Repercusión económica en la formación de valores

Autor: Lic. Erizbel Amat Alvarez

ÉTICA Y VALORES ORGANIZACIONALES

03-2006

Es importante destacar, el nexo que se establece entre la educación y los objetivos sociales a que debe dar respuesta por una parte, y la contribución que debe brindar al desarrollo individual por la otra, como los dos polos de una cuerda en tensión que representan los puntos de llegada y de partida respectivamente en el trabajo educacional.

En este sentido, es necesario partir de la consideración de que la personalidad se forma y se desarrolla no sólo bajo la influencia de acciones dirigidas hacia una finalidad del sistema educacional, sino también y de manera esencial, en un amplio contexto social, puesto que el sujeto vive en una sociedad.

¿Qué son los valores? Definir conceptualmente el término “valor “no es tarea fácil, ya que este es objeto de análisis y reflexión por diferentes ciencias y en las sociales, aún no queda muy claro, debido a que cada escuela lo define en función de la ideología que subyace en su teoría.

Valor: es la "realidad humanizada con significación positiva para el hombre," (Fabelo 1998 P. 20) es “la significación socialmente positiva que adquieren los objetos y fenómenos de la realidad al ser incluidos en el proceso de actividad práctica humana.” (Fabelo 1989 P. 43)

Todo valor tiene significación, pero no toda significación representa un valor, sino solo aquella que desempeña un papel positivo para la sociedad.
[http://www.gestiopolis.com/estilos/primer-scroll.htm]
Entender el valor como la significación socialmente positiva (Fabelo , 1989) es verlo contribuir al proceso social, al desarrollo humano. Esto quiere decir, que la significación socialmente positiva del valor está dado por el grado en que éste exprese realmente un redimensionamiento del hombre, de las relaciones en que vive, y no de sujetos aislados, grupos o clases sociales particulares.

Esta objetividad del valor trasciende los intereses particulares, para ubicar en el centro al hombre como género. Pero ello no es suficiente, pues su objetividad depende de la subjetividad y su carácter social, de la individualidad, y viceversa, quiere decir, que en el centro de la comprensión de los valores están las relaciones entre lo objetivo y lo subjetivo y entre lo individual y lo social.

Valoración: es el reflejo subjetivo en la conciencia del hombre de la significación que para él poseen los objetos y fenómenos de la realidad.

La diferencia fundamental entre estos conceptos consiste en el carácter predominantemente subjetivo de la valoración, como parte componente de la conciencia humana, y la naturaleza objetiva de los valores.

(Fabelo, 1989 P. 43)
Los valores como categoría, son estudiados por la Axiología, (del griego axios = valor) que constituye la teoría filosófica que conceptualiza las nociones de lo valioso, en el campo de lo que es bello, estético y verdadero, como esencias y cualidades contenidas en las creaciones humanas. Consideramos oportuno y esclarecedor plantear que desde el punto de vista filosófico entendemos los valores como una compleja formación de la personalidad, contenida no sólo en la estructura cognitiva, sino fundamentalmente en los profundos procesos de la vida social, cultural y en la concepción del mundo del hombre, que existen en la realidad, como parte de la conciencia social y en estrecha correspondencia y dependencia del tipo de sociedad en el que niños, adolescentes y jóvenes se forman.

Desde el punto de vista psicológico, los valores son un reflejo y expresión de relaciones verdaderas y reales, que constituyen reguladores importantes en la vida de los hombres.

Desde el punto de vista pedagógico, esta formación debe lograrse como parte de la educación general, científica que reciben los adolescentes y jóvenes: como conocimiento, como producto del reconocimiento de su significación que se transforma en sentido personal y se manifiesta como conducta.

Después de analizar los conceptos de educación y valor, vamos a referirnos a continuación, a lo que vamos a entender por orientaciones valorativas.

