Los valores son el elemento invisible más sólido de la cultura
organizacional. La misma
es un fenómeno complejo, su importancia y utilidad está dada en:
· Definir el Perfil de la Organización.
· Identificar los valores centrales y compartidos.
· Sustentar la misión visión y objetivos.
· Propiciar un cambio duradero.
· Entender lo que pasa y el porqué de las actitudes y actuaciones de sus miembros.
· Mantener el equilibrio, las comunicaciones y las necesidades de recompensas, participación, cooperación y satisfacción.
· Facilitar los medios para alcanzar la convergencia de intereses.
· Desarrollar el sentido de identificación entre sus miembros.
· Prever los efectos globales o individualizados que puede tener la toma de diferentes decisiones de cambio interno.
· Encauzar las solicitudes a fenómenos de cambio externo, a través de
nuevas políticas, estrategias y otros medios.
Las conductas, las normas, los valores y las creencias básicas, son
elementos constituyentes de la cultura.
Aunque ninguno de los elementos integrantes de la cultura por sí
mismos y de forma aislada pueden determinarla, los valores y las normas
(sobre todo los valores) constituyen poderosos factores en la formación,
consolidación y cambio de la cultura organizacional.
Para lograr la implementación del cambio en una organización es
necesario transitar desde las creencias a las conductas pasando por los
valores.
Estos son pautas para las conductas y comportamientos y pueden modificar normas e incluso no permitir su desarrollo si éstas entrasen en contradicción con ellos.
A veces la solidez de un valor puede hacer surgir nuevas normas
tendientes a reforzar ese valor, caso de que normas anteriores comiencen
a perder su efecto.
Por tanto son:
Mecanismos que condicionan las actuaciones y resultados.
Los criterios de jerarquización y los principios básicos de desarrollo,
selección de soluciones y estrategias.
Creencias particulares individuales que se sustentan en relación con lo que parece importante.
Mecanismos de valoración sobre lo justo e injusto.
Los valores organizacionales deben estar compartidos (lo que no quiere decir que se esté conciente de ello) para que absorban la complejidad de la organización, orienten la visión estratégica y aumenten el compromiso profesional,
de está forma se manifiestan en el proceso de toma de decisiones y como parte de éstas, dentro de las acciones para declarar la misión, objetivos y diseñar la estrategia.
Asimismo, los valores pueden servir de orientación para actuar
en situaciones de incertidumbre, por tales motivos estos permiten:
Contribuir a elevar la efectividad en el proceso de cambio.
Ayudar a lograr el pensamiento estratégico.
Fortalecer la actitud estratégica en los líderes, en todos los niveles
de dirección.
Proteger las acciones estratégicas, el aprendizaje continuo y el
compromiso de los miembros de de la organización.
Los valores organizacionales están al servicio del hombre y de la
organización en la que trabaja, no se imponen por decreto, porque no
serían creíbles, si acaso tan sólo acatables u obedecibles, pero deben
ser propuestos, y enseñados con el ejemplo.
Por tal razón las organizaciones han de “crear su sistema de valores”,
los que estarán bien definidos y en correspondencia con su estrategia
organizacional, trabajar para que los mismos se compartan por todos los
miembros de la organización.
Si lo anterior no se tiene en cuenta en la implementación del cambio en
una organización los directivos dirigirán con las patrones culturales
adquiridos a lo largo de su experiencia grupal en ese lugar;
con la diferencia que emplearán nuevas herramientas y técnicas
de dirección estratégica, lo que llevará sin lugar a dudas al fracaso
este proceso, ya que el cambio se ha dado, sólo en el nivel observable
(parte visible del Iceberg Organizacional).
Esta parte visible del “Iceberg Organizacional” esta constituida por los
elementos
componentes de los Subsistemas Técnico y Gerencial,
partes del Sistema Socio Técnico, (figura.1) mientras que el
Subsistema Social sería a la parte invisible (mayor...) del Iceberg”,
como se muestra en el esquema de la (figura. 2)

A primera vista lo que resalta o es más fácil ver en una organización son sus elementos más estructurados, los “formales”:
los recursos materiales con que cuenta; sus resultados en términos de productos, costos, ganancias; la estructura organizativa tipo de organización y subordinación; la tecnología; los recursos humanos, o las jerarquías.
