1.- PROLOGO:
El presente trabajo, no pretende teorizar sobre el tema planteado, sino
simplemente, abrir el debate en relación a aquellos problemas vinculados
a la gestión de los recursos humanos, que constituyen desafíos comunes a
todas las empresas de servicios públicos en éste fin de siglo.
De tal manera, las conclusiones volcadas en el presente, estarán
básicamente referidas a la realidad por la que atraviezan aquellas
empresas constituídas, a partir del proceso de privatizaciones que tuvo
lugar en la Argentina durante la última década.
En tal sentido, resulta necesario analizar el contexto en el cual fueron
llevadas a cabo las privatizaciones. El hacerlo, nos servirá para
entender los por que del cambio, e identificar los temas cuyo
tratamiento se encuentra pendiente.
Nuestra condición de sujeto, nos impide abstraernos de todas aquellas
valoraciones y creeencias que nos impone el medio en el que vivimos. Por
consiguiente, cada uno de nosostros, de manera conciente o no, se
encuentra enrolado detrás de un paradigma.
Por tal razón, debemos asumir que muchas veces, nos vemos tentados de
descartar todas aquellas valoraciones que no son aceptadas como ciertas
por el paradigma que asumimos como propio. Esto, no solo nos impide
vencer dificultades, sino que por sobre todas las cosas nos aleja de la
verdad objetiva.
A partir del derrumbe del modelo comunista, y de la ola de
democratización producida en los países latinoamericanos, se generalizó
en la mayoría de los mismos, el convencimiento de dejar atrás las viejas
recetas económicas y abrir paso a una economía de mercado.
El nuevo modelo, refleja el proceso de apertura impulsado por la
globalización y la integración económica regional.
El estado, adopta hoy una posición prescindente, abandonado por tanto su
rol de empresario. Toda su actividad, queda circunscripta al
cumplimiento de sus funciones esenciales tales como, redistribuir del
ingreso, fomentar la educación pública, administrar justicia, defender
el territorio nacional y garantizar a todos los habitantes el acceso al
sistema de salud.
En este contexto, se decidió el paso a manos privadas de manera
progresiva, de la totalidad de las empresas de servicios. Pero esta
decisión política de privatizar, no debe ser tenida en cuenta como la
simple transferencia al sector privado de activos estatales. Constituye
en si misma una decisión de enorme trascendencia. Implica, como lo
advirtiera el Ing. Gustavo Petracchi el inicio de "...un proceso
económico, social, institucional y cultural muy profundo que sitúa a la
iniciativa privada como eje de los procesos sociales"
Las nuevas empresas concesionarias, iniciaron su vida en un escenario
totalmente diferente al que conocieron sus antecesoras.
Hoy en día, en un mundo en el que las barreras arancelarias tienden a
desaparecer a partir de la formación de bloques económicos regionales,
solo se cuenta con ventajas competitivas reales.
Por otra parte, los nuevos valores sociales de los que está impregnada
la sociedad (democracia, participación, conservación del medio ambiente,
individualismo, etc.), hacen que se haya operado una transformación de
la opinión pública.
Los hasta ayer usuarios de los servicios, hoy se han transformado en
clientes en el más amplio sentido de la expresión. Esto quiere decir que
hoy, cada cliente que hace uso de un servicio público, exige de las
empresas el mayor nivel de calidad y eficiencia, actitud que se ve
afianzada desde los medios de comunicación.
Más allá de todos aquellos mecanismos informales de control, el estado
se ha reservado para sí el rol de fiscalizar el accionar de las empresas
concesionarias, ejerciendo su poder de policía y regulando el
funcionamiento de las mismas.
Tal como lo refiriera el Ing. Francisco Monzón, en mercados monopólicos,
el punto de equilibrio entre la oferta y la demanda, raras veces
coincide con el de máximo beneficio para la sociedad.
De tal manera, si se dejaran fluir libremente las fuerzas del mercado,
podrían generarse situaciones disvaliosas, en las que las empresas
priorizarían maximizar sus utilidades, en detrimento de la calidad del
servicio brindado a los clientes.
Es esta razón, la que justifica fundamentalmente que el Estado actúe
como freno, definiendo reglas y controles, que permitan que la actividad
de las empresas prestatarias de servicios públicos, se desarrolle en
forma armónica y adecuada con los requerimientos de la comunidad a la
que sirven.
Resulta obvio entonces, que el conjunto de la población, espere recibir
servicios al precio más bajo y que las empresas adjudicatarias busquen
obtener una justa retribución al capital invertido, en el menor tiempo
posible.
Habiendo definido entonces cuales fueron los objetivos perseguidos con
el proceso de privatizaciones, debemos comenzar a analizar cuales son
hoy, los principales problemas a resolver desde la óptica de la gestión
de los recursos humanos, para transformar a estas nuevas empresas en
empresas sanas, que puedan afrontar con éxito el desafío de dar
respuestas satisfactorias, a los requerimientos de la comunidad y de sus
accionistas.
2. EN MEDIO DE LA TORMENTA :
Hasta aquí, hemos visto de manera global, cuales han sido los desafíos
de la era privatizadora. Sin embargo, el tema no se agota con la
privatización.
Más allá de todo esto, existe un dilema oculto, que de no ser resuelto,
puede echar por tierra todo el esfuerzo realizado.
La mayoría, por no decir la totalidad de las empresas surgidas del
proceso de privatizaciones, debieron hacerse cargo de una plantilla de
personal hipertrofiada y con un deficiente nivel de formación
profesional. Esto, las llevó a implementar diversas medidas tendientes a
lograr una mayor optimización de su fuerza laboral.
Prácticamente en la mayoría de los casos, se observó una brusca
reducción de horas extraordinarias, la implementación de bonificaciones
para el personal en condiciones de jubilarse y el diseño de planes de
retiro voluntario.
Todos estos mecanismos tendientes a la reducción de la planta de
personal, sumados a la implementación de nuevos sistemas productivos, la
redefinición de los cargos y la incorporación de nuevos conceptos de
gestión, generaron un agudo sentimiento de angustia ante la crisis.
Los síntomas descriptos, se vieron reflejados en las conclusiones de una
encuesta efectuada sobre quince empresas recientemente privatizadas.
Dicho estudio, verificó que la mayoría de las mismas durante el inicio
de su gestión, atravesaron por un período de crisis de identidad que
afectó severamente la cultura organizacional.
Esta situación de crisis, gravitó fundamentalmente sobre el personal
proveniente de las antiguas empresas estatales, que en mayor o menor
medida elaboró un sentimiento colectivo de pérdida e inestabilidad por
no poder adivinar que otros cambios se avecinarían en el futuro.
Este cúmulo de sentimientos encontrados, terminaron por alterar
definitivamente la identidad organizacional, introduciendo cambios
profundos en la cultura de las empresas.
El nuevo esquema de relaciones, observó una confrontación entre los
valores de los que estaban y los valores de los que vinieron. A este
conflicto subyacente, se sumaron muchas veces las diferencias de estilo
de gestión existentes entre los socios de los diferentes consorcios,
terminando de conformar el conflicto central de este tipo de empresas.
