Cada día, alrededor del mundo, miles de empresarios, gerentes o ejecutivos se plantean la pregunta del título. Y sorprende que conciban la falta o pérdida repentina de motivación de su personal como un virus de origen desconocido. Esta situación remite a las viejas películas de los 50 y 60 sobre extraterrestres.
Y es que tales directivos entienden la baja del ánimo como algo
inexplicable, incomprensible, algo que llegó de otro mundo para
convertir a sus empleados en zombis o seres sin alma.
Para remediar tal situación suele buscarse, entre otras soluciones,
conferencistas que sean motivadores o inspiradores profesionales los
que, para bien o para mal, son una especie en crecimiento y que goza de
buena salud incluso en América Latina.
He oído de líderes empresariales que toman el siguiente atajo
que me pareció increíble: convocan a su gente a una habitación con
equipo de vídeo y una gran pantalla y les hacen ver una conferencia
grabada por algún guru estadounidense o latinoamericano.
Valerse de conferencias, en vivo o grabadas no es malo en sí mismo.
Tampoco lo es usar otros procedimientos menos ortodoxos como caminar
sobre brasas ardientes. El problema radica en que se está atacando los
síntomas y no la causa de la enfermedad. Por lo tanto, el efecto de la
técnica será fugaz pues se queda en lo superficial.
La motivación laboral es un fenómeno muy ligado al clima que se respira
en el centro de trabajo y al tipo de liderazgo ejercido en el mismo. Y
esto toca directamente a los gerentes o ejecutivos. Generalmente estas
personas piensan que la motivación de sus subordinados no es afectada
por como actúan y se comunican los superiores.
De hecho, como ciertos padres poco competentes, estiman que la
negligencia de quienes tienen a su cargo es fruto, en primera instancia,
de un capricho o de un intento de sabotaje.
Planteada así la problemática, la motivación será vista como un virus
extra-terrestre.
Lo que debe quedar muy claro es que la motivación para el trabajo es un
proceso diario, continuo y multi-axial, es decir, reposa en varios ejes.
Y todos estos ejes o hilos conducen, en última instancia, a la forma de
dirigir la empresa. A sus directivos.
A otros gerentes se les despierta la curiosidad por comprender la
motivación y acuden a manuales, cursos y a Internet. Y se dan con otro
problema. A veces se la explica de modo esotérico. Seamos francos: las
teorías de la motivación de Maslow, Herzberg, McClelland y otros son
expuestas de modo muy abstracto y con poco o ningún correlato en la vida
laboral real. Y esto sucede hasta en los cursos de postgrado.
Los gerentes deben estar advertidos de que para motivar existe una serie
de estrategias a usar con los empleados, por ejemplo, planeamiento
coordinado de objetivos; propiciar la participación en la toma de
decisiones; prestaciones diversas e incentivos simbólicos. Todo lo cual
va más allá de la mera recompensa económica.
¿Pero cómo saber qué estrategia aplicar y cuándo hacerlo? Para
descubrirlo sólo puedo recomendar una comunicación fluida con todo su
personal. Pero demos a la palabra comunicación su sentido más amplio. No
la confundamos con monólogo, con letanía o con sermones.
Al sugerir que se comunique con su personal quiero decir que
los escuche más; descubra qué les interesa y qué los moviliza; hacia
donde van o quieren ir. Y busque Usted la forma de que vean que su
trabajo es un vehículo utilísimo para alcanzarlo. Como dicen Deming y
Drucker: sólo los trabajadores son quienes mejor pueden identificar la
forma de hacer bien su trabajo.
Arturo Orbegoso G. - Psicólogo Organizacional Peruano, consultor de empresas y docente universitario aorbegosogarrobayahoo.es
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