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a dirección que adquieran las áreas de RR.HH. en los próximos años será
crítica para las organizaciones, para sus trabajadores y para los
propios profesionales del sector.
Ello es debido a que “aquí y ahora”, se está gestando un cambio
paradigmático en la organización del trabajo, impulsado por el cambio
del modelo de negocios vigente durante el siglo XX.
En este material se presentan una serie de hipótesis atrevidas, que
obviamente no pueden ser consideradas “urbi et orbi” pero señalan una
probable dirección del trabajo humano y de la misión (“negocio”) de
RR.HH. en los próximos años.
Modelo de trabajo en el sigo XX
Los modelos de trabajo al menos en las grandes organizaciones eran
pautados por los tiempos internos y las demoras se consideraban
razonables en función de la seguridad de los procesos y del confort
laboral.
Hasta 1991, cuando la caída del Muro de Berlín inauguró la
globalización, el trabajo en las organizaciones presentaba
características diferenciadas por al menos cuatro indicadores básicos:
1. Recursos adecuados a las metas
Por lo general existía cierta equivalencia entre los objetivos laborales
a lograr y los recursos necesarios para alcanzarlos. Las áreas de
Organización & Métodos atendían el diseño racional de los procedimientos
para aprovechar mejor los recursos cuya magnitud era desde el inicio
calculada en función de lo que se esperaba obtener.
2. Riesgos sobre bienes tangibles
Los riesgos en los procesos de trabajo se ubicaban predominantemente en
los equipos y materiales o bien sobre las personas. El modelo de control
apuntaba a preservar los activos físicos de las empresas.
3. Procesos de trabajo de lógica previsible
Cada nuevo proceso era diseñado, probado, estabilizado y luego
implementado en régimen. Cada trabajador contaba con instrucciones
explícitas sobre los procedimientos detallados de las tareas pertinentes
a sus funciones.
4. Obediencia individual
Tanto los procesos de selección y de capacitación como de calificación y
desarrollo seguían una lógica de “uno a uno”, estableciendo parámetros
personales contrastados con un estándar deseable, también individual. En
ese contexto, la obediencia del trabajador a las instrucciones era el
patrón de medida básico.
Globalización
La globalización introdujo un quiebre incompleto, es decir, RR.HH.
seguía utilizando los parámetros antes mencionados pero los cambios en
el contexto señalaban su precariedad para explicar y predecir
comportamientos colectivos. El quiebre incompleto se visualizaba en la
precariedad del clima laboral dentro de la mayoría de las
organizaciones.
En las grandes empresas se rompió el acuerdo implícito que indicaba que
un trabajador medianamente obediente a las consignas podía desarrollar
toda su vida laboral en la misma Organización.
El modelo de trabajo corporal (orientado por el esfuerzo) migró a un
modelo donde el trabajador debió reconfigurar su percepción del ambiente
para mantenerse dentro del modelo.
Los cuatro indicadores señalados para el siglo XX comenzaron a mostrar
fisuras, del siguiente modo:

1. Aumentos de metas y reducción de recursos
Cambió la equivalencia entre objetivos y recursos, aumentando los
primeros y disminuyendo los segundos. El trabajador debía crear opciones
propias para administrar ese desajuste cambiando la lógica de sus
comportamientos laborales. Ello provocó una violenta rotación de
personal cuando los trabajadores más antiguos no lograron adaptarse
rápidamente al nuevo modelo.
2. Riesgos intangibles
De la mano de la informatización de los procesos, los riesgos se
corrieron desde la protección de las máquinas y materiales a la
protección de la información. Al aumentar la integración de los procesos
aumentó proporcionalmente el impacto de un posible error.
