara que un rico en un régimen autoritario al estar privado
de libertad política es también un pobre.
Amartya Sen habla como si la política no tuviera nada que ver con la
economía, como si no hubiera un estrecho parentesco entre los intereses
económicos de la clase dominante y la superestructura política. Nos
quiere hacer creer que un rico de un sistema capitalista bajo un régimen
fascista es pobre porque carece de libertad política. Cuando justamente
gracias a ese régimen fascista el capitalista tiene la manos más libres
para explotar a los trabajadores mucho más aún que en un régimen
democrático. Por otra parte, nos quiere hacer creer que en la democracia
capitalista el poder del Estado es ajeno al mayor de los poderes
sociales: el dinero.
Para ejercer la libertad política, muy especialmente en EEUU, hay que
tener dinero.
Así que es un engaño poner el nivel de ingreso como algo distinto del
poder político. El poder político de una persona es directamente
proporcional a su poder económico. Así que en política los pobres siguen
siendo pobres y los ricos siguen siendo ricos.
Amartya Sen habla del nivel de ingreso como algo distinto de la atención
sanitaria, de la educación y de la cultura. Cuando lo cierto es que las
personas que tienen mucho dinero pueden pagar el colegio de sus hijos,
comprar los servicios sanitarios que necesiten, y viajar, conocer a
otros pueblos y visitar museos.
Mientras que las personas que tienen un bajo nivel de ingreso, se ven en
muchas dificultadas para darles una oportunidad de estudio a sus hijos y
atenderlos sanitariamente como necesitan. Y viajar, conocer otros
pueblos y visitar museos en el extranjero, a todo esto tienen que
renunciar. Así que es un engaño plantear que la pobreza en el ámbito de
los ingresos es distinto a la pobreza en el ámbito educativo, sanitario
y cultural. Así que no otra cosa pretende Amartya Sen al hacer tan
extenso el concepto de pobreza: borrar las abismales diferencias que hay
entre los capitalistas y los trabajadores.
La privación como esencia principal en el concepto de pobreza
Un concepto podemos entenderlo como una caja vacía donde por fuera
ponemos un nombre y dentro diversos contenidos. Según parece la gran
aportación de Amartya Sen al concepto de pobreza está en haberle
proporcionado “un nuevo y trascendental contenido”, el de privación. Se
trata de no darle prioridad al contenido de nivel de ingreso, sino al de
privación. Y dentro de las privaciones la mente aguda de Sen destaca
estar privado de libertad política, de educación y de asistencia
sanitaria. Qué curioso que al enumerar las privaciones como contenido
esencial del concepto de pobreza, Amartya Sen no enumere el esencial:
estar privado de los medios para producir riqueza. Qué curioso que hable
de la pobreza sin mencionar para nada la propiedad. Yo creo que Amartya
Sen es un burgués de tomo y lomo que habla de los pobres para defender
el estatus de los ricos, que habla de los pobres sin cuestionar de raíz
el estilo de vida de los ricos.
¿La pobreza es una cosa extraña?
A partir de aquí todas las citas de Amartya Sen están contenidas en su
trabajo Sobre Conceptos y medidas de Pobreza, accesible en la red a
través de EMVI. Escuchemos a Amartya Sen: “En su lecho de muerte, en
Calcuta, J.B.S. Haldane escribió un poema llamado El cáncer es una cosa
extraña. La pobreza no es menos extraña. Considérese la siguiente visión
sobre ella:”. Dicha visión es la de M. Rein, quien plantea que el
problema de la pobreza no está tanto en los propios pobres como en la
sociedad que lo sufre.
Afirmar que la pobreza es una cosa extraña en virtud de una concepción
reaccionaria de la misma, como la de M. Rein, sólo puede significar que
Amartya Sen cede ante los reaccionarios. De todos modos el economista
indio debió precisar más su concepción de que la pobreza es una cosa
extraña. Una de las labores básicas de los filósofos es someter a
crítica los conceptos circulantes y no tomarlos tal y como los emplea la
sociedad.
Yo creo que la pobreza no tiene nada de extraña, todo lo contrario: es
habitual, regular, casi cotidiana. Tampoco son extrañas las causas que
la producen: carecer de trabajo, la sobreexplotación, el enriquecimiento
de unos pocos, la propiedad privada sobre los medios de producción, las
desgracias naturales, etcétera. Así que ni bajo el punto de vista de su
historia ni de sus causas la pobreza es una cosa extraña. Mantener lo
contrario es ceder ante el pensamiento reaccionario.