Consecuentemente, todos aquellos que estamos vinculados a la gestión de
los recursos humanos, nos encontramos frente al dilema de llevar las
dotaciones de personal a niveles razonables para las nuevas estructuras
y métodos de organización del trabajo y a la vez procurar que los
efectos que estos tipos de procesos provocan en los empleados que
quedan, sean los menores posibles.
La mayor parte de los hombres de empresa, al hacer referencia a términos
como downsizing, resizing, rightsizing, turnaronund, etc,
automáticamente los relacionan con mecanismos diseñados para "bajar
gente", y supuestamente lograr un aumento de productividad. Pero más
allá del problema semántico que estos conceptos generan, es preciso
comprender que, todo proceso de reestructuración lleva implícito el
replanteo de toda la estrategia de la empresa.
Por ello, es necesario valorar los efectos colaterales que este tipo de
procesos llevan implícitos, antes de ejecutar las decisiones que se
pretenden llevar adelante.
Esto, supone un esfuerzo de planificación importante, tendiente a
elaborar un diagnóstico situacional serio, que nos permita conocer las
diferentes historias de vida y culturas existentes en la organización
sobre la cual vamos a operar y a partir de allí elaborar un plan de
acción cuyo cumplimiento nos sea posible. Para esto, parafraseando a
Dwight D. Eisenhower, es preciso asumir que "los planes en si mismos no
significan nada, pero el planeamiento lo es todo".
Una planificación deficiente, implica desconocer que los procesos de
transformación, normalmente convierten a los empleados que quedan, en un
enorme grupo de sobrevivientes heridos y lastimados, que casi nunca
están seguros de no ser ellos mismos las próximas víctimas del proceso.
Pretender luego, pedirles a estos empleados la realización de enormes
esfuerzos para salir de la crisis, es lo mismo que intentar una
expedición de conquista con un ejército de soldados hambrientos, sin
pertrechos y que ni siquiera sabemos si no desertarán en la mitad de la
campaña.
3.- HACIENDO CAMINO:
Hasta hace muy pocos años, la problemática de los recursos humanos, se
mantuvo olvidada, o bien fue insuficientemente tratada en la mayoría de
las empresas. Esto, se debió fundamentalmente a la reducción del factor
personal a la dimensión de un simple factor de producción, cuya nota más
significativa se encontraba en el costo del mismo.
Muy por el contrario, la realidad ha demostrado con numerosos ejemplos
incontestables, que la problemática de los recursos humanos en la
empresa, no solo incide en su estado de resultados, sino que además
produce efectos dañosos en la sociedad en donde ésta desarrolla sus
actividades.
Por ello, es necesario realizar un esfuerzo de planificación serio,
tendiente a evitar los cuellos de botella generados por la necesidad de
desvincular gran cantidad de personal.
La decisión de realizar inversiones que permitan la incorporación de
nuevas tecnologías o sistemas informáticos, la modificación de la
conformación de los equipos de trabajo o la focalización de las
actividades de la empresa en el núcleo del negocio, no son hechos que se
producen de la noche a la mañana.
Resulta pues, una obligación ineludible para todos aquellos
profesionales que estamos vinculados a la gestión del personal,
profundizar en la búsqueda de nuevas y variadas soluciones a los
problemas que presenta la empresa moderna.
Esta tarea, requiere la adopción de medidas innovadoras, cuyos
resultados se verán reflejados en los años que vienen.
Con independencia de su costo y complejidad, la variable personal,
reviste gran importancia, ya que, a partir de la creciente división del
trabajo, se requiere que junto a las necesidades de especialización,
sean consideradas otras que se encuentran englobadas en el concepto de
humanización del trabajo.
Como hemos dicho, las políticas de personal, además de evidenciar
resultados en el mediano y largo plazo, implican una serie de
condicionamientos que van desde la búsqueda de una mayor capacidad de
adaptación a los cambios, hasta a asegurar a cada empleado una
remuneración acorde a sus responsabilidades y un desarrollo de carrera,
relacionado con las reales posibilidades de la empresa.
Este tipo de planificación, requiere que con independencia del cálculo
de los costos y utilidades, se desarrollen programas de formación,
perfeccionamiento y seguimiento profesional de los individuos que
componen la organización.
Muy a menudo, muchas empresas caen en lo que Paul Samuelson ha dado en
llamar falacias de composición, infiriendo conclusiones generales de los
resultados obtenidos en un caso particular.
Así es, como lo afirma Eugenio M. Recio Figueiras citando a H. Wächter,
que "muchas firmas practican sólo algún aspecto del complejo total de la
planificación de personal y se admiran de la falta de éxito. Se toman
con frecuencia algunas ideas particulares o instrumentos aplicados por
otras Empresas sin probar su eficacia para la propia situación, lo cual
a veces lleva al fracaso por falta de experiencia y de conocimientos
suficientes".
Intentaremos a partir de aquí, explorar todas aquellas prácticas
reconocidas como válidas y que se han constituído como herramientas
útiles para lograr una transformación en términos razonables. Será
entonces, el turno de reflexionar acerca de la redefinición de las
estructuras, el fenómeno de la tercerización, la importancia de las
comunicaciones internas, el rol de los estamentos intermedios, la
negociación, etc.
4.- LA ORGANIZACIÓN PARA EL CAMBIO:
La redefinición de la estructura de las empresas y el reacomodamiento
hacia objetivos radicalmente diferentes a los que venían orientando su
planificación, constituyen en la actualidad desafíos importantes.
Los acelerados cambios a los que se ha visto sometido el mundo moderno,
han hecho que las organizaciones, hallan modificado su conformación
interna y sus estrategias comerciales, en función de nuevos parámetros.
Al decir de Antonio Garriges Walker, los cambios operados en los últimos
años, han tenido una velocidad e intensidad tal que para sobrevivir,
países y organizaciones han de ser capaces de hacer a un lado aquellos
dogmas tenidos como válidos hasta hoy a punto tal de "...vaciar sus
cerebros de las dialécticas tradicionales no solo sobre lo posible y lo
imposible sino incluso sobre la verdad y el error y también sobre lo
bueno y lo malo".
Hasta hace no mucho tiempo, toda la estructura de la empresa, giraba en
torno a aquellos requerimientos necesarios para la producción de los
bienes o servicios que comercializaba.
Hoy en día, todas las empresas de servicios, deben asumir, la necesidad
de orientar la empresa hacia las necesidades individuales de los
clientes. De tal manera, es necesario diseñar políticas tendientes a
mejorar la productividad del recurso humano y redefinir estructuras
totalmente nuevas.
El modelo de la organización tradicional, se asemejó a una pirámide
sumamente estratificada cuyo vértice superior se hallaba separado de la
base por numerosos niveles intermedios.
En la cima de la organización, se encontraba el "gran jefe", rodeado de
un grupo de ejecutivos altamente capacitados en finanzas, producción,
recursos humanos, ventas, márketing, etc. Este selecto grupo, durante
años adoptó la totalidad de las decisiones necesarias para llevar
adelante la compañía.
Dentro de este esquema, ningún empleado de primera línea, adoptaba una
decisión sin consultar primero con su jefe inmediato superior y así
sucesivamente. El proceso, normalmente terminaba con un alto ejecutivo,
decidiendo sobre las necesidades de un cliente con quien nunca tuvo
contacto y al cual solo conoció a través de un estudio de opinión.
