En este sentido, es necesario partir de la consideración de que la
personalidad se forma y se desarrolla no sólo bajo la influencia de
acciones dirigidas hacia una finalidad del sistema educacional, sino
también y de manera esencial, en un amplio contexto social, puesto que
el sujeto vive en una sociedad.
¿Qué son los valores? Definir conceptualmente el término “valor “no es
tarea fácil, ya que este es objeto de análisis y reflexión por
diferentes ciencias y en las sociales, aún no queda muy claro, debido a
que cada escuela lo define en función de la ideología que subyace en su
teoría.
Valor: es la "realidad humanizada con significación positiva para el
hombre," (Fabelo 1998 P. 20) es “la significación socialmente positiva
que adquieren los objetos y fenómenos de la realidad al ser incluidos en
el proceso de actividad práctica humana.” (Fabelo 1989 P. 43)
Todo valor tiene significación, pero no toda significación representa
un valor, sino solo aquella que desempeña un papel positivo para la
sociedad.
Entender el valor como la significación socialmente positiva (Fabelo ,
1989) es verlo contribuir al proceso social, al desarrollo humano. Esto
quiere decir, que la significación socialmente positiva del valor está
dado por el grado en que éste exprese realmente un redimensionamiento
del hombre, de las relaciones en que vive, y no de sujetos aislados,
grupos o clases sociales particulares.
Esta objetividad del valor trasciende los intereses particulares,
para ubicar en el centro al hombre como género. Pero ello no es
suficiente, pues su objetividad depende de la subjetividad y su carácter
social, de la individualidad, y viceversa, quiere decir, que en el
centro de la comprensión de los valores están las relaciones entre lo
objetivo y lo subjetivo y entre lo individual y lo social.
Valoración: es el reflejo subjetivo en la conciencia del hombre de la
significación que para él poseen los objetos y fenómenos de la realidad.
La diferencia fundamental entre estos conceptos consiste en el carácter
predominantemente subjetivo de la valoración, como parte componente de
la conciencia humana, y la naturaleza objetiva de los valores.
(Fabelo, 1989 P. 43)
Los valores como categoría, son estudiados por la Axiología, (del griego
axios = valor) que constituye la teoría filosófica que conceptualiza las
nociones de lo valioso, en el campo de lo que es bello, estético y
verdadero, como esencias y cualidades contenidas en las creaciones
humanas.
Consideramos oportuno y esclarecedor plantear que desde el punto de vista filosófico entendemos los valores como una compleja formación de la personalidad, contenida no sólo en la estructura cognitiva, sino fundamentalmente en los profundos procesos de la vida social,
cultural y en la concepción del mundo del hombre, que existen en la
realidad, como parte de la conciencia social y en estrecha
correspondencia y dependencia del tipo de sociedad en el que niños,
adolescentes y jóvenes se forman.
Desde el punto de vista psicológico, los valores son un reflejo y
expresión de relaciones verdaderas y reales, que constituyen reguladores
importantes en la vida de los hombres.
Desde el punto de vista pedagógico, esta formación debe lograrse como
parte de la educación general, científica que reciben los adolescentes y
jóvenes: como conocimiento, como producto del reconocimiento de su
significación que se transforma en sentido personal y se manifiesta como
conducta.
Después de analizar los conceptos de educación y valor, vamos a
referirnos a continuación, a lo que vamos a entender por orientaciones
valorativas.
A nivel de individuo, cuando hablamos a esta problemática, nos estamos
refiriendo a las orientaciones valorativas, que es el valor hecho
consciente y estable para el sujeto que valora, que le permite actuar
con un criterio de evaluación,
revelando el sentir que tienen los objetos y fenómenos de la
realidad para él, hasta ordenarlos jerárquicamente por su importancia,
conformando así la escala de valores a la que se subordina la actitud
ante la vida.
