Nunca es fácil reunir fondos para iniciar un negocio y los costos pueden
variar ampliamente de un país a otro. Sin embargo, en casi todo el mundo
desarrollado hay dos tipos de dinero diferentes a los que puede recurrir
una mediana o pequeña empresa.
En primer lugar está la deuda, que es el dinero que se pide prestado,
por lo común a un banco, y que algún día se tiene que pagar. Mientras se
hace uso del dinero prestado, también hay que pagar intereses sobre el
préstamo.
En segundo está el capital social, que es el dinero que invierten los
accionistas, o bien el dinero que se deja en el negocio en forma de
utilidades retenidas. No se les tiene que devolver su dinero a los
accionistas, pero ellos esperan que los directores incrementen el valor
de las acciones, y si se decide a cotizar en el mercado de valores, es
probable que también esperen dividendos.
Si no satisface las expectativas de los accionistas, entonces
ellos no estarán allí cuando necesite más dinero; y, si son lo bastante
poderosos, tomarán algunas medidas para cambiar al consejo de
directores.
Atractivos de los préstamos
Un apalancamiento elevado es la denominación usada para un negocio que
tiene una enorme proporción de dinero externo en relación con el dinero
interno. El apalancamiento elevado tiene considerables atractivos para
un negocio que desea un nivel elevado de utilidades sobre el capital de
los accionistas.
A primera vista, esto parece una máquina de crecimiento perpetuo de las
utilidades. Por supuesto, los propietarios preferirían que alguien más
les "prestara" el dinero para su negocio, en vez de invertirlo ellos
mismos, si de esa manera pudieran incrementar la utilidad sobre su
propia inversión.
El problema se presenta si el negocio no produce utilidades suficientes en su operación par apagar las deudas. Con mucha frecuencia, en las pequeñas empresas una reducción en las ventas del 20% puede llevar las utilidades a la mitad o incluso eliminarlas.
Si las utilidades se redujeran a la mitad en este ejemplo, la
compañía no podría cubrir el pago de intereses sobre su préstamo. Esto
haría que el negocio fuera insolvente y que no se encontrara en una
"posición financiera sólida"; en otras palabras, no podría cumplir con
uno de los dos objetivos de negocios primordiales.
Balance entre deuda y capital
El equilibrio del apalancamiento de una compañía cambiará continuamente,
dependiendo de las oportunidades de crecimiento que vea en el futuro,
del costo actual del dinero y de la disponibilidad de capital en
acciones y de deuda.
En ciertas épocas es difícil recabar dinero de los accionistas, por ejemplo, cuando el mercado de valores general atraviesa por una depresión, o cuando el desempeño de las utilidades de su compañía no llena los requisitos.
Tal vez su única esperanza son los bancos u otros prestamistas. A la
inversa, cuando las condiciones son buenas, las empresas con frecuencia
reúnen más capital en acciones con el fin de proporcionar fondos para el
crecimiento, anticipándose a la necesidad de efectivo.
Por lo general, los banqueros están en favor de una relación de 1:1
entre los fondos prestados y el capital en acciones. Pero la naturaleza
del riesgo involucrado en su negocio es un factor importante a
considerar, más que tratar de aspirar a este par de cifras simétricas.
Una forma más útil de ver la relación deuda-capital es comparar el
riesgo del dinero con el riesgo del negocio. Si el sector de negocios al
que se ha dedicado por lo general se considera como muy arriesgado (y
tal vez la medida más confiable de ese riesgo es la proporción de
empresas que fracasan), entonces financiar del negocio casi
exclusivamente con préstamos equivale a un peligroso juego de azar.
La deuda debe pagarse, sin importar cuál sea el desempeño de su negocio,
de manera que de ello se sigue que en cualquier mercado de riesgo y
volátil, algún día podrá presentarse la posibilidad de ser tomado por
sorpresa.
Las empresas constructoras son un buen ejemplo de un sector de negocios de elevado riesgo, y casi siempre emplean capital de alto riesgo.
El error es creer que las viviendas son inversiones relativamente
libres de riesgos, y que su construcción también es una empresa segura.
No es de sorprender que las empresas constructoras estén en primer lugar
en las listas de quiebras, tanto en los años de prosperidad como en los
de recesión.
Si los riesgos de su empresa son bajos, es muy probable que sus
utilidades también sean bajas. Las grandes utilidades y los riesgos
bajos siempre atraen a un gran número de competidores, lo que reduce sus
propias utilidades a niveles que en última instancia reflejan lo
arriesgado de su sector de negocios.
Puesto que los que invierten capital de riesgo y los accionistas por lo
general buscan mejores utilidades de las que podrían obtener prestando
el dinero, de ello se sigue que se sentirán decepcionados si invierten
en negocios de bajo riesgo y pocas utilidades. De manera que, si son
inteligentes no invertirán, o si lo hacen una vez, más adelante ya no
invertirán más dinero.
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