La historia del estudio sistemático de "proyectos" se remonta hacia mitad del siglo pasado.
La mayoría de las agencias internacionales que impulsaron el tema
como el BM, el BID, posteriormente las Naciones Unidas a través de la
CEPAL y su organismo especializado el ILPES, se dedicaron casi que
exclusivamente a la "preinversión".
Solamente a finales de la década de los sesenta con el nacimiento del
PMI[1] se comenzó a observar en forma integral el concepto del "ciclo
del proyecto",
incluyendo, desde luego, la necesidad de buscar eficiencias en la fase de ejecución de los proyectos, donde se registraba pérdidas notables de dinero y se asumían grandes costos de oportunidad y frustración por parte de los beneficiarios,
al no recibir oportunamente las obras y en buena parte de los casos
se percibía una baja calidad en el producto final (entregable) que
determinada la necesidad de repetición, una y otra vez, de algunas
actividades, con todas las consecuencias negativas que de allí se
derivan.
En el sector público de la mayoría de los países de América Latina
liderados por Chile se comenzó a hablar y establecer el concepto de
“banco de proyectos”.
Se trata de una Unidad adscrita a la entidad líder y responsable de la planeación (ministerio, departamento administrativo u otra denominación homóloga en diferentes países), que se encargaría de viabilizar las propuestas de inversión dentro del Presupuesto Nacional, Regional o Local según el caso.
El “banco de proyectos” se convierte entonces en un sistema de información sobre la inversión pública e instrumento idóneo para desarrollar las políticas de asignación de recursos oficiales.
Más adelante muchas organizaciones privadas utilizarían el mismo concepto para identificar, analizar y evaluar las propuestas de inversión necesarias para alcanzar su misión institucional definida en los “planes estratégicos”.
En principio, la mayoría de los bancos de proyectos de empresas privadas se dedicaban exclusivamente a la identificación,
formulación y evaluación de las propuestas de inversión, vale decir, la preinversión, dejando a otras áreas de la empresa, especialmente a la función de producción, la tarea de ejecutar y monitorear los proyectos. Ante resultados precarios en la ejecución de los proyectos en términos de alcance, costos, tiempo y calidad,
se nombraron gerentes responsables de cada proyecto en particular, y más adelante, cuando se tenían que ejecutar varios proyectos en forma simultánea, surgió la idea de diseñar una “oficina de proyectos” que hiciera homogéneos los procesos, definiera procedimientos comunes,
determinara pautas metodológicas para abordar las diferentes áreas
del conocimiento (integración, alcance, tiempo, costo, calidad, recursos
humanos, riesgos, comunicaciones y procura y logística), a más de
aprovechar las economías de escala y capitalizar las lecciones
aprendidas.
También la tarea permanente de difundir sus herramientas, técnicas y
métodos y, adelantar procesos de capacitación para apuntalar la cultura
de proyectos en la empresa.
Indudablemente, la oficina de proyectos surge como consecuencia
necesaria en las “empresas proyectizadas”, vale decir, aquellas
organizaciones que han tomado el proyecto como herramienta válida para
lograr sus objetivos expresados en los planes estratégicos.
Más allá de la rutina propia de una empresa, como en el caso de un banco comercial, que diariamente maneja giros, avales, créditos, etc.,
tiene la obligación de abordar nuevos productos o el mejoramiento de los ya conocidos; o la necesidad de una planta industrial de electrodomésticos o vehículos, que continuamente tiene que ofrecer nuevos modelos o versiones mejoradas de los ya existentes, para ser competitivos.
De ahí surgen ideas de múltiples productos y servicios que serán sometidos a comités temporales formados para conocer y valorar la bondad de dichas nuevas propuestas. La “oficina de proyectos” moderna, trabaja en los dos frentes:
por un lado identifica, formula, negocia y evalúa la nueva propuesta y sugiere a los directivos decisiones adecuadas alineadas a los parámetros y misión institucional, pero además, en caso de aprobación, dirige la ejecución de cada proyecto y le hace el seguimiento y control correspondiente, hasta garantizar su entrada en operación.
Ratificamos, la “oficina de proyectos” moderna atienda tanto la preinversión como la ejecución de los diferentes proyectos, además, diseña metodologías y procedimientos para adelantar la “evaluación expost”
con el fin de capitalizar experiencias exitosas o fallidas
(lecciones aprendidas), utilizar estándares suficientemente comprobados,
a más de difundir el mensaje permanente de garantía de cumplimiento en
términos de presupuesto, tiempo y calidad.
Por otro lado, es importante anotar, que el éxito de una oficina de
proyectos de cualquier empresa, supone la coadyuvancia, el aval y
respaldo de los altos niveles de dirección (spónsor) que poco a poco se
van cautivando en la medida que los proyectos exitosos se convierten en
parte esencial de la vivencia cotidiana de la organización.
El proyecto es el vehículo necesario para los cambios organizacionales
emprendidos por las empresas que quieren competir en un mundo
globalizado con permanentes desafíos y oportunidades.
Este escenario exige la participación de profesionales y técnicos idóneos que han tenido algún nivel de formación y entrenamiento en gerencia de proyectos.
