
sólo comparables a las pedidas por el juez Jackson en el caso anti-"trust"
contra Microsoft. Por algo será que el abogado defensor de Napster,
David Boies, es el mismo que el de Microsoft.
Supongo que se encuentra cómodo con estas cifras astronómicas.
Antes esta perspectiva, Napster tiene dos opciones: cerrar o finalmente
pactar un acuerdo con las compañías discográficas. A requerimiento
judicial, el conocido servicio presentó recientemente un sistema de
filtro que asegurara el bloqueo de las canciones para evitar la
violación de los derechos de propiedad in-telectual.
Napster ya había intentado anteriormente llegar a un acuerdo económico
con las compañías discográficas indemnizándolas con mil millones de
dólares a pagar en cinco años y que inicialmente éstas desestimaron.
Ahora parece que tres grandes compañías como Bertelsmann, EMI y AOL Time
Warner,
crearán un gigante para vender música en Internet en el que incluirán
a Naspter y se enfrentarán así a otra alianza creada por las
multinacionales Sony y Vivendi-Universal.
Sin lugar a dudas, el denominado "copy-right" y las ganancias de las
compañías discográficas no se pueden omitir aludiendo al carácter
revolucionario de esta extraña mezcla de empresa comercial y comunidad
virtual que es Napster.
Internet ha modificado muchos ámbitos de negocio, pero esto no es motivo para que ninguna persona, empresa o institución pueda proporcionar gratis unos contenidos de los que ni es propietaria ni tiene ningún derecho a distribuir.
Algunas opiniones afirman que es injusto que se culpe a los creadores
de Napster por lo que han hecho los usuarios. Pero, gracias a este
servidor, lo que ocurre es que la distribución de infinidad de canciones
se convierte en una práctica habitual de millones de personas.
Sin embargo, Napster ha acelerado exponencialmente una de las grandes
revoluciones de Internet: el consumo masivo de música digital.
Si finalmente cierra Napster, ¿quién saciará a los 70 millones de usuarios del servidor sedientos de música? A la sombra de Napster han aparecido otros softwares (Gnutella, Napigator, Freenet, LimeWire, entre otros muchos) que permiten el pirateo de canciones.
Pero muchas de estas webs requieren unos conocimientos técnicos que la mayoría de usuarios no tiene. Además, la descarga de los ficheros es mucho más tediosa y lenta que en el caso de Napster.
Siempre aparecerán nuevos softwares de intercambio gratuito
pero, a nuestro entender, aquellos que tengan un éxito masivo verán
cerrada su actividad por actuaciones judiciales.
El mundo está lleno de consumidores dispuestos a pagar si reciben
exactamente la música que quieren, con la mejor calidad, en el mejor
formato, el mínimo tiempo y de una forma legal.
Las pérdidas de ficheros por desconexiones, la interrupción de las
descargas y las canciones falsas colgadas bajo nombres verdaderos se
acabarían con un servicio legalizado.
Como profesional del sector, coincido con la opinión de Jean-Marie
Messier, director ejecutivo de Vivendi, cuando asegura que están
dispuestos a vender "seguro" a través de Napster o de cualquier otra
plataforma musical si se demuestra que se respetan los derechos de la
propiedad intelectual y se opera bajo un cifrado seguro.
En estas últimas declaraciones se desvela el futuro de la industria
musical. Las empresas discográficas ofrecerán su música a través de
cualquier portal que proporcione unos mínimos de seguridad y calidad, ya
sea en formato web, wap, o los sistemas que vengan en un futuro
inmediato.
La única duda es cuánto tiempo tardarán las compañías en poner a la venta todos sus archivos. Según las conclusiones de la conferencia Plug-in,
celebrada en Barcelona el pasado 2 y 3 de abril y que reunió a más de 300 profesionales de la industria de todo el mundo, el segundo semestre de este año se iniciará la oferta de masiva de ficheros digitales de música y se prevé una explosión de este mercado para el 2002.
La música digital será accesible bajo pago desde cualquier portal musical, y no sólo desde las "sites" de las discográficas.
Salvo los especialistas en música, la mayoría de los usuarios no saben cuál es la discográfica de La Oreja de Van Gogh, de U2 o de Britney Spears.
Si un portal especializado en música tiene la capacidad para
atraer a miles de internautas gracias a sus servicios, promociones o
diseño, los sellos serán los primeros interesados en distribuir sus
productos a través de ellos.
Los profesionales que nos dedicamos a este sector creemos que el
escenario de un pago legal por la compra de música a través de la Red es
imparable.
En un futuro muy próximo habrá más ofertas de música y más flexibles: por suscripción mensual, por canciones, paquetes a la medida. Estas novedades generarán más compra impulsiva y globalmente más consumo.
La música del futuro serán los archivos digitales, pues son más
cómodos, ocupan menos espacio y son más fáciles de ordenar. Al final
saldrá ganando la música.
Es director general de Doctor Music Networks
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