Las orientaciones valorativas, son componentes importantes de la
estructura de la personalidad, y la conciben así la mayoría de los
especialistas que profundizan en esta problemática, al referirse al
aspecto subjetivo personal de los valores, aunque tienden a denominarlo
de diferentes formas, así hemos encontrado lo siguiente: sistema de
actitudes; posición en la vida; sentido personal; valor para sí;
orientación valorativa.
Cada sociedad es portadora de determinados valores, que son asimilados
por el niño, adolescente o joven, en forma de orientaciones valorativas,
de acuerdo con las particularidades de la sociedad en que viven, las
características de cada etapa de su desarrollo, y la experiencia
personal. (Baxter, 1999 P. 4)
Determinar los componentes de cada valor permite precisar las acciones
que contribuyan al fortalecimiento y consolidación de estos en la
personalidad.
Los componentes de los valores “son aquellos elementos fundamentales que permiten conformar cada valor a partir de las características del medio exterior que circundan al individuo y de sus intereses vitales, con los cuales se pueden concretar las acciones educativas que tributan a la formación de la personalidad.
”Estos componentes conforman la estructura interna de los valores, la
que debe tener un carácter sistémico. (Aguilar, P .15)
Otros conceptos de vital importancia es el de educación en valores y
formación de valores.
En la literatura se usan indistintamente estos conceptos para referirse
al mismo proceso, sin embargo, Nancy Chacón plantea que son dos términos
íntimamente vinculados que señalan dos planos del proceso de formación
de la personalidad; el primero con un enfoque sociológico,
comprende la educación como un proceso a escala de toda la sociedad en el marco del sistema de influencias y de la interacción del individuo con esta con el fin de su socialización como sujeto activo y transformador, en el que los valores históricos-culturales tienen un papel esencial; el segundo se refiere al enfoque pedagógico,
cuyo proceso tiene como objeto la formación integral y armónica
de la personalidad, en esta integralidad se tiene en cuenta el lugar y
papel de los valores en dicho proceso formativo, al que por su
complejidad se le debe prestar un tratamiento especial e intencional,
con la precisión de los métodos, procedimientos, vías y medios, entre
otros. (Chacón 2002 P. 97)
Los valores no son pues el resultado de una comprensión y mucho menos de
una información pasiva, ni tampoco de actitudes conductas sin
significación propia para el sujeto.
Es algo más complejo y multilateral pues se trata de la relación entre la realidad objetiva y los componentes de la realidad, lo que se expresa a través de conductas y comportamientos, por lo tanto solo se puede educar en valores a través de conocimientos,
habilidades de valoración reflexión en la actividad practica con un significado asumido. Se trata de alcanzar comportamientos como resultado de aprendizajes conscientes y significativos en lo racional y emocional.
Esther Báxter por su parte expresa que la formación de valores “...
constituyen las vías o procedimientos de influencia que los educadores
utilizan para organizar pedagógicamente la vida de los escolares con el
objetivo de influir positivamente en el desarrollo de su personalidad en
formación.”
La formación de valores es un proceso que transcurre por etapas. Según
Cándido Aguiar en las edades tempranas y preescolar se forman las
nociones, en la enseñanza primaria se produce la ampliación de esas
nociones en significados individuales,
en secundaria básica los adolescentes establecen la relación de las
nociones con los significados sociales y en preuniversitario se produce
la fijación y asimilación interna de los significados socialmente
positivos en forma de convicciones personales de los jóvenes. (Aguilar
P. 18 1998)
· La formación de valores en la Educación en Cuba
A la escuela, le corresponde desempeñar un papel determinante en la
formación de valores, y para ello es necesario efectuar transformaciones
en el trabajo educativo que se realiza en los centros. Resulta
fundamental que este se oriente a potenciar en cada estudiante, aquellos
aspectos que le permitan conocer de una manera más significativa, el
momento histórico que están viviendo.
Educar al hombre y prepararlo para la vida es una tarea esencial de la
pedagogía y constituye uno de los problemas fundamentales que ha sido
tomado en cuenta por el pensamiento pedagógico de avanzada en cada época
histórica.