A nivel de individuo, cuando hablamos a esta problemática, nos estamos refiriendo a las orientaciones valorativas, que es el valor hecho consciente y estable para el sujeto que valora, que le permite actuar con un criterio de evaluación, revelando el sentir que tienen los objetos y fenómenos de la realidad para él, hasta ordenarlos jerárquicamente por su importancia, conformando así la escala de valores a la que se subordina la actitud ante la vida.

Las orientaciones valorativas, son componentes importantes de la estructura de la personalidad, y la conciben así la mayoría de los especialistas que profundizan en esta problemática, al referirse al aspecto subjetivo personal de los valores, aunque tienden a denominarlo de diferentes formas, así hemos encontrado lo siguiente: sistema de actitudes; posición en la vida; sentido personal; valor para sí; orientación valorativa.

Cada sociedad es portadora de determinados valores, que son asimilados por el niño, adolescente o joven, en forma de orientaciones valorativas, de acuerdo con las particularidades de la sociedad en que viven, las características de cada etapa de su desarrollo, y la experiencia personal. (Baxter, 1999 P. 4)

Determinar los componentes de cada valor permite precisar las acciones que contribuyan al fortalecimiento y consolidación de estos en la personalidad. Los componentes de los valores “son aquellos elementos fundamentales que permiten conformar cada valor a partir de las características del medio exterior que circundan al individuo y de sus intereses vitales, con los cuales se pueden concretar las acciones educativas que tributan a la formación de la personalidad.

”Estos componentes conforman la estructura interna de los valores, la que debe tener un carácter sistémico. (Aguilar, P .15)

Otros conceptos de vital importancia es el de educación en valores y formación de valores.

En la literatura se usan indistintamente estos conceptos para referirse al mismo proceso, sin embargo, Nancy Chacón plantea que son dos términos íntimamente vinculados que señalan dos planos del proceso de formación de la personalidad; el primero con un enfoque sociológico, comprende la educación como un proceso a escala de toda la sociedad en el marco del sistema de influencias y de la interacción del individuo con esta con el fin de su socialización como sujeto activo y transformador, en el que los valores históricos-culturales tienen un papel esencial; el segundo se refiere al enfoque pedagógico, cuyo proceso tiene como objeto la formación integral y armónica de la personalidad, en esta integralidad se tiene en cuenta el lugar y papel de los valores en dicho proceso formativo, al que por su complejidad se le debe prestar un tratamiento especial e intencional, con la precisión de los métodos, procedimientos, vías y medios, entre otros. (Chacón 2002 P. 97)

Los valores no son pues el resultado de una comprensión y mucho menos de una información pasiva, ni tampoco de actitudes conductas sin significación propia para el sujeto. Es algo más complejo y multilateral pues se trata de la relación entre la realidad objetiva y los componentes de la realidad, lo que se expresa a través de conductas y comportamientos, por lo tanto solo se puede educar en valores a través de conocimientos, habilidades de valoración reflexión en la actividad practica con un significado asumido. Se trata de alcanzar comportamientos como resultado de aprendizajes conscientes y significativos en lo racional y emocional.

Esther Báxter por su parte expresa que la formación de valores “... constituyen las vías o procedimientos de influencia que los educadores utilizan para organizar pedagógicamente la vida de los escolares con el objetivo de influir positivamente en el desarrollo de su personalidad en formación.”

La formación de valores es un proceso que transcurre por etapas. Según Cándido Aguiar en las edades tempranas y preescolar se forman las nociones, en la enseñanza primaria se produce la ampliación de esas nociones en significados individuales, en secundaria básica los adolescentes establecen la relación de las nociones con los significados sociales y en preuniversitario se produce la fijación y asimilación interna de los significados socialmente positivos en forma de convicciones personales de los jóvenes. (Aguilar P. 18 1998)

· La formación de valores en la Educación en Cuba

A la escuela, le corresponde desempeñar un papel determinante en la formación de valores, y para ello es necesario efectuar transformaciones en el trabajo educativo que se realiza en los centros. Resulta fundamental que este se oriente a potenciar en cada estudiante, aquellos aspectos que le permitan conocer de una manera más significativa, el momento histórico que están viviendo.
 
