¿Cuáles son los beneficios de implantar ISO 9000?
Los propósitos que mueven a una organización a involucrarse en un
proyecto destinado a implantar la norma ISO 9001:2000,
habitualmente comprenden obtener una ventaja competitiva, diferenciarse de la competencia,
demostrar su preocupación por la calidad, iniciar un proyecto
dirigido hacia la Calidad Total, o simplemente cumplir con la exigencia
de sus clientes.
No tan claros como estos propósitos, los beneficios de implantar
adecuadamente un Sistema de Gestión de la Calidad (SGC) muchas veces
permanecen subyacentes, subordinados a la necesidad de concretar,
en el menor tiempo posible, los propósitos planteados.
Resulta de gran utilidad entonces, establecer cuáles son los beneficios
de mayor preponderancia en una empresa con un SGC adecuadamente
implantado.
Beneficios desde dos puntos de vista: uno externo y otro interno
El análisis necesario para identificar los beneficios asociados a la
adecuada implantación de un SGC, puede realizarse considerando dos
puntos de vista de distinto orden: uno externo a la empresa y otro
interno.
El primer punto de vista se explica a través de la relación entre la
organización y su ámbito de actividad: sus clientes (actuales y
potenciales), sus competidores, sus proveedores, sus socios
estratégicos.
Entre los beneficios asociados a este punto de vista externo a la
empresa se pueden mencionar los siguientes:
Mejoramiento de la imagen empresaria, proveniente de sumar al prestigio
actual de la organización la consideración que proporciona demostrar que
la satisfacción del cliente es la principal preocupación de la empresa.
Refuerzo de la confianza entre los actuales y potenciales clientes, de acuerdo a la capacidad que tiene la empresa para suministrar en forma consistente los productos y/o servicios acordados.
Apertura de nuevos mercados, en virtud de alcanzar las características requeridas por grandes clientes,
que establecen como requisito en muchas ocasiones poseer un sistema de gestión de la calidad según ISO 9000 implantado y certificado.
Mejoramiento de la posición competitiva, expresado en aumento de ingresos y de participación de mercado.
Aumento de la fidelidad de clientes, a través de la reiteración de negocios y referencia o recomendación de la empresa.
Sin duda, estos beneficios mencionados son de una enorme importancia, pero al analizar la implantación de un SGC desde el punto de vista interno de la empresa,
surgen otros beneficios que no sólo posibilitan la existencia de los primeros,
sino que además permiten sustentarlos en el tiempo, favoreciendo el
crecimiento y adecuado desarrollo de la organización.
Los beneficios de orden interno de mayor relevancia son:
Aumento de la productividad, originada por mejoras en los procesos
internos,
que surgen cuando todos los componentes de una empresa no sólo saben lo que tienen que hacer sino que además se encuentran orientados a hacerlo hacia un mayor aprovechamiento económico.
Mejoramiento de la organización interna, lograda a través de una comunicación más fluida, con responsabilidades y objetivos establecidos.
Incremento de la rentabilidad, como consecuencia directa de disminuir los costos de producción de productos y servicios, a partir de menores costos por reprocesos,
reclamos de clientes, o pérdidas de materiales, y de minimizar los tiempos de ciclos de trabajo, mediante el uso eficaz y eficiente de los recursos.
Orientación hacia la mejora continua, que permite identificar nuevas oportunidades para mejorar los objetivos ya alcanzados.
Mayor capacidad de respuesta y flexibilidad ante las oportunidades cambiantes del mercado.
Mejoramiento en la motivación y el trabajo en equipo del personal, que resultan los factores determinantes para un eficiente esfuerzo colectivo de la empresa, destinado a alcanzar las metas y objetivos de la organización.
Mayor habilidad para crear valor, tanto para la empresa como para sus proveedores y socios estratégicos.
La aplicación de los principios de un SGC no sólo proporciona los beneficios directos ya citados,
sino que también contribuye decididamente a mejorar la gestión de
costos y riesgos, consideraciones éstas que tienen gran importancia para
la empresa misma, sus clientes, sus proveedores y otras partes
interesadas.
Adecuada implantación
Citado al principio de este artículo, Peter Drucker identificaba como
las empresas “que sobrevivirán a los cambios continuos y a la
inestabilidad de los mercados” a aquellas “que logran llevar a la
práctica sus ideas en forma simple, rápida y segura”.
La adecuada implantación de un SGC puede ser una de estas ideas, y la
forma simple, rápida y segura de llevarla a la práctica requiere que la
empresa siga una serie de pasos:
Definir cuál es el objeto de la empresa
Determinar cuáles son los procesos clave que definen «qué» es lo que se hace
Establecer cómo funcionan e interactúan estos procesos en el seno de la empresa
Llegar a un acuerdo sobre estos procesos en toda la empresa,
determinando responsabilidades, objetivos, recursos, métodos de
trabajo.
Este proceso de implantación del SGC consiste en crear una nueva
realidad organizacional al modificar su esencia, no simplemente aplicar
un maquillaje,
y debe entenderse como una intervención decidida de la Dirección de la empresa orientada a crear y desarrollar nuevas ideas, como un esfuerzo deliberado para mejorar el sistema, que permita generar nuevas posibilidades de acción,
sobre la base de nuevos conceptos para los patrones de
funcionamiento de la organización.
La adopción de un SGC constituye una decisión estratégica de la alta
Dirección de la empresa,
cuyo diseño e implantación están influenciados por las diferentes necesidades, los propósitos particulares,
los productos o servicios que proporciona, los procesos que emplea, y
el tamaño y estructura de la organización.
En muchos casos, los líderes de las empresas saben lo que deben hacer
para implantar adecuadamente un SGC, pero no lo hacen.
En general, algunas de las variadas causas de este
comportamiento son:
La conversación sustituye a la acción
La memoria de lo realizado en el pasado sustituye al nuevo razonamiento
El miedo y la desconfianza hacia lo nuevo evitan actuar en base al conocimiento
El uso de inadecuados indicadores de control de gestión obstaculiza el razonamiento
La competencia personal interna impide el trabajo en equipo
Esta brecha que se genera entre el “saber” y el “hacer” se puede
minimizar a través de algunas de estas actitudes:
Usar el “qué” antes que el “cómo”
Entender que el conocimiento surge de hacer y enseñar
Priorizar la acción, antes que los planes muy sofisticados
Comprender que no hay acción sin errores
Desterrar el miedo al fracaso
Hacer que las personas enfrenten a la competencia y no lo hagan entre sí
Utilizar indicadores de control de gestión que sirvan y guíen la acción
Comprometer a los líderes en la acción, y no sólo en la toma de
dediciones
Ing. Hugo González - hghugogonzalezarrobaspeedy.com.ar http://webs.advance.com.ar/hugogonzalez
Consultor en Calidad y Gestión Empresaria. Colabora con empresas industriales y de servicios para desarrollar mejoras en la calidad de sus operaciones, a fin de volverlas aún más eficientes y rentables, y afianzar su crecimiento. Especialidades: · Sistemas de Gestión de la Calidad ISO 9001:2000 · Análisis de mejoras en procesos · Cuadro de mando integral · Diagnóstico de capital humano · Docente en temas vinculados a la calidad.
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