Al respecto el máximo líder del pueblo cubano, quien a pesar de no ser
un pedagogo de profesión, sí lo es por la inmensa labor educativa
desarrollada al frente de la nación, planteó:
“Para nosotros es decisiva la educación, y no solo la instrucción
general, (...) sino la creación y la formación de valores en la
conciencia de los niños y los jóvenes desde las edades más tempranas, y
eso hoy es más necesario que nunca.” (Castro, 1997)
En Cuba el problema de la formación de valores desde la escuela tiene
sus raíces en la labor pedagógica de destacadas personalidades que han
ejercido el magisterio desde fines del siglo XVIII.
Los principales aportes teóricos sobre esta temática se encuentran en
la obra de eminentes patriotas y pedagogos, entre los que se destacan
José Agustín Caballero, José de la Luz y Caballero, Félix Varela, José
Martí, Enrique José Varona y Alfredo Miguel Aguayo, entre otros.
La educación comienza desde que se nace y son muchos los agentes
educativos que actúan sobre el ser humano, la familia, la escuela, la
comunidad donde hacen su vida social, el colectivo escolar, las
entidades productivas donde realiza el vínculo de la teoría y la
práctica y los medios masivos de comunicación.
Estos agentes educativos que actúan sobre la personalidad todos de una
forma u otra imprimen su sello, forman valores, esto responde a factores
como son:
@ La educación familiar.
@ Las tradiciones culturales que van de generación en generación.
@ La idiosincrasia de cada pueblo.
@ Las raíces históricas de los pueblos.
@ El nivel de introducción y educación recibida.
@ Depende de sus ideas y creencias.
@ Depende de las condiciones materiales y espirituales en que se
desarrollan.
Por lo que la formación de valores es un proceso lento, complejo donde
se hace imprescindible definir dónde vamos a incidir, qué objetivos
perseguimos y cómo vamos a lograrlo.
La escuela juega un papel trascendente en la formación de las nuevas
generaciones, ella realiza la labor de instruir y educar, ella prepara
al hombre para la vida.
En Cuba, el objetivo estratégico de la educación, es lograr la formación
integral de los educandos, ello significa una acción dirigida a formar
hombres conscientes, disciplinados, con una concepción científica del
mundo, con un elevado amor al trabajo, riqueza espiritual, debiendo
manifestarse como convicciones personales, hábitos de conducta diaria,
promoviendo hombres aptos para vivir y trabajar en la nueva sociedad.
Esta gran meta no es un sueño, ni una fantasía, sino una posibilidad
real condicionada por la existencia de la Revolución Cubana, en cuya
obra transformadora a creado el engranaje necesario para el logro de
este propósito, una profunda Revolución Educacional y Cultural con todos
y para el bien de todos.
¿Cómo educar en valores?
Al plantearnos cómo y cuándo educar en valores, encontramos que se
presentan problemas diversos que hay que conocer y saber enfrentar
adecuadamente. Así tenemos que acciones impositivas y autoritarias
provocan tarde o temprano reacciones naturales de rechazo, sumisión o
dependencia en los estudiantes.
De igual forma el método de aconsejar, pero sin congruencia
entre lo que se predica y lo que se vive, sin tomar en consideración la
experiencia personal del estudiante, provoca confusiones, que más tarde
se traducen en serios conflictos de valor. Lo significativo, la
orientación valorativa, no se descubre, ni se asimila mediante máximas y
sermones; sino por congruencia de vida y de interacción y acción
responsable .
A veces, cuando el cómo es dejar hacer, dar total libertad; el
estudiante lo percibe como una falta de interés, de compromiso por parte
del maestro, lo que lo hace sentir poco querido, abandonado y a su vez
indiferente. Qué sucede en estos casos, que estas experiencias negativas
impiden: el descubrimiento y la comprensión por parte del sujeto de lo
bueno para sí (componente afectivo) y el valor no lo asimila ni logra
interiorizarlo.