3. Procesos inciertos fuera de rango
La distancia entre la velocidad de los cambios en los mercados y los
tiempos internos obligó a implementar cambios sin poder respetar los
espacios de planeamiento que se utilizaban antes, lo que trasladó la
dinámica de los ajustes prueba/error al ambiente operativo. El
lanzamiento de productos al mercado se disparó antes de estabilizar la
post venta y sin procedimientos internos detallados, naturalizando la
grieta entre la lógica comercial y la lógica operacional.
4. Valor agregado colectivo
El aporte de iniciativas del trabajador a la mejora de los procesos
internos comenzó a ocupar más espacio no como una expresión de deseos,
sino como consecuencia de la necesidad del propio trabajador de ganar
eficiencia para no sucumbir al descontrol de los múltiples procesos a su
cargo.
Pero en un ambiente inestable e integrado donde a cada puesto se le
sumaron funciones no siempre complementarias, el mejor rendimiento
individual no alcanzaba para lograr los nuevos estándares de resultados
esperados. El trabajo en equipo transformó su entidad de competencia
deseable para instalarse como un requisito de permanencia.
Trabajo perceptivo
2005 marca el ingreso definitivo de China al “tablero de comando” de la
economía mundial. Esta incorporación, lejos de aquietar las aguas,
reproducirá nuevos ajustes y reacomodamientos internacionales con mayor
impacto en las regiones de economías más abiertas.
La etapa anterior puede definirse como una transición del modelo de
trabajo guiado por el esfuerzo en el siglo XX a un nuevo modelo,
orientado por la percepción precoz de indicios no siempre claros ni
siempre tangibles.
El trabajo perceptivo no es el “trabajo de conocimiento” definido por
Peter Drucker, si no la capacidad de re-construir a partir de estímulos
aislados, un escenario, una imagen propia de la Organización, desde la
cual sea posible acoplar los comportamientos propios y ajenos.
Este tipo de mecanismo es independiente de la calificación laboral y por
lo tanto es válido para cualquier posición y cualquier especialidad en
un ambiente organizacional.
Se menciona el mecanismo de la percepción considerándolo una base previa
y necesaria para la comprensión, el aprendizaje y, en definitiva, la
construcción de consensos operacionales en el ambiente laboral.
En realidad la evolución hacia el trabajo perceptivo ya ha comenzado,
forzado por la posición competitiva de algunas empresas o bien por la
dinámica del mercado en el que se encuentran.
En función de lo que se observa en empresas líderes y de la lógica de la
globalización que se estima se agudizará en los próximos años, es
posible inferir que la evolución del trabajo apuntará hacia criterios
similares a los siguientes:
1. Recrear prioridades.
Las prioridades se superpondrán entre lo urgente, lo cotidiano y las
metas anuales. En un ambiente laboral más saturado de objetivos y más
carente de recursos, el trabajador deberá asumir mayor cuota de toma de
decisiones autónomas para lograr un “mapa posible” (siempre situacional)
entre sus múltiples obligaciones y los cambios internos/externos.
Entre esas prioridades, el “aprendizaje permanente”[1] será un requisito
de sobrevivencia, aún cuando el ritmo de la oferta interna de
capacitación no logre acompañar a las transformaciones operativas en los
ambientes de trabajo.
Si algunos estudios privados[2] definen que hoy el 50% de los
conocimientos disponibles en una empresa son informales, es esperable
que ese porcentaje aumente en el próximo quinquenio, del mismo modo que
aumentarán las ofertas de capacitación no tradicional.
2. Administrar riesgos
En estructuras cada vez más planas y dinámicas laborales más
vertiginosas, la supervisión resultará un insumo crecientemente escaso y
el trabajador se verá obligado a asumir mayor cuota de riesgos en sus
decisiones operativas.
No sólo debe considerarse que el trabajador aumentará los riesgos de sus
comportamientos; si no que bajo las condiciones mencionadas, cualquier
comportamiento (hacer o no hacer) aumentará las probabilidades de
concreción de una amenaza. Por lo tanto, los trabajadores deberán
incorporar el análisis de riesgos en los procedimientos, pero también en
sus decisiones cotidianas.
