Las ideas son como el carbón encendido, necesitan del aire motivador
para poder generar el fuego de la proactividad. Si no hay aire, las
ideas se convierten en cenizas y nuestra empresa deja de existir.
En la actual sociedad del conocimiento las ideas importan mucho en el
desarrollo empresarial, siempre y cuando éstas sean constructivas y
representen verdaderos aportes en el servicio a los demás.
No cabe duda que el escenario bajo el cual surgen las ideas es a través
de la experiencia. Pues es exactamente en nuestro ambiente de trabajo
donde nos encontramos con un variado conjunto de detalles que podemos
mejorar, sin embargo también es importante aportar ideas novedosas que
le den un alto valor agregado al servicio que ofrecemos.
Para que se impulse este tipo de ideas es necesario que tanto los
directivos como los compañeros de trabajo siempre estén dispuestos no
sólo a escuchar, sino a considerar la forma más adecuada de canalizar
nuestras sugerencias.
Lamentablemente en las reuniones de trabajo en equipo, vemos
continuamente cómo frente a una nueva idea, la mayoría se opone y hace
todo lo posible por sepultar en el silencio las ideas. En consecuencia,
si usted una vez fue víctima de este tipo de situación, probablemente ya
no tenga la misma motivación para seguir aportando, y el fuego de su
talento se apagará paulatinamente hasta extinguirse por completo.
En el ámbito de directivos, cabe señalar que no todos los ejecutivos de
empresas tienen la misma disposición para impulsar las ideas buenas en
sus colaboradores. Algunos directivos soplan fuertes corrientes de aire
motivador para encender nuestras ideas. Otros en cambio, nos echan agua,
con lo cuál no se aporta nada.
Por otro lado, los empleados también tendrían que plantearse las
siguientes interrogantes ¿Cuándo fue la última vez que aportaste una
idea a tu empresa? ¿Fue ejecutado tu aporte? ¿Porqué?
Volviendo a los directivos, éstos tienen que tomar conciencia del saber
en qué medida cuando hablan de los planes de la empresa, de la misión y
visión, o cuando conversan con los colaboradores ¿Motivan el aporte de
ideas innovadoras? ¿Simplemente se dedican a llamar la atención y hacer
advertencias?
En este sentido es un problema frecuente lograr que nuestro supervisor
realmente nos escuche. Estudios recientes muestran que el 95% de las
sugerencias de mejoramiento que ofrecen los consultores ya habían sido
sugeridas con anterioridad por los empleados. 1
Por tanto, es necesario analizar la viabilidad de un procedimiento que
canalice la propuesta y ejecución de una idea, ya sea de parte de los
empleados o de un cliente. ¿De qué forma puedo lograr que escuchen mis
ideas? Escriba en un papel sus sugerencias y tramítalas adecuadamente.
Siempre en el trabajo, hay que hacer más que el mínimo.
Hace unos años existió una compañía norteamericana que tenía buenos
precios, servicio excelente y precisión en los pedidos. Llegó un momento
en el que tenía mucha liquidez y decidió invertir la utilidad en el
pintado de las camionetas de la empresa. Después de un tiempo la empresa
se fue a la quiebra... 2
Como vemos en este caso, si el gerente en vez de cubrir aspectos
secundarios, se hubiera preocupado por implementar las ideas que le
proponían, el final hubiese sido distinto. La hipótesis acerca de la
causa de esta situación es: ¿Tuvo pereza mental o simplemente no supo
escuchar?
Las estadísticas señalan que en la comunicación, sólo el 7% es verbal,
38% vocal y 55% es movimiento corporal (gestos, posturas y contacto
visual). De estas cifras podemos deducir que más importante no sólo es
el contenido, sino la forma en que transmitimos nuestras ideas.
Por citar un ejemplo, un día de trabajo como fruto de un contacto con un
cliente se nos ocurre una idea fabulosa, la pensamos, la estructuramos,
la escribimos y la planteamos al gerente. Camino a su oficina nos
cruzamos en el camino con él y nos saluda muy molesto y malhumorado.
¿Seguimos con la misma disposición para dar nuestro aporte? ¿Buscamos
otro momento más oportuno? ¿Qué sucede si nuestro jefe siempre tiene un
semblante molesto? ¿El gerente está muy preocupado por las gestiones de
la empresa, por ser competitivo en el mercado, que le impide escuchar a
los demás? ¿Sucede lo mismo con los empleados?
Cuentan que navegando en medio del mar, un discípulo le preguntó a su
maestro: ¿Cómo puedo hacer para aprender a escuchar verdaderamente las
ideas de los demás? El maestro levantó con su mano una estatua de oro y
al tiró a las profundidades. Inmediatamente el discípulo se lanzó al mar
tras ella y después de unos minutos el discípulo salió a la superficie
muy orgulloso y alegre de haber recuperado la estatua. Sin embargo, el
maestro le dijo que lo estuvo llamando reiteradamente para responderle.
El discípulo avergonzado le dijo que no le había escuchado. El maestro
le respondió que lo mismo sucede cuando sólo nos preocupamos por ser más
competitivos, tener siempre la razón en nuestros argumentos e imponer
nuestro criterio.
De esta forma nos sumergimos en el mar de nuestro ego, lo cuál no
permite escuchar las ideas de los demás, ni mucho menos considerarlas.
Salgamos a la superficie de la tolerancia cuando nos presenten
proyectos. ¿Escuchamos las ideas de los demás o nos escuchamos a
nosotros mismos? ¿Qué tipo de empresa promovemos? ¿Ideas convertidas en
fuego o en cenizas?
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Licenciado
en Educación en la especialidad de Matemática y Física, formado en la
Universidad de Piura, Perú. Actualmente labora como educador en el
Colegio HUMTEC Humanismo y Tecnología de Lima.
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