También en cierta medida, se aprecian las conductas y algunas normas
(formales e informales) entre otras características.
Sin embargo, en cualquier organización, existen relaciones “informales”
que no necesariamente están dadas por las casillas del organigrama,
normas que no son detectables a simple vista ni en una o dos visitas a
la organización,
sentimientos (individuales o grupales) y tras todos estos elementos
hay valores que conforman la cultura de la organización.
La parte invisible del Iceberg determina en gran medida lo que se
observa, pero es que de hecho algunos de los elementos superiores han
influido de manera importante en la conformación de los inferiores.
Una interrogante que se hace evidente en la actividad gerencial es
¿Por qué a pesar de la formación recibida durante años algunos directivos le es difícil un cambio personal permanente en el tiempo?
No obstante pueden impulsar el logro de los objetivos de la organización y hasta alcanzar éxitos profesionales, cayendo en ocasiones en lo que se ha dado en llamar la Trampa del Éxito,
dándose la situación de que lo que en ocasiones los hacia triunfar
hoy los hace fracasar.
En realidad el entorno cambia y las necesidades de la organización son
otras, por lo que se necesita un ajuste de la conducta actual y la
adquisición de nuevas habilidades, así como un conocimiento especial,
donde se combinen sentir- pensar – actuar.
Tal situación no es tan sencilla, en ocasiones no se es conciente de la
misma, y se manifiestan sentimientos o emociones como: temor, ansiedad,
agresividad o frustración.
¿Cómo enfrentar tal situación para que el cambio llegue a los niveles de
valores y creencias y pueda impactar de forma efectiva el cambio de
actitudes y conductas y evitar tales emociones negativas?
El quid está en desarrollar la Inteligencia Emocional, en consonancia
con la cultura deseada, lo que permitirá un cambio en los niveles más
profundos de esta lo que provoca transformaciones paradigmáticas a nivel
personal y organizacional,
y permite una modificación más real y duradera en los
comportamientos.
La declaración de la cultura deseada, es un paso fundamental en el
proceso de cambio organizacional y tiene el objetivo de resumir la
posición que aspira tener la organización en el futuro,
lo que sirve de base a las actitudes y comportamientos ante las
acciones estratégicas que serán proyectadas,
Llevar a cabo este proceso implica que el personal de la organización
ponga en práctica, determinadas acciones que deriven en un plan de
acción para garantizar esa declaración futura, y se logre el
comprometimiento con los valores declarados.
La proyección incluirá determinados elementos algunos de ellos que
consideramos no pueden dejar de tenerse en cuenta, estos son:
v Misión/Visión/Objetivos.
Apreciación por las normas y conductas que deben existir para
identificarse, entender y comprender la misión, visión y objetivos que
validan o no, su permanencia como estado a alcanzar, atendiendo a qué
este será variado cuando las condiciones cambien.
Lograr el hábito de búsqueda y evaluación constante.
v Sistema de Valores.
Clarificar de forma expresa, los valores deseados que sustentaran la
estrategia los cuales no deben ser impuestos, sino se guiarán para ser
compartidos por todo el personal de la organización. Por lo cual se ha
de trabajar en este sentido.
v Hábitos de Trabajo.
Tipo de nivel de actividades fundamentales dentro del trabajo mismo, el
cómo se hacen las cosas en la organización.
Cómo se percibe y trata al cliente, cómo se elaboran los informes, y los productos,
cómo se ofrece el servicio, entre otros. Cómo se comparte o no los
resultados del trabajo desde su inicio a fin, cómo se comportan los
canales formales e informales de transmisión de hábitos.
v Ritos y Ceremonias.
Aspectos que rodean el trabajo, cómo se incentiva, cómo se llama la
atención, cómo se influye en el comportamiento.