Educar al hombre y prepararlo para la vida es una tarea esencial de la pedagogía y constituye uno de los problemas fundamentales que ha sido tomado en cuenta por el pensamiento pedagógico de avanzada en cada época histórica.
 
Al respecto el máximo líder del pueblo cubano, quien a pesar de no ser un pedagogo de profesión, sí lo es por la inmensa labor educativa desarrollada al frente de la nación, planteó: “Para nosotros es decisiva la educación, y no solo la instrucción general, (...) sino la creación y la formación de valores en la conciencia de los niños y los jóvenes desde las edades más tempranas, y eso hoy es más necesario que nunca.” (Castro, 1997)

En Cuba el problema de la formación de valores desde la escuela tiene sus raíces en la labor pedagógica de destacadas personalidades que han ejercido el magisterio desde fines del siglo XVIII.

Los principales aportes teóricos sobre esta temática se encuentran en la obra de eminentes patriotas y pedagogos, entre los que se destacan José Agustín Caballero, José de la Luz y Caballero, Félix Varela, José Martí, Enrique José Varona y Alfredo Miguel Aguayo, entre otros.

La educación comienza desde que se nace y son muchos los agentes educativos que actúan sobre el ser humano, la familia, la escuela, la comunidad donde hacen su vida social, el colectivo escolar, las entidades productivas donde realiza el vínculo de la teoría y la práctica y los medios masivos de comunicación.
 
Estos agentes educativos que actúan sobre la personalidad todos de una forma u otra imprimen su sello, forman valores, esto responde a factores como son:
 
@ La educación familiar.
@ Las tradiciones culturales que van de generación en generación.
@ La idiosincrasia de cada pueblo.
@ Las raíces históricas de los pueblos.
@ El nivel de introducción y educación recibida.
@ Depende de sus ideas y creencias.
@ Depende de las condiciones materiales y espirituales en que se desarrollan.
 
Por lo que la formación de valores es un proceso lento, complejo donde se hace imprescindible definir dónde vamos a incidir, qué objetivos perseguimos y cómo vamos a lograrlo.

La escuela juega un papel trascendente en la formación de las nuevas generaciones, ella realiza la labor de instruir y educar, ella prepara al hombre para la vida.

En Cuba, el objetivo estratégico de la educación, es lograr la formación integral de los educandos, ello significa una acción dirigida a formar hombres conscientes, disciplinados, con una concepción científica del mundo, con un elevado amor al trabajo, riqueza espiritual, debiendo manifestarse como convicciones personales, hábitos de conducta diaria, promoviendo hombres aptos para vivir y trabajar en la nueva sociedad.

Esta gran meta no es un sueño, ni una fantasía, sino una posibilidad real condicionada por la existencia de la Revolución Cubana, en cuya obra transformadora a creado el engranaje necesario para el logro de este propósito, una profunda Revolución Educacional y Cultural con todos y para el bien de todos.

¿Cómo educar en valores?

Al plantearnos cómo y cuándo educar en valores, encontramos que se presentan problemas diversos que hay que conocer y saber enfrentar adecuadamente. Así tenemos que acciones impositivas y autoritarias provocan tarde o temprano reacciones naturales de rechazo, sumisión o dependencia en los estudiantes. De igual forma el método de aconsejar, pero sin congruencia entre lo que se predica y lo que se vive, sin tomar en consideración la experiencia personal del estudiante, provoca confusiones, que más tarde se traducen en serios conflictos de valor. Lo significativo, la orientación valorativa, no se descubre, ni se asimila mediante máximas y sermones; sino por congruencia de vida y de interacción y acción responsable .

A veces, cuando el cómo es dejar hacer, dar total libertad; el estudiante lo percibe como una falta de interés, de compromiso por parte del maestro, lo que lo hace sentir poco querido, abandonado y a su vez indiferente. Qué sucede en estos casos, que estas experiencias negativas impiden: el descubrimiento y la comprensión por parte del sujeto de lo bueno para sí (componente afectivo) y el valor no lo asimila ni logra interiorizarlo.