3. Imaginar escenarios
Los trabajadores se verán impulsados a anticipar los eventos que afecten
su empleabilidad y a definir comportamientos ajustados a los cambios
internos y externos, a partir de inferencias y “mapas conceptuales” que
amplíen la perspectiva de su trabajo, aún sin contar con precisiones
formales.
La velocidad de los cambios impulsará que los propios trabajadores
organicen su percepción de la dinámica de otras áreas internas
(proveedores o clientes internos) para ajustar los enlaces internos en
las condiciones más desfavorables, como estrategia obligada para
garantizar sus propios resultados.
También el desempeño en el puesto de trabajo deberá “linkearse” con el
mercado para distinguir el impacto externo de los comportamientos
internos (Normas ISO, HACCP, Calidad de Servicio, Calidad Ambiental,
etc.), pero además, será imperativo anticipar el impacto interno de los
cambios en el mercado, aún para áreas internas sin ningún vínculo
directo con el exterior.
La dinámica de las grandes organizaciones que responden internamente al
año siguiente de los cambios producidos el año anterior, será difícil de
sostener.
4. Mantenerse integrado y lúcido
Si la capacidad de adaptarse a cambios de políticas, de estructuras o de
equipos definirá la medida de una pertenencia exitosa a la Organización,
la capacidad de mantener el equilibrio personal será la contracara de
ese esfuerzo de adaptación.
Las experiencias de ajuste de los últimos veinte años han dejado un
aprendizaje colectivo en el mercado laboral: El esfuerzo exagerado de
adaptación al entorno laboral no garantiza estabilidad, pero sí puede
deteriorar de un modo radical el equilibrio físico y emocional del
trabajador (junto con el deterioro del clima interno).
Bajo ese contexto, el desarrollo personal de las capacidades emocionales
tendrá mayor estatus en las empresas, a partir de una base de
competencias técnicas imprescindibles.
La organización de los negocios en el siglo XXI
El aumento de las condiciones competitivas forzará a las empresas a
especializar cada uno de sus sectores en las materias y ambientes en los
que desarrollan su tarea esencial.
Es decir, si cada especialidad organizacional debe ser más eficiente, es
lógico que se adhiera más a las condiciones del sector en el que se
desempeña, perfeccionando la lógica de esa especialidad.

En un barco de lujo que traslada pasajeros, el puente de mando opera
bajo una lógica de planeamiento de rutas y tiempos, los maquinistas
operan bajo una lógica concreta ingenieril, el sector de contaduría y
compras opera bajo una legalidad contable, y el sector de atención de
clientes opera bajo una lógica comercial orientada por la calidad de
servicio.
Necesariamente esas lógicas muestran aspectos contradictorios, que sólo
pueden ser resueltos (no fácilmente) cuando en todos los sectores
existen percepciones consensuadas sobre las características del negocio
que reúne a todos.
Percepción consensuada no es adaptación pasiva, porque cada sector debe
defender sus objetivos sectoriales. No es “todos pensamos igual”, ni es
“todos tenemos un único estilo”, porque cada especialidad requiere
competencias diferenciadas.
El “core” del negocio de RR.HH.
La formación de unidades de negocios de administración descentralizada y
soporte centralizado se ha mostrado como un esquema eficiente para
regular costos operativos y discriminar performance comercial.
Bajo ese modelo que parece consolidarse en muchas experiencias
organizacionales, se observa una tendencia sostenida hacia la autonomía
administrativa de las unidades de negocios para definir sus inversiones
en aprendizaje, sus momentos de desarrollo de personal, su propio “fine
tuning” de compensaciones y beneficios.
