Inicialmente, ni ellos mismos, los habitantes de Petromlandia,
tomaron conciencia de tamaño invento, pero lo habían logrado, y desde
hacía varios años la gente era feliz en serio. Ya no tenían pobres, ni
desocupados, sólo por ahí algunos problemas imponderables, de esos que
nadie sabe quien los manda -inundaciones, incendios, alguna crisis
externa, etc-, pero lo económico para ellos ya no era demasiado
problema, todos tenían trabajo y con eso les sobraba.
Y el descubrimiento rápidamente traspasó las fronteras del pequeño y
pacifista pueblo, tanto que los economistas asentados en la capital de
la provincia -esos eternos negadores de posibilidades, como el Lic.
Garré, economista clásico si los hay, no podían creer lo que veían.
¿Cómo esos malditos condenados del pueblo más chiquito y pobre, los
menos instruidos -si ni economistas tenían- estaban desafiando con los
hechos lo que los libros de economía siempre habían enseñado, lo que
decían los maestros clásicos, neoclásicos y más recientemente nuevos
macroeconomistas clásicos (Smith, Escuela Austríaca, Milton Friedman,
Robert Lucas, etc.). Y lo que fue peor para ellos, pronto la noticia se
esparció a otras provincias y países.
Pero qué habían hecho los de Petromlandia, que hasta los doctores de
Harvard venían a visitar a su mandamás. Resulta que una vez, hacía 4
años atrás, una grave inundación los dejó con muy poca cosecha. Y el
pueblito dependía de esa actividad porque muchos petromlandianos
trabajaban en el campo -aunque habían algunas industrias también-,
además ya venían con mucha gente desocupada de antes, la tecnología
expulsaba mano de obra era la explicación frecuente, eran los nuevos
tiempos. Entonces el mandamás del feudo, al que apodaban "El Jefe", una
persona con visión y don de autoridad, dijo que iban a emitir más
cantidad de su propia moneda, el petrom, para ver si podían salir de la
crisis de una vez por todas.
La gente -los más emprendedores y capaces- iban a recibir los adicionales billetes emitidos- sólo para invertir en emprendimientos nuevos o expansiones de existentes, del sector que sea dijo "El Jefe" mientras sea buen negocio, ésto va a generar trabajo genuino.
Además "El Jefe" también iba a tomar una parte de esos miles de
billetes a emitirse para hacer toda una serie de caminos, viviendas y
otras obras que tenía anotadas en un papel que había confeccionado hace
varios años, cuando su padre le traspasó el mando del pueblito.
Y lo que es más, ninguno de los empresarios tradicionales, en especial
los más poderosos -los de la Unión Comercial e Industrial de
Petromlandia-, se opusieron.
"No", dijo el gordo Pezkarm, el más rico de todos los empresarios de
Petromlandia y al que todos sus pares seguían cuando tomaba una
decisión, "qué vamos a aumentar los precios de nuestros productos ante
la mayor demanda si tenemos las fábricas recontraparadas por la crisis,
la gente y el gobierno van a tener más guita para gastar -los nuevos
billetes emitidos- y vamos a vender más.
Y siguó con su discurso "qué me importa a mí si los más pobretones del pueblo ahora tienen más guita para comprar, yo voy a vender más y me voy a hacer más rico aun y aparte me van a choriar menos, ya estoy cansado de pagarle a guardianes especiales para que cuiden mis mansiones". Y así como era amante del dinero también era visionario el gordo, como así también era progresista “El Jefe”, de esta forma el pueblo a los 5 años ya no tenía desocupados y los salarios de sus habitantes crecían año a año, eran cada día más ricos los de Petromlandia, cada vez venían más extranjeros desde los pueblos y provincias vecinos a probar suerte en Petromlandia.
¿Pero cuál fue el secreto de este pueblito?
Lo que pasó fue que tenían un mandamás que era responsable con el dinero que emitía sin respaldo –sin respaldo como le gusta decir al Lic. Garré y sus amigotes-; si bien a los billetes que emitía no los tenía a todos respaldados con dólares y euros -las monedas fuertes de los países más poderosos del mundo en aquella época-, "El Jefe" era responsable con su manejo, todos los billetitos nuevos que fabricaba con la maquinita, de la cual sólo él tenía la llave para hacerla funcionar, iban sólo para invertir: nuevas obras y nuevas empresas, nada más; prohibido estaba destinar los nuevos billetes a gastos en sueldos a empleados administrativos del feudo.
Además, los palos gruesos empresarios, como el gordo Pezkarm, eran
vivos, para qué iban a aumentar los precios de sus productos o huir de
la moneda local para comprar dólares o euros, si a ellos les convenía
que los pobres y todos los demás del pueblo tuvieran más dinero, se iban
a cansar de vender más, y sus empresas iban a ser lo suficientemente
grandes y fuertes como para poder exportar a los otros pueblos,
provincias y países del mundo, en especial a ese país en el cual
circulaba el dolar como moneda, los rubios y listos del norte.
Y así fue, cuentan que Petromlandia se fue haciendo cada vez mas grande,
con toda la gente que se venía de otros lugares a vivir allí por su
prosperidad, y que además sus habitantes cada vez pudieron destinar más
plata y tiempo a educarse, a investigar la cura de enfermedades y a
cuidar el ambiente, y tan bien les fue que la gente empezó a vivir 100
años promedio y fueron felices en serio, habían llegado a conocer el
paraíso en la tierra, y quizás también en el cielo, porque aunque nunca
se conoció a ningún petromlandiano que haya hablado después de muerto,
es probable que la mayoría haya ido al cielo, si en Petromlandia eran
rebuenos todos, casi no había delincuentes y ni hablar de guerras; es
que cuando hay trabajo y bienestar son pocos los que eligen el mal
camino.
Extraído de:
"Cuentos on-line de Civilizaciones Ancestrales",
Año 3510,
www.civilizacionesancestrales.tv/cuentos/petromlandia.htm
web site que recopila historias de pueblos que vienen de hace muchos
pero muchos años, de aquellas épocas en que se conocieron las primeras
civilizaciones humanas que le encontraron la vuelta al desempleo de
recursos, en especial el recurso humano.
Sebastián Laza - slazaarrobaconexionfinanciera.com.ar
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