Existe diferentes puntos de vista con respecto a la globalización, las dos caras de la moneda la muestran o como un medio que podría
ofrecer prosperidad económica a las personas en todo el mundo, o como
responsable directo de todos los problemas.
Las características fundamentales que permitieron la emergencia de la
globalización, según La Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la
Globalización “CMDSG” (2004), se enmarcan dentro de:
· La liberalización del comercio internacional, la expansión de la
Inversión Extranjera Directa, la aparición de flujos financieros masivos
transfronterizos y el aumento de la competencia en los mercados globales
producto de la reducción de las barreras nacionales a las transacciones económicas internacionales y del
impacto de las nuevas tecnologías, especialmente en los ámbitos de la
información y las comunicaciones .
Nos encontramos ante una época donde las barreras del tiempo y del
espacio se reducen enormemente, los costos de circulación de la
información, personas, bienes y capitales a través del planeta
descienden al igual que la comunicación global es cada vez más barata e
instantánea. Por lo que los mercados tienen un alcance global y abarcan una
variedad cada vez mayor de bienes y servicios.
Esto representa una amenaza no solo a la sostenibilidad medioambiental y
la diversidad cultural; este inadecuado proceder también ha repercutido
en que los beneficios de la globalización hayan sido distribuidos de
forma desigual, acentuando la brecha entre los países ricos y pobres; los países desarrollados indudablemente cuentan con más
opciones de control macroeconómico que los países en desarrollo y las
políticas internacionales se aplican sin tener en cuenta las
especificidades de cada nación. Por último, los cambios estructurales han provocado un ambiente
de incertidumbre e inseguridad en los trabajadores y en las empresas de
todo el mundo, por lo que el desempleo y el subempleo es una realidad
tenaz que se manifiesta para la mayoría de la población mundial.
Una serie de debates propiciados por esta comisión con las empresas de
varios países, destaca que muchas empresas no se consideran impulsores
de la globalización sino que reaccionan ante ella; y para las que se encuentran en los países pobres o las PYMES
de todo el mundo les es más difícil o casi imposible desenvolverse en
iguales oportunidades que la competencia global, más aún cuando la ayuda pública en muchas circunstancias se muestra
nula; muchas de ellas, al no ser competitivas han quebrado por la
liberación del comercio o la entrada de compañías extrajeras.
En su variante actual la globalización involucra la inexorable
integración de los mercados, naciones y tecnologías en un grado nunca
visto antes, acarreando consigo un cúmulo de consecuencias negativas.
Esta supuesta cultura de homogenización va creciendo e
incorporándose en el ámbito empresarial, donde el más fuerte posee la
mayor ventaja de control y superación.
Entorno, Organización y Cambio.
Estamos consientes de que el desarrollo y la innovación dentro del
ámbito tecnológico y de la explotación de las telecomunicaciones, esta
irrumpiendo con mayor fuerza en todos los ámbitos de las empresas.
Son justamente las empresas las que tienen en sus manos el mundo
laboral; estas influyen directamente en el entorno social y económico en
el que vive la gente. Son la fuente principal de creación de empleo e
ingresos y sus valores, prácticas y comportamiento tienen una
repercusión directa en la consecución de los objetivos sociales.
Por lo que se hace necesario enfatizar en la responsabilidad social de
las empresas más allá de sus obligaciones legales.
Los elevados índices de desempleo debilitan la posición de
negociación de los trabajadores en relación con los empresarios. Y el
aumento de la competencia internacional para los mercados genera
presiones tendentes a incrementar la flexibilidad del mercado de trabajo
que deteriora la protección laboral.
Pero cada día las empresas están sometidas a tomar ciertas medidas que
no son socialmente aceptables, debido principalmente a elevar su
eficiencia, eficacia y competitividad, frente a los cambios que ya no
son solamente más insondables, sino que también son más acelerados.
Como plantea Cordoníu (2001) la velocidad de los cambios que se producen
hoy en el entorno de las empresas es “supersónica”, y por tanto es
imposible preverlos.
Ello no sólo tiene que ver con las tecnologías directamente vinculadas a
la empresa, ya que muchos otros avances tecnológicos pueden también
influir en una organización”.
Esto conduce, según García (2002), a que muchas empresas se vean
inmersas en una serie de problemas típicos como la falta de tiempo, la
escasez de dinero, y el incremento de la complejidad en la actividad de
dirección; además Peretti (1997) afirma que también se enfrentan a una serie de
retos fundamentales asociados a esta intensificación e
internacionalización de la competencia, a las fluctuaciones económicas, a la evolución demográfica, a las
nuevas corrientes socioculturales, entre otros aspectos que afectan, a
la totalidad de los campos de actividad y de las funciones de la
empresa.
Estos retos o exigencias del entorno, llamadas así por Goméz-Mejia,
Balkin y Cardy (2000) “están representadas por fuerzas externas a la
organización y por ende escapan al control de ella”; pero no todas las exigencias son externas, sino que también se
ven condicionadas a enfrentar sus propias exigencias como organización; a estas se suman las exigencias de sus propios integrantes, que
como entes bio-sico-sociales, están en una búsqueda constante de
desarrollo, donde su motivación y sus características personales
desempeñan un rol fundamental.