Considerando a RR.HH. un servicio interno y teniendo en cuenta las
posibilidades de administración descentralizada que ofrecen las
plataformas tecnológicas, surge como deriva posible que las prestaciones
de RR.HH. sean crecientemente operadas desde las propias unidades de
negocios, a sus ritmos, con sus enfoques y bajo su responsabilidad
operativa, dentro de un “paraguas” corporativo cada vez más flexible.
Bajo esta perspectiva y, una vez que las políticas y las normas resulten
bien definidas, es posible imaginar que mucho más de la mitad de la
carga de trabajo estándar de RR.HH. será automatizada.
Pero entonces, ¿Dónde está el “negocio” de RR.HH? Claro que
capacitación, desarrollo, compensaciones y comunicaciones internas
pueden considerarse algunas de las actividades claves de RR.HH., pero
eso dice relación con el “cómo”, no con el “qué”.
Existe un foco de actividades que no pueden ser trivializadas por los
sistemas informáticos ni entregadas a las unidades de negocios ni
tercerizadas al exterior de la Organización.
Si las tendencias que mencionamos antes se expanden, el “core business”
de RR.HH. deberá apuntar a administrar las condiciones del trabajo
perceptivo.
1. Modelar percepciones colectivas
En las empresas que hoy apuntan a modelar percepciones colectivas, se
gatillan consensos internos, se produce un “efecto verdad” que moviliza
espontáneamente a las personas hacia los recursos disponibles o hacia la
creación espontánea de recursos para cumplir sus objetivos.
¿Cómo modelan percepciones estas empresas? Proponen una agenda pública,
de un modo similar a la acción que cotidianamente los mass media definen
en la opinión pública. No se trata de un proceso de “comunicaciones
internas” aunque lo incluye. Se combinan acciones concretas, hechos
visibles y mensajes masivos adecuados.
Las ventajas que obtienen con esta estrategia son muy interesantes,
porque la percepción es la puerta de entrada a la creencia, a la
motivación y el aprendizaje. De ese modo, se multiplica el impacto de la
formación, se generan canales de comunicación reales en ambos sentidos y
lo que la estructura de RR.HH. no alcanza a producir, es creado de algún
modo por la presión de los propios trabajadores.
2. Anticipar el futuro social de la empresa
El pasado no existe. Las personas tienen huellas, relatos, versiones del
pasado. La existencia como humanos en una línea del tiempo es un acto de
fe. Las personas reconstruyen su pasado a cada instante de su presente.
Por eso muchas veces es posible re-crear las versiones propias o ajenas
del pasado.
El futuro tampoco existe. Las personas viven bajo la ilusión de la
inmortalidad de mediano plazo. Esa ilusión les permite crear consensos
sobre el futuro esperable. Así como reconstruyen el pasado pueden
re-construir, y de hecho lo hacen, el futuro.
La conclusión más interesante -tal vez obvia- es que el futuro no está
dado, no es un destino inevitable, pero la posibilidad de afectar ese
futuro depende de la posición que se adquiera en el presente.
RR.HH. se verá involucrado crecientemente en la configuración de
perfiles, de conocimientos prácticos y de relaciones sociales que
garanticen un soporte adecuado y a tiempo de los planes de negocios.
Hemos observado que en algunas empresas sus máximos directivos lideran
estos movimientos de “creación de futuro”, en algunos casos sobrepasando
los ritmos de las iniciativas que RR.HH. genera en la misma dirección.
Más que una tendencia, ello marca la impronta que algunos altos
directivos le imponen a toda la Organización que lideran.
3. Definir alianzas sectoriales
Si los trabajadores deberán adoptar mayor iniciativa respecto de la
solución de problemas, la definición de prioridades, la administración
de riesgos y la configuración de escenarios, sería contradictorio
asignarles un rol pasivo en la relación con la empresa.
Trabajadores progresivamente orientados a la autogestión, serán
alentados a consolidar relaciones de confianza y cooperación con sus
jefaturas, más que relaciones de sumisión.