Mantener este tipo de estructura, en empresas que por su naturaleza
deben estar decididamente orientadas al cliente, implica sembrar en
ellas el germen de su propia ineficiencia.
ADECUACIÓN DE LA ESTRUCTURA
La vida moderna, genera un sinnúmero de oportunidades en las que un
importante número de personas toma contacto con las empresas en busca de
soluciones a algún problema. Cada uno de esos miles de contactos entre
un cliente y alguno de nuestros empleados, constituyen lo que Jan
Carlzon ha denominado momentos de la verdad. Son aquellos instantes en
los que una empresa de servicios que se precie de tal, debe probar a sus
clientes que está a la altura de sus necesidades y exigencias.
Normalmente, el prestigio en la sociedad de una empresa de servicios, es
el resultado de la suma de pequeños momentos. Es por eso, que se
necesitan de muchos aciertos para construirlo, pero basta un solo error
para que desaparezca en un instante.
De tal manera, es necesario proporcionar a los empleados de primera
línea, todo el apoyo necesario para que adopten decisiones durante esos
escasos segundos en los que se consolida o destruye la imágen de la
empresa. Como puede observarse, si estos empleados, tuvieran que esperar
la conformidad de toda su línea jerárquica para dar una solución u otra
a un problema puntual, con seguridad, la imágen recibida por el cliente
no sería la mejor de todas.
Para evitar esto, es necesario redefinir la estructura empresaria,
descentralizar la organización y delegar la responsabilidad en aquellos
que hasta ahora habían formado parte del estrato más bajo de la
pirámide, limitándose nada más que a cumplir órdenes.
Actualmente, estamos viendo que la estructura jerárquica tradicional,
está cediendo paso a una estructura mucho más horizontal. Esto se está
dando fundamentalmente, en aquellas empresas de servicios que centran su
atención no ya en el producto sino en el cliente.
Cualquier empresa que busque maximizar sus posibilidades de afrontar con
éxito los momentos de la verdad, deberá eliminar en su estructura, el
máximo de niveles y ataduras de responsabilidad posibles. En definitiva,
necesariamente deberá estar organizada para el cambio.
El tratamiento de los problemas, se desplaza ahora del despacho de los
grandes jefes hacia el nivel operativo correspondiente, en donde cada
empleado es quien tiene la responsabilidad y la libertad para analizar
la situación, adoptar un curso de acción y verificar que el mismo se
halla llevado a cabo con éxito ya sea por sí mismo, o con la ayuda de
otros.
Esto implica que, al otorgar mayor responsabilidad al personal de
primera línea, se le brindan mayores posibilidades de ejecutar su tarea
de la manera que estima más conveniente hacerlo y no como durante años
lo indujo la estructura jerárquica.
En la nueva empresa, todo está orientado a que los problemas sean
solucionados de manera inmediata. Ninguno de aquellos empleados que
conforman esa primera línea, debe esperar la conformidad de su superior
jerárquico para satisfacer la demanda de un cliente.
Este nuevo modelo de organización como lo señala Peter Drucker, está
basado fundamentalmente en la información.
Consecuentemente, el mundo se dirige hacia un total abandono de aquellas
concepciones según las cuales los buenos resultados obtenidos, eran
premiados con un cargo superior en la escala de poder.
Las nuevas organizaciones, deberán contar con un número muy reducido de
puestos de dirección, sustituyéndose la noción de rango por la de
misión.
En función de lo expuesto, la autoridad está dada por el conocimiento y
por tanto, las posiciones de liderazgo dentro de un determinado equipo
de trabajo, van mutando de acuerdo a la naturaleza y complejidad de los
problemas que requieran ser resueltos.
Si se logra achatar la cima de la pirámide, acercándola lo más posible a
las realidades de esa primera línea, se obtendrá como resultado un
fortalecimiento de la empresa, que servirá a las reales necesidades de
los clientes, a la vez que constituirá una fuente de estímulo permanente
para los empleados.
5.- EL OUTSOURCING COMO HERRAMIENTA PARA EL CAMBIO.
Siguiendo a Peter Drucker, a partir de la desaparición del marxismo como
ideología y del comunismo como sistema, el mundo ha presenciado el
nacimiento de lo que este autor ha denominado la sociedad
postcapitalista.
Esta nueva sociedad, está enrolada detrás de paradigmas totalmente
diferentes a aquellos que impulsaron la organización política y
económica que conocimos. En tal sentido, centra todo el desarrollo de su
economía, no ya en el capital, los recursos naturales o la mano de obra,
sino en el saber. Este, se ha constituído en factor dominante y por
tanto dejará su impronta en el trabajo y los trabajadores.
Consecuentemente, se acuñan términos como trabajo del saber y
trabajadores del saber. A estos últimos, les está reservado el rol de
liderar los cambios en la nueva sociedad y por ende se constituirán en
su clase dirigente.
Por otra parte, los llamados trabajadores del saber, en el nuevo
esquema, se constituyen en los dueños de los útiles de producción ya que
son poseedores de su saber y por ende pueden llevárselo a donde ellos
vayan.
En tal sentido, las organizaciones deberán ganarse la lealtad de sus
empleados, demostrando que están dispuestas a brindarles los espacios,
recompensas y oportunidades necesarias, para poder hacer uso de sus
conocimientos.
Paulatinamente, se ha dejado de hablar de mano de obra y cada vez más se
hace referencia a recursos humanos. Esto, lleva a asumir que hoy, es
cada empleado de manera individual, quien decide lo que él o ella
aportan a la empresa y lo importante que puede o debería ser el rédito
de su conocimiento.
Por oposición a los trabajadores del saber, el nuevo órden, cuenta con
una segunda clase de trabajadores: los trabajadores de los servicios.
Estos, carecen de la educación necesaria para ser considerados
trabajadores del saber y desarrollan tareas periféricas o auxiliares del
objeto principal de la actividad de la empresa.
Cada vez a un ritmo más acelerado, la organizaciones van centrando sus
tareas en aquello que consideran básico y esencial, es decir, el núcleo
del negocio. Todas aquellas tareas que resultan accesorias, están
pasando a contratarse a manos de terceros.
Consecuentemente, dentro de no mucho tiempo, las otrora grandes empresas
no serán organizaciones que empleen directamente a gran cantidad de
personal. Simplemente, se limitarán a resguardar para sí los resultados
más substanciales del negocio, dado que solo harán el trabajo vinculado
a su misión y directamente relacionado con los resultados. Todo el
resto, se contratará afuera.
Estas nuevas empresas locadoras de obras y servicios que irán surgiendo,
brindarán a las personas que las integren buenas oportunidades de
promoción y reconocimiento. Esto es así, dado que en el esquema de
utilización de fuentes externas, los llamados trabajadores de los
servicios, necesariamente han de aumentar su productividad debido a que
las actividades que continuarán desarrollando, constituirán ahora el
núcleo de su negocio, y por ende, existirá un mayor interés en mejorar
la productividad de los trabajos que realizan
De tal forma, el outsourcing como mecanismo tendiente a lograr mejores
economías de escala, no solo resulta beneficioso por las consecuencias
económicas que trae aparejadas, sino fundamentalmente porque genera
buenas oportunidades, ingresos y dignidad para los trabajadores de los
servicios.
