Financiamiento de PYMES

Autor: Jorge E. Pereira

PEQUEÑAS Y MEDIANAS EMPRESAS, PyME

08-2006

Nunca es fácil reunir fondos para iniciar un negocio y los costos pueden variar ampliamente de un país a otro. Sin embargo, en casi todo el mundo desarrollado hay dos tipos de dinero diferentes a los que puede recurrir una mediana o pequeña empresa.

En primer lugar está la deuda, que es el dinero que se pide prestado, por lo común a un banco, y que algún día se tiene que pagar. Mientras se hace uso del dinero prestado, también hay que pagar intereses sobre el préstamo.

En segundo está el capital social, que es el dinero que invierten los accionistas, o bien el dinero que se deja en el negocio en forma de utilidades retenidas. No se les tiene que devolver su dinero a los accionistas, pero ellos esperan que los directores incrementen el valor de las acciones, y si se decide a cotizar en el mercado de valores, es probable que también esperen dividendos.

 Si no satisface las expectativas de los accionistas, entonces ellos no estarán allí cuando necesite más dinero; y, si son lo bastante poderosos, tomarán algunas medidas para cambiar al consejo de directores.

Atractivos de los préstamos

Un apalancamiento elevado es la denominación usada para un negocio que tiene una enorme proporción de dinero externo en relación con el dinero interno. El apalancamiento elevado tiene considerables atractivos para un negocio que desea un nivel elevado de utilidades sobre el capital de los accionistas.


A primera vista, esto parece una máquina de crecimiento perpetuo de las utilidades. Por supuesto, los propietarios preferirían que alguien más les "prestara" el dinero para su negocio, en vez de invertirlo ellos mismos, si de esa manera pudieran incrementar la utilidad sobre su propia inversión.

El problema se presenta si el negocio no produce utilidades suficientes en su operación par apagar las deudas. Con mucha frecuencia, en las pequeñas empresas una reducción en las ventas del 20% puede llevar las utilidades a la mitad o incluso eliminarlas.

Si las utilidades se redujeran a la mitad en este ejemplo, la compañía no podría cubrir el pago de intereses sobre su préstamo. Esto haría que el negocio fuera insolvente y que no se encontrara en una "posición financiera sólida"; en otras palabras, no podría cumplir con uno de los dos objetivos de negocios primordiales.

Balance entre deuda y capital

El equilibrio del apalancamiento de una compañía cambiará continuamente, dependiendo de las oportunidades de crecimiento que vea en el futuro, del costo actual del dinero y de la disponibilidad de capital en acciones y de deuda. En ciertas épocas es difícil recabar dinero de los accionistas, por ejemplo, cuando el mercado de valores general atraviesa por una depresión, o cuando el desempeño de las utilidades de su compañía no llena los requisitos.

Tal vez su única esperanza son los bancos u otros prestamistas. A la inversa, cuando las condiciones son buenas, las empresas con frecuencia reúnen más capital en acciones con el fin de proporcionar fondos para el crecimiento, anticipándose a la necesidad de efectivo.

Por lo general, los banqueros están en favor de una relación de 1:1 entre los fondos prestados y el capital en acciones. Pero la naturaleza del riesgo involucrado en su negocio es un factor importante a considerar, más que tratar de aspirar a este par de cifras simétricas.

Una forma más útil de ver la relación deuda-capital es comparar el riesgo del dinero con el riesgo del negocio. Si el sector de negocios al que se ha dedicado por lo general se considera como muy arriesgado (y tal vez la medida más confiable de ese riesgo es la proporción de empresas que fracasan), entonces financiar del negocio casi exclusivamente con préstamos equivale a un peligroso juego de azar.

La deuda debe pagarse, sin importar cuál sea el desempeño de su negocio, de manera que de ello se sigue que en cualquier mercado de riesgo y volátil, algún día podrá presentarse la posibilidad de ser tomado por sorpresa. Las empresas constructoras son un buen ejemplo de un sector de negocios de elevado riesgo, y casi siempre emplean capital de alto riesgo.

El error es creer que las viviendas son inversiones relativamente libres de riesgos, y que su construcción también es una empresa segura. No es de sorprender que las empresas constructoras estén en primer lugar en las listas de quiebras, tanto en los años de prosperidad como en los de recesión.

Si los riesgos de su empresa son bajos, es muy probable que sus utilidades también sean bajas. Las grandes utilidades y los riesgos bajos siempre atraen a un gran número de competidores, lo que reduce sus propias utilidades a niveles que en última instancia reflejan lo arriesgado de su sector de negocios.

Puesto que los que invierten capital de riesgo y los accionistas por lo general buscan mejores utilidades de las que podrían obtener prestando el dinero, de ello se sigue que se sentirán decepcionados si invierten en negocios de bajo riesgo y pocas utilidades. De manera que, si son inteligentes no invertirán, o si lo hacen una vez, más adelante ya no invertirán más dinero.
 

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