En quién confiar?

Autor: Jorge E. Pereira

EL ENTORNO FINANCIERO Y LOS MERCADOS

10-2006

Lamentablemente la credibilidad de todas nuestras instituciones se encuentra, en estos mismos momentos, en serio entredicho.

En la arena política hace mucho que se dice sisstemáticamente "no hay por quién votar", cada vez que hay alguna elección.

Ellos refleja el enorme desencanto de los gobernantes elegidos democráticamente.

El desencanto es consecuencia de las corrupción, falta de sobriedad y ambición por el dinero de la clase política dirigente en nuestros países.

El caso reciente de Argentina, que aparece en los titulares, no es sino una réplica de lo sucedido no hace mucho en Venezuela, Perú, Japón, China e Italia.

En todos ellos muchos millones de dólares se han desviado hacia las arcas de los dirigentes; que se supone son simples administradores de la cosa pública.

 "Solo simples administradores, empleados del pueblo" - decía Ross Perot - "que terminan creyéndose reyes".

Un refugio en el cual confiar, creo que el único que quedaba, era el que nos daban las grandes corporaciones, especialmente de los EE.UU.

El tremendo escándalo que se nos ha venido encima, al conocerse los detalles de la quiebra en ese poderoso y regulado país de la Corporación Enron, viene a alterar nuestra profunda confianza en la integridad de la cultura corporativa.
[http://www.gestiopolis.com/estilos/primer-scroll.htm]
Este desastre financiero va mucho más allá de la caída de una enorme empresa. Bruce Nusbaum, connotado columnista, en la edición de Enero 28, de la revista Business Week dice que simplemente es: "corrupción a gran escala".

Es difícil de creer la forma en que auditores públicos, abogados, contadores, banqueros, analistas financieros, gerentes procedieron en este caso, ocultando la verdad o ignorándola, en una complicidad manifiesta.

El daño que se ha hecho a la credibilidad en las normas de conducta que deben seguir, los que en el pasado fueron considerados confiables profesionales, es muy difícil de reparar.

Ciertos profesionales en muchos países son considerados "Ministros de Fe Pública". Esto es, que por su rectitud y seriedad, sus certificaciones debería ser creídas.

El concepto mismo de "certificación", tan puesto de moda recientemente, viene a tambalearse con estos acontecimientos. De muy poco sirve ahora decir "he sido certificado por XXX", porque lo primero que se nos vendrá a la mente es la pregunta: ¿Y cuanto pagaría por ello?

La confianza que el inversionista tiene en una "sociedad anónima", es en la cual se fundamenta todo el sistema económico de libre empresa, en el cual vivimos y en el cual creemos firmemente. Un sistema que ha generado prosperidad a naciones, empresas y personas por toda la tierra. En casos de sectores de la economía no reguladas por el Estado, son los Auditores Públicos los llamados a dar fe de la corrección de los procedimientos utilizados por las empresas.

En este caso, una de las firmas más grandes de auditoría, Arthur Andersen, se encuentra metida hasta el cuello en un lodazal, que de paso ha dejado sin pensión de vejez a miles de trabajadores, los cuales perdieron ahorros por una cantidad superior a $ 1 billón de dólares.

 (La quiebra de Enron se calcula en $50 billones de dólares).

Arthur Anderson, era desde 1980 auditor externo de Enron, y desde 1990 era también el auditor interno de la empresa. Y como si esto no fuera suficiente, el equipo financiero de Enron lo manejaban asociados de Arthur Andersen. De esta forma, trabajando desde todos los ángulos, Andersen recibía cantidades fabulosas por sus servicios.

En el año 2000 Arthur Andersen recibió US$25 millones en honorarios por auditoría, y otros US$27 millones (dólares) como honorarios por consultorías.

Esto último es lo que más preocupa a los entendidos, porque empresas como Puget Energy, de Bellevue, WA., pagó a auditores como PriceWaterhouse-Coopers $534,000 dólares por auditoría y $17 millones de dólares por consultoría. Por su parte Marriot International Inc. pagó $1 millón de dólares por auditoría y $30 millones por tecnología de información y otros servicios a Arthur Andersen. Estos enormes desbalances parecieran significar pagos "por no hacer auditorías, en lugar de hacerlas".

Se piensa con preocupación que muchas otras empresas pueden estar en la misma situación que Enron.

Es decir, que las prácticas generalmente aceptadas de contabilidad y de auditoría no se han aplicado adecuadamente en muchas empresas.

Que si ello es efectivo, existiría una cantidad grande de empresas quebradas, las cuales se muestran sanas en los balances generales.

Nos quejamos, en nuestros países, de los males de las empresas familiares, en las cuales las decisiones son tomadas por una sola persona, normalmente en su propio beneficio.

Los magos de Harvard y los que han estudiado con ellos, han enseñan la importancia de los controles internos y otro montón de teorías sobre el manejo adecuado y correcto de las empresas. Pero, pareciera que al igual que los fariseos, los "magos" (como los de Arthur Andersen y otros) deberían decir: "hagan lo que decimos, pero no lo que hacemos".

Las firmas internacionales de auditoría se han visto envueltas en casos de quiebras muy famosas en varios de nuestros países, incluyendo quiebras de Bancos Estatales. Han fallado, no porque los sistemas contables y de auditoría sean deficientes. Tampoco porque falten o se requieran nuevas disposiciones legales, de cuya abundancia se encargan los legisladores. Volvemos a que en el centro de todo, se encuentra el hombre.

Y es este el que pareciera ha llegado a un grado serio de carencia de ética; la cual al parecer, ya no forma parte de nuestra educación.

Ahora, como siempre ocurre, nadie sabía nada. Es curioso que tanta gente se quedara totalmente callada, viendo lo que ocurría en sus propias narices. Dentro de este grupo de mudos, se encuentran periodistas muy conocidos, que por extraña coincidencia estaban incluidos en la planilla de Enron. Que políticos de ambos partidos mayoritarios, recibieran jugosas contribuciones en sus campañas de parte del generoso Enron, no nos extraña; porque es una confirmación a la regla general.

Mi esposa, que como toda mujer es muy acertada en sus juicios, (y pocas veces les hacemos caso) dijo cuando se habló de esto en las noticias: "Ya no queda en quién confiar, tendremos que guardar los ahorros debajo del colchón".

[http://www.gestiopolis.com/estilos/cierre-lectura.htm]Jorge E. Pereira -

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