La educación en valores requiere la utilización de la persuasión como uno de los métodos fundamentales, además de la participación consciente y activa del sujeto en su propia formación, donde la realización de toda actividad tenga un significado para sí. Este proceso se facilita mediante una relación interpersonal comprometida, en una comunicación que se caracterice por un diálogo abierto y franco, donde se comparta con autenticidad y congruencia las experiencias y conocimientos de cada uno.

Es también la confianza y el respeto hacia el otro, tomando en consideración, que los otros son parte de nosotros mismos, de la sociedad que es donde se realizan los valores, cobrando significación única y plena.

Además de lo planteado, es necesario considerar que los métodos, siguiendo la concepción de la Dra. Amelia Amador deben orientarse en tres planos fundamentales: los dirigidos a la conciencia, que deben permitir a los estudiantes conocer los modelos correctos, del deber ser, en lo social, y en lo personal y así sentar las bases de la formación de ideales en correspondencia con la sociedad.

En esta dirección pueden ser utilizadas narraciones, conferencias, seminarios, trabajos de investigación, análisis de biografías de héroes y mártires, debates y discusiones de materiales de la prensa o de la televisión, visitas a museos, así como encuentro con personalidades destacadas, lo más cercanas posibles a su entorno social, que sean ejemplos a imitar por el niño adolescente o joven.

Los métodos dirigidos a la actividad, tienen como objetivo esencial, que los estudiantes, cualquiera que sea su edad, puedan poner en práctica, las formas correctas de actuar; en este caso los maestros durante el desarrollo de sus clases, deben utilizar métodos productivos, donde cada alumno tenga la oportunidad de participar activamente, acorde con sus posibilidades reales, hacer que el trabajo docente se convierta en fuente de vivencias tanto individuales como colectivas, que reflejen la realidad en que viven.

Los métodos dirigidos a la valoración, buscan que los estudiantes tengan la posibilidad de comparar lo que hacen con el modelo correcto propuesto, tanto en las tareas individuales como en las colectivas.

En las primeras edades este proceso se apoya fundamentalmente en la actividad del adulto, del maestro que es quien la dirige. En este caso esta valoración depende más de la regulación externa, la que gradualmente se traslada a la propia valoración y autovaloración, hasta dar lugar a la autorregulación del niño.

El maestro, es el máximo responsable de la educación de sus alumnos, y la clase, ofrece múltiples alternativas y posibilidades para lograrlo. Durante su desarrollo se deben efectuar los ajustes o adecuaciones correspondientes entre los contenidos que se imparten y las características del grupo hacia el cual se dirigen; la situación social en que viven, así como el medio familiar de cada estudiante. En esta dirección sirven de apoyo las caracterizaciones que de la comunidad, la familia y los alumnos efectúan los centros.

En dependencia de la edad, en cada aula reciben sus clases, alumnos que ya tienen una experiencia anterior, y traen por lo general interiorizado un conjunto de normas, hábitos, y valoraciones del mundo que les rodea. Para el maestro, le es de gran necesidad conocer esto, ya que a partir de ahí es que puede efectuar realmente un trabajo diferenciado tomando en cuenta las diferencias individuales.

Resulta importante trabajar en cada clase, el amor al trabajo y la formación de un sentido de la vida, en correspondencia con las posibilidades y necesidades de un país subdesarrollado y bloqueado pero dispuesto a defender sus principios y conquistas como sucede en el caso de Cuba.

Además, hacer partícipe y protagonista de cada acción al estudiante; donde tengan que esforzarse constantemente en la búsqueda de cualquier situación, y el maestro ser capaz de que éste logre una relación personal afectiva con lo que se hace; que lo asimile como algo de él, solo así cobrará una verdadera significación y lo hará suyo y por consiguiente aprenderá a valorarlo mucho más, ya que es el resultado de su propia acción.