Los pobres y el dolor causado a la sociedad
Amartya Sen da la palabra a M. Rein: “A las personas no se les debe
permitir llegar a ser tan pobres como para ofender o causar dolor a la
sociedad. No es tanto la miseria o los sufrimientos de los pobres sino
la incomodidad y el costo para la comunidad lo que resulta crucial para
esta concepción de la pobreza. La pobreza es un problema en la medida en
que los bajos ingresos crean problemas para quienes no son pobres”. La
única critica que le formula Amartya Sen a M. Rein es la siguiente: “Es
difícil reducir más a los seres humanos a la categoría de medios”.
No deja de ser una crítica débil, cauta, nada arriesgada. M. Rein es un
reaccionario y un vocero del sector más inhumano de la clase
explotadora. El solo hecho de darle cabida en su discurso, nos da una
idea de la verdadera catadura moral de Sen. Bueno sería preguntarse por
qué Amartya Sen en vez de prestar atención al reaccionario de Rein no le
presta atención al revolucionario de Proudhon. La respuesta es sencilla:
Sen está más cómodo cerca de los reaccionarios que de los
revolucionarios. Así se ve con claridad a qué clase social sirve con su
pensamiento. Después se verán con más detalles los límites de la
concepción reaccionaria de Rein.
La visión de clase
Hablar en términos de clases es muy distinto que hablar en términos de
ciudadanos o de seres humanos. La representación que nos hacemos del
mundo es distinta. En la concepción de Amartya Sen los pobres están en
un lado y los no pobres en otro lado, y la relación que existe entre
ellos es puramente externa. Y lo que busca Amartya Sen es que los ricos
se apiaden de los pobres y permita que el Estado los socorra. Y para
ello les hace creer que hasta los ricos que carecen de libertades
políticas o los ricos con pocos estudios también son pobres. Mientras
que con la visión de clase las cosas cambian notablemente. La sociedad
se divide en dos clases bien diferenciadas: los que son propietarios de
los medios de producción y los que no lo son. Y dentro de los que no son
los propietarios están los que trabajan y los que están en el paro. Y
dentro de los que están en el paro están los pobres. Así que los pobres
forman parte de la clase trabajadora. De manera que cuando se mide el
grado de explotación de la clase trabajadora, debe incluirse a los
pobres.
Requisitos de un concepto de pobreza
Escuchemos a Amartya Sen: “El primer requisito para conceptuar la
pobreza es tener un criterio que permita definir quién debe estar en el
centro de nuestro interés. Especificar algunas “normas de consumo” o una
“línea de pobreza” puede abrir parte de la tarea: los pobres son
aquellos cuyos niveles de consumo caen por debajo de estas normas, o
cuyos ingresos están por debajo de esa línea. Pero esto lleva a otra
pregunta: ¿El concepto de pobreza debe relacionarse con los intereses
de: 1) sólo los pobres: 2) sólo los que no son pobres, o 3) tanto unos
como otros?”
No ve usted, atento lector, cómo Amartya Sen al formular esta segunda
pregunta cae en el juego del pensamiento reaccionario de M. Rein, hasta
el punto, cómo tendrá oportunidad de ver después, de darle en parte la
razón. ¿No es evidente que es el colmo del pensamiento escolástico y
formal transformar en un problema la pregunta sobre quién debe recaer el
concepto de pobre? ¿No es un exceso de formalismo y superficialidad
atreverse a preguntar si el concepto de pobre debería abarcar a los no
pobres o tanto a los pobres como a los ricos? Yo creo que sí. Amartya
Sen es odiosamente formalista en algo tan grave y tan duro.
Amartya Sen descarta sin más la opción 2), la que afirma que el concepto
de pobreza debe alcanzar a los no pobres. No obstante, simpatiza un poco
con la opción 3), aquella que dice que el concepto de pobreza debe
alcanzar tanto a los pobres como a los ricos, hasta el punto de que
llega a afirmar: “Sin duda, la penuria de los pobres afecta al bienestar
de los ricos. La verdadera pregunta es si estas consecuencias se
deberían incorporar como tales en el concepto de pobreza, o figurar como
posibles efectos de la pobreza”. Aquí Amartya Sen muestra a todas luces
que bajo su piel de cordero hay un lobo capitalista. Lo cierto es que la
desmesurada riqueza es causa de la extrema pobreza, de manera que en
este sentido en el concepto de pobreza si debemos incluir a los ricos.