No obstante ello, este tipo de proceso, importa un reto social que debe
ser resuelto por las organizaciones. El no contribuir, a que aquellas
empresas que ejecuten los trabajos periféricos, alcancen ingresos y
obtengan una rentabilidad acorde al capital invertido, puede atentar
contra la vida misma de la organización que les dió origen.
La externalización de tareas, constituye entonces un fenómeno complejo,
que como todo proceso de cambio que se inicia, genera resistencias y
temores. El fantasma de la desocupación y el fracaso, constituye una
amenaza latente que puede echar por tierra el mejor de los proyectos.
6. LAS COMUNICACIONES INTERNAS COMO ELEMENTO FACILITADOR DEL PROCESO
DE CAMBIO:
Si bien es cierto que toda crisis, encierra siempre oportunidades de
afrontar el cambio con éxito, en mayor o menor medida, todas las
personas desarrollan mecanismos de resistencia a los cambios.
Las ciencias que estudian el comportamiento humano, nos han enseñado que
el sentimiento de resistencia al cambio, a menudo se convierte en el
inconveniente central para la incorporación de nuevas tecnologías o
formas de organización.
No obstante los avances producidos en la materia, existe un
convencimiento generalizado de que este sentimiento, reside solamente en
el sujeto receptor del cambio y no en aquel quien lo genera.
Muy por el contrario, creemos que muchas veces la resistencia demostrada
por grupos sometidos a procesos de cambio, está íntimamente relacionada
con ciertos bloqueos o preconceptos existentes en aquellos que deben
constituirse en agentes de los mismos.
Esto, muchas veces lleva a los actores sociales a adoptar posiciones
estáticas y paralizantes, por temor a asumir riesgos, debido a la falta
de conocimiento de las finalidades y alcances del cambio.
La remanida frase: "hace años que acá las cosas se hacen así",
constituye un paradigma muy difícil de cambiar. Por ende, todo esfuerzo
comunicacional debe contemplar en su mensaje las especiales
características de la identidad y la cultura de la organización.
Es necesario entonces, generar y mantener permanentemente, la lealtad de
los empleados y lograr que toda la organización se involucre de lleno en
las medidas dispuestas para evitar una crisis o poder sortearla con
éxito.
Es preciso, lograr que los gerentes y mandos medios se constituyan en la
principal fuente de información, aumentando en el personal la capacidad
de comprender los problemas de la empresa y dándole a su vez, el derecho
a emitir su opinión al respecto.
Resulta imprescindible, recordar una y otra vez cual es la visión de la
compañía. Recalcar de manera sistemática los objetivos que se persiguen
con el cambio ya que, como lo expresara Francisco Monzón parafraseando a
Miguel Kast "... muchas veces se confunde lo esencial con lo elemental y
lo elemental se confunde con lo obvio. Entonces, como nadie habla de lo
obvio, suele suceder que nadie habla de los objetivos y por lo tanto
desafortunadamente se olvidan ... solo cuando se entienden y comparten
los objetivos es posible establecer las bases de un acercamiento en el
plano de las ideas y de la forma de aplicarlas."
Cuando se está inmerso en un proceso de cambio, cuando se ha desterrado
la antigua estructura, los viejos manuales y sistemas de trabajo, cuando
se está intentando transformar la cultura de la organización; no se
puede ordenar al personal que comience a hacer las cosas de manera
diferente. Es necesario enamorarlo del proyecto, compartir la visión de
la compañía y recién entonces, impulsarlo a convertirse en el
protagonista del cambio.
El establecimiento de los objetivos fundamentales a través de mensajes
claros y sencillos, contribuye a que todo el mundo se ponga a trabajar
en pos de la meta prefijada.
A comienzos de los ‘60, John Fizgerald Kennedy, dijo: "Quiero a un
hombre en la luna antes de 1970 ". Esta simple frase, se constituyó en
el gran objetivo de toda una nación. En ningún momento manifestó quien
iba a hacer el trabajo, pero con esta simple frase, orientó todos los
esfuerzos económicos, científicos y técnicos hacia el cumplimiento de
una meta común.
Si bien la anécdota puede aparecer como intrascendente, sirve para
mostrar que en cualquier organización también es necesario, que desde el
primero de sus directivos al último de los empleados, conozcan y
compartan la visión y la misión de la empresa. Esto muchas veces no es
posible, ya que, cuando se define la misión que guiará la organización,
no se tiene en cuenta la identidad que conforma la misma.
7. LÍDERES NO JEFES:
Como hemos ido viendo, la mayor demanda actual para las empresas de
servicios, consiste en proporcionar a los clientes, más y mejores
niveles de calidad de servicio.
Tres grandes fuerzas, van signando esta nueva era y se erigen en
propulsoras del cambio: la globalización de la economía, la cada vez
mayor complejidad de los procesos de transformación y la decadencia de
las antigüas estructuras de poder.
Esta suma de fenómenos complejos, obliga a los hombres de empresa a
planificar y estudiar cual será la mejor manera de enfrentar los
crecientes desafíos que proponen estos cambios de escenario.
No existen para esto, recetas únicas ni soluciones aplicables a todos
los casos. Es preciso abandonar las antigüas prácticas en donde los
jefes toman las decisiones, aislados de las personas que posteriormente
las ejecutan. Resulta necesario entonces, priorizar el empowerment como
práctica que nos ayude a incrementar la participación y creatividad de
todos los empleados que conforman la empresa.
Esto, generará resistencia en algunas personas pero concitará la
adhesión de la mayoría. La eliminación de gran cantidad de posiciones de
poder que caracterizaban a la antigua estructura, el aumento de la
participación de la gente en la toma de decisiones, y la existencia de
cada vez menos políticas o reglas incuestionables, tornará
imprescindible redefinir el concepto de liderazgo y asumir esquemas de
conducción soportados las fuerzas internas del grupo que se conduce.
Este proceso de transformación, reorientará toda la noción de empresa
hacia las reales necesidades del cliente y necesariamente, debe ser
llevado adelante por aquellos empleados que conforman la primera línea.
Sin embargo, constituye una tarea indelegable para los altos ejecutivos,
crear las condiciones y ambiente laboral necesarios para que estos
soldados de a pie estén en condiciones de cumplir sus responsabilidades
con confianza y profesionalismo. Es imprescindible, hacer conocer a
todos que es lo que se espera de ellos y colaborar en la corrección de
aquellos defectos que conspiren contra la consecución del objetivo
global.
En suma, a medida que el empowerment se convierte en una moneda
corriente en la gestión de los recursos humanos y el conocimiento de la
visión y la cultura de la empresa por parte de los empleados, resulta
imprescindible para el lograr el éxito; es necesario analizar como
impactará todo esto en la conducta de los nuevos líderes.
A menudo, se define al liderazgo como aquella "actividad de influenciar
a la gente para que se desempeñe voluntariamente en el logro de los
objetivos del grupo".