La educación en valores requiere la utilización de la persuasión como
uno de los métodos fundamentales, además de la participación consciente
y activa del sujeto en su propia formación, donde la realización de toda
actividad tenga un significado para sí. Este proceso se facilita
mediante una relación interpersonal comprometida, en una comunicación
que se caracterice por un diálogo abierto y franco, donde se comparta
con autenticidad y congruencia las experiencias y conocimientos de cada
uno.
Es también la confianza y el respeto hacia el otro, tomando en
consideración, que los otros son parte de nosotros mismos, de la
sociedad que es donde se realizan los valores, cobrando significación
única y plena.
Además de lo planteado, es necesario considerar que los métodos,
siguiendo la concepción de la Dra. Amelia Amador deben orientarse en
tres planos fundamentales: los dirigidos a la conciencia, que deben
permitir a los estudiantes conocer los modelos correctos, del deber ser,
en lo social, y en lo personal y así sentar las bases de la formación de
ideales en correspondencia con la sociedad.
En esta dirección pueden ser utilizadas narraciones, conferencias,
seminarios, trabajos de investigación, análisis de biografías de héroes
y mártires, debates y discusiones de materiales de la prensa o de la
televisión, visitas a museos, así como encuentro con personalidades
destacadas, lo más cercanas posibles a su entorno social, que sean
ejemplos a imitar por el niño adolescente o joven.
Los métodos dirigidos a la actividad, tienen como objetivo esencial, que
los estudiantes, cualquiera que sea su edad, puedan poner en práctica,
las formas correctas de actuar;
en este caso los maestros durante el desarrollo de sus clases,
deben utilizar métodos productivos, donde cada alumno tenga la
oportunidad de participar activamente, acorde con sus posibilidades
reales, hacer que el trabajo docente se convierta en fuente de vivencias
tanto individuales como colectivas, que reflejen la realidad en que
viven.
Los métodos dirigidos a la valoración, buscan que los estudiantes tengan
la posibilidad de comparar lo que hacen con el modelo correcto
propuesto, tanto en las tareas individuales como en las colectivas.
En las primeras edades este proceso se apoya fundamentalmente en la
actividad del adulto, del maestro que es quien la dirige. En este caso
esta valoración depende más de la regulación externa, la que
gradualmente se traslada a la propia valoración y autovaloración, hasta
dar lugar a la autorregulación del niño.
El maestro, es el máximo responsable de la educación de sus alumnos, y
la clase, ofrece múltiples alternativas y posibilidades para lograrlo.
Durante su desarrollo se deben efectuar los ajustes o
adecuaciones correspondientes entre los contenidos que se imparten y las
características del grupo hacia el cual se dirigen; la situación social
en que viven, así como el medio familiar de cada estudiante. En esta
dirección sirven de apoyo las caracterizaciones que de la comunidad, la
familia y los alumnos efectúan los centros.
En dependencia de la edad, en cada aula reciben sus clases, alumnos que
ya tienen una experiencia anterior, y traen por lo general interiorizado
un conjunto de normas, hábitos, y valoraciones del mundo que les rodea.
Para el maestro, le es de gran necesidad conocer esto, ya que a partir
de ahí es que puede efectuar realmente un trabajo diferenciado tomando
en cuenta las diferencias individuales.
Resulta importante trabajar en cada clase, el amor al trabajo y la
formación de un sentido de la vida, en correspondencia con las
posibilidades y necesidades de un país subdesarrollado y bloqueado pero
dispuesto a defender sus principios y conquistas como sucede en el caso
de Cuba.
Además, hacer partícipe y protagonista de cada acción al estudiante;
donde tengan que esforzarse constantemente en la búsqueda de cualquier
situación, y el maestro ser capaz de que éste logre una relación
personal afectiva con lo que se hace; que lo asimile como algo de él,
solo así cobrará una verdadera significación y lo hará suyo y por
consiguiente aprenderá a valorarlo mucho más, ya que es el resultado de
su propia acción.