Ejemplos: Las asambleas reuniones, proceso de selección, el de
evaluación, el proceso de aprendizaje, orientación en que se toman las
decisiones.
v Organización, Comunicación e Información Interna.
Cómo es la organización, los sistemas de información, la comunicación
formal vertical y horizontal, su estructura organizativa y su
congruencia con la estrategia, cómo apreciar los cambios en el clima
cuando hay disfunción, otras.
v Características de los Directivos
Orientación en la toma de decisiones, vías a utilizar en la búsqueda de
soluciones, conocimientos, autonomía, cómo expresar el poder,
coeficiente emocional, etc.
Realmente la Declaración de Cultura Deseada, es vital ya que la relación
entre la cultura y la visión organizacional es fuerte. En este sentido
el diagnóstico de la cultura previo, -con una adecuada orientación-al
diseño estratégico, es base para el mismo.
La declaración de la cultura deseada puede considerarse una herramienta
de liderazgo estratégico y su base está sustentada precisamente por
valores con el fin de introducir la dimensión humana dentro del trabajo
de dirección como práctica diaria,
de ahí que para alcanzar este estado sea necesario e importante
el Desarrollo de la Inteligencia Emocional.
El diagnostico de la Cultura Organizacional puede realizarse al
identificar la brecha existente entre los elementos incluidos en la
Declaración de la Cultura Deseada - anteriormente expuestos –y el estado
actual de los mismos.
En este estudio previo, se debe tener en cuenta la Inteligencia
Emocional, como el verdadero diferencial que se revela, tanto a nivel
individual como colectivo.
En el mundo se considera a David Goleman, el padre de este parámetro de
medición, es en 1998 que publica lo que pronto se convertiría en un
nuevo “bestseller”: La Práctica de la Inteligencia Emocional.
Goleman construye su proposición de inteligencia emocional sobre los
hallazgos científicos de tres investigadores principales,
David McClelland, Howard Gardner y Joseph LeDoux, e incorpora las
aportaciones de muchos otros científicos como Peter Salovey y Mihalyi
Csikzentmihalyi. Su aporte está, en:
Encontrar la conexión entre líneas de investigación que no habían sido
relacionadas anteriormente.
Revelar las implicaciones prácticas para el gran público y la comunidad
empresarial.
Transmitir el mensaje con un lenguaje universal.
Las conclusiones más importantes del trabajo de Goleman están en tres
direcciones:
I. La conceptualización del término.
El define la Inteligencia Emocional como “una forma de interacción del
individuo con el mundo y consigo mismo,
teniendo muy en cuenta los sentimientos propios y ajenos y la importancia que reviste utilizar positivamente emociones” y agrega que es “La capacidad para leer nuestros sentimientos, controlar nuestros impulsos,
razonar, permanecer tranquilos y optimistas cuando nos vemos
confrontados a ciertas pruebas y mantenernos a la escucha del otro”.
II. La competitividad entre individuos.
La Inteligencia Emocional, se considerada un verdadero diferencial, el
que se muestra, tanto a nivel individual como colectivo, como el
indicador fundamental de competitividad entre los individuos.
Los estudiosos del tema plantean que aunque los conocimientos, la
experiencia y el CI (cociente intelectual) tengan su importancia como
requisitos esenciales, son las competencias emocionales,
los factores que determinan los resultados superiores en el puesto de
trabajo y mientras más complejo sea este, mayor es la importancia de la
inteligencia emocional.
La Inteligencia Emocional considera las competencias como herramientas
de superación individual y grupal,
que permiten el desarrollo como ser humano para su integración a las
posibilidades del entorno y obtener los mejores beneficios mutuos de esa
complementación.
Este tipo de inteligencia incluye dos competencias emocionales: la
personal y la interpersonal, las que se agrupan en conjuntos,
cada uno de los cuales está basado en una de las cinco dimensiones de
la Inteligencia Emocional -que expone Goleman- las cuales son:
Autoconocimiento.
Autocontrol.
Automotivación.
Empatía.
Habilidades Sociales.