A partir de tal definición, pueden extraerse algunos puntos sobre los
cuales resulta conveniente reflexionar y orientar nuestros esfuerzos de
capacitación y formación profesional.
Cualquier persona que se haya desempeñado durante un período prolongado
en una organización estructurada jerárquicamente, puede atestiguar que
resulta impensable que el máximo ejecutivo se ausente por un mes entero.
Ese modo de razonar, resulta lógico, ya que se espera que el top manager
tome absolutamente todas las decisiones de importancia por sí mismo y
que esté involucrado directamente en las operaciones.
Es imprescindible, que pase jornadas interminables en la oficina y que
incluso trabaje en los fines de semana o estando de vacaciones,
demostrando que tiene control sobre todo. Nadie sino él, toma decisiones
en la empresa.
Podría pensarse que esta manera de hacer las cosas garantiza que el
máximo responsable de la empresa sea responsable por todo, pero el
resultado es exactamente el contrario. Al pretender estar en todos los
temas, decidir en todo y por todos, solo se asegura de una cosa:
olvidarse de transmitir a todos los empleados la visión del negocio.
Los resultados son evidentes. Nadie toma una decisión si no está el
jefe, razón por la cual el jefe se ve obligado a hacerse tiempo para el
tratamiento de todos los asuntos, lo que provoca que muchas decisiones
no lleguen a tomarse nunca y otras incluso jamás se adopten o se adopten
mal por falta de información.
Esto, provoca una enorme desmotivación en los ejecutivos ya que se ven
imposibilitados de crear, ante la posibilidad de que su jefe no los deje
poner en práctica sus ideas.
SISTEMAS DE LIDERAZGO
Realmente, el trabajo de un top manager debe ser diametralmente
distinto. A partir del abandono de las estructuras jerárquicas y con la
definición de culturas participativas, la función del mando, no puede
seguir siendo ejercida bajo el esquema tradicional de la antigüa
estructura de poder. Es necesario, operar una transformación en donde
los viejos jefes se transformen en líderes, que impulsen a sus antigüos
subordinados (hoy colaboradores), a generar el cambio.
Para ello, es preciso evitar mantenerse aislado de manera autocrática,
tomando todas y cada una de las decisiones. Es necesario transmitir la
visión de la empresa a todos los empleados, pensar la estrategia,
informar, y por sobre todo enseñar.
Un líder, no es una persona a la que se la nombra porque todo lo sabe.
Por el contrario, se lo nombra por su capacidad de comunicar a todos los
demás la visión de conjunto y a partir de ahí, crear las condiciones
básicas para que cada persona que integra la organización, pueda asumir
responsabilidades y cumplir con sus obligaciones de la mejor manera
posible.
Los directivos de la nueva empresa, no requieren tener un conocimiento
detallado y especializado de todos y cada uno de los procesos que se
llevan a cabo. Hoy en día, se requieren en un top manager, condiciones
mucho más generales que las pretendidas unos años atrás. Se busca,
capacidad para generar nuevas estrategias y maneras de hacer las cosas,
una visión crítica de los problemas y el talento para abstraerse del
vértigo de lo cotidiano y ver el mundo desde arriba. En suma, buen
sentido empresarial, manejo de las relaciones interpersonales dentro y
fuera de la compañía, amplio conocimiento de la manera en que las cosas
pueden encajar y conocimiento global de las operaciones llevadas
adelante por la empresa.
Si tomamos como ejemplo un equipo de fútbol, podremos observar como
funciona el ejercicio del liderazgo a diferentes niveles.
Al igual que en una empresa, aquí también tenemos a un grupo humano,
altamente preparado, en pos de un objetivo.
Este grupo de deportistas profesionales, también está sujeto a crisis y
presiones. Los directivos del club, bien pueden simbolizar a los
accionistas y el conjunto de la hinchada, a las demandas de los
sindicatos. Ambos grupos, permanentemente están exigiendo resultados
positivos al equipo.
En medio de todo esto, se encuentra el director técnico. El es quien
conoce el juego, tiene tras de sí la experiencia de años de torneos y
hasta posiblemente sea un ex jugador.
Sobre sus espaldas, recae la responsabilidad de elegir a los jugadores,
así como también brindar las explicaciones por los malos resultados.
Pero por sobre todo, es la persona que definirá el estilo de juego y la
manera de pararse dentro del campo de juego. En suma, será quien
transmita a los jugadores la visión y la estrategia a seguir.
Como si fuera un gerente general, definirá claramente los objetivos, los
comunicará al grupo y le enseñará como asumir las responsabilidades
necesarias para alcanzar la meta propuesta. Para esto, deberá crear el
ambiente de trabajo adecuado, en donde lo que se priorice sea la
flexibilidad y la innovación constantes.
El es la persona que permanentemente escucha y habla a los jugadores. Es
alguien que inspira confianza y que crea la atmósfera necesaria para que
el grupo pueda por sí mismo, llevar adelante el estilo de juego deseado,
a la vez que comparte su pasión y conocimientos, con quienes lo
acompañan en el desafío de aceptar los riesgos de los objetivos
planteados.
Si bien su fuerza se basa en el compromiso y la entrega del grupo, en
determinados momentos, ha de mantenerse firme e irreductible en sus
posiciones.
Es posible que no todos los jugadores hayan entendido que es lo que él
espera del equipo y que no hubieran captado en toda su magnitud cual es
el estilo de juego que él pretende. En estos momentos, ha de resistir la
tentación de desentenderse de estos jugadores y por el contrario, deberá
redoblar los esfuerzos para hacer que comprendan que es lo que se espera
de ellos.
El hecho de priorizar la comunicación, en contraposición al dictado de
órdenes, propias de una estructura jerárquica, no implica instaurar en
el equipo una democracia en su estado más primitivo. Simplemente,
significa afirmar que una vez que los directivos del club designan al
cuerpo técnico, y habiendo éste formulado la estrategia y filosofía de
juego, la responsabilidad recae fundamentalmente en los jugadores.
Son ellos los que deben asumir la responsabilidad de cumplir
eficientemente con las obligaciones del puesto que ocupan en el campo de
juego, esforzarse en las prácticas y dar todo de sí para lograr la
victoria. De otra manera, habría que separarlos del equipo.
Como puede observarse, el líder, ha de asegurarse que su equipo entre al
campo de juego en las mejores condiciones posibles para jugar el partido
y por ello no necesita reclamar las victorias como propias.
Más allá de la importancia que reviste en un equipo el rol del director
técnico, sus estrategias y tácticas de juego; quienes ganan o pierden
los partidos, son los jugadores que entran a la cancha domingo a
domingo. Son ellos, quienes una vez iniciado el encuentro llegan a ser
su propio jefe durante los noventa minutos siguientes.
Al igual que un jugador de fútbol, los empleados de primera línea, son
aquellas personas que conocen el trabajo, por el simple hecho de estar
todos los días en donde la acción se lleva a cabo.
Nadie mejor que ellos, puede darse cuenta si las exigencias de los
clientes han ido variando y hacia donde se orientan. Por ello, es
necesario escucharlos y darles el apoyo necesario para que puedan
ejercer con éxito la responsabilidad que les ha sido delegada.