Los ricos son ricos gracias a que los pobres son pobres, gracias a que
los primeros se apropian del trabajo de los segundos. Pero Amartya Sen
ha invertido la relación de causa y efecto que hay en los hechos:
presenta a los pobres causando efectos en el bienestar de los ricos,
mermando el bienestar de los ricos. Y esto lo convierte en un lobo
capitalista.
La tasa de incidencia
A pesar de que descarta la primera opción y coquetea con la tercera,
Amartya Sen termina afirmando que “el foco del concepto de pobreza tiene
que ser el bienestar de los pobres como tales, sin importar los factores
que lo afectan”. Después de esta “gran conclusión” Amartya Sen dice lo
siguiente: “La pobreza se expresa como la relación entre el número de
pobres y la población total de la comunidad. Esta tasa de incidencia (H)
tiene por lo menos dos serias limitaciones. En primer lugar, no da
cuenta de la magnitud de la brecha de los ingresos de los pobres con
respecto a la línea de pobreza. En segundo lugar, es insensible a la
distribución del ingreso entre los pobres”. No niego la importancia
económica que tiene estas dos limitaciones, pero no deja de ser
sospechoso que no hable de la brecha que hay de los ricos respecto de la
línea de pobreza y de la diferencia de ingresos entre los no pobres. Así
la visión sería enteramente global.
El enfoque biológico
Escuchemos a Amartya Sen: “En su famoso estudio de principios de siglo
sobre la pobreza en York, Seebonm Rowntree definió las familias en
situación de pobreza primaria como aquellas cuyos ingresos totales
resultan insuficientes para cubrir las necesidades básicas relacionadas
con el mantenimiento de la simple eficiencia física”. A esta concepción
Amartya Sen le plantea tres objeciones: una, en virtud de las
diferencias climáticas y hábitos de trabajo los requerimientos
nutricionales básicos son difíciles de establecer con precisión, dos, la
conversión de los requerimientos nutricionales mínimos en requerimientos
mínimos de alimentos tan bien es difícil de precisar, puesto que
dependen de los hábitos de consumo de las personas, y tres, resulta
difícil definir los requerimientos mínimos para los rubros no
alimentarios. Así que Amartya Sen concluye: “En vista de estos
problemas, bien se puede coincidir con Martín Rein, cuando afirma que
casi todos los procedimientos utilizados en la definición de la pobreza
como nivel de subsistencia se pueden cuestionar razonablemente”.
Yo creo que estos problemas no se dan cuando se estudian los
requerimientos nutricionales de los animales que hay en un zoológico. No
creo que se deba buscar una estricta precisión matemática y que los
pobres merecerían un trato más humano que la que se les confiere a los
animales. Amartya Sen suele hablar mucho de la libertad en relación con
la pobreza; pues bien, que se le de la libertad a los pobres para que
ellos digan cuáles y cuántos son los medios de subsistencia que
necesitan para vivir con dignidad. Seguro que si a una persona con mucho
dinero le preguntáramos con cuánto dinero debería vivir su hijo para
llevar una vida digna, esa cuantía sería muchísima más grande que si se
lo preguntáramos a un pobre. Así que no hay nada de difícil en la
precisión de los requerimientos nutricionales básicos como tampoco lo
hay en los alimentos en que habría que convertir esos requerimientos. No
es un problema de precisión, es un problema de intereses.
El enfoque de la desigualdad
Después de que Millar y Roby afirmaran que “enunciar los problemas de la
pobreza en términos de estratificación supone concebir la primera como
un problema de desigualdad”, Amartya Sen hace la siguiente valoración:
“Es claro que hay mucho que decir a favor de este enfoque. No obstante,
cabe argüir que la desigualdad es fundamentalmente un problema distinto
de la pobreza. Analizar la pobreza como un problema de desigualdad o
viceversa no le haría justicia a ninguno de los dos conceptos.
Obviamente, la desigualdad y la pobreza están relacionadas. Pero ninguno
de los conceptos subsume al otro”. Es obvio que Amartya Sen no cesa de
pensar de forma escolástica, con los rudimentos de la lógica formal,
quedando muy lejos del materialismo histórico y dialéctico.
Escuchemos a Aristóteles en tres ocasiones en su obra La Política.
