La fases de la vida directiva son como los animales en la naturaleza,
deben adaptarse a las condiciones del tiempo, los cambios externos y la
orientación en medio de la tempestad. Si el directivo sabe superar con
audacia los inviernos, podrá cosechar el fruto de sus estrategias de
liderazgo en los veranos llenos de utilidad y desarrollo.
José Pin, profesor del IESE, en su libro “Fases en la carrera
profesional del MBA”, señala con claridad los períodos que atraviesa un
directivo: águila, araña, canguro y búho.
Fase del águila, los retos humanos en el primer trabajo, es para
quien decide iniciarse en la vida directiva, necesita tener una visión
amplia para ver el horizonte. Pero a veces requiere tener la astucia del
zorro, lo cuál le genera habilidades para buscar ayuda. El águila debe
orientarse sobre vientos favorables que le permitan concretar el saber,
querer y poder. En esta etapa se tiene que buscar un mentor y
desarrollar relaciones personales que redunden positivamente en lo
profesional y en oportunidades de crecimiento.
Fase de la araña, implica aprender a manejarse en 360° con
paciencia y sabiduría, tejiendo redes hacia arriba, abajo y los
costados, en forma radial. Hacia arriba, aprendiendo a dirigir a su
propio jefe, conociéndolo y no hacerle perder el tiempo. Hacia abajo,
aprendiendo a dirigir y corrigiendo riesgos para la actuación de los
subordinados, aprendiendo a delegar. Hacia los costados, implica
experimentar a la vez la dependencia de los subordinados como el goce
del poder. Vale decir, tener humildad para recibir consejos y tener
paciencia, enseñando incluso al que sabe y se considera del mismo nivel.
En esta etapa es importante escalar en la empresa, no desaprovechando
las oportunidades, como por ejemplo, desarrollar redes en el exterior.
La araña tendrá que seleccionar un mentor que le ayude a liderar a la
gente por ilusión y amor.
Fase del canguro, aprender a saltar con elegancia dentro o fuera
de la empresa. Aprender a ser mentor, sin depender de nuestros mentores
y pupilos. En esta etapa se debe lograr el equilibrio profesional,
personal y familiar, lo cuál implica hacer frente a la relación
trabajo-familia. Asesorarse y formarse en el exterior. En esta fase
tener suerte es sinónimo de ganar batallas, por tanto hay que buscarla.
El canguro tendrá que tener cuidado con los siguientes riesgos: expresar
debilidades que han permanecido ocultas; buscar desmedidamente el éxito,
lo cuál produce arrogancia; y no saber reaccionar ante la mala suerte.
Fase del búho, es la más ansiada en la vida directiva, implica
larga experiencia que lo responsabiliza de velar por el conjunto de la
organización. Ser como el búho, es ver en medio de la oscuridad, entre
las sombras, poder ver algo que el resto no lo puede ver. Vale decir,
ver oportunidades y detectar problemas. Son veloces y vigilan desde
arriba la organización. El riesgo que corren los búhos es despreciar la
formación y no estar al tanto de las olas del cambio.
Estas son las cuatro fases por las que debe pasar un directivo. ¿Usted
ya empezó? ¿Cuál es su fase?
Cuentan que un rey, famoso por su ecuanimidad y coraje, perdió casi todo
su reino y hasta el último de sus solados. No le quedaban más que dos
servidores y su castillo. Llegó la noche en la que los enemigos iban a
cercar su palacio. El rey en ningún momento se abatió, al amanecer pidió
a sus servidores que abrieran todas las puertas y ventanas del palacio.
Después de ello, se instaló en una de las almenas para observar
sigilosamente desde lo alto, la llegada de los invasores. Su serenidad
perturbó a los enemigos, quienes pensando que les esperaba una trampa se
retiraron. El rey dijo luego a sus servidores: ved que la visión amplia,
el evitar las precipitaciones, el tener equilibrio y serenidad han
impulsado a que los enemigos huyan y a nosotros nos ha motivado a
permanecer en nuestro puesto, encontrando una respuesta creativa a tan
aterrorizante situación.
Como en la historia, el directivo tiene que saber combinar a los largo
de su vida, todas las habilidades del águila, araña, canguro y búho. El
rey de la historia, las poseía todas.
Puede ser que en nuestra vida directiva nos sintamos seguros de nuestra
aptitudes de liderazgo, pero puede llegar la noche, en la que acechan
los enemigos. Cuidemos nuestras actitudes y emprendamos un nuevo camino
para conquistar nuestra naturaleza humana y empresarial. Si perdemos una
batalla, sigamos luchando con equilibrio y sabiduría, pues perder una
batalla, no implica perder la guerra.
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Licenciado
en Educación en la especialidad de Matemática y Física, formado en la
Universidad de Piura, Perú. Actualmente labora como educador en el
Colegio HUMTEC Humanismo y Tecnología de Lima.
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