RETENCIÓN Y FIDELIZACIÓN DEL CLIENTE EXTERNO
11-2006
Toda empresa que tiene suficiente claridad sobre las condiciones en que
enfrenta el mercado hoy por hoy, ha entendido que la dinámica que
sustenta la actividad productiva se centra en la adecuada gestión de las
relaciones que se establecen con todos los agentes presentes en el
mercado.
Así, la visión que han adquirido los gerentes y lideres de las
organizaciones en este nuevo contexto, ha conducido a entender y valorar
las relaciones que se establecen con los clientes y las diferentes
categorías de comercializadores, para seleccionar las estrategias más
adecuadas en función de la retención, fidelización y potencialización de
este tipo de compradores.
Sin embargo esta nueva perspectiva ha sido trascendida en la medida que
se ha tomado conciencia que la compañía puede contar con el apoyo de
agentes económicos que hasta ese momento habían sido subvalorados en su
funcionalidad y responsabilidad de cara a los clientes: los proveedores.
Conceptos como "desarrollo de proveedores"
y otros de similar connotación han reflejado la nueva dinámica de esas
relaciones establecidas entre proveedores y empresa, más allá de
aquellos acuerdos que inciden en los estándares de calidad de los
productos o en las estructuras de costos de los mismos, para ubicarse en
un conjunto integrado de acciones y medidas que, al estimular el
consumo, estimulan la producción, en una serie de eventos que benefician
toda la cadena productiva y a la economía en general.

En este momento, Cuando las organizaciones han llevado a cabo de manera
eficiente y con total conciencia su articulación con los clientes y
proveedores, la misma inercia de las relaciones establecidas y
consolidadas, hacen que surja un tercer ciclo en la interacción de la
empresa con su entorno: la generación de una opinión pública favorable,
sustentada en parámetros de gerencia social y responsabilidad cívica,
que completan la esfera de la integración empresarial para garantizar su
crecimiento, consolidación y permanencia, coherentemente con el ámbito
en que adelanta sus labores productivas y comerciales.
No obstante, y a pesar de las evidentes bondades de llevar a cabo las
fases anteriormente enumeradas, los empresarios han tropezado con
diferentes dificultades e inconvenientes que no les han permitido, o
bien tomar conciencia de la problemática, o bien diseñar e implementar
programas estratégicos que apunten a una eficiente gestión de las
relaciones con los componentes de la estructura del mercado:
consumidores o usuarios, competencia, comercializadores, sector
productivo y proveedores.
Es así, como se encuentran diferentes estadios de conciencia frente al
tema, los cuales pueden ir desde la absoluta despreocupación por esta
gestión, hasta empresas con un alto nivel de compromiso y evolución en
la misma, siendo común que la visión de la alta gerencia marca la
diferencia entre una y otra instancia, más allá de las eventuales
limitaciones de recursos, las características de la actividad productiva
o de los factores vinculados al entorno organizacional.
En este punto, cuando se entra a profundizar en las causas por las
cuales no se han asumido acciones concretas para instaurar o afianzar
las estrategias pertinentes, se descubre que muchas compañías centran
sus esfuerzos y recursos en los eventos estrictamente comerciales, sin
involucrar otras facetas que pueden lograr gran impacto y recordación
ante los diferentes tipos de clientes externos.
Muchas organizaciones no dimensionan suficientemente el retorno de la
inversión realizada y asumen cualquier actividad de retención y
fidelización como un gasto innecesario, lo cual se constituye en un
fuerte obstáculo para la implementación de estas estrategias.
Así mismo un número importante de compañías no adelantan ninguna
actividad de esta naturaleza, bien por no contar con los recursos
humanos técnicos y financieros, o bien por la ausencia de estrategas que
tengan un buen grado de conocimiento y experiencia sobre la mejor manera
para plantear y operativizar formatos de marketing relacional.
Otro descubrimiento que se hace cuando se estudian las medidas adoptadas
por las diferentes entidades, es que se implementan algunas acciones
discretas, aisladas y desarticuladas que, normalmente, son asumidas por
diferentes integrantes de los equipos comerciales y cuyo origen se
remonta a disposiciones coyunturales para enfrentar algún tipo de
contingencia relacionada con la caída de los indicadores o ante el
creciente número de reclamos e inquietudes que puedan tener los clientes
o la opinión pública, con respecto a alguna situación en específico.
Por esta serie de razones enunciadas hasta el momento se hace visible
que las empresas no le han dado el suficiente peso a la gestión de las
relaciones con los clientes externos, o bien, se consideran satisfechas
con las escasas medidas adoptadas en tal sentido, sin darse cuenta del
gran potencial y de los amplios beneficios que reportan clientes
fidelizados y productivos, para una empresa con una imagen favorable en
el mercado.
