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LIDERAZGO EN ACCIÓN

Autor: Jorge E. Pereira

LIDERAZGO

11-2006

Herramientas

Dar charlas magistrales sobre liderazgo en una salón de conferencias es una cosa. Implantar esas capacidades en las actividades diarias es otra completamente distinta. Michael Useem, profesor de la Escuela de Negocios Wharton, de la U de Pensylvania entiende esto muy bien.

Por eso, desde hace varios años, desarrolla una práctica de dos semanas con grupos avanzados de sus alumnos los cuales van a escalar el Monte Everest. De este modo los participantes pueden aprender de las experiencias de pasadas expediciones y generar sus propias experiencias, en situaciones de crisis.

Estas son las únicas donde las características de liderazgo es posible que se manifiesten.

Las condiciones extremas que se dan al tratar de ascender al Everest son realmente serias.

Literalmente cada paso que se vaya dando hacia la cumbre significa tomar una seria decisión. No se trata, en ese caso concreto, de una disquisición intrascendente. Son muchos los que han perdido la vida tratando de alcanzar la cumbre del mundo.

Liderazgo y Administración

La controversia sobre la diferencia entre liderazgo y administración, que hasta la fecha horroriza a las Escuelas de Negocios, la inició Abraham Zaleznik en un artículo publicado en 1977 en HBR, con el título "Administradores y Líderes: ¿son diferentes?"

En este artículo Zaleznik decía que los teóricos de la administración estaban viendo solamente la mitad del cuadro. Agregaba que ellos no veían la parte de inspiración, visión y el espectro total de los estímulos y deseos del hombre. El estudio del liderazgo no ha sido el mismo desde entonces.

Para John Kotter, quien fuera profesor de la U. de Harvard, la administración y el liderazgo son dos animales completamente diferentes. Como sistemas de acción tienen necesariamente que complementarse. Cada uno tiene sus funciones y actividades características. Para Kotter las empresas se encuentran actualmente administradas en exceso y carentes de liderazgo. Muchas de ellas totalmente carentes del necesario liderazgo para enfrentar las actuales condiciones del mercado.

La administración, agrega Kotter, es la respuesta a la complejidad de grandes organizaciones del Siglo XX. Sin buena administración las empresas complejas tienden a llegar a ser caóticas. Administrar es acerca de copar con la complejidad de las organizaciones de tamaño respetable.

Liderazgo, por el contrario, se relaciona con la capacidad para enfrentarse a los cambios. El ambiente comercial se ha ido tornado en algo muy volátil y competido. Hoy no es bueno hacer lo que se hacía solo ayer. Hacer cambios radicales y profundos se ha convertido en un imperativo de supervivencia. Los cambios requieren liderazgo.

Estas dos funciones diferentes - relacionadas con complejidad y relacionada con cambio - tallan, definen las características tanto de la administración, como del liderazgo.

Siendo la función del liderazgo la de producir cambios, fijar la dirección de esos cambios es fundamental en el liderazgo. Fijar la dirección no es nunca lo mismo que el planeamiento o el planeamiento a largo plazo, aunque muchas veces ambos conceptos se confunden. El planeamiento es un proceso administrativo, deductivo por naturaleza, diseñado para producir resultados ordenados, no para producir cambios.

Los líderes consiguen gran cantidad de datos y buscan patrones de comportamiento, relaciones, enlaces que ayuden a explicar las situaciones. Por esto, los que están orientados al liderazgo no formulan planes, sino que crean visión y estrategias.

Las estrategias no tienen necesariamente que ser nuevas o brillantes. Jan Carlzon que articuló su visión de SAS como la mejor Línea Aérea del mundo, para los ejecutivos viajeros frecuentes, no es la excepción. Esto no era nada nuevo. Todos conocen que los ejecutivos viajan más seguido. Enfocarse en los ejecutivos viajeros ofrecía a la aerolínea la posibilidad de mayores ingresos y crecimiento. Carlzon lo implementó en SAS y el concepto funcionó.

Si se compara los tiempos de paz con los tiempos de guerra, es más simple apreciar la diferencia. Las fuerzas armadas en tiempos de paz pueden se administradas por administradores, con muy pocos buenos líderes en el tope de la pirámide. Un ejército en combate no se administra. Requiere de líderes.
 

Jorge E. Pereira -

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