Primero en el capítulo VI, titulado Idea general de la República, donde
dice: “Tres elementos se disputan en el Estado la igualdad: la libertad,
la riqueza y el mérito”. Escuchémoslo por segunda vez en el capítulo IV
titulado Examen de la constitución propuesta por Fáleas de Calcedonia:
“Para muchos el punto capital parece ser la organización de la
propiedad, origen único, a su parecer, de las revoluciones. Fáleas de
Calcedonia es el que, guiado por este pensamiento, ha sido el primero
que ha sentado el principio de que la igualdad de fortuna entre los
ciudadanos era indispensable”. Y tercero, en este mismo capítulo, dice
esto otro: “Ya he dicho que Platón, en el tratado de las leyes, permitía
la acumulación de la riqueza hasta cierto límite, que no podía pasar en
ningún caso del quíntuplo de un minimun determinado”.
Resulta asombroso que Fáleas de Calcedonia y Platón, dos esclavistas,
tengan un pensamiento más revolucionario que el de Amartya Sen. Esto nos
da una idea de hasta que punto se han vuelto conservadores e incluso
reaccionarios los representantes teóricos de la burguesía actual.
También nos da una idea de lo formal y poco profundo que es el
pensamiento filosófico moderno, en especial el empirismo y el
positivismo, al que está fuertemente abrazado Amartya Sen.
Las grandes diferencias económicas entre los hombres generan luchas
sociales. Que estas luchas sociales se transformen en revoluciones
dependen de más aspectos que sólo las diferencias económicas. De todos
modos, es sabio el pensamiento de Fáleas de Calcedonia cuando afirma que
la igualdad de fortuna evitaría las revoluciones o luchas sociales.
También es sabio el pensamiento de Platón cuando plantea que para evitar
las grandes diferencias económicas entre los hombres hay que establecer
un tope máximo de riqueza. E igualmente es sabio el pensamiento de
Aristóteles cuando afirma que la riqueza es uno de los tres aspectos que
se disputan la igualdad en el Estado. Afirmar, como hacer Amartya Sen,
que la desigualdad es un problema fundamentalmente distinto de la
pobreza es un puro formalismo, hacerle el juego a la burguesía y
situarse más atrás que los grandes filósofos de la época de la Grecia
clásica.
La revolución burguesa y con ella el Estado de derecho estableció la
igualdad política entre los hombres. Todos los hombres son iguales ante
la ley independientemente de su fortuna, sexo y creencia religiosa. Es
una igualdad que se basa en la abstracción de las diferencias de
riqueza. Esa es su grandeza y esa es su limitación. Es grande si
comparamos la revolución burguesa con la sociedad feudal, pero su
limitación se muestra en su comparación con el socialismo, una sociedad
donde no sólo se pretende que los hombres sean políticamente iguales,
sino también económicamente iguales. No hablo ni planteo la igualdad
absoluta, pero si una igualdad relativa. Es lógico y razonable que una
persona en función de su trabajo gane cinco veces más que el trabajador
que vive del salario base, ahí nos mantenemos dentro de los parámetros
de la igualdad relativa, lo que no es lógico es que gane cincuenta, cien
y mil veces más.
Privación relativa
Escuchemos a Amartya Sen: “El concepto de privación relativa se ha
utilizado con buen fruto para analizar la pobreza, sobre todo en la
literatura sociológica. Ser pobre tiene mucho que ver con tener
privaciones y es natural que, para un animal social, el concepto de
privación sea relativo. Si embargo, en el término privación relativa
están contenidas, al parecer, nociones distintivas y diversas.
Una distinción tiene que ver con el contraste entre sentimientos de
privación y condiciones de privación. Peter Townsend ha sostenido que la
última sería una mejor acepción. Hay mucho que decir a favor de un
conjunto de condiciones concretas que permitieran usar el término
privación relativa en un sentido objetivo para describir situaciones en
las cuales las personas poseen cierto atributo deseable, menos que
otras, sea ingreso, buenas condiciones de empleo o poder.
Por otra parte, la elección de las condiciones de privación no puede ser
independiente de los sentimientos de privación. Los bienes materiales no
se pueden evaluar, en este contexto, sin una referencia a la visión que
la gente tiene de ellos; incluso si los sentimientos no se incorporan de
manera explícita deben desempeñar un papel implícito en la selección de
los atributos.