En esta labor resulta necesario que el maestro, con su ejemplo personal y su conducta diaria, se convierta en un modelo a imitar, sobre todo en las primeras edades, donde posee el privilegio de poder alcanzar una aceptación total y positiva por parte de sus alumnos.

Cuando de adolescentes y jóvenes se trate, también resulta un modelo, pero no siempre es imitado o tomado como patrón a seguir, por lo general es objeto de una crítica a veces despiadada por parte de sus alumnos; sin embargo, cuando logra una relación y comunicación lo suficientemente afectiva y efectiva, se convierte en un modelo también positivo.

Un aspecto fundamental, que debe tener presente el maestro en la educación de sus alumnos y específicamente en la formación de valores, como núcleo que oriente la conducta, y consecuentemente determine sus actitudes es el de ser capaz en cada contenido que trabaje tratar, de propiciar la suficiente información y participación para que cada estudiante logre el conocimiento de este, de una manera lo más objetiva posible y sobre todo estableciendo las relaciones en cada caso, de este contenido con la vida, pero no en abstracto, sino en correspondencia directa con lo que vive a diario; solo así tendrá significación y valor para sí.

Además del componente cognoscitivo, resulta necesario trabajar a la par el afectivo, ya que este componente es el que abarca la relación personal con el valor. Es necesario que por ellos mismos lleguen a la valoración de lo importante, útil, agradable, bueno, que resulta lo que hacen y lo importante del para qué y por qué lo hacen.

La labor, tanto del colectivo pedagógico en general, como de cada maestro en particular, ha de estar dirigida a hacer coincidir cada vez más los valores sociales con los individuales.

Esto no se logra porque constante y sistemáticamente por ejemplo se les diga a los estudiantes lo que tienen que hacer, lo que es correcto o incorrecto, sino que es necesario enfrentarlos a situaciones concretas, donde tengan que demostrar con su conducta lo acertado de una acción, donde tengan que asumir una posición al respecto, argumentarla y defenderla.

Lo anterior determina que las actividades que se organicen, sean el resultado del análisis grupal, donde cada estudiante encuentre su espacio y protagonismo directo. Estudios realizados evidencian que mientras más elevada es la participación de un sujeto en el análisis de un valor, mayor será el efecto estabilizador del mismo.

Los educadores, no deben perder la oportunidad de utilizar todas las formas y posibilidades de activación de las mentes y de los corazones de sus alumnos como son: las conversaciones individuales y colectivas; el debate grupal, donde tengan que fundamentar y defender sus puntos de vista y decisiones; la realización de tareas que respondan a un objetivo común; de trazar metas alcanzables a veces con un poco más de esfuerzo para algunos; de valorar y analizar en el momento oportuno el por qué y para qué se efectúan las diferentes actividades, qué obtuvo éxito y qué no, y ser capaces de tomar a tiempo las medidas oportunas.

Múltiples son las vías y alternativas que tiene la escuela para trabajar en función de que los estudiantes interioricen y hagan suyos los valores de la sociedad en que viven, esto es posible, en la medida en que se logre motivarlos e interesarlos de forma que los hagan suyos y estén dispuestos a defenderlos hasta sus últimas consecuencias.

En esta tarea, las organizaciones estudiantiles, ocupan un lugar fundamental, de ahí el por qué se ha de conjugar en un todo orgánico y coherente las actividades que se realicen en el centro, velando siempre porque estén en consonancia con los intereses de los estudiantes, donde la motivación alcanzada, se convierta en motor impulsor de las acciones a realizar, convencidos cada uno de los participantes de que esa es la posición correcta y la dirección a seguir, no porque se lo digan, sino porque lo sientan de verdad como algo suyo, real y alcanzable.

