Para poder seguir adelante compitiendo y creciendo las empresas no
pueden más que concentrarse en el cliente. Lo escuchamos, lo leemos, nos
sentimos de alguna forma saturados con la idea que desde
libros, artículos, seminarios y cuanta charla orientada a empresarios
hay nos incitan a implementar, pero la verdad es que sigue siendo algo
difícil de encontrar, las empresas que ponen al cliente como el centro
de su atención no son algo común.
Piense en usted como cliente, concéntrese en sus últimas compras: cómo
lo trataron, qué le ofrecieron, qué solución alternativa le brindaron,
cuántas ganas de recomendar a esa empresa tuvo una vez que hizo la
compra.
Vivimos en un mundo de consumidores sofisticados y extremadamente
informados, que buscan la mejor calidad y el mejor precio, y a la vez,
la globalización ha traído de la mano a empresas competidoras en todos
los rubros con el capital y la estrategia necesaria para "jugar" con las
mejores probabilidades de éxito. ¡Pero no desesperemos!, ya que esa
misma globalidad, nos permite hoy, aún siendo una pequeña empresa
ofrecer nuestros productos a mercados que pocos años atrás eran
imposibles de conquistar.
El año 2000 marcó un claro punto de inflexión en lo que a
comercialización se refiere, y puso a Internet en el centro de toda
estrategia que se precie de ser integrada. Esto sumado al perfil global
del cliente obliga a una transformación del Marketing que hasta ahora
hemos conocido y practicado.
Probablemente usted ya compró un libro en Amazon.com, pudiendo comprarlo
en la librería de la esquina de su casa, o un disco en CDNow, en vez de
hacerlo en la disquera del shopping más cercano.
Es verdad, que tal vez estos sean los "paradigmas" de la compra por
Internet, e inclusive nos sirve para ejemplificar cómo una distribuidora
situada en Alabama, Estados Unidos compite con la librería del Shopping
vecino.
También observemos con atención que local- mente empresas como OfficeNet
venden más del 40% de sus productos hoy por Internet aquí en la
Argentina.
Debemos tener en cuenta que la posibilidad de acceso a casi 100 canales
en cualquier televisión, que muestran el acontecer en directo en cada
rincón de la tierra, sumado a la posibilidad de viajar al exterior por
precios cada vez más bajos, (obviamente antes de la devaluación que hoy
sufre la Argentina) han transformado al consumidor en una máquina de
comparar antes de tomar hasta la más mínima decisión de compra.
El concepto de valor que el cliente le otorga al servicio o producto es
el principio indiscutible del Nuevo Marketing, y es por ese lado que
encontramos la respuesta al interrogante de cómo satisfacer a
consumidores cada día más exigentes. El concepto de entregar valor al
cliente debe basarse en las aptitudes o habilidades que distinguen a
nuestra empresa de la competencia, y que de alguna forma constituyen el
respaldo de una ventaja competitiva que debe ser clara y única.
Hoy en día, en la mayoría de las empresas exitosas, esta ventaja esta
centrada en la calidad de servicio al cliente, en su gente.
Ya no existen las empresas que sólo se consideran fabricantes de
productos ya que si venden licuadoras, una vez que las vendieron, tienen
que ofrecer una línea de atención al cliente, un servicio post venta
personalizado, si es que quieren permanecer en el mercado con
intenciones de competir y seguir vendiendo. Un producto físico (como en
el ejemplo de la licuadora) es sólo una parte de todo el sistema de
entrega de valor al cliente.
Hay que tener en cuenta que es desde el mercado que se define el
concepto de valor que acompaña la propuesta de nuestra empresa.
Lo define el cliente, que compara constantemente las ofertas que
llegan a sus manos, las cruza con sus necesidades y preferencias y toma
la decisión de compra y así, de esta manera, hace funcionar a toda la
estructura de la empresa.
Esta situación nos lleva a tener que trabajar a fondo en la tarea de
conocer quién es nuestro cliente. Toda información que de él obtenga
será estratégica de aquí en más para su organización.
Al ser el cliente quien define el valor de lo que hacemos, está en
nosotros conocerlo para poder satisfacerlo de la mejor manera y crear
así el vínculo que tenemos como objetivo.
El objetivo del "Marketing de la Nueva Era" no es solamente hacer una
venta como era antes. Hoy se busca un verdadero relacionamiento con el
cliente.
El cliente no es más ni menos que un bien estratégico a largo plazo, y esto se puede apreciar con claridad en el momento en que se realizan tasaciones de empresas.
Lo que antes se valoraba con el número resultante de la suma de seis
meses de facturación más activos fijos, se ha convertido hoy en una
compleja ecuación que estudia el valor intelectual y el grado de
compromiso de los recursos humanos que la constituyen.
La lealtad del cliente sólo tiene sentido real hoy dentro del contexto
del Marketing Uno a Uno, Marketing Relacional o Data Base Marketing,
definiciones de estrategias similares que tra- tan al cliente como lo
que es: un ser humano, con nombre, apellido, gustos y preferencias, y no
como un mero dato estadístico.
Algunos especialistas aseguran que la lealtad se convierte tarde o
temprano en una calle de doble mano, en la que los clientes siguen
siendo leales a la empresa que satisface sus necesidades con una
completa gama de productos y servicios relacionados. Mientras que la
empresa a su vez, trabaja "horas extras" para desarrollar mejores
ofertas de productos basándose en un mejor cono- cimiento del
consumidor. Ofertas personalizadas en el momento correcto, que anticipan
de alguna manera el impulso comprador del cliente. Si para el día de la
madre nuestro cliente compró un televisor, hay altas probabilidades que
para Navidad quiera comprar una videograbadora.
La empresa debe definir quiénes son los clientes que valoran los
esfuerzos que se realizan con el objetivo de brindar el mejor servicio.
Ya no podemos darnos "el lujo" de venderle a cualquiera. Las políticas
de precio han dejado de ser "la fresa de la torta", ya que generalmente
esta estrategia atrae clientes de una sola compra, que en el corto plazo
representan una importante pérdida para la empresa. No sólo hay que
vender, hay que trabajar para crear una relación a largo plazo con el
cliente y todo lo que quede afuera de esta estrategia sólo traerá
importantes pérdidas de rentabilidad para la organización.
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