Estos diferentes aspectos relacionados con la idea general de privación
relativa influyen de modo considerable en el análisis social de la
pobreza. Sin embargo, vale la pena señalar que tal enfoque no puede ser,
en realidad, la única base del concepto de pobreza. Una hambruna, por
ejemplo, se considerará de inmediato como un caso de pobreza aguda, sin
importar cuál sea el patrón relativo dentro de la sociedad. Por lo
tanto, el enfoque de privación relativa s complementario, y no
sustitutivo, del análisis de la pobreza en términos de desposesión
absoluta”.
Enumeremos las genialidades aportadas por Sen en la elaboración del
concepto de privación. Una, el concepto de privación ha dado muchos
frutos en sociología, dos, para un animal social el concepto de
privación tiene que ser relativo, tres, en el concepto de privación hay
dos aspectos que distinguir: condiciones de privación y sentimientos de
privación. Cuatro, el término de privación relativa puede ser usado para
describir que las personas poseen ciertos atributos, como ingreso,
empleo o poder. Quinto, la elección de las condiciones de privación no
puede ser independiente de los sentimientos de privación. Y sexto, el
enfoque de la privación relativa es complementario del enfoque de la
desposesión absoluta.
Es obvio que este pensamiento es extremadamente formal, exageradamente
vago, no ahonda para nada en el análisis de la pobreza; y las
distinciones que establece para el concepto de privación son muy
banales. ¿Qué sabemos de nuevo acerca de la pobreza con esta aportación
de Amartya Sen? Nada. Es más, es una forma de distraer a los
intelectuales, engatusarlos con palabras generales, rehuyendo lo
concreto. La economía, incluso cargándola de ética, trata de la riqueza.
Y si trata de la riqueza, trata de los medios para producir la riqueza.
Y si trata de los medios para producir la riqueza, debe tratar de la
propiedad sobre dichos medios. ¿Por qué afirmo que el pensamiento de
Amartya Sen es extremadamente formal? Porque hablando de privación no
habla de la principal privación que habría que hablar en economía: la
privación de medios para producir riqueza. Escamotear esta cuestión
fundamental y decisiva, esquivarla continua y regularmente, es una
manifestación de que Amartya Sen sirve a los intereses de los
capitalistas.
El concepto de pobreza como fruto de una convención
Escuchemos a Amartya Sen: “Como ha dicho Eric Hobsbawm, la pobreza se
define siempre de acuerdo con las convenciones de la sociedad donde ella
se presente. Hace más de doscientos años Adam Smith expuso el punto con
gran claridad: “Por mercancías necesarias entiendo no sólo las
indispensables para el sustento de la vida, sino todas aquellas cuya
carencia es, según las costumbres de un país, algo indecoroso entre las
personas de buena reputación, aún entre las de clase inferior”. En el
mismo espíritu, Karl Marx sostenía que si bien es cierto que hay un
elemento histórico y moral en el concepto de la subsistencia, aún así,
en un país determinado y en un periodo determinado, está dado el monto
promedio de los medios de subsistencia necesarios. Es posible que Smith
y Marx hayan sobrestimado el grado de uniformidad de opiniones en una
comunidad en torno al contenido de la subsistencia o la pobreza. Acaso
la descripción de necesidades diste mucho de ser ambigua. Pero la
ambigüedad de una descripción no la convierte en un acto descriptivo
sino sólo en uno de descripción ambigua”.
Vuelve aquí a repetirse el exacerbado formalismo de Amartya Sen. Cree
que el nivel de subsistencia alcanzado por los trabajadores, el salario
mínimo, es fruto de una convención o de un acto descriptivo llevado a
cabo por un despierto intelectual, cuando en realidad es fruto de luchas
históricas. E incluso tiene la desfachatez de catalogar de ambiguo el
nivel mínimo de subsistencia, esto es, el salario mínimo. Amartya Sen es
descaradamente burgués por todos los costados.
El planteamiento de Marx en torno al nivel de subsistencia o valor de
la fuerza de trabajo
Escuchemos a Marx en El Capital, en la sección Compra y venta de la
fuerza de trabajo: “Si el propietario de la fuerza de trabajo ha
trabajado hoy, tiene que poder repetir mañana el mismo proceso en las
mismas condiciones de fuerza y salud. Así, pues, la suma de medios de
subsistencia tiene que ser suficiente para mantener al individuo
trabajador como individuo trabajador en su estado normal de vida. Las
necesidades naturales, como la alimentación, el vestido, la calefacción,
la vivienda, etcétera, varían según el clima y otras condiciones
naturales de cada país. Por otro lado, el volumen de las llamadas
necesidades naturales, así como el modo de satisfacerlas, son un
producto histórico y, por lo tanto, depende en su mayor parte del nivel
cultural de un país, y entre otras cosas, también y esencialmente, de
las condiciones, los hábitos y las exigencias con que se haya formado la
clase de los obreros libres. En contraste con las otras mercancías, la
determinación del valor de la fuerza de trabajo contiene, pues, un
elemento histórico y moral. Sin embargo, en un país y en un periodo
determinado viene dado el promedio de los medios de subsistencia
necesarios”.
