Dar charlas magistrales sobre liderazgo en una salón de conferencias es
una cosa. Implantar esas capacidades en las actividades diarias es otra
completamente distinta. Michael Useem, profesor de la Escuela de
Negocios Wharton, de la U de Pensylvania entiende esto muy bien.
Por eso, desde hace varios años, desarrolla una práctica de dos semanas
con grupos avanzados de sus alumnos los cuales van a escalar el Monte
Everest. De este modo los participantes pueden aprender de las
experiencias de pasadas expediciones y generar sus propias experiencias,
en situaciones de crisis.
Estas son las únicas donde las características de liderazgo es posible
que se manifiesten.
Las condiciones extremas que se dan al tratar de ascender al Everest son
realmente serias.
Literalmente cada paso que se vaya dando hacia la cumbre significa tomar
una seria decisión. No se trata, en ese caso concreto, de una
disquisición intrascendente. Son muchos los que han perdido la vida
tratando de alcanzar la cumbre del mundo.
Liderazgo y Administración
La controversia sobre la diferencia entre liderazgo y administración,
que hasta la fecha horroriza a las Escuelas de Negocios, la inició
Abraham Zaleznik en un artículo publicado en 1977 en HBR, con el título
"Administradores y Líderes: ¿son diferentes?"
En este artículo Zaleznik decía que los teóricos de la administración
estaban viendo solamente la mitad del cuadro. Agregaba que ellos no
veían la parte de inspiración, visión y el espectro total de los
estímulos y deseos del hombre. El estudio del liderazgo no ha sido el
mismo desde entonces.
Para John Kotter, quien fuera profesor de la U. de Harvard, la
administración y el liderazgo son dos animales completamente diferentes.
Como sistemas de acción tienen necesariamente que complementarse. Cada
uno tiene sus funciones y actividades características. Para Kotter las
empresas se encuentran actualmente administradas en exceso y carentes de
liderazgo. Muchas de ellas totalmente carentes del necesario liderazgo
para enfrentar las actuales condiciones del mercado.
La administración, agrega Kotter, es la respuesta a la complejidad de
grandes organizaciones del Siglo XX. Sin buena administración las
empresas complejas tienden a llegar a ser caóticas. Administrar es
acerca de copar con la complejidad de las organizaciones de tamaño
respetable.
Liderazgo, por el contrario, se relaciona con la capacidad para
enfrentarse a los cambios. El ambiente comercial se ha ido tornado en
algo muy volátil y competido. Hoy no es bueno hacer lo que se hacía solo
ayer. Hacer cambios radicales y profundos se ha convertido en un
imperativo de supervivencia. Los cambios requieren liderazgo.
Estas dos funciones diferentes - relacionadas con complejidad y
relacionada con cambio - tallan, definen las características tanto de la
administración, como del liderazgo.
Siendo la función del liderazgo la de producir cambios, fijar la
dirección de esos cambios es fundamental en el liderazgo. Fijar la
dirección no es nunca lo mismo que el planeamiento o el planeamiento a
largo plazo, aunque muchas veces ambos conceptos se confunden. El
planeamiento es un proceso administrativo, deductivo por naturaleza,
diseñado para producir resultados ordenados, no para producir cambios.
Los líderes consiguen gran cantidad de datos y buscan patrones de
comportamiento, relaciones, enlaces que ayuden a explicar las
situaciones. Por esto, los que están orientados al liderazgo no formulan
planes, sino que crean visión y estrategias.
Las estrategias no tienen necesariamente que ser nuevas o brillantes.
Jan Carlzon que articuló su visión de SAS como la mejor Línea Aérea del
mundo, para los ejecutivos viajeros frecuentes, no es la excepción. Esto
no era nada nuevo. Todos conocen que los ejecutivos viajan más seguido.
Enfocarse en los ejecutivos viajeros ofrecía a la aerolínea la
posibilidad de mayores ingresos y crecimiento. Carlzon lo implementó en
SAS y el concepto funcionó.
Si se compara los tiempos de paz con los tiempos de guerra, es más
simple apreciar la diferencia. Las fuerzas armadas en tiempos de paz
pueden se administradas por administradores, con muy pocos buenos
líderes en el tope de la pirámide. Un ejército en combate no se
administra. Requiere de líderes.
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