En definitiva, por sobre todas las cosas, negociar es buscar soluciones
conjuntas a los problemas entre partes que en principio están o creen
estar distanciadas. Y para ello lo primero que tenemos que analizar es
la naturaleza del problema que debemos resolver.
Esto significa ponernos de acuerdo en cual es el problema para nosotros
y cual es el problema para los otros y después cual es el problema de
ambos. Esto también significa ponernos de acuerdo en cuáles pueden ser
las soluciones para nosotros y cuáles pueden ser soluciones para los
otros, para luego analizar los puntos de contacto entre problemas y
soluciones. Algo que a los uruguayos nos llevó muchos meses en
oportunidad de la crisis del sector financiero de mediados del año
pasado.
Cuando confrontamos con otros nuestras opiniones puede suceder que
consideremos que cuanto más saquemos a nuestro favor, nuestros
interlocutores piensen o sientan que más pierden en la negociación. Esto
genera patrones de comportamiento del tipo "gana-pierde" en el que se
producen enfrentamientos que dificultan la colaboración entre las
partes, que es uno de los componentes más importantes de la negociación.
En ciertos casos esos enfrentamientos pueden llegar hasta límites
extremos en que se generen patrones de comportamiento "pierde-pierde",
en que ambos se perjudican y nadie gana. Fue precisamente lo que pasó al
comienzo de la crisis bancaria al generarse una incontenible corriente
retiro de dinero por parte de los ahorristas.
Una ecuación del tipo “gana-pierde” en las negociaciones no siempre
resulta en un éxito para los ganadores a costa de un fracaso para los
perdedores. Aparentemente este pareció ser el caso de los intercambios
iniciales de opiniones entre el gobierno y los ahorristas de los bancos
en liquidación. Pero este enfoque se rectificó a tiempo. El gobierno
entendió que no podía conformarse un “gana-pierde” porque en este
esquema se lesionaría seriamente la credibilidad del sistema financiero,
justamente en instituciones que estaban avaladas por la participación
mayoritaria del Estado uruguayo. Por otra parte, los propios ahorristas
no hubiesen tolerado ese “gana-pierde” sin dar dura pelea, porque sería
aceptar que en bancos con fuerte participación estatal no existiría una
clara responsabilidad del Estado por las situaciones que se están
enfrentando.
Curiosamente, hay condicionamientos culturales muy arraigados en nuestra
sociedad que determinan que - salvo puntuales excepciones - para que
alguien gane, entonces alguien debe perder, que perfectamente pueden
destruir la posibilidad real de que ambas partes puedan ganar en el
marco de un acuerdo conveniente para todos. Teóricamente, las
negociaciones "gana-gana" son siempre, las más satisfactorias para las
partes. El problema práctico de los negociadores es lograr patrones de
comportamiento que no bloqueen la búsqueda de este tipo de resultados.
Lo que sin duda no es fácil cuando los intereses en juego son muy
importantes y la adrenalina hace estragos en la capacidad de "subirse al
balcón" para ver la situación desde otro ángulo mostrando lo que es
realmente ser capaz de liderar para buscar soluciones en situaciones
conflictivas.
Si retomamos el ejemplo de los intercambios de opiniones entre el
gobierno y los ahorristas de los bancos en liquidación, descubriremos
que el único camino posible para evitar grandes sufrimientos a la
sociedad uruguaya era un “gana-gana”. Simplemente el costo político,
social y económico sería demasiado alto para que cualquiera de las
partes aceptase que debe recibir exclusivamente todo el peso de los
desaciertos con los que se condujo el sistema financiero uruguayo,
incluyendo los organismos de contralor y los propios bancos en
dificultades. Mas si comprendemos que se trató de una crisis
perfectamente previsible y claramente anunciada, para la cual
lamentablemente no se encontró el antídoto adecuado en el momento justo
para evitar males mayores, como los que se enfrentan hoy. Males que no
son del gobierno y de los ahorristas, sino de todos los uruguayos.
Ante la crisis del sector financiero los negociadores aprendieron a
tiempo que una actitud intransigente, sería fatal. O sea considerar que
se podía negociar, no perdiendo nada. Afortunadamente comprendieron que
lo que se perdió no se perdió ahora, fue mucho antes de comenzar las
actuales negociaciones y por lo tanto, un camino en que nadie fuera
perjudicado, no era posible. Se dieron cuenta que el secreto de la
relación de intercambio en las actuales circunstancias residía en ceder
en algo para conseguir algo. A la luz de los resultados, todavía
parciales, las partes parecen haber encontrado caminos para minimizar
los daños y buscar soluciones en que perdiendo algo, igual las partes en
su conjunto ganen más que cada una por su lado.
Hay que tener presente que la intransigencia en situaciones como las que
vivimos en el sector financiero siempre dejan sobrevolando en el
terreno, la posibilidad cierta de un “pierde-pierde” nunca querido.
Cuando dejando transcurrir demasiado tiempo las personas se desgastan y
ya no se tienen el control total de los propios actos, se alimenta
peligrosamente la posibilidad de que quien está enfrente tampoco
conserve la serenidad necesaria. Y si ambas partes chocan fuertemente y
pasan del terreno de las razones al de las acusaciones, el
“pierde-pierde” toma cada vez más fuerza. E incluso entre hábiles
negociadores, los resultados pueden ser muy malos para ambas partes.
Estuvimos realmente muy cerca -muchos no saben cuanto- de que eso pasara
en Uruguay con consecuencias nefastas para todos.
Hay algo bueno que se puede sacar de estas crisis. En las
confrontaciones no siempre tiene que haber un perdedor. La idea
fundamental que hay que revalorizar es que no necesariamente lo que uno
pierde lo está ganando la otra parte o que los que se gana, fatalmente
lo está perdiendo el otro. Mentalizándonos en un enfoque “gana-gana”,
recogeremos siempre los mejores resultados posibles. Y sobre todo, le
daremos mayor estabilidad a los acuerdos que el país necesita en las
actuales circunstancias. Todos sabemos que nadie se conforma si piensa
que perdió en una negociación importante. Menos si cree, ya con
fundamento o sin él, que fue engañado por un negociador más hábil.
Porque negociar -si entendemos bien de que se trata- no es estafar. Al
Uruguay le esperan tiempos muy difíciles en los que hay mucho por
negociar. ¡Por favor que sea con modelos “gana-gana” porque todos lo
necesitamos!
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