1. Autoconocimiento:
Es la capacidad de reconocer y entender en uno mismo las propias
fortalezas, debilidades, estados de ánimo, emociones e impulsos, así
como el efecto que éstos tienen sobre los demás y sobre el trabajo.
Las personas donde se manifiesta esta dimensión:
Tiene habilidades para juzgarse a sí mismas de forma realista.
Son conscientes de sus propias limitaciones y admiten con sinceridad sus
errores.
Son sensibles al aprendizaje y poseen un alto grado de autoconfianza.
2. Autocontrol
Es la habilidad de controlar nuestras propias emociones e impulsos para
adecuarlos a un objetivo, de responsabilizarse de los propios actos, de
pensar antes de actuar y de evitar los juicios prematuros.
Las personas que poseen esta dimensión:
Son sinceras e íntegras,
Controlan el estrés y la ansiedad ante situaciones comprometidas
Son flexibles ante los cambios o las nuevas ideas.
3. Automotivación:
Es la habilidad de estar en un estado de continua búsqueda y
persistencia en la consecución de los objetivos, hacen frente a los
problemas y encontran soluciones.
Esta dimensión se manifiesta en las personas que:
Muestran un gran entusiasmo por su trabajo y por el logro de las metas
por encima de la simple recompensa económica.
Manifiestan un alto grado de iniciativa y compromiso.
Son optimista en la consecución de sus objetivos.
4. Empatía:
Es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas
de los demás, poniéndose en su lugar, responden correctamente a sus
reacciones emocionales.
Las personas donde se manifiestan esta dimensión:
Son aquellas capaces de escuchar a los demás y entender sus problemas y
motivaciones.
Normalmente tienen mucha popularidad y reconocimiento social.
Se anticipan a las necesidades de los demás.
Aprovechan las oportunidades que les ofrecen otras personas.
5. Habilidades Sociales:
Es el talento en el manejo de las relaciones con los demás y en saber
persuadir e influenciar.
Quienes poseen habilidades sociales:
Son excelentes negociadores.
Tienen una gran capacidad para liderar grupos y para dirigir cambios.
Son capaces de trabajar en colaboración en un equipo y crean sinergias
grupales.
No es un requerimiento personal destacarse en cada uno de ellos, pero si
es necesario demostrar un amplio margen de capacidades que permitan
alcanzar un estado deseado.
Se considera que no es un requerimiento destacarse en cada una de las
dimensiones que conforman el sistema de las competencias de la
Inteligencia Emocional, pero sí es necesario demostrar un amplio margen
de capacidades que permitan alcanzar un “estado deseado”.
Un nivel de auto conocimiento de nuestro potencial como ser humano y
maximizar el mismo.
Ayudar a gestionar nuestras emociones de forma que oriente las energías hacia el logro de los objetivos.
Mantener e Incrementar la auto motivación que impuse el alcanzar los logros deseados.
Establecer el auto control requerido para garantizar las aspiraciones
futuras.
Lograr un real entendimiento de los demás.
Impulsar la colaboración y sinergia de los equipos de trabajo.
El objetivo del desarrollo de las competencias, esta en estimular el
mejor aprovechamiento de las cualidades de cada individuo para que este
se integre coherentemente a su entorno laboral.
Por tal razón las personas pueden, con un proceso orientado, desarrollar
su inteligencia emocional, y para ello es importante buscar un
equilibrio entre las cinco dimensiones.
En consideración a lo anterior es significativo señalar que el ser
humano tiene la capacidad de:
Reconocer sus sentimientos y los de los demás.
Motivarse.
Manejar adecuadamente las relaciones de uno y de los demás.
Todo lo cual le permite el desarrollo de las competencias consideradas
en la Inteligencia Emocional.
Para desarrollar la Inteligencia Emocional en la organización es
necesario que todos los implicados en la materialización de la misión y
el cumplimiento de los objetivos estratégicos, desarrollen la propia.
Este es un motivo que permite plantear que la clave del éxito en el
desarrollo de la Inteligencia Emocional en la organización está
precisamente en el crecimiento personal de cada uno de los implicados y
en el esfuerzo que cada uno de ellos ponga en su empeño,
así como en el reconocimiento del cambio individual y su
accionar para una mejora continua de sus competencias.
