VIOLENCIA INFORMÁTICA

Autor: Jorge E. Pereira

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08-2006

Texto

"La necesidad de seguridad es más profunda que la necesidad de amar o ser amado".
Abraham Maslow.

Los virus informáticos se han ido acrecentando y en los últimos años. Lo que en 1998 eran unos dos mil virus identificados, llegan hoy a 40,000, incluyendo sus variantes. Los virus informáticos no pasan de ser una variante de la "violencia" que nunca ha dejado de ser parte de la raza humana, y que al igual que los virus se ha ido haciendo más y más evidente.

Especialmente esa violencia se descarga en los más débiles: mujeres, niños y ancianos.

Pese a las enseñanzas de los "maestros" que pregonaron el amor y la "no-violencia", cada día existe más energúmenos amargados y enajenados mentales que gozan dañando físicamente a otros.

 He visto cómo se ataca a residentes de asilos de ancianos, que caminan por los alrededores de sus hogares, para robarles objetos sin ningún valor. Los hospitales de niños atienden cientos de casos diariamente de menores agredidos.

El origen de esta "espiral de violencia", como algunos la llaman está en el hogar. La violencia doméstica, esa que se da entre padres e hijos, en familia, entre los que "se quieren", es la peor de todas. Los casos de mujeres agredidas son tantas y tan corrientes que existe ahora ya existe campañas destinadas a evitarla y a que estos hechos sean denunciados públicamente.

Hasta el deporte se ha ido convirtiendo en una escenario en que la violencia ha cobrado numerosos muertos. Hasta el tenis que otrora fuera un tranquilo y apacible lugar se ha visto ensombrecido con salvajes actos de violencia, que en algunos casos han dejado gravemente herido a espectadores y competidores.

Como siempre, la solución simple y fácil es la que no me toca hacerlo a mí, y se dice que hay que modificar las leyes. Lamentablemente la ley no es, ni puede ser un maestro. Las leyes no pueden educar. Cuando menciono la palabra educación, me refiero a la enseñanza y aprendizaje de valores que constituyen el bagaje mínimo para la convivencia entre seres humanos y con su entorno.

El asunto es preocupante. La violencia en el deporte, en las calles, y hasta en nuestras comunidades son sólo formas de agresividad que contaminan nuestro mundo. En todos nuestros países la violencia ha ido en un preocupante incremento.

Una sencilla pregunta para ponerle a prueba: ¿Cuánto tiempo deja usted pasar antes de tocar la bocina de su automóvil cuando, estando el semáforo ya en luz verde, el auto que lo antecede no se ha movido aún? Con suerte cinco segundos.

Eso es ser agresivo.

En esto al parecer todos estamos un poco enfermos. Hay violencia en la forma de hacer valer nuestros derechos: paros, huelgas ilegales, protestas callejeras ordinarias y tomas indebidas.

Hay más violencia en la calle: asaltos, insultos, malos tratos, vulgaridad e indiferencia. Hay violencia en las organizaciones sean gubernamentales o privadas. La prepotencia e indiferencia son muestra de ello. La despreocupación total por los menos favorecidos es notoria y clara.

¿Qué se puede esperar de cualquier actividad humana en la actualidad? La respuesta es simple: mucha violencia, muchísima violencia. Se ha dicho hasta la saciedad que el Web de la Internet no pasa de ser un reflejo de lo que es la sociedad que hemos creado. Si entre nosotros existe cada día una mayor violencia, más pornografía, maldad y otros defectos, no se puede esperar otra cosa en la Internet, en una proporción similar a la que vemos en la sociedad que hemos creado.

Lo que me llama más la atención es que para un virus informático tan agresivo y violento se haya escogido para introducirlo una frase tan bella y con tanto sentido como "I love you".

Una frase que resume y aglutina sentimientos de tanto valor. Es también cobarde esconder en una frase tan sagrada un golpe tan artero, para los miles de inocentes que no se percatan de lo que está ocurriendo en el mundo. Es como decirle a un niño o a una mujer que se acerque para acariciarlos y cuando están a la distancia adecuada darles un tremendo golpe.

Pero, eso pasa corrientemente. A todos nos ha pasado en más de una ocasión.
 

Jorge E. Pereira -

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