Suscríbete GRATIS al boletín y recibe:
10 ebooks con las lecciones empresariales más representativas de Jack Welch, Kenichi Ohmae, Michael Newman y otros exitosos líderes de primer nivel en el mundo de los negocios...
Al pulsar aceptas los términos de uso y la política de privacidad
O mediante uno de los siguientes servicios:
Las empresas que desarrollan productos innovadores que requieren
tecnologías de punta reconocen rápidamente lo que es competir y aceptan
que deberán hacerlo muy bien si quieren sobrevivir. En ese tipo de
empresas la necesidad de competir opera precisamente como un incentivo
para aquellos dirigentes que confían en su propia capacidad para crear
nuevos productos y ponerlos en el mercado rápidamente.
Para ese tipo particular de empresas, competir con otras empresas en
similares condiciones, forma parte de las reglas de juego que los
emprendedores no sólo no rechazan, sino que hasta a veces buscan para
mostrar que las capacidades de la organización -y fundamentalmente de su
propia gente- constituyen un valor que no teme ser puesto a prueba aún
cuando los competidores también conozcan muy bien el negocio y sean
fuertes contendores.
Cuando varias empresas confrontan sus potencialidades procurando
incrementar su participación por el mercado, en condiciones en que la
competencia es equitativa, todos los agentes se benefician. Las propias
empresas porque compitiendo aprenden a superarse a partir de sus
aciertos y sus equivocaciones y también los clientes porque finalmente
tienen acceso a productos cada vez de mayor calidad y en general con
mejores precios ayudados por reglas del mercado convenientes para la
mayoría de los agentes.
Sin embargo, lamentablemente todo no ocurre naturalmente en el mejor de
los mundos posibles, recordando a un Cándido diáfanamente vigente. No
siempre las condiciones para competir son todo lo equitativas que sería
necesario, pensando en lo más conveniente para la mayoría de los
agentes. Y no estoy refiriéndome en escenarios en que una empresa pueda
imponer condiciones abusivas a los clientes al contar con un dominio muy
acentuado del mercado. Para esos casos, aún en condiciones muy extremas,
siempre hay oportunidades para combatir a quienes se aprovechan
indebidamente de su posición, generando perjuicios a toda la sociedad.
Hay otras condiciones estructurales todavía más duras para poder
competir como sería deseable para bien de todos, en un mundo claramente
globalizado pero sutilmente flechado. Ciertamente las condiciones pueden
no ser todo lo equitativas que sería conveniente cuando por ejemplo una
de las empresas es del primer mundo y la otra del tercero. La primera
cuenta con circuitos de innovación bien aceitados, posibilidades reales
de acceso a capital de riesgo y mercados más abiertos para poder colocar
sus productos. Conquistas que le permiten pisar más fuerte en el mundo
que tiene recursos para ser comprador de lo que necesita.
Todos aquellos empresarios que -a pesar de las dificultades iniciales-
apuestan a la innovación desde el tercer mundo saben lo difícil que es
generar condiciones en las que el mundo académico y el empresario actúen
con sinergia, lo complicado que es conseguir un crédito cuando el valor
agregado es conocimiento y las dudas que se generan respecto de la
calidad de un producto de alta tecnología por su procedencia.
Una empresa que produce bienes que puedan rotularse como “made in” USA,
Francia, Alemania o Japón - por citar cuatro ejemplos paradigmáticos-
cuentan con un respaldo muy fuerte detrás, que actúa como trampolín para
poder colocar sus productos en mercados como el nuestro y también en
toda la región. Además por cierto de contar con productos que son
usualmente de excelente calidad.
¿Que pasaría si esa empresa que produce bienes similares sólo puede
estamparles un “made in” Argentina, Brasil o Paraguay? Por citar tres
ejemplos bien cercanos a los que agregaría temerariamente también a
Uruguay. Evidentemente no tendría el mismo respaldo detrás y lo que
usualmente sentiría es un pesado grillete en el pié, cada vez que se
propone colocar sus productos en mercados del primer mundo. Incluso
cuando pudiese contar con productos de la misma calidad que los del
norte.
Todo parece indicar que dos empresas de alta tecnología- una del primer
mundo y otra del tercer mundo- si por una de esas hermosas casualidades
son ambas capaces de producir un bien técnicamente superior a las demás,
o hasta si queremos con precios suficientemente bajos, lamentablemente
no estarían en similares condiciones para competir. Y todo está a la
vista. Porque por causas que conocemos o por lo menos intuimos, las dos
empresas operan realmente en dimensiones comerciales disjuntas.
Competir desde el sur con el norte para colocar productos de alta
tecnología -de los que hasta nosotros en el sur culturalmente
desconfiamos a veces con razón- se transforma en un espejismo
aparentemente inalcanzable hasta para los emprendedores más tesoneros.
Algo parece estar más allá de las posibilidades individuales de cada una
de las empresas del sur que peregrinamente cuenta con el atrevimiento de
decirle a las del norte, estamos aquí golpeando la puerta y queremos
entrar.
