Estamos viendo que a cada momento la lucha se hace más ardua por conseguir las preferencias de nuevos cliente y mantener los actuales.
Esto es válido en cualquier tipo de actividad: agrícola,
comercial, industrial, profesional.
La competencia no solamente utiliza armas cada día mas sofisticadas,
sino que a diferencia de lo que fuera hace poco, viene de todos los
lugares del planeta.
En los supermercados vemos que se venden ajos de China y papas de
Holanda, a precios inferiores a las que ofrecen los locales.
(Pensar que las papas son originarias de nuestra América y las llevó
Colón al viejo mundo, nos da mucha intranquilidad).
Toda empresa interesada en sobrevivir y crecer tiene que satisfacer
plenamente las expectativas del cliente y tratar de conseguir su
fidelidad hacia el producto. Muchas son las formas de conseguirlo,
pero sin duda uno de los elementos que puede verse a simple
vista es la "calidad".
Poder definir el concepto de calidad no es fácil, porque puede
significar algo distinto en situaciones y para personas diferentes.
En general se dice de un producto o servicio que está en
consonancia con las expectativas de un grupo de consumidores.
El concepto de calidad es el predominante en la gestión administrativa
de la nueva era de los negocios, convirtiéndose en una filosofía, con
diferentes escuelas. Sea TQM, ISO o como se llame,
en el fondo es una búsqueda de conseguir entregar al cliente el
más relevante valor, al menor costo, mientras se consigue utilidades
sostenidas y estabilidad económica para la empresa.
Deming, Jurán, Feigenbaum, Crosby, Ishikawa, Taguchi, los gurús de la
calidad, llevaron el concepto a las grandes corporaciones. Como un
aceite este concepto a ido penetrando en las empresas medianas y
pequeñas.
Actualmente se utiliza como una jerga universal entre las compañías
que pretender llegar a ser competitivas.
Las similitudes en el pensamiento de los magos de la calidad es notoria.
Todos llevan a la conclusión que es imprescindible ser "el mejor" en
algo.
El impacto ha sido tan grande que al movimiento originado se le
ha dado en llamar la "revolución de la calidad".
Se ha dicho y repetido que en la próxima década es la calidad la que va
a impregnar todos los aspectos de la vida: no va a prevalecer solo en el
trabajo, sino que va a dominar la vida en comunidad y la propia vida.
Esto último es conseguir mejores condiciones de vida,
trabajando menos y obteniendo más, en ambientes más seguros y
confortables.
El concepto de calidad, que algún momento se daba en forma voluntaria
por las empresas, se ha venido haciendo compulsivo por la tremenda
competencia, acelerada e incrementada por la globalización.
Una de las formas de probar la calidad al consumidor es la
"certificación de productos o normas o sellos de calidad".
Esto es que alguna organización confiable garantiza al consumidor que
los productos o servicios cumplen con determinadas normas de calidad y
seguridad.
Una certificación de calidad no es más que el reconocimiento de parte de
terceros, (que ostentan la tan dudosa fe pública)
los cuales garantizan que existen indicios fuertes de la capacidad de
una empresa para desarrollar una organización que mide sus cotas de
productividad, acepta la innovación y gesta capacidades de adaptación o
flexibilidad.
La certificación incluye a la empresa en un segmento integrado por
compañías con conductas homogéneas, que compiten a partir de exigencias
similares.
Frente a los consumidores o usuarios pone en evidencia qué
productos llegan de la mejor forma posible, reduciendo los peligros de
manejos inadecuados, homogeneizando los procesos y ayudando a conservar
el medio ambiente".
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