Estos problemas, retos o exigencias, como quieran llamarlo, determinan
la necesidad de comprender y tener una visión sistemática del problema,
enfocándose en la relación de interdependencia existente entre el
entorno y las empresas.
El concepto de sistemas es claro y hace referencia al “Conjunto de cosas
que relacionadas entre sí ordenadamente contribuyen a determinado
objeto”[1]; por lo que la teoría sistémica como la explica García, J
(2004) esta caracterizada por un conjunto de elementos unidos entre sí,
que mantienen necesariamente una interacción; es decir, que las
relaciones entre las partes y el comportamiento del todo sea el centro
de atención, por lo que no existe ningún sistema fuera de un medio
determinado.
Siguiendo este idea, el autor plantea que los sistemas deben poseer
ciertas características: un propósito de existencia; un globalismo (el sistema reaccionará globalmente ante cualquier
estimulación producido en alguna de sus parte); una tendencia a
desgastarse (entropía) y a adaptarse buscando alcanzar un equilibrio
interno frente a los cambios externos.
Bajo este parámetro, la organización debe ser considerada como un
sistema abierto, ya que cuenta con un propósito y variadas funciones que
implica múltiples interacciones con el medio.
Además, cualquier organización está conformada por muchos sub-sistemas
interrelacionados (si uno cambio, probablemente cambien los demás). Los
enlaces múltiples entre organización y medios hacen que entre ambos no
haya una clara delimitación.
Tanto la organización como el entorno están sometidos a la intensidad de
los cambios, que no es otra cosa que el producto de la relación entre
esos dos elementos; las empresas generan nuevos productos y servicios,
nuevas necesidades y estilos de vida – generan “cambios” – que afectan, en la medida de su intensidad, al entorno; y
éste a su vez con un efecto de retroalimentación genera nuevas
necesidades y cambios a las empresas.
El cambio, por tanto juega un papel fundamental en el éxito o fracaso de
las empresas y está ligado, según algunos autores como Behrensen (2003), al concepto de crisis, entendido como un rompimiento de un estado de
equilibrio inesperado que provoca incertidumbre y que impide prever
anticipadamente los eventos futuros, lo cual es crucial para la
supervivencia.
Desencadena una serie de efectos que comprometen el campo de las
interacciones de la organización; para que éste estado de crisis se produzca es necesario que una serie
de factores externos movilicen ciertas dimensiones internas del sistema,
en este caso la organización, produciendo la emergencia de ciertos
conflictos.
Siguiendo una línea psicoanalítica, el cambio involucra necesariamente
pérdidas, no simplemente en el sentido económico, sino en la forma de
pensar y de actuar, por lo que acarrea consigo un duelo que requiere ser
elaborado.
Esta reacción de duelo puede ser vista como un proceso transicional
adaptativo que permite la integración a una nueva realidad creada.
Los constantes cambios y sus implicaciones han afianzado un paradigma
actual, de que los factores que aseguraban el éxito para las empresas en
épocas pasadas ya no garantizan el éxito hoy en día, así mismo y los factores que generan el éxito en nuestro tiempo
no representarán una ventaja en un futuro debido a que éste se vuelve
más incierto; por ende, se hace necesario gestionar el cambio, innovando
constantemente, adaptándose, probando, etc., se hace vital también, un cambio de actitud frente al cambio;
el cambio no es cuestión de aptitud, sino de actitud por lo que tenemos
la posibilidad de decidir ser victimas, espectadores o protagonistas
ante el avance que se da constantemente.
Para García (2002) la respuesta no está sólo con adaptar constantemente
las estructuras, los procesos técnicos y administrativos (Factores
duros, Hadware), se debe interiorizar el cambio, fomentando una cultura
de cambio basada en la optimización de la dirección, la comunicación y la cooperación (Factores Blandos, Software);
buscando una integración dinámica del sistema de gestión de la empresa
por lo se debe cambiar de forma armónica, coherente, integrada y con
enfoque en sistema.
El Desarrollo de un entorno de trabajo mas social, la
generación de rendimientos mediante sinergia, la flexibilización en las
formas de trabajo, la organización de la formación y el
perfeccionamiento del personal en función del cambio, la dirección y control mediante una comunicación mas efectiva,
con la planificación estratégica de cada elemento con visión al futuro
son la base necesarios del cambio, para este autor.
Como planteara Lavagna (2005) “El bien más preciado en un cuerpo
institucional, además de su transparencia, es su capacidad, dentro de
límites y procedimientos previsibles, de adaptarse a los cambios
mundiales”.
Para que se de un cambio en todos los niveles de la empresa buscando un
marco adaptativo, abierto y flexible, orientados hacia la calidad, la
innovación, el emprendimiento, la aceptación del riesgo, y la eficiencia; Alabart (2002), propone que se requiere de
disciplina y sistematicidad en las acciones que se lleven a cabo.
