
El concepto mismo de "certificación", tan puesto de moda recientemente, viene a tambalearse con estos acontecimientos.
De muy poco sirve ahora decir "he sido certificado por XXX",
porque lo primero que se nos vendrá a la mente es la pregunta: ¿Y cuanto
pagaría por ello?
La confianza que el inversionista tiene en una "sociedad anónima", es en
la cual se fundamenta todo el sistema económico de libre empresa,
en el cual vivimos y en el cual creemos firmemente. Un sistema que ha generado prosperidad a naciones, empresas y personas por toda la tierra.
En casos de sectores de la economía no reguladas por el Estado,
son los Auditores Públicos los llamados a dar fe de la corrección de los
procedimientos utilizados por las empresas.
En este caso, una de las firmas más grandes de auditoría, Arthur
Andersen, se encuentra metida hasta el cuello en un lodazal, que de paso
ha dejado sin pensión de vejez a miles de trabajadores, los cuales
perdieron ahorros por una cantidad superior a $ 1 billón de dólares.
(La quiebra de Enron se calcula en $50 billones de dólares).
Arthur Anderson, era desde 1980 auditor externo de Enron, y desde 1990
era también el auditor interno de la empresa. Y como si esto no fuera
suficiente, el equipo financiero de Enron lo manejaban asociados de
Arthur Andersen.
De esta forma, trabajando desde todos los ángulos, Andersen recibía cantidades fabulosas por sus servicios.
En el año 2000 Arthur Andersen recibió US$25 millones en honorarios
por auditoría, y otros US$27 millones (dólares) como honorarios por
consultorías.
Esto último es lo que más preocupa a los entendidos, porque empresas
como Puget Energy, de Bellevue, WA., pagó a auditores como
PriceWaterhouse-Coopers $534,000 dólares por auditoría y $17 millones de
dólares por consultoría.
Por su parte Marriot International Inc. pagó $1 millón de dólares por auditoría y $30 millones por tecnología de información y otros servicios a Arthur Andersen.
Estos enormes desbalances parecieran significar pagos "por no
hacer auditorías, en lugar de hacerlas".
Se piensa con preocupación que muchas otras empresas pueden estar en la
misma situación que Enron.
Es decir, que las prácticas generalmente aceptadas de contabilidad y de auditoría no se han aplicado adecuadamente en muchas empresas.
Que si ello es efectivo, existiría una cantidad grande de empresas
quebradas, las cuales se muestran sanas en los balances generales.
Nos quejamos, en nuestros países, de los males de las empresas
familiares, en las cuales las decisiones son tomadas por una sola
persona, normalmente en su propio beneficio.
Los magos de Harvard y los que han estudiado con ellos, han enseñan la importancia de los controles internos y otro montón de teorías sobre el manejo adecuado y correcto de las empresas.
Pero, pareciera que al igual que los fariseos, los "magos"
(como los de Arthur Andersen y otros) deberían decir: "hagan lo que
decimos, pero no lo que hacemos".
Las firmas internacionales de auditoría se han visto envueltas en casos
de quiebras muy famosas en varios de nuestros países, incluyendo
quiebras de Bancos Estatales. Han fallado, no porque los sistemas
contables y de auditoría sean deficientes.
Tampoco porque falten o se requieran nuevas disposiciones legales, de cuya abundancia se encargan los legisladores. Volvemos a que en el centro de todo, se encuentra el hombre.
Y es este el que pareciera ha llegado a un grado serio de carencia de
ética; la cual al parecer, ya no forma parte de nuestra educación.
Ahora, como siempre ocurre, nadie sabía nada.
Es curioso que tanta gente se quedara totalmente callada, viendo lo que ocurría en sus propias narices.
Dentro de este grupo de mudos, se encuentran periodistas muy conocidos, que por extraña coincidencia estaban incluidos en la planilla de Enron.
Que políticos de ambos partidos mayoritarios, recibieran
jugosas contribuciones en sus campañas de parte del generoso Enron, no
nos extraña; porque es una confirmación a la regla general.
Mi esposa, que como toda mujer es muy acertada en sus juicios, (y pocas
veces les hacemos caso) dijo cuando se habló de esto en las noticias:
"Ya no queda en quién confiar, tendremos que guardar los ahorros debajo
del colchón".
Jorge E. Pereira -
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