SERVICIOS POR INTERNET

Autor: Jorge E. Pereira

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La revolución digital se manifiesta de modo más palpable en el lugar de trabajo y las actividades comerciales. Las compras de tecnología de la información constituyen actualmente cerca de un tercio de la inversión privada total en bienes de equipo duraderos para producción.

Las computadoras personales conforman el equipamiento habitual de las oficinas y ya hay miles de personas que trabajan desde sus hogares. Todas las 500 empresas más importantes de Estados Unidos (enumeradas en la revista Fortune) tienen una página Web.

El volumen de las ventas en línea entre empresas es abrumador comparado con las ventas electrónicas al por menor, pero las grandes inversiones de las empresas en computadoras, comunicaciones, programas informáticos y formación no ha logrado incrementar aún la productividad.

Hasta hace poco, se daba por un hecho, que los médicos, consultores y los abogados, entre otros profesionales, solamente podían prestar sus servicios si se encontraban presentes en el mismo lugar que sus pacientes o clientes.

Aunque la videoconferencia e Internet han cambiado esta circunstancia, es preciso que los gobiernos supriman normas sobre el ejercicio profesional, ya desfasadas, que no permiten prestar sus servicios electrónicamente a los profesionales que estén en diferentes países.

Michael Dertouzos, director del MIT Laboratory for Computer Science (Laboratorio de Informática del MIT) en su libro, "What Will Be", predice que dentro de poco estarán disponibles muchos servicios por medio de redes, incluyendo los siguientes:

Un mercado laboral virtual que permitirá encontrar ofertas de trabajo a través de un agente especializado en la red, efectuar entrevistas de trabajo en línea, y trabajar desde casa para una empresa con la que sólo habrá contactos directos ocasionales.

Centros comerciales virtuales que mostrarán los productos disponibles,ofrecerán la posibilidad de probarse prendas nuevas o conducir un coche nuevo de forma virtual, y [permitirán a los clientes] hacer pedidos de los productos, sin visitar una sola tienda tradicional.
Un sistema de sanidad que hará posible los exámenes médicos y diagnósticos a distancia, con una atención directa que, probablemente, sólo podrá prestar un profesional de la medicina.

Dertouzos hace hincapié en que la infraestructura del mercado de la información no está lo suficientemente desarrollada aún como para prestar los servicios mencionados; señala que hay muchos usos que se darán en el futuro a dicho mercado y que hoy en día no podemos ni imaginar. Internet, crea oportunidades para una amplia diversidad de teleservicios, como teleasesoramiento legal y telemedicina, aunque algunas de estas oportunidades están restringidas, incluso dentro de los EE.UU., por las leyes estatales de autorización de práctica profesional.

Por ejemplo, estas leyes permiten la venta de programas legales preparados en otro estado, pero prohiben muchos de los servicios que pueden darse por Internet. Actividades legales en la actualidad, como el uso del correo o el teléfono, para consultar a un especialista de otro estado, son ilegales en Internet.

Se puede ofrecer en Internet información de los test médicos, pero se cae en las redes legales si el médico o el paciente se han trasladado para hacer posibles dichos test. Algunos estados en EE.UU. permiten practicar la telemedicina pero prohiben cobrar honorarios por tales servicios, y aún podríamos citar más ejemplos.

El potencial de la telemedicina está limitado por las leyes que regulan el ejercicio de la profesión y que restringen las posibilidades de acudir a un profesional de otra nación. La mayoría de las leyes que autorizan a los médicos el ejercicio profesional son anteriores al automóvil y el teléfono.

Llegará, no creemos que muy pronto, el momento cuando los legisladores comiencen a estudiar la posibilidad de actualizar esta legislación que data de hace 100 años.

En su libro "El mundo y sus demonios", Carl Sagan, refiriéndose al enorme desfase entre tecnología y legislacion, dice que lamentablemente el último científico que estuvo en el Congreso de los EE.UU. fue Benjamin Franklin.

En nuestros países de habla hispana, este hecho debe ser mucho más dramático, ya que entre nuestros legisladores se encuentra muchos buenos hombres, pero completamente analfabetos tecnológicos.
 

Jorge E. Pereira -

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