En esta labor resulta necesario que el maestro, con su ejemplo personal
y su conducta diaria, se convierta en un modelo a imitar, sobre todo en
las primeras edades, donde posee el privilegio de poder alcanzar una
aceptación total y positiva por parte de sus alumnos.
Cuando de adolescentes y jóvenes se trate, también resulta un modelo,
pero no siempre es imitado o tomado como patrón a seguir, por lo general
es objeto de una crítica a veces despiadada por parte de sus alumnos;
sin embargo, cuando logra una relación y comunicación lo suficientemente
afectiva y efectiva, se convierte en un modelo también positivo.
Un aspecto fundamental, que debe tener presente el maestro en la
educación de sus alumnos y específicamente en la formación de valores,
como núcleo que oriente la conducta, y consecuentemente determine sus
actitudes es el de ser capaz en cada contenido que trabaje tratar,
de propiciar la suficiente información y participación para que cada estudiante logre el conocimiento de este, de una manera lo más objetiva posible y sobre todo estableciendo las relaciones en cada caso, de este contenido con la vida, pero no en abstracto, sino en correspondencia directa con lo que vive a diario; solo así tendrá significación y valor para sí.
Además del componente cognoscitivo, resulta necesario trabajar a la
par el afectivo, ya que este componente es el que abarca la relación
personal con el valor. Es necesario que por ellos mismos lleguen a la
valoración de lo importante, útil, agradable, bueno, que resulta lo que
hacen y lo importante del para qué y por qué lo hacen.
La labor, tanto del colectivo pedagógico en general, como de cada
maestro en particular, ha de estar dirigida a hacer coincidir cada vez
más los valores sociales con los individuales.
Esto no se logra porque constante y sistemáticamente por ejemplo se
les diga a los estudiantes lo que tienen que hacer, lo que es correcto o
incorrecto, sino que es necesario enfrentarlos a situaciones concretas,
donde tengan que demostrar con su conducta lo acertado de una acción,
donde tengan que asumir una posición al respecto, argumentarla y
defenderla.
Lo anterior determina que las actividades que se organicen, sean el
resultado del análisis grupal, donde cada estudiante encuentre su
espacio y protagonismo directo. Estudios realizados evidencian que
mientras más elevada es la participación de un sujeto en el análisis de
un valor, mayor será el efecto estabilizador del mismo.
Los educadores, no deben perder la oportunidad de utilizar todas las
formas y posibilidades de activación de las mentes y de los corazones de
sus alumnos como son: las conversaciones individuales y colectivas; el
debate grupal, donde tengan que fundamentar y defender sus puntos de
vista y decisiones;
la realización de tareas que respondan a un objetivo común; de trazar
metas alcanzables a veces con un poco más de esfuerzo para algunos; de
valorar y analizar en el momento oportuno el por qué y para qué se
efectúan las diferentes actividades, qué obtuvo éxito y qué no, y ser
capaces de tomar a tiempo las medidas oportunas.
Múltiples son las vías y alternativas que tiene la escuela para trabajar
en función de que los estudiantes interioricen y hagan suyos los valores
de la sociedad en que viven, esto es posible, en la medida en que se
logre motivarlos e interesarlos de forma que los hagan suyos y estén
dispuestos a defenderlos hasta sus últimas consecuencias.
En esta tarea, las organizaciones estudiantiles, ocupan un lugar
fundamental, de ahí el por qué se ha de conjugar en un todo orgánico y
coherente las actividades que se realicen en el centro, velando siempre
porque estén en consonancia con los intereses de los estudiantes,
donde la motivación alcanzada, se convierta en motor impulsor de las
acciones a realizar, convencidos cada uno de los participantes de que
esa es la posición correcta y la dirección a seguir, no porque se lo
digan, sino porque lo sientan de verdad como algo suyo, real y
alcanzable.