Desarrollar nuestra Inteligencia Emocional nos ayuda a gestionar
nuestras emociones de forma que aprovechemos nuestro potencial en
función del logro de los objetivos personales y organizacionales,
así como nos permite comprender a los demás de una manera más
conciente y humana.
No basta el conocimiento teórico sobre la Inteligencia Emocional para su
desarrollo por tal razón las organizaciones concientes de su impacto en
el desempeño del capital humano llevan acabo programas para su impulso.
Los programas para el desarrollo de la Inteligencia Emocional en la
organización no pueden perder de vista las creencias y valores que se
comparte en la misma las que señalan una forma de ser y hacer.
Estos programas han de seguir una guía metodológica y utilizan
diferentes métodos y técnicas para la consecución de tal objetivo.
En la mayoría de los programas de formación la buena preparación técnica
contrasta con la falta de competencias relacionales.
Esto propicia la continuidad de modelos autocráticos u otros
estilos prácticamente incompatibles con el desarrollo del capital humano
en la organización.
Las organizaciones que apuestan decididamente por el Desarrollo de a
Inteligencia Emocional encuentran en el Coaching un modelo de
inestimable valor, para llegar hasta la persona.
El Coaching, mediante una metodología estructurada, lleva a cabo
aproximaciones que nos permiten trabajar en la mejora del rendimiento y
en el desarrollo del potencial de las personas.
El término Coaching organizacional es un concepto del cual se habla
desde principios de los noventa, y en nuestro país no es un término muy
conocido en ele ámbito empresarial.
El Coaching se aplica cada vez más en empresas y organizaciones de todo
tipo. La intervención de un coach profesional, en grupos de trabajo o
personal sobre los directivos, está transformándose rápidamente en una
ventaja competitiva de la organización.
El siguiente cuadro [1]constituye un ejemplo de ámbitos y formas de
intervención en un proceso de Coaching.
Cuadro.6
|
Ámbitos |
Formas
de Intervención |
|
Técnico |
Clarificación
de objetivos.
Entrenamiento.
Asesoramiento.
Estructuración
del aprendizaje. |
|
Organizativo |
Ayuda
en la clarificación del problema.
Multiplicar
los recursos de comprensión (internos y externos).
Hacer
diferenciar su discurso oficial y prácticas reales.
Hacer
identificar el margen de maniobra cómodo. |
|
Personal |
Hacer
trabajar sobre las representaciones
.
Hacer
tomar conciencia de la desviación entre intención y acto.
Ofrecer
la posibilidad de evaluar nuevos comportamientos. |
Razones por las cuales el Coaching es importante para las
organizaciones:
Facilita que las personas se adapten a los cambios de manera eficiente y
eficaz.
Moviliza los valores centrales y los compromisos del ser humano.
Estimula a las personas hacia la producción de resultados sin precedentes.
Renueva las relaciones y hace eficaz la comunicación en los sistemas humanos.
Predispone a las personas para la colaboración, el trabajo en equipo y la creación de consenso.
Destapa la potencialidad de las personas, permitiéndoles alcanzar
objetivos que de otra manera son considerados inalcanzables.
Los especialistas definen el Coaching organizacional como “el
acompañamiento de una persona o equipo de trabajo (team building) a
partir de sus necesidades profesionales, para el desarrollo de su
potencial y conocimientos técnicos”.
Esta definición incluye el concepto de acompañamiento, a la vez precisa
el ámbito del Coaching: a las necesidades profesionales y elimina por
tanto, las necesidades privadas, lo que permite distinguir claramente
este proceso de la psicoterapia.
Por tal razón su fórmula es asistir a al directivo, al profesional, al
técnico, en su desarrollo en el ámbito laboral.
El Coaching es un proceso que no se puede imponer, si una persona no
quiere pasar por este o no quiere colaborar en él, el mismo no se
llevará a cabo. La involucración tiene que incluir a ambas partes.