Pero el liderazgo, no es una virtud que se ejerce solamente en los
niveles altos de la organización. Siguiendo con el ejemplo, en todo
equipo, existe un jugador que lleva el brazalete de capitán y que cumple
funciones análogas a las de un gerente.
Las semejanzas son más que simples coincidencias. Quizá, no sea
técnicamente el mejor jugador. Obviamente, tampoco será capaz de poder
ocupar todas las posiciones. Pero a diferencia del resto de sus
compañeros, detenta notas que lo distinguen y lo destacan.
En primer lugar, es quien ha comprendido de manera más acabada la visión
del director técnico y por ende puede transmitirla constantemente a sus
compañeros durante el partido. Su tenacidad y capacidad de entrega,
hacen que sea un ejemplo constante en los más jóvenes y ayude a
perseverar en el esfuerzo a los más experimentados.
Probablemente, no sea quien convierta los goles. Pero su personalidad y
don de mando, harán que sea quien mantenga constante la concentración
del equipo cuando va ganando y le permitirán ponerse al hombro al equipo
y hacer que de vuelta un resultado desfavorable. En definitiva, es quien
mejor entiende el juego, lo que le da la ventaja de estar siempre un
paso adelante de los demás.
Como hemos visto, las antigüas empresas estatales, deberán pasar
necesariamente de un esquema de liderazgo puramente autocrático,
sustentado en una estructura de poder, a un concepto de liderazgo,
distribuído en todas las capas de la organización, que sirva de
herramienta útil para impulsar un proceso de mejora constante. De tal
modo, queda reservado a los líderes de hoy, la definición de estrategias
comerciales que posibiliten alcanzar los objetivos propuestos. Es
preciso, comunicar la visión y estrategia a los accionistas, los
sindicatos y a todo el personal para que se sumen al proyecto. Es
necesario, lograr un cambio de mentalidad en la gente y hacer sentir a
todos los trabajadores, que su trabajo resulta de vital importancia en
la consecución de los objetivos de la empresa.
Para esto, debemos brindarle a nuestra gente, un clima de trabajo tal,
que le permita asumir confiada todas aquellas decisiones necesarias, al
amparo de la estrategia definida. En resúmen, es preciso transformar la
visión en hechos que se puedan palpar día a día.
8. EL ROL DEL MANDO MEDIO:
Hemos venido viendo como han mutado las antiguas empresas estatales y
cual ha de ser el camino a seguir para lograr buenos y durables
resultados.
En tal sentido, reflexionamos acerca de la redefinición de la
estructura, las naturales resistencias a los cambios, el problema
cultural y la necesidad de reformular íntegramente el concepto de
liderazgo.
Pero quizás el mayor de los problemas a los que han tenido que
enfrentarse las nuevas empresas, ha sido el de no contar con una fuerza
de supervisión adecuada.
Durante años, el estado como empleador, gestionó sus empresas con un
sentido absolutamente paternalista.
De tal manera, el ambiente en el cual se desarrollaban las relaciones
laborales, resultaba amigable y familiar, dejándose de lado el esfuerzo
personal como elemento para el otorgamiento de premios o castigos. Este
marco referencial, se vió potenciado por el accionar de las
organizaciones gremiales.
Sumado a todo esto, junto a los sindicatos de base, fueron naciendo
asociaciones profesionales que nuclearon al personal superior y cuyas
ventajas convencionales se encontraban directamente ligadas a la
intensidad de los reclamos efectuados por el sindicato que agrupaba al
personal de producción.
Los excesivamente rígidos convenios colectivos, en su mayoría no
permitían el ingreso a la empresa si no era a través de la bolsa de
trabajo, manejada por el sindicato correspondiente.
Esto, hacía que cualquier trabajador, iniciara su carrera laboral en la
categoría inferior de convenio y fuera ascendiendo en la estructura por
el simple paso del tiempo.
Todos aquellos que algún día llegarían a convertirse en supervisores y
jefes, al momento de la toma de posesión, se encontraban teñidos de un
amplio sentido gremial.
De esta forma, en las empresas del estado, la supervisión fue ejercida
en su mayor parte por personal sindicalizado que veía a la empresa como
un oponente con quién estaba obligado a negociar y no como un todo, del
cual él también formaba parte.
Evidentemente, esta situación no resultaba beneficiosa para ninguna de
las partes. Las empresas, se veían enfrentadas a su personal, mientras
que éste solamente se limitaba a cumplir más o menos estrictamente las
órdenes e instrucciones que emanaban de la cima de la pirámide de mando,
ocupada por políticos totalmente ajenos a la búsqueda de la eficiencia
empresaria.
De tal manera, todo el sistema obviaba las necesidades de los clientes y
el personal de primera línea, se movía con total desconocimiento de los
objetivos delineados por la alta gerencia.
Hoy en día, todas las empresas tienen una idea un poco más precisa de
como debe organizarse y funcionar una empresa moderna y por ende,
aparece en escena un actor hasta ahora desconocido: el mando medio.
El nuevo modelo organizativo, a partir del cual necesariamente deben
estructurarse, encuentra su fundamentación en el dinamismo propio de la
planificación estratégica. Dicho proceso, puede ser representado como
tres conjuntos que se superponen entre sí. En los mismos, se encuentran
comprendidas las metas, la estrategia y las acciones desplegadas por la
organización.
Estos tres elementos, conforman una jerarquía natural a partir de la
cual interactúan los diferentes niveles organizativos.
En la cima de esta jerarquía, se encuentran las metas (visiones de
futuro susceptibles de ser alcanzadas), que son propuestas por el
management estratégico.
En el medio, vemos la estrategia, o el método a seguir para alcanzar las
metas establecidas.
Sustentando todo el esquema, encontramos a las acciones concretas
tendientes a convertir las metas en realidades.
Todo esto, proporciona una base de sustentación adecuada para el
despliegue y adecuación de las políticas emanadas desde los niveles
superiores de la empresa.
EL DESPLIEGUE DE LA ESTRATEGIA EN LA ORGANIZACIÓN
Como puede observarse en el gráfico, la responsabilidad en la
implementación de las políticas definidas, resulta común a los tres
niveles de la organización.
Por un lado, el management estratégico es el encargado de definir las
metas y comunicar la visión al conjunto de los empleados. A tal fin,
interactúa con el management operativo quien a su vez, definirá la
estrategia a seguir para el cumplimiento de los objetivos, asignando
recursos y sirviendo de apoyo para los empleados de primera línea. Estos
últimos, serán quienes en el marco de la estrategia delineada, se
responsabilizarán por alcanzar los objetivos numéricos cuya suma
satisfacerá las metas prefijadas por la dirección general.
Como podemos ver, los llamados empleados de primera línea, son los
encargados de desarrollar las tácticas que les permitirán incrementar su
capacidad de proceso tendiente a cumplimentar los objetivos que la
empresa ha encomendado a su nivel.
Este esquema, cierra su ciclo cuando los niveles máximos y medios,
evalúan los progresos evidenciados por los equipos operativos,
comparando su performance real contra su performance objetiva.
A partir de los resultados de este análisis, las expectativas de la
organización son adaptadas de acuerdo al resultado del aprendizaje
evidenciado por los empleados de primera línea.
