
Y continúa - como dice el viejo dicho japonés: 'si un hombre no es
visto por tres días, sus amigos le mirarán para ver los cambios que ha
tenido'.
Para el autor, el cambio en Japón es tomado como algo normal y
constante. Es parte de la vida misma para los japoneses.
Por ello es inconcebible que una planta en Japón permanezca sin
cambios por mucho tiempo, sean estos cambios graduales o abruptos.
Esta es una de las grandes diferencias - enfatiza Imai - con las
empresas occidentales.
Si realmente - se pregunta - estas ideas vinieron de occidente, ¿cómo
se explica que haya tantas plantas que no hayan cambiado nada desde los
50s en Occidente?
El conformismo sería la antítesis de lo que se debe entender por Kaizen.
El dejar hacer y dejar pasar, no puede entenderse como algo que tenga
relación alguna con la cultura japonesa.
Esta cultura hace que cada hombre o mujer esté orientada a crecer,
perfeccionarse, conseguir superarse, mejorar a cada momento para lograr
llegar a un estado superior aquí y ahora.
La despreocupación por mejorar es parte integrante de nuestra latina
manera de ser. A cada momento lo estamos viendo en la suciedad de
nuestras calles,
al no guardar las herramientas, no atender a los clientes, no ordenar el escritorio al retirarnos de la oficina, esperar que todo lo arregle alguien.
Como tan bien lo decía don Camilo José Cela en su última presentación
en público: "En España (y se aplica a nosotros) todo lo esperamos de
Dios o de la Lotería."
Por lo que estoy palpando a diario me atrevería a afirmar que son
poquísimos los programas que han tenido éxito, destinados a conseguir
mejorar la calidad,
hacer más eficiente el servicio, incrementar la producción o
hacer las empresas más competitivas, que podemos mencionar ocurridos en
nuestros países.
Podremos seguir enseñando las teorías que han dado resultado en otros
lados, pero mientras no desarrollemos programas educativos tendientes a
modificar el comportamiento de los niños y jóvenes,
tanto en la escuela, como en los hogares, los esfuerzos y el dinero
invertido en llegar a ser más competitivos, se toparán con una muralla
más dura que el acero.
Es aquí donde el futuro para nuestras empresas, donde propietarios,
gerentes y empleados, tienen tan poco espíritu de superación, se
comienza a ver un futuro color de hormiga.
Para los industriales del otro lado del océano, con fuerte mentalidad
competidora y con fronteras abiertas al comercio, nuestras empresas y
productos serán un sabroso bocado, fácil de engullir.
Si en alguna ocasión usted recibió de su Gerente, a una idea de mejora,
una respuesta como las que se lista abajo, ya entenderá dónde está la
diferencia. No se desanime, insista en su propuesta de mejoramiento. El
tiempo le dará la razón.
Y si usted como Gerente reaccionó de esta manera a una sugerencia de
mejora, tiene que tener mucho cuidado hacia dónde encamina su
organización. Va por muy mal camino.
1. Estoy demasiado ocupado para estudiarlo
2. Es una buena idea, pero es prematura.
3. No tenemos presupuesto para ello.
4. La teoría difiere de la práctica.
5. ¿No hay alguien que pueda hacerlo por nosotros?
6. Pienso que no se ajusta a nuestras políticas.
7. No es nuestro negocio; deje que otro se ocupe de ello.
8. ¿Está descontento con su trabajo?
9. No es una mejora. Eso es sentido común.
10. Sé lo que sucederá, aunque no lo hagamos.
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