Continúa la discriminación de género
03-2006
Hace ya muchos años, desde un lejano 1985, las autoras sufrieron
discriminación de género cuando al terminar sus estudios de Ingeniería
Industrial en el Instituto Tecnológico de Chihuahua se encontraron con
que en algunos lugares no eran candidatas para trabajar debido a ser
mujeres.
Una de las primeras experiencias y por cierto muy desagradable fue
que en una empresa maquiladora de la Ciudad de Chihuahua le dijeron a
una de ellas que había presentado el mejor examen, pero debido a que era
mujer no le podían dar el puesto el cual finalmente fue ocupado por un
hombre.
Otra experiencia fue en una empresa de venta de conductores
eléctricos donde el entrevistador le comentó a otra de las autoras que
le agradaba su currículo pero no la podía contratar debido a que en ese
trabajo se tenía que viajar y que no era adecuado para una mujer además
de que debía pernoctar en un hotel y se prestaba a malas
interpretaciones.
Es por esto que después de veinte años consideraron interesante
realizar un análisis sobre la situación actual sobre la discriminación
de género que se presenta en nuestros días.
El resultado de dicho análisis es el que se presenta a consideración
del amable lector o lectora.
A pesar de que se habla de igualdad de manera formal en la legislación
vigente en nuestro país, en estas últimas décadas no podemos hablar de
una igualdad real entre hombres y mujeres. No es posible borrar de un
solo golpe siglos y siglos de desigualdad que se empezó a gestar desde
los tiempos del Homo Sapiens. Si se revisa la historia podemos
encontrar que el ser hombre o el ser mujer ha variado a lo largo del
tiempo. Y si nos ponemos a comparar el rol femenino actual con el que
desempeñaron nuestras antepasadas (abuelas) veríamos que ha cambiado
mucho en muy poco tiempo. Nuestras abuelas se dedicaban exclusivamente
al cuidado de la casa y a la crianza de los niños, aún en tiempos de
nuestras progenitoras la gran mayoría de las mujeres tenían un papel
social de amas de casa y de madres, por lo que era imposible verlas
desempeñando un papel laboral o profesional. Todo lo anterior era debido
a que el rol del varón era el de ser el proveedor de la casa y la mujer
la que atendiera todo lo doméstico.
Por otra parte observamos que el concepto sobre masculinidad ha
permanecido así como el rol de género ejercido por los hombres. También
vemos que los roles de género tienden a permanecer iguales, a fijar y
anclar los diferentes comportamientos que se consideran correctos para
los hombres y para las mujeres, es por eso que a pesar de la igualdad
formal entre ambos sexos de que pueda gozar una sociedad, es posible
descubrir una tendencia muy acentuada a juzgar de manera distinta las
actuaciones que realizan las mujeres y las que protagonizan los
hombres. El control que ejerce la sociedad se presenta más severo y
opone más resistencia al cambio femenino. Si en una empresa se tiene una
vacante para un puesto gerencial es mucho mas frecuente encontrarnos que
prefieren que éste sea ocupado por un hombre que por una mujer, a pesar
de que empezamos a ver que las mujeres están ocupando de manera
minoritaria puestos de alta dirección.
Actualmente si accedemos al mercado laboral nos damos cuenta que aún son
muchas las empresas que continúan inclinándose por ocupar hombres
prioritariamente que a las mujeres, y vemos que también llevan
preferencia en los procesos no solo de selección sino también en los de
promoción; las mujeres reciben en algunas ocasiones salarios inferiores
a los de los hombres por realizar el mismo trabajo, por otro lado, el
índice de temporalidad sigue siendo mayor entre las mujeres que en los
hombres y vemos que no se renuevan contratos a mujeres embarazadas
además es muy notorio que para contratar a una mujer le soliciten
primero que se realice una prueba de embarazo. El contexto es social; la
discriminación de género no se da individualmente, puesto que son
necesarias representaciones de ambos sexos para que pueda darse esta
situación: al menos una mujer y un varón. En España, muchas de las cosas
hoy posibles para las mujeres han sido logros necesarios para intentar
llegar a la igualdad de género -la incorporación de la mujer al mundo
laboral, la creación de una legislación para defender los casos de
violencia contra las mujeres o incluso cuentas bancarias propias o el
voto (Alberdi I, 1999).
Pero en la mayoría de las cuestiones sociales no partimos de esta base
igualitaria -despidos por maternidad, acoso sexual en el trabajo, etc.-,
no existe una igualdad de género a partir de la cual denunciar la
discriminación o desigualdad; muy al contrario: la base de la que
partimos es precisamente la supremacía de uno de los géneros. Y esto se
refleja continua y fielmente en nuestros medios de comunicación. Incluso
se registran casos en que a una mujer joven y guapa se le soliciten
favores sexuales a cambio de beneficiarla con un puesto o con una plaza
ya sea en el sector público o en el privado. Lamentablemente algunas
féminas han recurrido a esta táctica para conseguir un trabajo a
promocionarse lo cual hace que algunos hombres sigan ofreciendo este
tipo de arreglos discriminatorios.