La formación de acciones y orientaciones valorativas en el estudiante, son procesos que han de ser objeto de importantísima atención en la clase. Ambos estarán vinculados a la revelación del valor del conocimiento que es objeto de aprendizaje - cualidad que le confiere su valor social

- la valoración podrá ser positiva o negativa, en relación con el significado que adquiera para el alumno, lo cual debe expresarse por este en los diferentes momentos de la clase, al darles la posibilidad de plantear sus ideas, criterios, juicios, reflexiones, sentimientos y argumentos.

 Comprende revelar y valorar el vínculo del conocimiento con la vida, plantearse proyectos propios, ideas a emprender, cosas por hacer, de acuerdo a su edad y al contenido de la asignatura.

Otro aspecto importante en esta dirección, es que el maestro propicie la realización por el alumno de actividades de control y valoración, por parejas y colectivas, así como la autovaloración y el autocontrol, lo que le permitirá conocer sus errores y aciertos, de una manera objetiva y consciente.

En las actividades que planifique la institución ha de tomar en cuenta el accionar de los padres y otros factores de la comunidad.

Todo esto forma parte de su labor, y por lo tanto debe incluirse en los diagnósticos que se realicen, para saber cómo piensan los demás adultos de esos valores, cómo actúan, cómo es la forma de educación de la familia, y qué características tiene el barrio o zona donde transcurre la vida de los menores.

1.3 Valores, principales características
 
Una definición en sentido estrecho de los valores sería:

Se identifican:

· Con lo material o espiritual (cosas, hechos, personas, sentimientos y relaciones).

· Con cualidades reales externas e internas al sujeto, de significación social. Dicha significación se refiere al grado en que se expresa el redimensionamiento humano.

· Con cualidades de los componentes de la estructura de la personalidad, en tanto permiten captar los significados a través de la capacidad de los sentidos en la actividad humana.
Se manifiestan:

· A través de la actividad humana, la que permite interiorizar de la realidad aquellas cualidades que satisfacen necesidades e intereses individuales y sociales.

· En guías y principios de conducta que dan sentido a la vida hacia la autorrealización, el progreso y el redimensionamiento humano.
Se estructuran:

· Por las circunstancias cambiantes de la realidad, por lo que puede su contenido expresarse de manera diferente en condiciones concretas.

· Se jerarquizan en dependencia del desarrollo de la personalidad y del desarrollo social del contexto.
 
Los valores son normas, ideales y principios de acción que constituyen un medio de orientación y regulación de la actividad humana como expresión del reflejo valorativo de la realidad.

Son normas o reglas de conducta expresadas en el modo con que las personas gobiernan su vida, dirigen sus acciones, está muy vinculado al orden que impone la sociedad. El individuo en su desarrollo va conformando su propio código moral, éste nace de su propia vida, de sus interrelaciones, es fruto de la época en que se desenvuelve y puede arrastrar taras e imperfecciones del pasado.
 
Son ideales porque el individuo busca o trata de acercarse a un modelo o prototipo de perfección o medida en la intención de realizar acciones o formarse en juicio de hacia donde conducir sus fuerzas en la realización de una obra, esto puede conducir a los hombres a emprender acciones progresistas, revolucionarias sin límites constituyendo paradigmas de perfección humana.
 
También pueden conducir a todo lo contrario, a desarrollar modelos negativos que limitan el ascenso hacia el progreso social.
 
Son principios porque es guía fundamento de conducta, generalización que caracteriza los miembros de una sociedad.
 
Se orientan a un fin determinado, desarrollando acciones , esta actividad dará como resultado nuevos conocimientos, habilidades y convicciones de ahí que se reafirme la función sociológica y gnoseológica, jugando un papel importante las motivaciones, los sentimientos y las valoraciones en su actuar.

Educar en valores significa contribuir a la función integradora del individuo mediante la valoración de las contradicciones de la motivación, los intereses, etc.

La educación en valores debe coadyuvar a la tendencia interna de la personalidad a integrar y armonizar los factores internos y externos y a la autonomía de ésta, es decir, a la autorregulación sobre la base de fines conscientes, lo que está por supuesto, en interacción y en dependencia de la realidad social.