La formación de acciones y orientaciones valorativas en el estudiante,
son procesos que han de ser objeto de importantísima atención en la
clase. Ambos estarán vinculados a la revelación del valor del
conocimiento que es objeto de aprendizaje - cualidad que le confiere su
valor social
- la valoración podrá ser positiva o negativa, en relación con el significado que adquiera para el alumno, lo cual debe expresarse por este en los diferentes momentos de la clase, al darles la posibilidad de plantear sus ideas, criterios, juicios, reflexiones, sentimientos y argumentos.
Comprende revelar y valorar el vínculo del conocimiento con la
vida, plantearse proyectos propios, ideas a emprender, cosas por hacer,
de acuerdo a su edad y al contenido de la asignatura.
Otro aspecto importante en esta dirección, es que el maestro propicie la
realización por el alumno de actividades de control y valoración, por
parejas y colectivas, así como la autovaloración y el autocontrol, lo
que le permitirá conocer sus errores y aciertos, de una manera objetiva
y consciente.
En las actividades que planifique la institución ha de tomar en cuenta
el accionar de los padres y otros factores de la comunidad.
Todo esto forma parte de su labor, y por lo tanto debe incluirse en
los diagnósticos que se realicen, para saber cómo piensan los demás
adultos de esos valores, cómo actúan, cómo es la forma de educación de
la familia, y qué características tiene el barrio o zona donde
transcurre la vida de los menores.
1.3 Valores, principales características
Una definición en sentido estrecho de los valores sería:
Se identifican:
· Con lo material o espiritual (cosas, hechos, personas, sentimientos y
relaciones).
· Con cualidades reales externas e internas al sujeto, de significación social. Dicha significación se refiere al grado en que se expresa el redimensionamiento humano.
· Con cualidades de los componentes de la estructura de la
personalidad, en tanto permiten captar los significados a través de la
capacidad de los sentidos en la actividad humana.
Se manifiestan:
· A través de la actividad humana, la que permite interiorizar de la realidad aquellas cualidades que satisfacen necesidades e intereses individuales y sociales.
· En guías y principios de conducta que dan sentido a la vida hacia
la autorrealización, el progreso y el redimensionamiento humano.
Se estructuran:
· Por las circunstancias cambiantes de la realidad, por lo que puede
su contenido expresarse de manera diferente en condiciones concretas.
· Se jerarquizan en dependencia del desarrollo de la personalidad y del
desarrollo social del contexto.
Los valores son normas, ideales y principios de acción que constituyen
un medio de orientación y regulación de la actividad humana como
expresión del reflejo valorativo de la realidad.
Son normas o reglas de conducta expresadas en el modo con que las
personas gobiernan su vida, dirigen sus acciones, está muy vinculado al
orden que impone la sociedad. El individuo en su desarrollo va
conformando su propio código moral, éste nace de su propia vida, de sus
interrelaciones, es fruto de la época en que se desenvuelve y puede
arrastrar taras e imperfecciones del pasado.
Son ideales porque el individuo busca o trata de acercarse a un modelo o
prototipo de perfección o medida en la intención de realizar acciones o
formarse en juicio de hacia donde conducir sus fuerzas en la realización
de una obra, esto puede conducir a los hombres a emprender acciones
progresistas, revolucionarias sin límites constituyendo paradigmas de
perfección humana.
También pueden conducir a todo lo contrario, a desarrollar modelos
negativos que limitan el ascenso hacia el progreso social.
Son principios porque es guía fundamento de conducta, generalización que
caracteriza los miembros de una sociedad.
Se orientan a un fin determinado, desarrollando acciones , esta
actividad dará como resultado nuevos conocimientos, habilidades y
convicciones de ahí que se reafirme la función sociológica y
gnoseológica, jugando un papel importante las motivaciones, los
sentimientos y las valoraciones en su actuar.
Educar en valores significa contribuir a la función integradora del
individuo mediante la valoración de las contradicciones de la
motivación, los intereses, etc.