Surge entonces la pregunta obligatoria con respecto a qué se debería
hacer para encausar adecuadamente la compañía y lograr impactos
rentables y de largo plazo, la cual puede responderse analizando los
siguientes parámetros:
1. Los programas de fidelización deben contar con el claro y decidido
apoyo y compromiso de la alta gerencia, en una serie de medidas y
orientaciones que deben reflejarse en el direccionamiento estratégico de
la organización y que suponen la adopción de las pautas necesarias para
garantizar la apropiada respuesta a la satisfacción de las necesidades y
expectativas de los clientes externos, integrando todas las áreas de
gestión en torno a ese objetivo común.
2. Cada programa definido por la empresa debe ser congruente con la
naturaleza de los clientes que atiende, el tipo de bienes o servicios
con que acude al mercado, el entorno en el que se desenvuelven sus
actividades, la cobertura geográfica que abarca y, en fin, todos
aquellos elementos que la hacen única y que definen su "personalidad" en
concepto de los clientes y la opinión pública en general.
3. La generación de las estrategias y su modo de operación debe ser un
proceso altamente participativo que vincule tanto a los clientes
internos como a los clientes externos para estructurar actividades
realmente atractivas que convoquen y estimulen a las diferentes
categorías de consumidores o usuarios y a la demás población objetivo.
4. Todo proyecto estructurado en función de los clientes externos tiene
como prerrequisito esencial contar con directivos y funcionarios
capacitados, motivados y estimulados, para brindar la mejor respuesta
posible a todos los requerimientos que demandan las actividades de
fidelización.
5. La garantía de éxito de los planes de fidelización también tiene que
ver con la modularización de las etapas que se pueden implementar al
interior de la organización, a lo largo de periodos de tiempo definidos
por la respuesta brindada por los clientes, para que, de acuerdo con el
impacto logrado,
se pueda evolucionar a la siguiente fase que se
haya planificado, con lo cual se minimiza el riesgo de montar una
estructura compleja que no garantice la rentabilidad de la inversión y,
simultáneamente, se pueden ir haciendo los ajustes requeridos para
personalizar el esquema de trabajo.
6. La propuesta debe ser lo suficientemente flexible en su formato y
generosa en sus resultados como para permitir importantes crecimientos
ligados a una base de clientes que potencializan su capacidad de compra,
con lo cual, se mejoran los porcentajes de participación en el mercado,
se desplaza la competencia y se genera una imagen corporativa sólida y
trascendente.
Entonces, se podría plantear un objetivo corporativo que bien puede ser
expresado como: "diseñar e implementar un plan estratégico para la
retención, fidelización y potencialización de las relaciones con lo
clientes externos, de manera coherente con el direccionamiento
estratégico de la empresa, articulando todas las áreas de gestión para
propiciar la satisfacción de necesidades y expectativas de éstos
clientes, correspondan a consumidores o usuarios, comercializadores,
proveedores u opinión pública en general".
Una vez lograda esta claridad estratégica se hace más fácil empezar a
armonizar las diferentes acciones y medidas que pueden implementarse y
que siempre contarán con el apoyo de los instrumentos de mercadeo
directo, para comunicarse de manera interactiva con grupos particulares
de clientes, obedeciendo a criterios que reconocen que cada segmento
será abordado de forma diferenciada.
Bajo este panorama la empresa puede acoplar e intercalar campañas de
telemercadeo, tele consulta, correos directos, web marketing, e-mailing,
etc, para manifestarse en diferentes momentos coyunturales con los
clientes, así como para vincularlos a programas sociales,
culturales y recreativos que sean estructurados con la clara
intención de mantener una comunicación dinámica, más allá de los
mensajes transmitidos en las campañas publicitarias y promocionales y
del lenguaje que se establece con los equipos comerciales, dando así
sustento y pertinencia al montaje de eventuales clubes de fidelización.
Como bien se habrá notado, se debe dar absoluta prioridad a la etapa de
diseño estratégico de los programas, para que la operativización y
puesta en marcha de los mismos se exprese en un uso optimo de los,
siempre escasos, recursos humanos técnicos y financieros, que
garantizarán la viabilidad del esfuerzo asumido.
Finalmente, para todos debe ser claro que una organización que no está
pendiente de la forma en que evoluciona el comportamiento de sus
clientes externos y la percepción que está generando en el mercado,
empezará a sentir la obsolescencia de unos programas que exigen
permanente renovación y cambio para adaptarse de manera competitiva al
entorno que se quiere impactar y así garantizar el cumplimiento de los
logros corporativos, a corto, mediano y largo plazo.
Emigdio A. Martínez -
Es un calificado consultor Internacional, en
Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú, Bolivia y Guatemala de prestigiosas
empresas. Catedrático Universitario a nivel de Postgrado de la
Universidad Javeriana, Universidad del Valle, Universidad del Rosario,
Universidad Externado de Colombia y otras.
