
Los anuncios mantienen la imagen de los vaqueros de Marlboro, y
tienen fotografías de grano grande teñidas de azul. Una muestra unos
pies cruzados, con botas texanas. Otras, una filarmónica. El lema es
sencillo: "Un nuevo mentolado".
Pero el desafío va más allá de promover un producto con límites
publicitarios. Philip Morris, firma que domina el mercado de cigarrillos
en EE.UU., no ha logrado triunfar en el sector de los mentolados, donde
sólo acapara el 25%. El mentolado preferido por los fumadores
estadounidenses es Newport, de la empresa Lorillard Tobacco, seguido por
Salem, de R. J. Reynolds Tobacco. En tercer lugar está la marca Kool, de
Brown & Williamson.
Por otra parte, un 40% de los fumadores de mentolados son miembros de
las minorías, por lo que los movimientos antitabaco están alertas ante
cualquier intento de hablar directamente a negros o latinos. Se trata de
un segmento extremadamente competitivo", dice Susan Ivey, vicepresidenta
de marketing de Brown & Williamson. Y ahora, ante las restricciones para
la promoción masiva del tabaco, las empresas del sector han sido
obligadas a usar programas de marketing especializados para llegar a los
consumidores.
Andrew J. Schindler, director y principal ejecutivo de R. J. Reynolds,
coincide en esto. Desde el acuerdo con los gobiernos estatales, vender
cigarrillos ha evolucionado hasta convertirse "en un juego en el que hay
que ser más selectivo y concentrarse en quiénes son los posibles
consumidores", indica.
En este sentido, su empresa se está apoyando en el mercadeo directo y
actividades especiales en las que sus representantes puedan hablar cara
a cara con los consumidores.
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