La educación en valores debe coadyuvar a la tendencia interna de la
personalidad a integrar y armonizar los factores internos y externos y a
la autonomía de ésta, es decir, a la autorregulación sobre la base de
fines conscientes, lo que está por supuesto, en interacción y en
dependencia de la realidad social.
Los valores interiorizados conforman la esencia del modelo de
representaciones personales, constituyen el contenido del sentido de
vida, y de la concepción del mundo, permiten la comprensión, la
interpretación y la valoración del sujeto y brindan la posibilidad de
definir el proyecto de vida, integrado por objetivos y finalidades para
la actividad social.
Los valores no se enseñan y aprenden de igual modo que los conocimientos
y las habilidades, y la escuela no es la única institución que
contribuye a la formación y desarrollo de éstos.
Otra peculiaridad de la educación en valores es su carácter intencional, consciente y de voluntad, no sólo por parte del educador, sino también del educando, quien debe asumir dicha influencia a partir de su cultura, y estar dispuesto al cambio.
De ahí la importancia y la necesidad de conocer no sólo el modelo ideal de educación, sino las características del estudiante en cuanto a sus intereses, motivaciones, conocimientos, y actitudes, las que no están aisladas de las influencias del entorno ambiental.
Una comprensión clara de los límites objetivos del entorno, del
modelo a que aspira la sociedad y de la subjetividad del estudiante
permite dirigir mejor las acciones educativas y dar un correcto
significado al contenido de los valores a desarrollar.
Los valores no son pues el resultado de una comprensión, y mucho menos
de una información pasiva, ni tampoco de actitudes conducidas sin
significación propia, por el sujeto.
Es algo más complejo y multilateral pues se trata de los componentes
de la personalidad, sus contenidos y sus formas de expresión a través de
conductas y comportamientos, por lo tanto sólo se puede educar en
valores a través de conocimientos, habilidades de valoración-reflexión y
la actividad práctica.
La Dra. Baxter plantea que “la formación de valores tiene gran
importancia para el desarrollo de la personalidad para lograr que los
jóvenes asuman una participación correcta dentro de las luchas que
caracterizan la etapa constructiva de la nueva personalidad... debe
regir el comportamiento general de la juventud que orientan su conducta
y determina sus actitudes, sus formas de actuar “
Refuerza la importancia de los valores, en el desarrollo de las
complejas tareas de la edificación socialista, el joven puede pensar,
trabajar y actuar en función del proyecto social que construimos.
Considero que cuando esto no sucede es que se han debilitado,
se han lacerado esos valores y estos jóvenes se desvían del camino que
conducen a la formación del hombre nuevo que planteara el Ché, de ahí
que debamos desarrollar, fomentar y reforzar los valores en nuestra
juventud.
La escuela y en especial la formadora de los futuros profesores esta en
él deber de cumplir estas exigencias sociales, elevar sus niveles de
enseñanzas, el trabajo educativo, hacerlo integral, eficiente, donde el
alumno sea ente activo, creador y promotor de nuevos valores, capaz de
emprender con éxito la tarea futura que enfrentaran al formar al hombre
nuevo, no resulta una tarea fácil, depende de muchos factores,
pero en especial del maestro: este deberá perfeccionar su
labor, haciendo útil, humana y profesionalizada su presencia como
elemento directriz de este proceso de elevación del conocimiento y de
espiritualidad, no es una utopía, es una posibilidad real, están en
juego nuestros valores, nuestra identidad y el futuro de la nación.
· Retos que tiene en la actualidad la escuela cubana
La escuela cubana por tradición, se ha caracterizado siempre por
desarrollar un trabajo encaminado a formar ciudadanos capaces de sentir
el orgullo de ser cubanos y de defender a la Patria de cualquier amenaza
externa, así lo demostraron los mambises en las guerras contra la
metrópoli española, la generación del centenario contra la ingerencia
yanqui, y la resistencia al bloqueo que en la actualidad sostiene todo
el pueblo cubano.