Una vez un amigo que peleaba por entrar en Europa con sus productos de
alta tecnología desarrollados en Uruguay me dijo: “Es que ellos están
arriba y nosotros abajo”. Haciendo la pausa agregó: “Además parece que
no hay escalera entre el tercer mundo y el primero”. Finalmente completó
su juicio con una frase demoledora que todavía recuerdo vivamente:
“Parece que es cierto que sólo hay disponible un palo enjabonado por el
que es fácil bajar y muy difícil subir”. Si bien esa frase no es del
todo original de mi amigo, porque la imagen ya fue empleada antes por un
colega, no deja de tener un claro impacto por la fuerza de la metáfora
que encierra.
Desde el norte se insiste que no hay nada que políticamente impida a una
empresa del sur vender en mercados del norte. El proteccionismo es algo
del pasado con lo que se justifica la ineficiencia presente. Agregan:
“Simplemente deben demostrar que son tan buenas innovando como las
nuestras.” Por supuesto: “Deben disponer de la capacidad instalada para
manejar los volúmenes que requerimos.” Finamente acotan: “Tienen que
contar con respaldo financiero para seguir creciendo con nuestra
eventual demanda.”
Si por un milagro alguien logra pasar por estos filtros preventivos que
se proponen desde el norte -por otra parte muy razonables- se le piden
además “adecuadas certificaciones de calidad” de sus procesos y sus
productos. Certificaciones internacionales por supuesto. Algo que no
merece reparos racionales de nadie. Concordarán todos que “quién
acredite que alguien es bueno, debe ser confiable.” Y casualmente las
únicas organizaciones certificadoras creíbles tienen sus casas matrices
en el norte.
¡Por supuesto que no es imposible subir! Sabemos que no existe una
cortina de hierro que se baja desde el norte para que no se pueda
entrar. Simplemente, y sin necesidad de más referencias, acordemos bajo
el peso de ciertas evidencias circunstanciales que se hace difícil, muy
difícil lograrlo.
Algunas empresas innovadoras del tercer mundo han logrado llegar a “El
dorado” del siglo XXI y son usados repetidas veces como ejemplos de que
se puede. Pero hay un secreto guardado para tan esporádicos casos de
éxito. Aquellos que lo intentaron muchas veces ya intuyen que algo
complica las cosas. Y lo saben quienes ahora miran desde arriba, sin
desconocer sus raíces. No se puede subir empujando desde abajo, alguien
te tiene que tender una mano desde arriba.
El problema es el alto precio del boleto empresario para subir por ese
“palo enjabonado” hacia la otra simensión del que tantos hablan. Pasar
empresarialmente del sur al norte es toda una proeza. Las empresas
uruguayas, argentinas, paraguayas o brasileras que fabrican productos de
alta tecnología -que las hay por supuesto- cuando buscan la mano para
entrar al mercado americano, alemán, francés o japonés, pierden
usualmente un ojo de la cara para conseguirlo, cuando no los dos.
Para muchos esa mano amiga desde el norte genera daños inaceptables. Por
ello muchos emprendedores jóvenes y primerizos siguen buscando
afanosamente la esquiva escalera al norte. Algunos no tan jóvenes y ya
un poco golpeados también lo hacen. Mientras tanto, hoy más que nunca
sería beneficioso que la visión enjabonada de mi amigo - que no inventó
la madera y el jabón- no sea totalmente correcta. Esto es que el palo,
con las marcas de las uñas de quienes lo intentaron antes, ya no esté
tan liso y resbaloso.
Finalmente me asalta una idea sin tener que atentar contra el totem de
la globalización. Tal vez lo que debemos buscar -aún con más fuerza
todavía- es que por lo menos en el Mercosur se comenzara a pensar en
crear nuestro propio norte, mirando primero hacia el sur para que
nuestros negocios - los de toda la comunidad de naciones involucradas en
un mercado común por igual- puedan aprovechar caminos de superación
hacia nuestros propios mercados sin palos enjabonados propios o ajenos.
Lo demás seguramente vendría luego, potenciando manos comercialmente más
comprensivas y no necesariamente menos exigentes.
Información Legal
Este artículo es Copyright de su autor(a). El autor(a) es responsable
por el contenido y las opiniones expresadas, así como de la legitimidad
de su autoría.
El contenido puede ser incluido en publicaciones o webs con fines
informativos y educativos (pero no comerciales), si se respetan las
siguientes condiciones:
1) se publique tal como está, sin alteraciones
2) se haga referencia al autor (Carlos A. Petrella)
3) se haga referencia a la fuente (degerencia.com)
4) se provea un enlace al artículo original (http://www.degerencia.com/articulos.php?artid=257)
5) se provea un enlace a los datos del autor (http://www.degerencia.com/petrella)
Buscar recursos sobre
Master internacional desde España (Online)- Becas parciales
Una frase memorable
Acerca de GestioPolis: Qué es GestioPolis — Términos de uso y Política de privacidad — Mapa del sitio — Contácto — Aliados — Contratar publicidad
Derechos de Autor: Los contenidos están bajo la licencia Reconocimiento - No comercial - Compartir bajo la misma licencia 3.0 Unported de Creative Commons a menos que se indiquen derechos de autor específicos. Si desea citar o utilizar públicamente alguno de los contenidos le solicitamos ponerse en contacto con el respectivo autor.
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web GestioPolis.com © 2008 Carlos López