Las Universidades, caso que nos concierne, no pueden aislarse de esta
realidad en donde día a día se manifiestan negocios que de sabérsele
orientar, guiar, pueden transformarse en empresas que integraran
dinámicamente al sector industrial actual, beneficiando al país y a
todos lo que en él habitamos.
ANALISIS, ALCANCE, REALIDAD
Preocupa seriamente, cómo las Universidades nacionales no se han
compenetrado en el alcance, rol, repercusiones que la incubación de
empresas genera y que de dársele la colaboración requerida a sus
demandas de orientación, capacitación puede redundar en grandes
beneficios.
Dado a la crisis económica que afronta el país, el surgimiento de la
economía informal es representativo, dándole paso a que aparezcan
emprendedores que se inician con ofrecimiento de productos, servicios,
que de alguna manera son demandados por los consumidores, pero
desafortunadamente muchos de esos negocios que podrían convertirse en
empresas exitosas fracasan, por no contar con la ayuda de
organismos, centros, aun de las mismas universidades dentro de sus
especialidades que los orienten los capaciten, así como el mismo
gobierno que no sabe aprovechar estas fuerzas productivas.
La Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET) se ha sumado
a este proceso, al realizar esfuerzos para promover la creación de una
incubadora de empresas en la región.
Lo cierto, que (UNET), a plantearse la necesidad de realizar una serie
de esfuerzos tendientes a promover la cultura emprendedora; diseñar y
poner en práctica infraestructuras, mecanismos e instrumentos de gestión
para la modernización empresarial; diseñar y poner en práctica esquemas
de participación conjunta, asociada o de cooperación entre la
universidad y las empresas y generar estrategias para la transferencia
tecnológica en el Estado Táchira.
La concepción de la idea de un parque tecnológico para la Universidad
Simón Bolívar (USB) surgió en 1989 y se materializó con la creación, por
parte del Consejo Directivo de la USB, de la Corporación Parque
Tecnológico Sartenejas en 1992, contando con el apoyo inicial del
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT)
y la experiencia de vinculación con el sector empresarial de la
Fundación para la Investigación y el Desarrollo (FUNINDES-USB).
Ahora bien luego de lo anteriormente expuesto, es sencillo establecer
que la incubación de empresas es una oportunidad de que las PYMES
desarrollen todo su potencial utilizando la asesoria idónea de acuerdo a
sus necesidades, es por ello que, considerando las debilidades de las
PYMES y siendo una de estas la falta de estructura, lo que genera que no
aprovechen en su totalidad sus recursos con sentido de competitividad
absoluta, se hace necesario realizar un diagnostico de la situación
actual de la empresa, para poder así desarrollar la incubación con total
éxito, una debilidad de este proceso sería aplicarlo sólo como una
tendencia más, sin contar con un sincero sentido de para que se
requiere, como se va a utilizar, cuales son los resultados esperados y
cuales serán las estrategias para que sus beneficios permanezcan en el
tiempo y se adapten e los constantes cambios que ocurren en el mercado
internacional y venezolano.
Concretamente nos cita, Lesyanel Gonzáles participante del programa de
postgrado gerencia de la calidad y productividad, que la experiencia de
Venezuela en esta materia de incubación tiene dos aspectos importantes
que destacar.
En primer lugar, se encuentran las iniciativas de modalidades empresariales y de vinculación con el entorno promovidas desde las universidades.
Y, en segundo lugar, las decisiones y acciones del gobierno central
en la promoción de conglomerados de empresas de base tecnológicas, a
través de la figura de parques tecnológicos.
En lo que se refiere a las experiencias de creación de empresas de base
tecnológica desde las universidades están data de principios de los años
ochenta.
La Universidad Central de Venezuela UCV fue pionera en este aspecto. En
1984 se fundó la primera empresa de esta naturaleza en este país:
Tecnidec, promovida por la Fundación UCV y la propia UCV (Marcano,
1985).
Es importante señalar que años antes se habían creado empresas en las universidades venezolanas (en particular, en la Universidad de los Andes), pero ellas tenían carácter de empresas réntales y no de base tecnológica.
En la actualidad, la UCV posee una docena de empresas de esta naturaleza y han aparecido otras modalidades empresariales con participación de los investigadores en la estructura accionaría.