Todo este proceso se lleva a cabo en la más estricta confidencialidad.
Es necesario que sólo el interesado este al tanto del mismo.
Es un principio de Coaching el respeto de la autonomía de la persona,
esto facilita una reflexión crítica, junto con enseñarle a encontrar la
solución a sus propios problemas, por tal razón el especialista de este
proceso debe:
ayudar a que en los directivos aflore el potencial personal y
profesional,
guiar el aprendizaje, para que el discípulo aprenda a encontrar por sí
mismo la solución a sus problemas.
Los tipos de Coaching con las que se suele intervenir en las
organizaciones son:
Coaching personalizado.
Coaching grupal.
Formación en Coaching.
Las sesiones de coaching personalizado o desarrollo directivo abordan situaciones de ayuda o desarrollo del potencial de directivos.
Las razones de intervención más habituales suelen ser: toma de decisiones, conflictos, estrés, búsqueda de recursos, desarrollo de competencias, apoyo a promociones, etc.
Las sesiones de coaching grupal tienen por objetivo dinamizar a un grupo de personas o directivos. Las intervenciones más habituales pueden ser: solución de problemas, sesiones de creatividad, conflictos, etc.
Finalmente las acciones de formación en coaching permiten desarrollar en los participantes (mandos y directivos) las competencias de coach para que sepan impulsar el potencial de sus colaboradores y mejorar su rendimiento.
Las intervenciones pueden ser estructuradas: formales cuando se
establece un marco específico, informales cuando el coach aprovecha las
oportunidades del día a día para utilizar el modelo. Y también podemos
utilizar la metodología para nuestro propio autodesarrollo (autocoaching).
El “coach”, conocido también como life coach (maestro de vida) es un
profesional que ayuda al directivo a desarrollarse, este no dice qué ni
cómo hay que ejercer la dirección.
Lo que si hace,
son preguntas, que permitan la reflexión crítica de su discípulo con
el objetivo de que él mismo responda y tome conciencia de lo que hace
mal y de lo que hace bien y qué hay que cambiar en su estilo de
dirección.
De hecho existen diferentes tipos de Coach
El directivo coach:
Al igual que el coach interno se trata de una persona sujeto a las reglas y cultura de la organización, pero a diferencia de este el directivo coach es superior jerárquico y coach de sus colaboradores, en este sentido posee un doble rol,
se centra en los resultados a corto plazo y al mismo tiempo y
al mismo tiempo es socio de su desarrollo, es decir se centra en su
acompañamiento, ello implica mucho cuidado para no confundir los roles.
Coach interno:
Se trata de un trabajador de la propia organización sujeto a sus reglas internas. Su fortaleza estriba en conocerlas ya que forma parte de su cultura organizacional,
lo que a su vez puede resultar una debilidad al considerar la
proximidad relacional del coach con los superiores y compañeros de la
persona receptora, lo que puede dificultarle garantizar una verdadera
neutralidad afectiva.
El Coach Externo: Es un consultor, un proveedor mas de la empresa.
Tiene como particularidad el poseer una visión o perspectiva externa, su propio carácter lo hace poseedor de una gran neutralidad, en este sentido no existen juegos de poder o afectivos sobre las personas que rodean al receptor del coaching.
Su experiencia de trabajo en otras organizaciones le aporta
puntos de referencia que le guían en el acompañamiento de la persona.
El coach no es un confesor, psicólogo, psiquiatra o maestro, guía
espiritual, como no es un médico o consultor es la figura clave en el
proceso de coaching.
Para ser coach es preciso poseer una sólida formación integral,
técnico-científica con un fuerte contenido humanista. Se puede
complementar desde la psicología, la pedagogía, la sociología, la
filosofía, la economía u otra, pero el Coaching requiere de nosotros una
dimensión ética, personal y humana,
más allá que la propia dimensión profesional, esta formación ha de
fraguarse en la experiencia, vivencias, tratadas como modelo y
oportunidad de aprendizaje, con rigor y método para poder transmitirlo.
