La razón por la cual tantas veces fracasa la implementación del kaizen en las empresas, se debe justamente a esta falta espíritu kaizen por parte de sus máximos líderes y directivos.
Es necesario comprender que un líder kaizen es muy diferente de un
líder tradicional. El liderazgo kaizen requiere de otros tipos de
aptitudes y actitudes. Un directivo no puede estar realmente
comprometido con el kaizen si antes no esta imbuido de su filosofía y
espíritu.
El espíritu kaizen
Por sobre todas las cosas requiere de sumisión. Sumisión a los deseos de
los clientes y consumidores, sumisión a la calidad como gran objetivo,
sumisión a las necesidades del personal, sumisión al estudio e
investigación. No es por lo tanto fácil de aplicar si antes los
directivos no están dispuestos realmente a someterse a tales exigencias.
Las empresas tradicionales son todo lo contrario, tratan de someter a
los clientes a sus productos y diseños, someten a sus empleados y
obreros a sus estructuras organizacionales y objetivos corporativos,
someten a la sociedad a sus propios patrones de calidad, y para nada
toman en consideración destinar tiempo y dinero a labores de
capacitación e investigación.
Quien se somete realmente domina la situación, pues es un sometimiento
no de esclavos sino de auténticos servidores. Pues quienes mejores
sirvan a la comunidad y a los consumidores serán los que acaparen
mayores beneficios y cuotas de mercado.
El kaizen no es para directivos con soberbia. La soberbia es un
archienemigo del kaizen. La soberbia lleva a indicar con el dedo el
problema en los demás cuando los que deben hacerse cargo de los desafíos
y las ineficiencias son sus líderes y directivos. Decir:
“yo se lo que es el kaizen pero ellos (los empleados) no lo
comprenden”, o decir “estoy de acuerdo con el kaizen pero no puedo
hacerles entender y aplicar ello” muestra un conocimiento muy magro por
parte de dicho directivo, y lo que es más un total desconocimiento del
auténtico y verdadero espíritu kaizen.
El kaizen implica liberar y conducir las enormes y fenomenales energías
interiores que poseen los empleados, de allí la famosa frase de
Matsushita “nosotros triunfaremos y usted serán derrotados, pues sus
obreros sólo ponen las manos (pero no su cerebro y espíritu)”.
Liberar esas energías creativas, innovadoras y de disciplina
requieren de un nuevo tipo de liderazgo, de un liderazgo del Tipo “Y”
(D. McGregor) o más aún, del Tipo “Z”. Liberar esa energía y conducirla,
guiarla, llevará a un proceso de mejora permanente en la organización.
El empleado u obrero, tiene y siente la imperiosa necesidad de liberar y
aplicar sus energías creativas. Todo ser humano lo necesita. Pero tanto
en las empresas, como en las escuelas y colegios tradicionales se les
obliga a someterse, a aceptar cánones ya establecidos.
Así pues tenemos recursos humanos infrautilizados. Utilizados en una
muy pequeña escala de sus auténticas y verdaderas posibilidades, lo cual
lleva a su vez a un gran desaprovechamiento de los recursos materiales.
Sin lugar a dudas el gran muda es el desperdicio de los recursos humanos
de la empresa. Son justamente las actividades de equipo y los sistemas
de sugerencias, formas de alentar la participación. Algo que se ve
fortalecido mediante lo que Imai denomina “el despliegue de políticas”.
Sin una auténtica comprensión y espíritu kaizen estos sistemas nunca
podrán generar los resultados que de ellos se esperan.
Las enseñanzas de Karatsu
Hajime Karatsu (ganador del Premio Deming) nos dice en su obra “CTC: La
sabiduría japonesa”, que una organización sólo puede transformarse
cuando un directivo capaz asume el mando.
Ahora bien, cuales son las aptitudes que debe poseer un buen directivo.
Según Karatsu son:
Conocimientos especializados: de entrada, un directivo necesita
conocimientos básicos sobre el proceso de producción. Es lo que se
espera de todo el mundo, y cuanto más alto es la pirámide de la empresa
esté, más conocimientos debe tener.
Conocimientos generales: no importa lo bueno que sea en su campo, sin
conocimientos generales un directivo puede ser considerado como “un loco
de su propia especialización”.