Enumeremos las ideas principales de Marx. Una: el volumen de las
necesidades naturales y su modo de satisfacerla son un producto
histórico y no el resultado de una convención. Dos: el volumen de las
necesidades naturales depende del nivel cultural de cada país y de los
hábitos, condiciones y exigencias con que se haya formado la clase de
los obreros libres. Tres: la determinación del valor de la fuerza de
trabajo, a diferencia del resto de las mercancías, contiene un elemento
histórico y moral. Y cuatro: en un país y en un periodo determinado
viene dado el promedio de los medios de subsistencia necesarios. Y esta
cuarta determinación no tiene nada de ambigua: lo expresa el salario
base. Y el salario base es un fruto histórico, un fruto de la lucha de
la clase obrera, un fruto de sus exigencias. También es un fruto de la
resistencia y de la lucha de la clase capitalista. Todo menos una
convención o un acto de descripción intelectual.
Los pobres y la libertad
Alejandro Schtulmann, autor de un comentario sobre el libro de Amartya
Sen titulado Desarrollo y libertad, dice lo siguiente: “Sen da comienzo
a su libro exponiendo que a pesar de los incrementos sin precedente en
riqueza global, el mundo contemporáneo niega las libertades más básicas
a un gran número –si no es que la mayoría- de sus habitantes. En algunos
casos, señala el autor, la falta de estas libertades puede ser
directamente relacionada con la pobreza económica, que priva a la gente
de la libertad para satisfacer el hambre, lograr un nivel adecuado de
nutrición, obtener las medicinas y los medios necesarios para tratar
enfermedades, o la oportunidad de disfrutar agua o instalaciones
sanitarias”.
Amartya Sen pone aquí en práctica algunos trucos conceptuales que bien
merecen ser puestos al descubierto. Cuando Sen se pregunta ¿quién es el
que niega a la mayoría de los habitantes del mundo sus libertades
básicas? Responde de un modo extremadamente genérico y escurridizo: el
mundo contemporáneo. Es tan cobarde o tan burgués que es incapaz de
nombrar de forma concreta a los responsables de la falta de libertades
básicas en el mundo. No hay que ser muy sabio para saber que son los
grandes capitalistas, los grandes financieros, las grandes oligarquías.
Hablemos de otro truco. A nadie se le ocurriría plantear que la
necesidad de alimentarse se puede representar como la libertad para
satisfacer el hambre. Todos sabemos que el reino de la libertad empieza
cuando se tienen cubierta las necesidades básicas. Así que es un truco
de mal gusto presentar la necesidad de alimentación como un acto de
libertad. Hay más: la verdadera libertad, la superación del reino de la
necesidad, se logra, a juicio de Marx, con la reducción de la jornada
laboral. Ahí está la clave de la verdadera libertad humana y no en esos
trucos conceptuales que transforman las necesidades en libertades.
Hambre, prensa y democracia
Amartya Sen, en un articulo publicado en Clarín Digital y titulado
Hambre, prensa y democracia, dice los siguiente: “La existencia y el
ejercicio de las libertades y los derechos políticos, incluida la
libertad de expresión, hacen más fácil evitar desastres económicos como
las hambrunas. En la terrible historia de las hambrunas, se destaca que
no se produjo ninguna hambruna significativa en un país con forma de
gobierno democrática y una prensa relativamente libre”. Y más adelante
dice esto otro: “Sin embargo, China no fue capaz de evitar la hambruna.
Se calcula que las hambrunas de China de 1958 a 1961 mataron a 30
millones de personas, diez veces más que la gigantesca hambruna de 1943
en la India británica. El llamado gran salto adelante iniciado a fines
de los años 50 fue un fracaso masivo, pero el gobierno chino se negó a
admitirlo y siguió aplicando dogmáticamente las mismas políticas
desastrosas durante otros tres años. Es difícil imaginar que esto
hubiera podido pasar en un país que tiene elecciones regularmente y una
prensa independiente”.