La época actual, reclama que todo el sistema de influencias educativas,
en las que ocupa un lugar fundamental, la escuela, la familia y la
comunidad trabaje cohesionadamente, de forma de no trasmitir
mecánicamente a niños, adolescentes y jóvenes las tradiciones políticas,
culturales, combativas, laborales.
Es no proporcionar formas y métodos de vida ya preparado, sino ponerlos
en situación que les permita realizar un trabajo intenso y creativo,
solo mediante su experiencia y práctica en la vida social, es que
lograrán desarrollarse y formarse como hombres capaces de mantener lo
conquistado hasta el momento, ser mejores cada día y actuar
correctamente en su vida presente y futura.
Existen los llamados valores universales que son objeto de atención y se
defienden por diferentes sistemas sociales; en nuestro país, se trabajan
y reafirman entre otros aquellos valores como: la honradez, la
honestidad, la sencillez, el colectivismo, la responsabilidad, la
laboriosidad y el patriotismo, ya que se trata de la formación de un
ciudadano cubano en una sociedad socialista.
En Cuba a partir de los años de la década del 90 se originaron cambios
socioeconómicos que trajo aparejado una aguda transformación en los
escenarios donde tiene lugar la educación de las nuevas generaciones.
Al referirse a esta problemática el 24 de Febrero de 1998, el Comandante en jefe Fidel Castro señaló: “Si hay más libertad, hay que educar a los hombres; a las mujeres y a los niños en el ejercicio de la libertad y en el ejercicio de la responsabilidad”. Nos corresponde educar, eso sí que nos corresponde, enseñar.
Hacer conciencia del sentido y del principio de la
responsabilidad, hay que decírselo a los jóvenes desde que están en el
1er grado, y cuando están en 2do, 3ro y 4to y cuando son adolescentes y
cuando son universitarios o están en preuniversitario, esa educación hay
que darla; el sentido de la responsabilidad, es a la que hay que apelar,
y no, será volver a la Edad Media e inventar de nuevo el cinturón de
castidad.
En tal sentido el Ministerio de Educación instrumentó por Resolución
Ministerial No. 90-98, “Los lineamientos para fortalecer la formación de
valores, la disciplina y la responsabilidad ciudadana desde la escuela”.
En esta se aborda la necesidad de trabajar desde las primeras edades, la
formación, desarrollo y fortalecimiento de los valores esenciales del
Socialismo.
Se establece la creación de la Cátedra de Formación de Valores, en cada
centro docente, desde la educación inicial (preescolar) y hasta las
Universidades Pedagógicas, con los objetivos de integrar el trabajo
dirigido a la formación de valores, dar unidad como sistema al conjunto
de acciones e influencias educativas que se promuevan en los centros y
concretar en cada uno de ellos,
las vías y formas que aseguren la preparación y el
asesoramiento metodológico de los cuadros y del personal docente para el
desarrollo del programa que para cada enseñanza fue elaborado.
El hecho de crear la cátedra de valores y desarrollar un programa
específico para trabajar en ello, no niega, ni agota todo el arsenal que
posee cada escuela para enfrentar esta tarea; al contrario la cátedra
tiene que servir de motor impulsor y movilizador para todas y cada una
de las actividades que se organicen,
donde el papel protagónico le corresponde tanto al docente como a los
estudiantes; partiendo siempre de la situación concreta y objetiva
existente en cada centro y en correspondencia con las necesidades y
particularidades de la edad de los diferentes grupos.
Para la formación de los valores y de la responsabilidad social, se
utilizarán todos los medios y recursos con los que cuenta la escuela. De
igual forma el desarrollo de las asignaturas del Plan de Estudio, tienen
que favorecer y fortalecer la acción educativa en la formación de la
personalidad en general y de los valores en particular.
Así tenemos que en la medida, que se prepare mejor al educando, tanto
para el sistema de relaciones que establezca, como en las actividades
que realice, alcanzando en cada caso una mayor significación social,
estará en mejores condiciones para enfrentarse a las influencias
espontáneas positivas o negativas del medio en que vive y se desarrolla.
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