Los valores interiorizados conforman la esencia del modelo de representaciones personales, constituyen el contenido del sentido de vida, y de la concepción del mundo, permiten la comprensión, la interpretación y la valoración del sujeto y brindan la posibilidad de definir el proyecto de vida, integrado por objetivos y finalidades para la actividad social.
 
Los valores no se enseñan y aprenden de igual modo que los conocimientos y las habilidades, y la escuela no es la única institución que contribuye a la formación y desarrollo de éstos.

 Otra peculiaridad de la educación en valores es su carácter intencional, consciente y de voluntad, no sólo por parte del educador, sino también del educando, quien debe asumir dicha influencia a partir de su cultura, y estar dispuesto al cambio.

De ahí la importancia y la necesidad de conocer no sólo el modelo ideal de educación, sino las características del estudiante en cuanto a sus intereses, motivaciones, conocimientos, y actitudes, las que no están aisladas de las influencias del entorno ambiental.

Una comprensión clara de los límites objetivos del entorno, del modelo a que aspira la sociedad y de la subjetividad del estudiante permite dirigir mejor las acciones educativas y dar un correcto significado al contenido de los valores a desarrollar.
 
Los valores no son pues el resultado de una comprensión, y mucho menos de una información pasiva, ni tampoco de actitudes conducidas sin significación propia, por el sujeto.

Es algo más complejo y multilateral pues se trata de los componentes de la personalidad, sus contenidos y sus formas de expresión a través de conductas y comportamientos, por lo tanto sólo se puede educar en valores a través de conocimientos, habilidades de valoración-reflexión y la actividad práctica.

La Dra. Baxter plantea que “la formación de valores tiene gran importancia para el desarrollo de la personalidad para lograr que los jóvenes asuman una participación correcta dentro de las luchas que caracterizan la etapa constructiva de la nueva personalidad... debe regir el comportamiento general de la juventud que orientan su conducta y determina sus actitudes, sus formas de actuar “
 
Refuerza la importancia de los valores, en el desarrollo de las complejas tareas de la edificación socialista, el joven puede pensar, trabajar y actuar en función del proyecto social que construimos.

 Considero que cuando esto no sucede es que se han debilitado, se han lacerado esos valores y estos jóvenes se desvían del camino que conducen a la formación del hombre nuevo que planteara el Ché, de ahí que debamos desarrollar, fomentar y reforzar los valores en nuestra juventud.
 
La escuela y en especial la formadora de los futuros profesores esta en él deber de cumplir estas exigencias sociales, elevar sus niveles de enseñanzas, el trabajo educativo, hacerlo integral, eficiente, donde el alumno sea ente activo, creador y promotor de nuevos valores, capaz de emprender con éxito la tarea futura que enfrentaran al formar al hombre nuevo, no resulta una tarea fácil, depende de muchos factores, pero en especial del maestro: este deberá perfeccionar su labor, haciendo útil, humana y profesionalizada su presencia como elemento directriz de este proceso de elevación del conocimiento y de espiritualidad, no es una utopía, es una posibilidad real, están en juego nuestros valores, nuestra identidad y el futuro de la nación.

· Retos que tiene en la actualidad la escuela cubana

La escuela cubana por tradición, se ha caracterizado siempre por desarrollar un trabajo encaminado a formar ciudadanos capaces de sentir el orgullo de ser cubanos y de defender a la Patria de cualquier amenaza externa, así lo demostraron los mambises en las guerras contra la metrópoli española, la generación del centenario contra la ingerencia yanqui, y la resistencia al bloqueo que en la actualidad sostiene todo el pueblo cubano.

La época actual, reclama que todo el sistema de influencias educativas, en las que ocupa un lugar fundamental, la escuela, la familia y la comunidad trabaje cohesionadamente, de forma de no trasmitir mecánicamente a niños, adolescentes y jóvenes las tradiciones políticas, culturales, combativas, laborales.