Por tal razón debe ser un profesional en el mundo de la empresa, que
tiene experiencia demostrada en la alta dirección y ha participado en
procesos de formación y aprendizaje de ejecutivos.
Es el coach, quien se reúne periódicamente con el directivo o el equipo
de dirección. El tratamiento entre ambos será siempre de igual a igual,
como una relación entre colaboradores cuyo fin es conseguir una meta
común.
El coach y el diirectivo debaten y preparan el plan estratégico que
habrá que cumplir y en un período acordado, se analiza en profundidad la
situación actual o problemas del participante y los objetivos inmediatos
para solucionarlo.
El coach se encarga de llevar a la persona a la que prestará sus
servicios, hacia el éxito de sus objetivos una vez acordados y
básicamente sigue el proceso siguiente:
· Hace un análisis de la situación de partida, se basa en los puntos
fuertes de su cliente.
· Establece una relación de confianza.
· Acuerda un plan, unos objetivos, unas metas.
· Sigue el proceso de cerca, sin que parezca necesario, pero está ahí.
El campo de trabajo de un coach es amplio y responde a preguntas como:
¿Quieres mejorar tus relaciones con los demás?
¿Te planteas un cambio en tu vida para mejorarla?
¿Te gustaría alcanzar algún gran objetivo en tu vida?
¿Quieres conocer tus posibilidades?
¿No Conoces tus potencialidades?
¿Quieres desarrollar tus competencias?
La esencia del Coaching pasa por enriquecer el modelo mental de la
persona a quien presta el servicio, así como incrementa su nivel de
conciencia y facilitándole el paso a la acción. Todo ello a base de
preguntas y feedback descriptivo o no evaluativo. Este proceso aporta
valor a las organizaciones porque:
· Mejora del rendimiento de los colaboradores.
· Desarrolla el potencial.
· Mejora las relaciones directivo-colaborador.
· Fomenta el liderazgo
· Facilita la motivación
· Aumenta la implicación.
· Refuerza la autoestima.
Para la realización del Coaching se hace necesario tener en cuenta un
proceso lo de cambio el contempla las fase siguientes.
Descripción de la situación deseada (objetivo)
Descripción de la situación actual (área de mejora o dificultad)
Mapa de opciones y recursos (generación y selección)
Plan acción (plan específico de actuación )
Resultados (control y seguimiento)
En las fases primera y segunda, el objetivo del coach es incrementar
el nivel de conciencia (sensorial y emocional) del discípulo. Esta fase
es fundamental, ya que solo podemos controlar aquello de lo que somos
conscientes, ser consciente nos da poder para actuar.
En las fases tercera y cuarta, el objetivo es implicarlo en la
generación de alternativas y en la creación de un plan de acción (su
plan). Finalmente solo queda establecer cómo y cuándo vamos a evaluar
los resultados.
Nos encontramos en tiempos de búsqueda de culturas empresariales nuevas,
donde puedan convivir valores como el reconocimiento justo, la suma de
habilidades con responsabilidad, la solidaridad ,
la justicia y la aceptación de diferencias, la existencia de un lugar de trabajo donde se pueda crear con el otro y para el otro, de compartir desafíos con la empresa y no desde la empresa, de construir un espacio común en el que el hombre logre el desarrollo de su inteligencia emocional,
sepa ejercer su autonomía y asumir roles desafiantes, para esto
contamos con procesos como el Coaching, una Herramienta que pueden
ayudarnos en este empeño.
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Gerencial y Cambio Organizacional. Una Contribución al Perfeccionamiento
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11. Guadalupe Fernández Dávila. Socia Directora de HayGroup
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www.rrhhmagazine.com/enlaces.
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www.amazon.com
www.circuloaleph.com
www.comunicacionobjetiva.com
www.grupoice.com
[1] Sergio Castillo. Coaching Directivo: Búsqueda del equilibrio
profesional con potencial propio. Metalindustria
Dra. Teresa Cruz Cordero - tcorderoarrobauh.cu
Profesora y Consultora Centro de Estudios de la Economía Cubana. Universidad de la Habana.
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