Entusiasmo: no importa que se tengan buenos conocimientos generales y
especializados, una persona falta de entusiasmo no está en condiciones
de llegar a ser un director. Un director tiene que parecer una
enciclopedia andante, pero sin espíritu de lucha, no podrá dirigir a sus
subordinados.
Sentido común: tener entusiasmo no significa repetir la misma cosa una y
otra vez o regañar a los subordinados.
Una persona bien informada y motivada que carezca de sentido
común es probablemente el peor tipo de director. ¿Quién es un director
sensato? La persona que posea sabiduría y sentido común.
Trabajo en equipo: cada director es la cabeza de su propia organización.
No importa lo capaz y entusiasta que sea, el director que no sepa
trabajar en equipo no puede motivar a sus subordinados.
Imparcialidad: los subordinados siempre son conscientes de cómo los
considera su director. Si han sido tratados injustamente, están menos
motivados para hacer su trabajo. Cuanto más alto esté un directivo en la
pirámide de la empresa, más importancia debe dar al hecho de tratar
equitativamente a los subordinados.
Comprensión: es la capacidad de captar rápidamente y con precisión lo
que otra persona está diciendo.
Un subordinado perderá interés rápidamente si tras una cuidadosa
presentación las observaciones del directivo son irrelevantes. Los
subordinados están dispuestos a prestar ayuda en los momentos difíciles
en la medida en que sientan que lo que ellos ofrecen es comprendido y
apreciado.
Poder de persuasión: no importa lo bueno que sea un plan, si un
directivo es incapaz de persuadir a los demás para que lo adopten, no
irá a ninguna parte. Sin capacidad de hablar persuasivamente es
imposible dirigir gente.
Estabilidad: cuando un directivo carece de confianza en sí mismo los
subordinados pueden no saber cómo actuar.
Intrepidez: poner en ejecución un plan requiere intrepidez. La dirección
siempre conlleva algunos riesgos; la intrepidez y el coraje son
esenciales para hacerles frente.
Responsabilidad: nunca culpe a los subordinados por un error; asuma la
responsabilidad usted mismo. Y no se apropie de sus aciertos en lugar de
ello reconozca su éxito.
Sensibilidad: en cualquier país, las buenas relaciones humanas comienzan
con la sensibilidad ante los sentimientos de los demás.
Estas son, según Hajime Karatsu, las cualidades que un directivo
necesita para administrar una organización de forma efectiva.
Conclusiones
En que puede mejorar una empresa, la cual trata de reducir sus costes al
tiempo que pretende imponer sus diseños y deseos a los consumidores.
Cómo puede considerarse una empresa de excelencia aquellas para la cual
la gestión del conocimiento o de las relaciones humanas es sólo una
pérdida de tiempo.
Mientras en una empresa tradicional el directivo hecha la culpa de los
bajos resultados a sus subordinados, en una empresa competitiva con
auténtico espíritu kaizen el directivo pide disculpas a sus obreros por
no haberlos sabido conducir al triunfo.
Muchos directivos no quieren aplicar el kaizen en sus empresas porque no
pretenden cambiar su forma de ser y sentir, otros tratan de aplicarla
pero carecen del espíritu necesario para el cambio, en tanto que otros
consideran que se puede lograr el cambio sólo sumando cuestiones
meramente técnicas.
La verdad del triunfo como en todos los logros importantes de la vida,
está en la fuerza del espíritu. En abrazar una causa confiando en sus
propias energías y en las de las personas que nos acompañan en el
desafío.
Una empresa podrá contratar a los mejores gurúes del Japón y no logrará
resultado alguno, sino está dispuesto a efectuar un auténtico y profundo
cambio en su manera de pensar y sentir. Debe remover los viejos
paradigmas de la empresa tayloriana para dar lugar a los nuevos
paradigmas de la empresa globalizada.
Bibliografía
CTC – La sabiduría japonesa. Hajime Karatsu. Editorial Gestión 2000.
1992
¿Qué es el control total de calidad? – Kaoru Ishikawa – Editorial Norma
– 1989
El Sistema de Producción Toyota. Taiichi Ohno. Editorial Gestión 2000.
1991
Excelencia: una forma de vida. Heberto Mahon. Vergara Editores. 1991
Acostúmbrese al éxito. Mack R. Douglas. Editorial Iberonet. 1994
Dr. Mauricio Lefcovich - mlefcovicharrobahotmail.com
Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor.
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