Es no proporcionar formas y métodos de vida ya preparado, sino ponerlos en situación que les permita realizar un trabajo intenso y creativo, solo mediante su experiencia y práctica en la vida social, es que lograrán desarrollarse y formarse como hombres capaces de mantener lo conquistado hasta el momento, ser mejores cada día y actuar correctamente en su vida presente y futura.

Existen los llamados valores universales que son objeto de atención y se defienden por diferentes sistemas sociales; en nuestro país, se trabajan y reafirman entre otros aquellos valores como: la honradez, la honestidad, la sencillez, el colectivismo, la responsabilidad, la laboriosidad y el patriotismo, ya que se trata de la formación de un ciudadano cubano en una sociedad socialista.

En Cuba a partir de los años de la década del 90 se originaron cambios socioeconómicos que trajo aparejado una aguda transformación en los escenarios donde tiene lugar la educación de las nuevas generaciones.

 Al referirse a esta problemática el 24 de Febrero de 1998, el Comandante en jefe Fidel Castro señaló: “Si hay más libertad, hay que educar a los hombres; a las mujeres y a los niños en el ejercicio de la libertad y en el ejercicio de la responsabilidad”. Nos corresponde educar, eso sí que nos corresponde, enseñar.

 Hacer conciencia del sentido y del principio de la responsabilidad, hay que decírselo a los jóvenes desde que están en el 1er grado, y cuando están en 2do, 3ro y 4to y cuando son adolescentes y cuando son universitarios o están en preuniversitario, esa educación hay que darla; el sentido de la responsabilidad, es a la que hay que apelar, y no, será volver a la Edad Media e inventar de nuevo el cinturón de castidad.

En tal sentido el Ministerio de Educación instrumentó por Resolución Ministerial No. 90-98, “Los lineamientos para fortalecer la formación de valores, la disciplina y la responsabilidad ciudadana desde la escuela”. En esta se aborda la necesidad de trabajar desde las primeras edades, la formación, desarrollo y fortalecimiento de los valores esenciales del Socialismo.

Se establece la creación de la Cátedra de Formación de Valores, en cada centro docente, desde la educación inicial (preescolar) y hasta las Universidades Pedagógicas, con los objetivos de integrar el trabajo dirigido a la formación de valores, dar unidad como sistema al conjunto de acciones e influencias educativas que se promuevan en los centros y concretar en cada uno de ellos, las vías y formas que aseguren la preparación y el asesoramiento metodológico de los cuadros y del personal docente para el desarrollo del programa que para cada enseñanza fue elaborado.

El hecho de crear la cátedra de valores y desarrollar un programa específico para trabajar en ello, no niega, ni agota todo el arsenal que posee cada escuela para enfrentar esta tarea; al contrario la cátedra tiene que servir de motor impulsor y movilizador para todas y cada una de las actividades que se organicen, donde el papel protagónico le corresponde tanto al docente como a los estudiantes; partiendo siempre de la situación concreta y objetiva existente en cada centro y en correspondencia con las necesidades y particularidades de la edad de los diferentes grupos.

Para la formación de los valores y de la responsabilidad social, se utilizarán todos los medios y recursos con los que cuenta la escuela. De igual forma el desarrollo de las asignaturas del Plan de Estudio, tienen que favorecer y fortalecer la acción educativa en la formación de la personalidad en general y de los valores en particular.

Así tenemos que en la medida, que se prepare mejor al educando, tanto para el sistema de relaciones que establezca, como en las actividades que realice, alcanzando en cada caso una mayor significación social, estará en mejores condiciones para enfrentarse a las influencias espontáneas positivas o negativas del medio en que vive y se desarrolla.
 

[http://www.gestiopolis.com/estilos/cierre-lectura.htm]

Lic. Erizbel Amat Alvarez - erizbelarrobasuss.co.cu

CENTRO UNIVERSITARIO "JOSE MARTI PEREZ" FACULTAD DE CONTABILIDAD Y FINANZAS, SANCTI SPIRITUS, CUBA.

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