La pregunta es pertinente, porque el desarrollo en general y el sostenible en particular, no puede existir en condiciones en las que el clima político y de sanas economías esté ausente.
Allí están las evidencias en muchas regiones del castigado sur del Asia, en la crisis africana permanente,
el avispero del Medio Oriente, y en una Latinoamérica que se apresta
a tener en 2006, un año particularmente intenso de elecciones y de
cambios en los principales actores políticos.
En cuanto a la influencia de los mercados, como contexto de los
negocios, es evidente que esta fundamental instancia económica hace algo
positivo -o como mínimo menos malo- en el corto plazo:
ha mostrado ser un mecanismo más eficaz que la planificación económica nacional, en cuanto a (i) asignación de recursos productivos; (ii) promoción de competitividad;
y (iii) estímulo a innovación tecnológica y mecanismos
relacionados con ingeniería de producción.
No obstante, el mercado en general ha mostrado tendencias que no son
deseables.
Algo “malo”: en condiciones de “capitalismo salvaje” es proclive a concentrar beneficios y a excluir de oportunidades a los sectores más vulnerables de la sociedad, a generar pobres y reproducción de pobreza.
Esto especialmente, en países que carecen de la institucionalidad que
garantice un eficiente sistema de pesos y contrapesos, de libre
competencia y de regulaciones necesarias.
Y también hace algo “peor” aunque menos tangible a simple vista, pero no
por ello menos letal: nuestros sistemas productivos fuertemente
influenciados por el mercado, contribuyen a un uso insostenible, de daño
a los sistemas y recursos naturales.
Es cierto que el problema ecológico es complejo, y que estarían influyendo muchas variables, incluyendo ciclos de comportamiento climático.
Pero más allá de suspicacias infundadas, mucho del efecto invernadero
proviene de nuestra abusiva utilización respecto a carburantes del
petróleo, carbón y gas natural.
En cuanto al factor político, cito una expresión dada a conocer
recientemente por Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia, “cada
vez los científicos agrícolas están mas cerca del agricultor, y más
lejos de los políticos”.
Esta consideración puede ser generalizada, para muchos campos
científicos.
Respecto a la problemática del desarrollo es importante tener en cuenta
la opinión y los estudios de profesores serios, científicos honestos e
ingenieros.
Ellos son muchas veces los únicos que no están pensando en votos, o
chequeras.
Un aspecto medular en esto de generar desarrollo sostenible –el que abre
mayores oportunidades y acrecienta capacidades en las personas con un
uso sostenible de los recursos naturales- es la visión de corto plazo.
Eso hace que muchos políticos y ejecutivos no vean más allá de alcances muy limitados. Es el ansia de conservar o ampliar cuotas de poder formal lo que los mueve.
O de mostrar a los accionistas dividendos cuyo límite es,
insosteniblemente, el infinito.
Se contaría ya con autos eléctricos, o con medios de transporte
híbridos, entre baterías e hidrocarburos, los que multiplicarían el
rendimiento en lo económico y contribuirían a reducir emisiones de
gases, en lo ecológico.
¿Por qué no se generalizan en su implementación de ventas? Quizá las ganancias actuales con el petróleo por las nubes, convenzan a muchos de no hacerlo.
Es de nuevo la convergencia de poder y dinero a corto plazo, lo
que nos estaría haciendo hipotecar el futuro del planeta nuestro, la
posibilidad de vida de nuestros hijos.
¿Será posible que ya exista una cura o amortiguador drástico para el
SIDA? No sería descabellado. Pero se impondría la “lógica” de las
chequeras.
El consumo masivo de esta “cura” impediría que se continuara
con las jugosas ganancias de los perennes tratamientos a pacientes con
SIDA. A cambio de vidas humanas, negocios encumbrados.
A pesar de las evidencias hay aún quienes no “se dejan meter miedo” por
las cotidianas destrucciones nuestras.
Mientras nuestros políticos piensen sólo en elecciones, en lo fácil del populismo, y no en acciones más consistentes, no habrá mejora. Mientras irresponsablemente se amasen fortunas, el futuro está corriendo peligro. Aún cuando durmamos, el “dinosaurio estará allí”.
Sin medidas a tiempo, el destino, finalmente, puede
alcanzarnos.
Giovanni E. Reyes - giovrarrobayahoo.com
University of Pittsburgh
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