Esta es una forma caprichosa de razonar, de enlazar cosas sin
fundamentos ni pruebas, sencillamente para servir a los intereses del
capitalismo. Hagamos gala de un juicio caprichoso. Las dos guerras
mundiales fueron obra de los países más avanzados y democráticos del
mundo. Y estos países estaban en posesión de la prensa más “libre” e
independiente” del mundo. Pero en la segunda guerra mundial, sólo en la
Unión Soviética, hubo 30 millones de muertos. La pregunta sería: ¿cómo
habiendo democracia y prensa independiente no se evitó esa masacre? Esto
sería una pregunta estúpida, puesto que lo cierto es que se produjo esa
masacre, y no sería la presencia o ausencia de democracia la causa que
lo explicara. Todo el mundo sabe que lo hay de fondo en toda guerra son
los intereses económicos y no ninguna clase de intereses humanitarios o
democráticos.
Del mismo modo se tendría que dar primero en los países democráticos la
posibilidad de una hambruna para preguntarse después si la democracia
sería un medio para evitarla o no. Y mientras esta posibilidad no se de,
la afirmación de Sen carece de fundamento. De todos modos es una
asociación caprichosa la de la democracia con la hambruna, es
sencillamente un medio para criticar al socialismo chino. No digo que el
socialismo chino no pueda ser criticado por sus errores, que los tuvo y
los tiene, pero hay críticas y críticas: hay críticas que pretenden
mejorar el socialismo y otras que pretenden liquidarlo.
Hablar de que la prensa en los países capitalistas es libre e
independiente es una burla, un engaño que nadie debe tragarse. En primer
lugar la prensa está en manos privadas. De manera que la prensa no es
independiente de esos intereses privados. Será supuestamente
independiente de los intereses del gobierno de turno, pero no de sus
propietarios. Y en segundo lugar, los creadores de opinión, los
directores de informativos y los periodistas más famosos del mundo ganan
mucho dinero, hecho que los convierten en capitalistas. De manera que no
podemos esperar ninguna independencia de los intereses del capital por
parte de aquellos que son capitalistas y se alimentan del sistema
capitalista.
En lo que se refiere a que la prensa es libre, sin duda que es libre.
Pero la cuestión es saber quién ejerce esa libertad. Y los que ejercen
la libertad de expresión son los grandes periodistas y líderes de
opinión que mencionamos antes. La libertad es directamente proporcional
al poder que se ostente. Y los trabajadores, y en especial sus capas
pobres, carecen de poder o el que tienen es muy raquítico. Así que de
poca libertad pueden disfrutar.
Dado que las hambrunas afectan a muchas menos personas que el hambre
crónica y son más ocasionales, cabe preguntarse por qué Sen hace tanta
incidencia en las hambrunas. A mi no me cabe la menor duda: tiene mayor
rentabilidad ideológica y política. Los burgueses siempre buscan la
manera de afear el socialismo. Pero contraataquemos. Fian Internacional
el 13 de octubre de 2005 hizo público el siguiente comunicado: “La India
es el país con el número más alto de personas en el mundo sufriendo de
hambre. Casi un cuarto del total mundial de los desnutridos vive en la
India”. Habría que preguntarle a Sen cómo es posible que esto suceda si
en India hay “democracia” y “prensa independiente”.
Sigamos contraatacando. En Tierramérica, en la sección Noticias, el 28
de octubre de 2006, podemos leer lo siguiente: “La Corte Suprema de
Justicia de India debió intervenir en septiembre para obligar al
gobierno a distribuir el excedente de arroz y trigo entre los famélicos
de una población nacional de 1.000 millones de habitantes. “Nuestros
graneros están rebosantes porque la gente no tiene con qué comprarlos”,
afirmó el ministro de Agricultura, Ajit Singh. Singh fue el primer
político del partido del gobierno, a nivel federal, en describir una
situación en que millones de personas mueren de hambre mientras las
autoridades se quejan del excedente de grano, que llegará a 80 millones
de toneladas, según estimaciones”. A Sen y a todos los empiristas les
encanta hablar de la causalidad y de las relaciones de la causalidad,
pero no quieren ver lo que tienen delante de los ojos: el sistema
capitalista genera hambre por un lado y sobreproducción por otro lado.