No se puede seguir administrando como en el pasado, con organizaciones
marcadamente jerárquicas y con una alta división del trabajo, lo cual
conlleva a una burocratización, a la demora en la toma de decisiones,
a cuellos de botella en el flujo de información y a la desmotivación
y la participación de los trabajadores.
Nuestras empresas latinoamericanas requieren hoy más que nunca la
implantación de una filosofía del cambio con un nuevo estilo de
liderazgo, con un cambio en las habilidades o competencias de nuestros
trabajadores, en las estructuras, en las estrategias, y en la utilización de
los valores para alinear las conductas, todos ellos configurados de
forma compatible con una visión de sistema.
Una amplia gama de autores convergen en que las empresas que sean
capaces de anticiparse al cambio, de adaptarse y de transformarse
permanentemente de manera más rápida que sus competidores reforzando su
posición competitiva serán las que puedan sobrevivir en un futuro
(Castro, Cuesta, Chiavenato, etc.).
El proceso de transformación debe estar condicionado por una mejora
continua; con el aprovechamiento al máximo del conocimiento y de la
información del entorno y de las personas.
Se hace necesario, dentro del proceso de cambio, reconocer primeramente la necesidad del cambio para decidir a donde se desea llegar proyectando métodos adecuados de implementación que permitan una ejecución óptima de éste ya que las condiciones externas e internas de la organización que determinadas por el ritmo de crecimiento, las oportunidades del mercado, el incremento de las expectativas de los clientes (internos y externos), la necesidad de ser los mejores junto con la suma de múltiples factores, demandan un cambio rotundo de las organizaciones reforzando y optimizando los procesos y recursos disponibles, buscando como resultado final mayores utilidades, la satisfacción total del cliente y una calidad adecuada en el ambiente de trabajo.
En síntesis, Bahena (2003), plantea que la busca de la efectividad de
la organización se obtiene a través del logro de los resultados
aprovechado los recursos existentes; siendo ésta la respuesta adecuada
para alcanzar la competitividad; Alhama, R. en su estudio sobre las nuevas formas de organización del
trabajo como medio para alcanzar resultados cualitativamente superiores
conjugando los aspectos técnicos del proceso de trabajo y la dimensión
social y humana de hombre, habla de la necesidad de establecer nuevos
principios desarrollados en: Buscar mayor integración entre las funciones especializadas de
dirección con el trabajo de ejecución tomando al hombre como factor de
esta integración y para que el hombre se integre la empresa tiene que
incorporarse hacia una gestión del cambio Comunicando sobre los motivos
del cambio, indicando sus beneficios y riesgos; conociendo las expectativas del cambio, para luego buscar a los
líderes en el colectivo que impulsen el cambio, realizando formación
continua y buscando la retroalimentación permanente.
A Modo De Conclusión:
Estos aspectos no son nuevos, y muchas empresas y sus directores están
conscientes de ello, pero otros se han estancado en el cambio, debido a
que siguen siendo y haciendo lo mismo, aferrándose a prácticas pasadas, mostrando una actitud negativa ante
el cambio, o no poseen ninguna información para planificar el cambio.
En una situación de crisis o cambio es necesario: evaluar el contexto,
advirtiendo sus características que afectan a la organización, manejando
los conocimientos adquiridos para evitar cometer errores.
La clave de supervivencia de las empresas se centra en: la previsión y
la adaptabilidad ante los cambios que van emergiendo a medida que el
entorno va cambiando; si los cambios a nivel de organizaciones son cada vez más complejos,
esto obliga a buscar nuevas formas de trabajar siendo más flexibles.
Cuando nos referimos a la flexibilidad empresarial no hay que pensar en
recortes bruscos de personal, ni regirse por opciones propuestas por el
FMI u otros organismos neoliberales. La flexibilidad debe ser entendida como: la capacidad de
cualquier organización de adaptarse de manera adecuada, pudiendo afrontar los cambios mejorando o manteniendo su posición
competitiva tomando como requisito fundamental la satisfacción de sus
trabajadores y la responsabilidad para con la sociedad.
En cualquiera de los casos, como se tratado de entrever, las
organizaciones exitosas se construyen no sólo adaptando su proceder como
resultado sólo de una tendencia de estilo empresarial; es necesario, un cambio profundo que abarca su cultura, capacidades,
estrategias, diseño interno y percepción del mercado; este desafío es constante y los modelos se transforman y tienen
que adaptarse cada día a la realidad de cada empresa y entorno.
Por último, hay que tener en claro que el actor principal del cambio y
de la previsión es el trabajador, como fuerza motriz del proceso
transformador, porque es él, el que frente a un proceso de cambio guía
al sistema a ganar una posición ventajosa en el mercado.
Las organizaciones necesitan propiciar el cambio para subsistir,
desarrollando habilidades en sus RR.HH. y tomando como premisa básica al
ser humano como ventaja competitiva del nuevo milenio.
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Rafael A. Ballivian D. y Carola T. Gonzales C. - rafael_ballivianarrobahotmail.com hagerrdaarrobahotmail.com
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