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HAITÍ: LOS DESAFIOS PARA UNA DEMOCRACIA VIABLE

Autor: Giovanni E. Reyes

POLÍTICA ECONÓMICA

03-2006

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Las recientes votaciones de principios de febrero en Haití, dan como ganador a René Preval, quien ya había sido presidente, y quien siendo seguidor de Jean Bertrand Aristide, le entregó el poder a este último a fines del siglo pasado.

 El resultado, sin embargo, parece no contener la embestida violenta de grupos antagónicos.

El desasosiego promete seguir rampante en el país, luego de que el candidato que ocupa el segundo lugar, Charles Baker, insistentemente ha denunciado fraude electoral.

Ello es motivación adicional para que se continúen enrareciendo los ánimos.

 Se cierne de nuevo la amenaza de nuevas acciones violentas de parte de grupos armados al margen de la ley en las inmediaciones de Puerto Príncipe, la capital.
 
Ciertamente los desafíos para la instalación de una democracia viable, estable, en el país más pobre del hemisferio occidental, son colosales.

Siglos de injusticia, opresión y desigualdades han fermentado un estado constante de crisis.

 Las intermitentes revueltas sociales han desembocado en masacres, asesinatos selectivos y tragedias sin descenso en el país.
 
Y no es que la tendencia vaya a detenerse.

Las más recientes cifras dan cuenta de más de 1,500 muertos en Haití luego de que en 2003 cayera el Presidente Jean Bertrand Aristide.

 Entre esas víctimas se incluye una decena de efectivos policiales y 9 integrantes de las fuerzas de paz de Naciones Unidas.

Es la presencia de unos 9,000 efectivos armados internacionales, bajo las insignias de la ONU, lo que ha mantenido una tregua frágil, en medio del clima de zozobra permanente.
 
Particularmente en Haití es evidente cómo la desigualdad, la inequidad, y el injusto reparto de oportunidades,

 han hecho emerger la violencia social y política en los diferentes estratos sociales.

Sólo uno de cinco haitianos viviría por encima de la línea de pobreza.
 
En el otro extremo, una minoría no superior al 5% de la población, constituye el grupo de “buenas familias”,

el “jet set nativo” que amasó sus fortunas a la sombra de la impunidad y la cobertura que le daba la legendaria dictadura de los Duvalier; ellos no han cedido en privilegios y continúan con la exportación de los escasos capitales del país.

Todo ello también se condimenta con el enrarecido ambiente de una cultura que involucra vehementemente creencias sobrenaturales, la que se transpira en lo cotidiano de las vidas, y en extraños rituales religiosos.
 
Haití quien fuera el primer país independiente de Latinoamérica y el Caribe, es descrito para 1803, por el cronista Tadeo Lepkowski, como “un gran cementerio de cenizas y escombros”.

 Estados Unidos cediendo ante la presión de Francia, prohibió el comercio con Haití en 1806.

Finalmente los franceses aceptaron en 1825 la independencia de su antigua colonia, sólo a cambio de que el nuevo “territorio libre” reconociera una deuda de gigantescas proporciones.

 Los haitianos habían nacido estando ya “en la olla”.
 
Los bajos salarios de Haití no aseguran competitividad.

Si sólo este factor fuera el determinante para atraer inversiones, este país sería un Singapur, como pujante destino de empresarios y opciones.
 
Las inversiones y la creación de empleo se han estancado en el país.

 Los niveles de producción no han levantado vuelo de manera sostenida, después de una caída de casi 12% en el período 1992-1993,

en pleno apogeo de la dictadura militar que había depuesto por primera vez al ex-sacerdote Bertrand Aristide en 1990.
 
Esta nación ha descendido en un permanente y peligroso círculo vicioso: más violencia e inestabilidad social,

en medio de un clima de debilidad institucional, se traduce en menos inversiones, captación de capital productivo y creación de empleo.

Esto último a su vez, nutre la carencia de medios para que la población mayoritaria se inserte en los nuevos circuitos de la economía “globalizada”.
 
Con ello se cierra el ciclo, se genera a su vez más violencia, la que ahuyenta capital y oportunidades. Un ejemplo de los resultados:

las bandas armadas del vasto tugurio de Cité Soleil, situado entre el aeropuerto y el centro de Puerto Príncipe.
 
De momento, el nuevo gobierno podría contar con dos factores que en algo pueden ayudar a la crisis:

la ayuda aún existente de Naciones Unidas, y la amenaza de mayores flujos de emigración por mar a Estados Unidos, lo que podría hacer que la potencia del norte no fuera más indiferente.

Lo importante es fortalecer las instituciones y no defraudar al 80% de votantes que ejercieron su poder de voto, con la esperanza de nuevos amaneceres para el castigado país caribeño.
 

Giovanni E. Reyes - giovrarrobayahoo.com 

University of Pittsburgh

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