De tal forma, las propuestas generales para alcanzar los grandes
objetivos, continúan viniendo de las altas esferas. Sin embargo, hoy en
día, estas no llegan al personal de primera línea transformadas en
órdenes cerradas.
En el esquema propuesto, los mandos medios, sirven de apoyo a los
gerentes operativos para transformar las políticas generales en
propuestas más concretas que ejecutarán los empleados de primera línea.
A partir de lo expuesto, cabe aquí reflexionar acerca del rol del mando
medio en la empresa moderna, que se diferencia esencialmente del
supervisor que se limitaba a transmitir las instrucciones recibidas.
Hoy, los mandos medios, tienen básicamente dos grandes responsabilidades
vinculadas a su capacidad técnica específica. Por un lado, son los
responsables de lograr cumplir con los objetivos de la tarea
encomendada, para lo cual harán uso de su capacidad de gestión. Por otra
parte, también son responsables de procurar integrar al personal con el
cual interactúan a las tareas desarrolladas, procurando obtener el mayor
nivel de desarrollo y satisfacción posible.
Para esto, deben llevar adelante cuatro acciones básicas:
a) brindar al personal a su cargo, un ambiente laboral adecuado para
posibilitar su correcto desempeño en la tarea.
b) transmitir a todas aquellas personas con quienes tienen contacto la
visión de la compañía. En tal sentido, deberán informarse e informar
acerca de los objetivos específicos del área.
c) capacitar y enseñar a sus colaboradores y a la vez exigir de ellos el
cumplimiento de todas aquellas normas que afiancen la disciplina interna
del grupo.
d) asegurar que sus colaboradores logren insertarse en la tarea que
realizan, haciéndolos sentir partícipes de un proyecto de mayor
trascendencia, al que brindan su aporte como personas inteligentes y
libres.
DIMENSIONES DEL ROL DEL MANDO MEDIO
En el cumplimiento de estas cuatro funciones básicas, deberán procurar
satisfacer las necesidades del personal, dentro del marco referencial de
las responsabilidades que la organización tiene para con sus miembros.
Al hacerlo, será preciso que tengan en cuenta las naturales
responsabilidades intrínsecas que la empresa tiene con sus accionistas,
la sociedad y los clientes. Por ello, existen una serie de factores de
los cuales el mando medio deberá abstraerse, por estar fuera de sus
reales posibilidades de acción. Hacemos referencia a aquellos aspectos
relacionados con las condiciones generales de trabajo y los niveles
remunerativos.
Sin embargo, los mandos medios deberán prestar especial atención al
cuidado de la integridad física del personal manteniendo una constante
actitud docente, cumpliendo y haciendo cumplir todas aquellas normas
relativas al mantenimiento de condiciones de trabajo seguras.
Asimismo, deberán atender y canalizar eficientemente los problemas
laborales y aún personales de sus colaboradores, asegurándoles un trato
justo, en igualdad de condiciones y por sobre todas las cosas respeto
personal. Esto, contribuirá a disminuir los niveles de ansiedad y de
reclamos, que de no ser atendidos rápidamente por la organización,
inmediatamente serán captados por las organizaciones gremiales, con el
riesgo de convertirse en conflictos potenciales.
Como podemos observar, los mandos medios, cumplen una doble función en
sentido ascendente y descendente. Por un lado, toman de los empleados de
primera línea, aquellas valoraciones vinculadas a la operación del
negocio y las necesidades de los clientes, acercándolas a las gerencias
operativas para una efectiva toma de decisiones. Por otra parte, son los
encargados de bajar nuevamente hasta la base de la organización
adaptando la estrategia a la realidad operativa, a la vez que informan y
motivan constantemente al personal de primera línea.
Claro está la importancia y contribuciones que puede aportar el
establecimiento de un programa, tendiente a lograr el desarrollo de
mandos medios en las empresas de servicios, sin embargo, estos procesos
no deben implementarse en forma aislada.
Como puede observarse en el gráfico nº 5, el planeamiento estratégico es
un proceso dinámico que funciona a partir de la retroalimentación o
feedback existente entre el personal de primera línea, el management
operativo y el management estratégico, lo que posibilita ir adecuando la
estrategia a los cambios de escenario.
En organizaciones que han sufrido cambios de cultura y de estructura tan
importantes como las empresas privatizadas, es preciso darle especial
importancia a las reacciones que pueden sufrir los antiguos
supervisores, hoy convertidos en mandos medios. Sus funciones,
responsabilidades y rol dentro de la organización, son ahora
completamente diferentes, lo que puede llevarlos a sufrir lo que se
denomina el vaciamiento del rol.
Es preciso, tener en cuenta que los ahora mandos medios, en la
antiguedad, solo actuaban como meros ejecutores de órdenes cerradas y
que a partir de la redefinición de su rol, se han convertido en
facilitadores de la tarea de las personas a quienes supervisan. Esto,
los hace sentir presionados en dos sentidos.
Hacia arriba, los nuevos requerimientos de las gerencias operativas,
entran en colisión con sus antigüas expectativas y experiencias. Hacia
abajo, se ven sometidos al requerimiento constante de los empleados de
primera línea, quienes les exigen mayores cuotas de responsabilidad y
poder de decisión para solucionar efectivamente los problemas planteados
por la clientela. Esto, normalmente es tomado como una amenaza directa
hacia sus propios intereses.
DIMENSIONES DEL VACIAMIENTO
Este constante sometimiento a presiones de aquellos sujetos con quienes
se interrelacionan hacia arriba y hacia abajo, genera en los mandos
medios, una natural tendencia a sufrir el vaciamiento de su rol
específico.
Sobre estas fuerzas centrífugas, debemos actuar de manera constante, con
el propósito de afianzarlo y brindarle al mando medio, las mayores
posibilidades de éxito en su tarea.
Para esto, es necesario comprender que, con independencia de su antigüo
rol de ejecutor de órdenes y de las diferencias de contexto generadas
por la redefinición de su rol en la nueva cultura organizacional, el
mecanismo de vaciamiento encuentra su orígen en el individuo mismo,
quien se ve amenazado por la duda acerca de la legitimidad de su
autoridad, que lo debilita, provocándole un sentimiento de reticencia a
ejercer la conducción.
Este sentimiento de inseguridad, tiene orígen en tres distorsiones
fundamentales.
En primer lugar, un paso abrupto de un estado de inseguridad, propio del
esquema de sumisión de la vieja estructura, a un estado de omnipotencia
y ambición desmedida, originado al encontrarse ahora con la posibilidad
de decidir por sí mismo.
En segundo lugar, puede darse un sentimiento de incompetencia
profesional, provocado por deficiencias en la actualización de sus
conocimientos o por la carencia de un nivel profesional adecuado.
Por último, los mandos medios, pueden verse tentados de dudar en
relación a la eticidad de la gestión de la empresa, ya sea en lo que
hace a su accionar específico, como en lo referente a los valores que
componen la cultura organizacional.
Por ende, es necesario para asegurar el éxito del proceso, apoyar de
manera constante a los estamentos intermedios, brindándoles la seguridad
necesaria para que puedan asumir los riesgos de las decisiones que
adoptan a diario.
Esto, no solo es privativo de los mandos medios, sino que también
resulta común a los empleados de primera línea.
