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"La necesidad de seguridad es más profunda que la necesidad de amar o
ser amado".
Abraham Maslow.
Los virus informáticos se han ido acrecentando y en los últimos años. Lo
que en 1998 eran unos dos mil virus identificados, llegan hoy a 40,000,
incluyendo sus variantes. Los virus informáticos no pasan de ser una
variante de la "violencia" que nunca ha dejado de ser parte de la raza
humana, y que al igual que los virus se ha ido haciendo más y más
evidente.
Especialmente esa violencia se descarga en los más débiles: mujeres,
niños y ancianos.
Pese a las enseñanzas de los "maestros" que pregonaron el amor y la
"no-violencia", cada día existe más energúmenos amargados y enajenados
mentales que gozan dañando físicamente a otros.
He visto cómo se ataca a residentes de asilos de ancianos, que caminan por los alrededores de sus hogares, para robarles objetos sin ningún valor. Los hospitales de niños atienden cientos de casos diariamente de menores agredidos.
El origen de esta "espiral de violencia", como algunos la llaman está
en el hogar. La violencia doméstica, esa que se da entre padres e hijos,
en familia, entre los que "se quieren", es la peor de todas. Los casos
de mujeres agredidas son tantas y tan corrientes que existe ahora ya
existe campañas destinadas a evitarla y a que estos hechos sean
denunciados públicamente.
Hasta el deporte se ha ido convirtiendo en una escenario en que la
violencia ha cobrado numerosos muertos. Hasta el tenis que otrora fuera
un tranquilo y apacible lugar se ha visto ensombrecido con salvajes
actos de violencia, que en algunos casos han dejado gravemente herido a
espectadores y competidores.
Como siempre, la solución simple y fácil es la que no me toca hacerlo a
mí, y se dice que hay que modificar las leyes. Lamentablemente la ley no
es, ni puede ser un maestro. Las leyes no pueden educar. Cuando menciono
la palabra educación, me refiero a la enseñanza y aprendizaje de valores
que constituyen el bagaje mínimo para la convivencia entre seres humanos
y con su entorno.
El asunto es preocupante. La violencia en el deporte, en las calles, y
hasta en nuestras comunidades son sólo formas de agresividad que
contaminan nuestro mundo. En todos nuestros países la violencia ha ido
en un preocupante incremento.
Una sencilla pregunta para ponerle a prueba: ¿Cuánto tiempo deja usted
pasar antes de tocar la bocina de su automóvil cuando, estando el
semáforo ya en luz verde, el auto que lo antecede no se ha movido aún?
Con suerte cinco segundos.
Eso es ser agresivo.
En esto al parecer todos estamos un poco enfermos. Hay violencia en la
forma de hacer valer nuestros derechos: paros, huelgas ilegales,
protestas callejeras ordinarias y tomas indebidas.
Hay más violencia en la calle: asaltos, insultos, malos tratos,
vulgaridad e indiferencia. Hay violencia en las organizaciones sean
gubernamentales o privadas. La prepotencia e indiferencia son muestra de
ello. La despreocupación total por los menos favorecidos es notoria y
clara.
¿Qué se puede esperar de cualquier actividad humana en la actualidad? La
respuesta es simple: mucha violencia, muchísima violencia. Se ha dicho
hasta la saciedad que el Web de la Internet no pasa de ser un reflejo de
lo que es la sociedad que hemos creado. Si entre nosotros existe cada
día una mayor violencia, más pornografía, maldad y otros defectos, no se
puede esperar otra cosa en la Internet, en una proporción similar a la
que vemos en la sociedad que hemos creado.
Lo que me llama más la atención es que para un virus informático tan
agresivo y violento se haya escogido para introducirlo una frase tan
bella y con tanto sentido como "I love you".
Una frase que resume y aglutina sentimientos de tanto valor. Es también
cobarde esconder en una frase tan sagrada un golpe tan artero, para los
miles de inocentes que no se percatan de lo que está ocurriendo en el
mundo. Es como decirle a un niño o a una mujer que se acerque para
acariciarlos y cuando están a la distancia adecuada darles un tremendo
golpe.
Pero, eso pasa corrientemente. A todos nos ha pasado en más de una
ocasión.
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