Existe el principio de la no-discriminación por el sexo, dicho principio
se hace legítimo en la Declaración Universal y está en varios documentos
de las Naciones Unidas. También aparece consagrado en el Pacto de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el cual dice: “a igual
trabajo debe haber igual remuneración”. Protege también la maternidad
referida a los derechos laborales de las mujeres trabajadoras, e incluye
el Pacto de Derechos Civiles y Políticos, cuando en su articulado,
menciona el derecho a participar en la vida pública sin ser objeto de
discriminación, pero sí de la igualdad ante la ley (García Oyarzun,
2005).
Al leer la prensa en México nos damos cuenta que existe un elemento que
sigue siendo factor de discriminación en los medios de comunicación: el
uso del lenguaje, especialmente a través de la generalización del
masculino ya que se le toma genéricamente y como contenedor de las
personas de ambos sexos, lo cual ha llevado a que las mujeres aparezcan
como invisibles en los textos y en los contenidos informativos. Todo
esto se ha dado a pesar de que en el Gobierno de la República actual se
ha hecho énfasis en dirigirse a la población en términos de masculinidad
y femineidad (chiquillos y chiquillas, hombres y mujeres, ciudadanos y
ciudadanas, etc.)
Sin embargo aún y cuando la publicidad está funcionando en los últimos
años poniendo en circulación soluciones modernas ante las necesidades
del mundo actual, el planteamiento que suele darse es más estético que
de fondo a pesar de que se habla de las consecuencias de la
incorporación de las mujeres al mundo laboral, la realidad nos sigue
indicando que no existe un trato equitativo de hombres y mujeres dentro
del discurso publicitario (Melin-Higgins,2001). Al recibir información
desde diferentes ámbitos nos damos cuenta de que se siguen reproduciendo
valores que sitúan a las mujeres en planos de subordinación y
dependencia, el hogar y el cuidado siguen siendo las principales
prioridades para las mujeres y vemos que el trabajo fuera del hogar
sigue pareciendo natural adjudicárselo a los hombres.
Es muy conocido un falso axioma que asegura por ejemplo que las mujeres
deben de ser guapas y los hombres inteligentes. De la misma manera, si
nos ponemos a mirar la televisión nos damos cuenta de que a las mujeres
se les utiliza como objeto mercadotécnico ya que es muy común encontrar
bellas modelos que enfatizan la necesidad de utilizar tal o cual
producto dependiendo de que se trate, por ejemplo si es un automóvil la
publicidad va dirigida al hombre, si se trata de un producto de belleza
a quien se dirigen es a las mujeres que quieren ser tan encantadoras
como la modelo que lo publicita. Martín Serrano, un español que realizó
un estudio de los estereotipos en la televisión expresó “de los hombres
la mente y de las mujeres el cuerpo”.
Pensamos que actualmente la mujeres pueden ganar un salario gracias a la
educación que han recibido y ya no solo están sujetas a la
administración del hogar y al cuidado de los hijos, de cualquier manera
continua la discriminación aunque valga igual un hombre a una mujer no
se les considera iguales para efectos de asignarles un sueldo, tampoco
se les considera iguales para efectuar algunas tareas como la mecánica o
la electricidad por ejemplo. Las mujeres deberían de tener las mismas
oportunidades para conseguir un trabajo.
Nos damos cuenta que, lamentablemente todavía existen empresas donde
no quieren contratar mujeres debido a que en algún momento pueden ser
madres y tendrán derecho a algunos meses de incapacidad, además de que
el cuidado de los hijos les pueda distraer de la labor para la cual
fueron contratadas.
La discriminación no solamente sucede a nivel laboral también se da
culturalmente o contra personas que no tienen recursos. Realmente es muy
duro ser una persona discriminada y que no se pueda hacer nada. Por lo
tanto proponemos que en los trabajos se trate de todas las personas por
igual sin importar sexo, raza, religión, etc. que se pague justamente
por el trabajo realizado y que se apoye a los más afectados.
BIBLIOGRAFÍA
Alberdi I. La nueva familia española. Taurus, Madrid. 1999.
Garcìa Oyarzun,Ainhoa. Matices sobre la discriminación de género en los
medios. Publicado en Internet. Junio 2005.
Melin-Higgins, M. Coping with journalism. Gender in the newsrooms.
Ponencia presentada en un seminario sobre Género y Comunicación
celebrado en la UAB mayo de 2001.
http://www.ucm.es/info/especulo/cajetin/discrimi.html
http://www.tugueb.com/empleo/2002/10/reportajes/mujeres/mujeres.html#1
amvigara@ccinf.ucm.es
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M.C.A. Marìa Rico Pérez y M.C.A. Teresa de Jesús Ibarra Estrada -
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