Las "buzz words" abundan en la boca de los asesores de empresas.
"Estrategias genéricas", "jerarquía de estrategias", "creación del
sentido de la urgencia", "generar enfoque de competencia", son solo
algunas de ellas.
Conocerlas es bueno para tener un "vocabulario empresarial e
impresionador actualizado".
Pero, si las empresas de nuestros países de habla hispana quieren
sobrevivir al actual proceso de globalización, que significa más y más
competencia por segundo, las palabras no bastan.
Lo primero y fundamental es tener un claro, profundo y documentado
concepto del "cambio".
De hecho una empresa tiene como objetivos producir, vender, satisfacer a
los clientes y remunerar a los accionistas. Para ello necesita tener
estabilidad, equilibrio y orden.
El "cambio" se contrapone a estos conceptos. El cambio no es de
ninguna forma el estado "natural" para la empresa. La resistencia al
cambio es directamente proporcional al perfeccionamiento organizacional
logrado por la empresa. Esto es: a mayor perfección, mayor resistencia.
Esa resistencia consciente o inconsciente, como se manifiesta más
claramente, es cuando se crea internamente una "dirección de cambio", a
cargo de un antiguo funcionario de la empresa, lo cual asegura que el
cambio será totalmente controlado o paralizado.
Esto es cambios impuestos basado en la autoridad de la dirección, que
está probado no funcionan.
Pero, la única forma de conseguir éxito en el proceso del cambio es que
sean "consensuados", lo cual se traduce en una fuerte adhesión de los
interesados, en los proyectos de renovación desde sus inicios. Ningún
cambio puede darse exitosamente sin la participación de todos lo
interesados.
Previamente a la introducción de tácticas para el cambio, se debe
instruir a todos los miembros de la organización sobre el cambio mismo,
utilizando técnicas de capacitación generalmente aceptadas.
Capacitar para la aceptación y ejecución de cambios, requiere de la
definición de un modelo de capacitación para el cambio, adaptado a cada
empresa en particular.
Los pasos recomendados para definir el modelo de capacitación son entre
otros: identificar síntomas, escoger alternativas, definir conducta
terminal, decidir contenido de la capacitación, identificar población
candidato, etc.
La preparación para la aceptación del cambio requiere de dos tipos de
capacitación:
la primera orientada a informar, en las que se da fuerza a las ideas,
y
la segunda de desarrollo de habilidades, esto es la creación de nuevos
hábitos que patrocinen la aceptación del cambio.
Son muchas las empresas que tratando de introducir calidad total o
reingeniería, fracasaron estruendosamente en su intento. Luego de
análisis de las causas del poco o ningún éxito en sus intentos, se
determinó que ni la dirección, ni el personal estaban "preparados" para
el cambio.
Previo a cualquier intento de introducir nuevas prácticas o nuevos
sistemas, está el de capacitar para conocer y aceptar lo que el cambio
es y representa para una organización.
Esto se hizo evidente en las organizaciones cuando se trataba de
introducir los primeros sistemas de cómputo, y se debió vencer la
resistencia que ello provocaba. Resistencia muy poco pasiva en muchos
casos.
Del mismo modo, no se puede aplicar tácticas de modificación, sea
reingeniería, calidad total, o círculos de calidad, sin antes
implementar una estrategia medular de "entendimiento y aceptación del
cambio", a todos los niveles de la organización.
De lo contrario el dinero gastado en las estrategias para ser más
competitivo, serán "letra muerta" en manuales y notas técnicas,
guardadas y clasificados celosamente por los encargados de los archivos
de las empresas.
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