A la empresa universitaria le toca aún un largo camino por recorrer y
múltiples obstáculos que sortear, sobre todo en los campos financieros y
culturales dentro y fuera de la universidad.
Otras universidades han seguido el ejemplo de la UCV, pero utilizando
otras modalidades.
Los casos más resaltantes son los de la Universidad Simón Bolívar (USB) y de la Universidad de los Andes (ULA). La primera ha creado una fundación para promover la prestación de servicios y la realización de proyectos de I & D para el entorno social y económico y, además, ha promovido con respaldo del Estado la fundación de un parque tecnológico en el área de Sartenejas, aledaña a la capital del país. Por su parte, la ULA ha desarrollado iniciativas de empresas y parque en la zona occidental del país, en particular en Mérida.
Destaca en esta última la existencia del CITEC que, funcionando desde
(1991), ha logrado penetrar lentamente el mercado de equipamiento médico
quirúrgico para intervenciones de traumatología.
Las universidades del Zulia (LUZ) y Nacional Experimental Politécnica
(núcleo de Barquisimeto, Edo. Lara), conjuntamente con las autoridades
locales y nacionales han promovido iniciativas de parques tecnológicos
en cada una de sus localidades al occidente del país. Ambas experiencias
son aún incipientes a pesar del apoyo financiero recibido. Se debe
esperar más tiempo para medir en forma adecuada sus resultados.
Las necesidades de recursos frente a la crisis económica, ha obligado a
otras universidades del país, en particular a las públicas, a generar
modalidades más o menos similares de búsqueda de mecanismos para la
generación de ingresos adicionales al presupuesto asignado por el Estado
para su funcionamiento. Sin embargo, estas iniciativas no han sido
promovidas, en forma consciente, para la constitución de empresas
destinadas a explotar los resultados, más bien han aparecido como un
camino para utilizar la capacidad ociosa en la prestación de servicios
utilizando el personal disponible (de alto nivel y con experticia), pero
con poca conciencia de su potencialidad para generar empresas de base
tecnológica.
La dirigencia universitaria y los potenciales actores (los
investigadores) no han prestado suficiente atención a esta realidad de
desarrollo del sistema empresarial moderno.
En cuanto a las decisiones del gobierno en la promoción de parques
tecnológicos, la iniciativa data de 1989.
El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT) viene promoviendo y dando respaldo institucional a la creación de esta modalidad de conglomerados empresariales. El CONICIT, ha utilizado la capacidad e iniciativa de las universidades para promover esta figura en el país, pero con poca y desigual intensidad.
La participación empresarial ha sido escasa y sólo se ha logrado interesar a las autoridades locales y estatales de las áreas geográficas donde han aparecido los parques.
La experiencia es, también, todavía incipiente y la evaluación
realizada sobre el particular no es concluyente (Seaton y Pittaluga,
1995).
La dificultad a corto plazo, que tienen todas estas iniciativas es la no
existencia de la figura institucional de capital de riesgo.
Desde la desaparición del Fondo para la Innovación Tecnológica (FINTEC), en apariencia por la falta de demanda de los créditos que éste ofrecía, no se dispone de ninguna modalidad formal para la financiación de empresas de base tecnológica.
Sólo el propio CONICIT, a través de su Dirección de Fomento
Tecnológico, ofrece financiación limitada a estas iniciativas. Pero,
además, con poca compresión conceptual sobre el tema.
Se debe destacar que la experiencia de este país es la poca importancia
en valorar las iniciativas de los nuevos emprendedores, y el
desconocimiento social del potencial del conocimiento científico y
tecnológico en la generación de empresas innovadoras y de beneficios
económicos.
La innovación es perseguir el cambio de manera sistemática (Drucker),
y esto debe ser realizado mediante fuertes inversiones en educación, ya
que el punto en el cual los economistas abandonan sus argumentos, es el
punto en el cual debe tomarla la educación, para generar la
investigación en innovación, que sólo puede ser realizada mediante
costos elevados para la inversión en investigación.
Ing. Carlos Mora Vanegas - camv12arrobahotmail.com
El Dr. Mora es Ingeniero - Administrador, Profesor Titular en el Área de estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo (Venezuela)
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