El mercadeo político es una rama del mercadeo, que es poco conocida,
pero que sigue siendo una de las más fascinantes y atractivas. Es
evidente que no es lo mismo vender un "carismático líder", que vender un
"jabón de lavar". Lo primero requiere de mucha creatividad y permite
aplicar todos los conocimientos adquiridos, en un periodo corto. No hay
que esperar mucho, los resultados son evidentes, cuando comienza el
recuento de los votos obtenidos.
Siempre que un grupo se fije como objetivo ganar una elección
presidencial, parlamentaria, municipal o gremial, se debe desarrollar
una serie de acciones destinadas a conocer el mercado electoral y
determinar las estrategias a seguir.
Estas estrategias deben dejarse claramente establecidas por escrito. La
forma de hacerlo es mediante un Plan de Mercadeo Político, en el cual se
determina objetivos, se asigna tareas y recursos, estableciendo métodos
de control y corrección, para no perder nunca la ruta que se tiene que
seguir para alcanzar el éxito. Dentro del Plan debe haber una parte
importante destinada al análisis de la competencia, esto es de los
contendientes en la justa electoral.
Al igual que el de una empresa comercial, un Plan de Mercadeo Político
debe incluir Planes de Investigación de Mercado, Plan de Publicidad,
Plan de Venta Personal, Plan de Telemercadeo, Plan de Productos y un
Plan de Mercadeo para la Web.
Los productos en política son básicamente tres: el partido, el candidato
y el programa. Estos son los elementos que se consideran como los
productos que se debe mercadear en el mercado político. El partido es en
esencia el producto que se encuentra en el corazón del mercadeo
político. Sin un partido organizado, no se dan candidatos, ni programas.
Todos los políticos siempre creyeron que sus partidos durarían, cuando
menos mil años. El tiempo se ha encargado de demostrar que los ciclos de
vida de los partidos políticos, son más cortos que los de otras
organizaciones.
En algunos casos tienen vida efímera, cuando la efervescencia crea
organizaciones políticas momentáneas, que desaparecen cuando no
consiguen el poder. O simplemente desaparecen, cuando el poder se pierde
y no se puede mantener a la alegre clientela electoral. Estos, al igual
que las vacas en las praderas, siempre andan buscando pastos más verdes.
Como cualquier otro producto en mercadeo, el partido tiene un ciclo de
vida. Esto es nace, despega, se desarrolla, se estabiliza y entra en un
declive.
Los partidos políticos son creados, etapa de "nacimiento", por pequeños
grupos de dirigentes de gran imaginación y audacia (líderes) que
consiguen juntar seguidores para su causa. El líder es por lo general un
hombre de una clara visión de lo que quiere el mercado político y crea
una estrategia destinada a satisfacer esas necesidades.
Tiene que tener necesariamente una clara visión del momento político
que vive su entorno, e interpretar las soluciones en forma adecuada al
mercado que pretende servir. Debe ser muy astuto para convencer algunos
capitalistas de riesgo, que inviertan en su "aventura". Creatividad y
audacia son las características de los líderes de esta etapa de
nacimiento.
En la etapa de "despegue" el partido o movimiento comienza, poco a poco,
a conseguir adeptos. Al grupo inicial se van uniendo militantes, que
comulgan con las ideas de la organización, o sin conocerla a fondo, les
merece lo que dicen de ella, aceptable a sus requerimientos.
Cuando el partido se encuentra en la etapa de "desarrollo" el partido
funciona a plenitud. Es un organismo sano, que crece en militantes, ha
establecido una clara estrategia y las contribuciones le permiten tener
recursos económicos suficientes para ver el futuro con optimismo. Es la
etapa en que el partido requiere de dirigentes que sean administradores
que planifiquen, ejecuten, controlen y
deleguen.
Una vez que todo se encuentra bien cimentado se entra en la etapa de
"estabilización". En esta etapa es cuando el partido puede entrar en un
profundo sueño, quedarse dormido. Todo ha caminado y camina,
aparentemente, tan bien que no se atrae nuevos militantes, no se percibe
el futuro y se desecha las eventuales amenazas y transformaciones que se
ciernen en el horizonte político.
La pérdida de votos y militantes, junto con un deterioro evidente de la
imagen, es lo que anuncian y determina la peligrosa fase del "declive"
del partido político. Nuevas ideas y líderes, de otras corrientes, se
encuentran naciendo, y son más atractivos a las nuevas generaciones. Si
no se producen fuertes transformaciones y cambios estructurales, el
partido en "declive" enfrenta serios problemas.
Uno de los elementos que más pareciera influir y acelerar el desgaste de
un partido, es su permanencia en el poder. El "desgaste del poder" es el
precio que debe pagarse por el éxito. O puede ser como alguien dijo: "el
poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente". El mantener
por mucho tiempo o muy fuertemente el poder, trae a la larga las mismas
consecuencias de acortar el ciclo de vida del partido.
A menos que los dirigentes tengan claro, completamente claro el concepto
de "ciclo de vida", y adopte en cada etapa las acciones adecuadas, se
transformen y adapten a los tiempos actuales, las consecuencias puede
ser bastante tristes. La comunicación con las bases, por medio de
inteligentes planes de mercadeo, desarrollados con competencia por
expertos en marketing político es la única que puede extender el ciclo
de vida.
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