En el siglo XXI el acuerdo salarial es sólo uno de los puntos del
“contrato social” entre empleadores y empleados. Las condiciones para
mantener la empleabilidad (actualización, especialidad,
responsabilidades, imagen corporativa), los reconocimientos no
remunerativos, las compensaciones por resultados, el clima laboral, la
idoneidad de los mandos, ocupan un espacio cada vez más valorado por los
trabajadores de mejor perfil relativo.
El grado en el que la relación empleador/empleado se concentre en los
aspectos remunerativos, señalará por oposición el grado de las
deficiencias de los otros factores del contrato laboral.
La paradoja de esta situación es que el personal más valioso para la
Organización será el que esté en mejores condiciones de optar por otras
fuentes de trabajo. Dado que ya no será suficiente con lograr
obediencia, RR.HH. deberá coordinar la voluntad de los trabajadores y
ello supone lograr una alianza más que un pacto autoritario.
También las relaciones de alianzas entre unidades de negocios serán una
responsabilidad inherente al negocio de RR.HH.
4. Crear mística
La complejidad de las operaciones, la coexistencia de lógicas
diferenciadas, la velocidad para conquistar o defender el market share
desde diferentes posiciones, requerirán de un factor de cohesión
intangible pero sólido como el acero: Esa es la mística.
Si las percepciones consensuadas definen la comunidad de imágenes sobre
la realidad organizacional, la mística define el quantum de energía, la
pasión, los afectos colectivos referidos a esas imágenes.
La creación de mística, una cuestión que exige sólido “seniority” más
que recetas mecánicas, se advierte en mayor o menor grado en todas las
empresas que se orientan a la administración del trabajo perceptivo y
probablemente será uno de los pilares irreemplazables de la función de
RR.HH. en los próximos años.
La mística compartida, la intención y el orgullo de pertenencia, la
satisfacción con el trabajo y con el equipo, se transformarán en insumo
esencial para alcanzar ese “plus” que permite lograr resultados
extraordinarios con gente común.
Conclusiones
En Chile existe un reducido grupo de empresas nacionales que organizan
hoy su propio modelo de administración del “trabajo perceptivo”.
Conocemos algunas y seguramente existirán otras.
También se advierten movimientos similares en grupos transnacionales
cuya influencia en Chile es muy baja o inexistente.
Esas iniciativas no responden a la ideología de ningún gurú de turno ni
de ningún paradigma mediático. El parámetro común más evidente en los
casos detectados es que responden a las exigencias competitivas de su
negocio. Por eso entendemos que tenderán a reproducirse, al menos entre
las empresas exitosas.
Bibliografía básica
Feyerabend, Paul. Ambigüedad y armonía. Ed. Paidós Ibérica SA Barcelona
1999
Hofstede, Geert. Culturas y organizaciones. El software mental. Alianza
Editorial. Madrid 1999
Levy, Alberto. Liderando en el infierno: La competitividad de empresas,
clusters y ciudades. Ed. Paidós. Buenos Aires 2003
Luhman, Niklas. Sociología del riesgo. Triana Editores. México 1998
Maturana, Humberto. Transformación en la convivencia. Dolmen Ediciones.
Santiago. 1999
Todorov, Tzvetan. La conquista de América. El problema del otro. Siglo
XXI Editores. Buenos Aires 2003
Watzlawick, Paul. ¿Es real la realidad? Editorial Herder Barcelona 1994
[1] Recomendación 195. Recomendación sobre el desarrollo de los recursos
humanos: educación, formación y aprendizaje permanente. OIT. Ginebra.
2005
[2] Delphi Group
Sergio Slipczuk - ssarrobaingenieriasocial.net
Psicólogo (Universidad de Buenos Aires) Postítulo en Biología del Conocer (U. de Chile) Docente de Marketing de Servicios, Psicología Social y Empresas y Comportamiento Organizacional en la Universidad CAECE (Buenos Aires) Consultor de empresasBuscar recursos sobre
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