No debemos olvidar que el poder comenzar a dominar estos conceptos y
ponerlos en práctica rápidamente nos posicionaría en un espacio
diferente respecto de aquellos competidores que continúen improvisando
en su accionar cotidiano y pretendan intuir el futuro comportamiento del
mercado en que operan.
La mayoría del empresariado argentino, se valió en los últimos años de
una herramienta muy popular y peligrosa para dirigir su organización:
"la intuición unida a la improvisación."
Herramienta esta última muy útil (en algunas épocas) pero poco
recomendable para tomarla como política.

La intuición de algunos empresarios y su avidez de improvisar en la toma
de algunas decisiones, permitieron a los más avezados sortear la presión
fiscal, sobrevivir al proceso de importaciones, sortear su ecuación de
costos crecientes, etc.
La realidad actual nos indica que la intuición ligada a la capacidad de
improvisación ya no es suficiente, y entonces se hace necesario tratar
de buscar una nueva y objetiva solución al problema. Llegó el momento en
que los empresarios intuitivos que hasta hoy han triunfado o subsistido
se pregunten; ¿con qué objetivo seguimos luchando día a día?
El que ya tiene su respuesta es porque al intuir e improvisar lo hizo
con uno o más objetivos definidos, en cambio los otros lo hicieron por
el solo hecho de permanecer activos y seguir en una carrera sin sentido.
Para el primer caso (los que tienen una respuesta), si logran ordenar
esos objetivos y son capaces de transmitirlos a su grupo de trabajo, van
a poder darse cuenta cuánto más tranquilizador y alentadora se vuelve la
tarea de dirigir y administrar una empresa partiendo del planteo de
establecer una Estrategia Empresaria.
Para el segundo caso "hasta el más osado marinero necesita consultar sus
cartas de navegación u observar con detenimiento las estrellas para
llegar a buen puerto".
Nunca es tarde para detenernos a observar nuestro entorno, establecer
una ruta y fijar "el puerto" hacia donde queremos navegar.
Sólo así, nuestras esperanzas se renovarán y podremos esperar "al fin
del viaje" cumplir nuestro objetivo.
Para cambiar esta forma de
administrar nuestra empresa y poder competir, debemos considerar que
cuanto antes debemos elaborar nuestra Estrategia Empresaria y plantear
los instrumentos de control necesarios para monitorear la evolución de
esa Estrategia.
Debemos tener en cuenta que cualquier empresario puede y debe diseñar su
Estrategia de Acción.
Y esto no es tarea difícil, por el contrario, cuanto más pequeña es
la empresa, más fácil se hace el diseño y más acotados son los
procedimientos que permiten controlar la evolución.
Lo importante es proponérselo y comenzar "con el primer paso".
Consultor en marketing, es parte de su nuevo libro "Reconvertir,
Fórmulas para Rentabilizar a la Pequeña y Mediana Empresa".
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