Lamentablemente, con frecuencia, buena parte de los profesionales involucrados en operaciones de rutina de las empresas son llamados a ejercer la función de gerentes de proyectos apenas con base en la experiencia técnica adquirida previamente y los planteamientos teóricos escuchados en el aula de clase.
La implementación de la oficina de gerencia de proyectos en las empresas requiere el reconocimiento de la disciplina como algo que demanda del practicante habilidades, actitudes y comportamientos específicos.
Como individuo, el gerente de proyectos necesita conocer y saber usar las herramientas de gestión de tiempo, costo, enfoque, comunicaciones, riesgos, adquisiciones y otras.
En el nivel organizacional, es imprescindible conocer el
ambiente del proyecto en su entorno y realizar los esfuerzos necesarios
para que los recursos humanos y materiales estén disponibles.
Así como la práctica de la gerencia de proyectos ha crecido, hay también
una presión creciente para involucrar en forma sistemática las
metodologías, técnicas y herramientas de gerencia de proyectos en las
organizaciones.
La demanda por una gerencia eficaz, la multiplicación del número de
proyectos, así como la creciente complejidad de los mismos, son aspectos
que justifican la implementación de una Oficina de Gerencia de Proyecto
(OGP) [2].
La disciplina gerencia de proyectos ha sufrido cambios significativos en
las dos últimas décadas.
Por un tiempo, los proyectos eran administrados de forma espontánea según decisión discrecional de las directivas, o sea, para cada proyecto era designado un gerente que tuviera experiencia técnica previa en aquel determinado asunto. Sin embargo, los índices de fallas en proyectos llevaron a cambios progresivos en la forma de dirigirlos.
Surge la moderna gerencia de proyectos que se preocupa por métodos y técnicas que sean aplicables a proyectos de diferentes portes y complejidad, aunque con un énfasis gerencial y no meramente técnico.
De la misma forma como la disciplina de gerencia de proyectos empezó a ser reconocida como una habilidad específica, comenzaron a surgir las oficinas de proyectos, como una manera de proveer una respuesta organizacional responsable de viabilizar las planes estratégicos.
La OGP pasa a ser el hábitat natural de los gerentes de proyectos, donde ellos encuentran el respaldo necesario para administrar sus proyectos dentro del plazo, costo y calidad requeridos, por medio de la utilización de métodos y procesos de planeamiento, acompañamiento y control.
Además de eso, esta oficina es responsable de la comunicación
entre el gerente de proyecto y la alta administración, por medio de un
sistema de retroalimentación que permite el perfeccionamiento continuo
de la disciplina en la organización.
En general, las OGP´s son responsables por :
Ø Prestar servicios internos en gerencia de proyectos (entrenamiento y
desarrollo de profesionales, consultoría interna, gerencia y
acompañamiento de proyectos críticos, etc.);
Ø Desarrollo e implementación de métodos, procesos y medidas de
monitoreo, evaluación y control;
Ø Análisis de mejores prácticas (documentación de los éxitos y fracasos,
investigación externa sobre prácticas utilizadas;
Ø Ser depositario de la memoria técnica de los proyectos para que
modelos y estimaciones puedan ser usadas por otros gerentes de proyectos
en el futuro.
Ø También la OGP, en esta moderna concepción, es responsable de todo el
proceso de preinversión y la calificación de viabilidad de las nuevas
propuestas.
La OGP debe comenzar a operar de forma más sencilla y focalizada,
principalmente para mostrar resultados rápidamente. Paulatinamente, sus
encargos pueden ir sofisticándose, conforme va ganando confianza ante
las directivas.
Una OGP, para obtener éxito, debe funcionar como un
catalizador, estableciendo lazos internos y transformando las
informaciones dispersas en conocimiento organizacional. El mayor
beneficio de la implantación de una OGP es hacer las cosas más fáciles.
Administrar proyectos es una tarea compleja y cabe a la oficina de
proyectos, por medio de la automatización de tareas, del uso de
modelos, de adecuada utilización de la metodología, crear una atmósfera
positiva para liderar la búsqueda de la misión institucional a través de
proyectos estratégicos.
El soporte otorgado por la Oficina de Proyectos puede ir desde el simple
funcionamiento como un repositorio de información acerca de prácticas
recomendadas de Project Management (gerencia de proyectos) hasta la
completa responsabilidad sobre los proyectos en una empresa.
En este último caso, la Oficina de Proyectos es la encargada de
la administración de la cartera de proyectos de la organización, la
supervisión de los mismos y de su gerenciamiento.
[1] PMI (Project Management Institute)
[2] También llamada PMO (Project Management Office)
Juan Jose Miranda M. - juanjoarrobacable.net.co
Economista, experto en Proyectos de Desarrollo; Exconsultor Planeación Nacional - BID, OEA, exconsultor asociado Nueva Colombia Industrial; exconsultor Consultores Regionales Asociados (CRA), consultor asociado (CID -Universidad Nacional de Colombia); exconsultor CIDER (Universidad de los Andes) profesor y conferencista (Universidad Nacional, Andes, Rosario, Javeriana, Antioquia, Industrial de Santander, Esap, Incolda, Findeter, Directores, Secretaría de Salud, Ministerio del Medio Ambiente, la CAR, Invías, Empresa de Energía, BP, Comisión Nacional de Regalías, Colciencias, DNP de Colombia;
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