Ya lo dijo Marx hace muchos años: la causa de todas las crisis está en
el bajo poder adquisitivo de los trabajadores.
Realicemos el último contraataque. En el Correo, en junio de 2001, P.
Sainath, un periodista indio independiente, se expresa en los siguientes
términos: “A comienzos de mayo de este año, la Suprema Corte india tuvo
que intervenir para que el hambre pudiera regresar a la primera plana de
la prensa. Es un caso sorprendente. ¿Quién habría imaginado que una
publicación necesita que la justicia le diga que el hambre sigue siendo
un tema importante en este país y en el resto del sudeste asiático?
India, Pakistan y Bangladesh declararon en los últimos años que poseían
un excedente de 50 millones de toneladas de alimentos. Pese a todo,
entre los tres vecinos reúnen la mitad del hambre del mundo. …Cifras
recientes del gobierno demuestran que en Anantapur, uno de los distritos
de Andhra, entre 1997 y 2000 se suicidaron 1.826 personas, sobre todo
agricultores con pequeñas propiedades inferiores a una hectárea. Una vez
más los medios de comunicación optaron por mirar en otra dirección,
permitiendo que las autoridades manipularan informes sobre las razones
de esas muerte. …En el decenio pasado, la prensa india –obsesionada por
los temas triviales- dedicó enorme espacio a explicar que la floreciente
clase media india por fin tenía acceso a las hamburguesas McDonald´s y a
las marcas más sofisticadas de la moda internacional. O a escribir sobre
la proliferación de clínicas para adelgazar y concursos de belleza. Esos
son temas que generan rédito publicitario, no las desagradables
historias sobre gente muriendo de hambre o la falta de agua potable aun
en el corazón de las grandes ciudades. Las contradicciones de India se
reflejan en la prensa. Por un lado, están los grupos humanos excedidos
en peso que pagan miles de rupias para adelgazar en clínicas
especializadas; por el otro, hay miles de personas que mueren de hambre.
Los medios de comunicación prefieren la primera parte de la realidad e
ignoran la segunda”.
¿No es evidente que el pensamiento de Sen, que una prensa
“independiente” y “libre” sería un freno para la pobreza, carece de
fundamento? ¿No vemos el ejemplo en India? En primer lugar, la prensa
burguesa se ocupa de problemas triviales y oculta los graves problemas
de la gente sencilla. La prensa burguesa como el pensamiento burgués
actual es superficial y banal. Y en segundo lugar, los medios de
comunicación son empresas capitalistas y lo que buscan es vender lo más
que puedan. No son independientes de las ventas ni de las ganancias. Así
que es un engaño lo que dice Sen. La prensa “independiente” no es un
remedio para evitar el hambre ni la hambruna. Y si en algún caso se
ocupa de los problemas del hambre, lo hará porque así se vende más
ejemplares.
La visión de Marx sobre los pobres
El capital produce pobres de diversas maneras. Hablemos de dos de ellas.
Una: al avanzar la acumulación capitalista varía la proporción que se da
entre capital constante, dinero invertido en medios de producción, y
capital variable, dinero invertido en fuerza de trabajo. Si
originariamente esta proporción era de 1: 1, después se convierte en
2:1, 3:1, 4:1, etcétera, de modo que se va invirtiendo progresivamente
cada vez menos en fuerza de trabajo y más en medios de producción.
Escuchemos a Marx: “la acumulación capitalista produce constantemente,
en proporción a su energía y a su volumen, una población relativamente
adicional, es decir, sobrante para las necesidades medias de
valorización del capital y, por lo tanto, superflua.
Y dos: el gran capital de continuo destruye al pequeño capital y, con
ello, destruye los puestos de trabajo creado por el pequeño capital. Por
lo tanto, los pobres son un producto del capital y no algo independiente
del cual es difícil saber sus causas.
En una sociedad capitalista los puestos de trabajo los crea el capital;
y si hay pobres, será porque el capital es incapaz de crear los puestos
de trabajo que necesita en la actualidad la humanidad. Hecho que pone de
manifiesto que el sistema capitalista se ha convertido en un obstáculo
para el desarrollo libre y armonioso de la humanidad.
En Las Palmas de Gran Canaria. 1 de noviembre de 2006.
Francisco Umpiérrez Sánchez - fumsaarrobamsn.com
Director del Centro de Estudios Karl Marx En Las Palmas de Gran Canaria, 19 de enero de 2006.Buscar recursos sobre
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