Un artículo de Theodore Levitt, con el título "Globalization of the
Markets", que dio el campanazo sobre el tan comentado fenómeno de la
globalización, está cumpliendo 20 años de publicado. Apareció en la
edición de Mayo/Junio de 1983, de la revista Harvard Business Review.
Muchos de los estudiosos de las doctrinas económicas, desde sus cúpulas
de cristal, siguen insistiendo al referirse a la globalización como una
"teoría", más explícitamente como una "teoría del desarrollo".
Curiosamente no lo ven, o no quieren verla como "hecho", o un
fenómeno que ocurre en el mercadeo.
Es un hecho concreto y positivo que ocasiona un mayor grado de
interdependencia e integración entre las diferentes regiones del mundo,
las más notorias en el comercio y finanzas.
Una de sus consecuencias lógicas es que ha transformando radicalmente
las condiciones políticas, sociales y económicas de los países. Uno de
los hechos más interesantes, que pocos se atreven a mencionar, se
relaciona con la pérdida paulatina del viejo concepto de
"Estado-Nación".
Al parecer muchos "estudiosos" no se han dado un paseo por los grandes
Centros Comerciales (malls) de sus ciudades. Pareciera que no tienen en
sus casas de habitación Cable TV,
así como tampoco se encuentran conectados la Internet con sus PCs, ni
mucho menos con sus Palms. Imagino que por razones ideológicas nunca
aprendieron el idioma Inglés, no leen, ni quieren ver revistas como
Wired, Business 2.0, Fast Company o Business Week.
Algunos de ellos insisten en decir ahora mismo, en los foros de
burócratas internacionales, que "la Web de Internet está teniendo una
creciente importancia en la actualidad; y es por medio ello que los
grupos sociales y personas están interactuando".
Las grandes y anchas vías de comunicación entre los pueblos se abrieron
mucho antes que se crearan las vías romanas que conectaron todo el mundo
conocido a la fecha.
Se dio mucho antes que los barcos de los navegantes españoles y portugueses dieran vueltas al mundo, buscando rutas para mercadear productos,
dando como resultado que en Latinoamérica y la Filipinas
hablemos en el idioma de Cervantes. Comenzó cuando se abrió poco a poco,
paso a paso, la ruta de la sal.
La primera frase del artículo de Levitt dice:
"Una poderosa fuerza está conduciendo al mundo hacia una comunidad única
y convergente, esta fuerza es la tecnología. Ha proletarizado la
comunicación, el transporte y los viajes, haciéndose accesible, por su
facilidad y menos costo, a los lugares más aislados y para las
multitudes más pobres del mundo.
Casi todas las personas, en todas partes, desean las cosas de las que han oído hablar, que han visto o han experimentado a través de los nuevos medios tecnológicos que impulsan sus necesidades y deseos.
Esto conduce cada vez más hacia la comunidad global,
homogenizando, por tanto, a los mercados de todas partes".
Repito que esto lo decía Levitt 20 años atrás, cuando no habían llegado
al mercado las computadoras personales, no había Cable TV y no se
pensaba que podría existir un medio como la Internet. (En ese momento la
Internet era un arma altamente secreta del departamento de Estado de los
EEUU, de la cual no se hablaba).
Y siguiendo con el mismo artículo de T. Levitt: "En todas partes del
mundo, las personas desean cosas más avanzadas que ya tienen los
sectores más adelantados, y que las mismas clases y tipos de bienes y
servicios ya no los satisfacen.
También, las quieren en su forma más avanzada de funcionalidad, calidad, confiabilidad, nivel de servicio y competitividad de precio. Ya pasó la época en que se podía vender en los países menos desarrollados el modelo del año anterior o el equipo usado que se tomaba a cambio". Y recalca:
"Ya pasó la época en que los precios, márgenes y utilidades en el
exterior eran, por lo general, mejores que en el país de origen".
A veces nos preguntamos cómo pueden existir hombres visionarios que se
adelantan a los acontecimientos y los comentan, casi como si los vieran.
Pareciera que su conocimiento del pasado les permite intuir lo que vendrá, haciendo paralelos entre un pretérito conocido y un futuro incierto, lejano, oscuro.
Un párrafo del artículo que recordamos es enfático tanto para
personas y como para las organizaciones:
"En nuestro mundo globalizado, la organización que carece de un enfoque
global claro y no atiende las simples economías de simplicidad y
estandarización, se verá cada vez más, acechada por problemas".
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