Al dejarse de lado la estructura jerárquica, ya no existen órdenes
precisas ni reglamentos que contengan soluciones para todo. La realidad
por tanto, se torna un blanco móvil y por ello todos los empleados deben
tener plena libertad para decidir, con la seguridad de que si se
equivocan, esto no implicará la pérdida de su trabajo.
Es necesario, que toda la organización sepa que tiene plena libertad y
responsabilidad para crear y que por ende en este camino se permite
cometer errores. Solo entonces, desaparecerán aquellas ataduras que
impiden a los mandos medios, ejercer totalmente su nueva autoridad.
Esta nueva sensación de apoyo y seguridad, encuentra su basamento en
fuentes endógenas y exógenas. En lo interno, proviene de la natural
sensación de autoestima de cualquier persona a la que se le otorga mayor
responsabilidad en su tarea.
En lo externo, la seguridad está dada por el apoyo constante de los
gerentes operativos y todas aquellas personas que ocupan posiciones de
liderazgo en la organización. Estos últimos, deben servir de guía para
todos los empleados.
De tal manera, todas aquellas decisiones equivocadas adoptadas por el
personal, deben servir de base para analizar las causas de los errores
cometidos y no como excusa para la imposición de castigos para aquellos
empleados que normalmente asumen riesgos y que en forma ocasional han
cometido algún error.
Evidentemente, al asumir decisiones de manera constante, siempre se está
sometido a la posibilidad de cometer errores. Pero el hecho de que estos
errores no deban ser objeto de sanción, no implica ignorar la
incompetencia.
De tal modo, el crecimiento futuro de los mandos medios, dependerá
fundamentalmente de la capacitación constante que le permita el
desarrollo de aquellas habilidades que le posibiliten cumplir
eficazmente su rol.
En tal sentido, al planificar la capacitación asociada a un programa de
mandos medios, debe tenerse presente que el horizonte de
responsabilidades del mando medio es eminentemente operativo, focalizado
principalmente en el control y el logro de objetivos de medición
concreta.
9. EL COMPROMISO A TRAVÉS DE LA PARTICIPACIÓN:
La historia nos relata que antes de enfrentar a los Mamelucos en lo que
se conoce como la batalla de las pirámides, Napoleón Bonaparte, reunió a
su ejército y lo arengó de manera encendida, cerrando su exhortación al
triunfo con la célebre frase: "Soldados, desde lo alto de estas ruinas,
cuatro mil años de historia los contemplan".
Los cuarenta mil infantes franceses, todos ellos veteranos de la campaña
de Italia, desembarcaron en el puerto de Alejandría y desde allí,
efectuaron una extenuante marcha por el desierto hasta llegar a la
ciudad de El Cairo.
En la jornada del 21 de julio de 1798, el ejército napoleónico, enfrentó
y venció a la caballería egipcia, un enemigo numéricamente superior.
Evidentemente, esos hombres no se detuvieron a pensar en sus
circunstancias, ni en sus debilidades. Simplemente se dispusieron a
luchar por el honor de Francia, su general, su orgullo personal ... ¡y
vencieron!.
Al igual que lo sucedido con estos franceses, en nuestros días la única
manera de que un grupo pueda asumir responsabilidades con éxito, es
comprender acabadamente la realidad a la que se enfrenta.
Aquí radica la importancia de comunicar a todos los empleados de manera
sistemática los objetivos que conforman la visión de la compañía. No
existe otra manera.
Si queremos realmente que la visión se traduzca en realidades, es
preciso que esta sea compartida absolutamente por todos. Para ello, es
preciso la suma de todos los esfuerzos a partir de la participación.
Hoy en día, nadie sería capaz de negar la trascendencia que tiene el
conocimento de los empleados de primera línea, del trabajo que ejecutan
a diario. Por ende, sería ridículo no escuchar sus opiniones.
Sin embargo, muchas veces la participación de los empleados en la
definición de algunos procesos de la empresa, resulta un hecho
traumático. Esto obedece como ya vimos anteriormente, a ciertos bloqueos
o resistencias que se operan en los sujetos que naturalmente deben
liderar los cambios.
Aquí, no solo debemos hacer referencia al management estratégico, sino
también a las organizaciones gremiales de trabajadores.
La Argentina, hace ya casi veinte años atrás, experimentó en sus
empresas de servicio público la adopción de mecanismos de autogestión,
con resultados poco alentadores. Causas políticas, hicieron que la
experiencia degenerara en la aplicación de remanidas técnicas
colectivistas, integrándose miles de trabajadores a los comité de
autogestión.
Sin embargo, al hablar de participación, para evitar cualquier tipo de
confusión semántica, es preciso destacar que la misma debe darse a
partir de la total comunión del colectivo de los tabajadores con la
visión diseñada por el management estratégico.
De tal forma, al lograr una identificación permanente con los objetivos
de la organización, los trabajadores, contribuirán a orientar todas las
fuerzas internas de la empresa en un mismo sentido. Esto, no
necesariamente implica participación accionaria.
Sin embargo, siguiendo algunas experiencias de países centrales y de
Latinoamérica, el gobierno argentino al decidir la privatización de las
empresas de servicio público, contempló el otorgamiento de un porcentaje
del paquete accionario a los trabajadores, asegurándoles la presencia de
por lo menos un representante en el directorio.
Esto, enfrenta a los sindicatos con sus acciones pasadas. Durante años,
fueron el enemigo natural de la clase dirigente y hoy se encuentran, con
que ya no representan individuos, expuestos a sufrir los excesos de los
dueños de los bienes de producción.
En la actualidad, todas las asociaciones sindicales que ejercen la
representación del personal perteneciente a las antigüas empresas
públicas, cuentan en sus filas con individuos que han dejado de ser
simples proletarios para convertirse en dueños de una cuota parte de los
medios de producción.
De tal manera, los antigüos modelos de negociación competitiva en donde
cada negociador buscaba obtener el máximo de ventajas de su adversario,
deberán ser dejados de lado, so pena de dañar indirectamente los
intereses de sus representados.
Con independencia de esto, hoy los trabajadores ya no son una masa
informe limitada a recibir órdenes e instrucciones y cuentan con
libertad y responsabilidad para decidir. Esto, obliga a los sindicatos a
redefinir su rol.
En tal sentido, las organizaciones gremiales, deberán orientarse en tres
direcciones fundamentales.
En primer lugar, será necesario que ocupen un papel de cooperación,
colaborando con la empresa en la difusión de la visión y los objetivos
propuestos.
En segundo lugar, continuarán con su rol natural, analizando de manera
crítica si las empresas cumplen con la legislación laboral y los
convenios colectivos firmados.
Por último, deberán afrontar las discusiones paritarias desde una
posición de cooperación, en donde será necesario buscar acuerdos que
prioricen el aumento de la productividad. El no hacerlo, dañaría los
intereses de aquellos a quienes se intenta representar.
Con sindicatos que acepten estas nuevas realidades, se sumen al cambio y
formen a sus dirigentes en esta nueva filosofía, las empresas contarán
con un aliado sumamente valioso.
Esto es así debido a que los sindicatos, dada su estrecha relación con
la base, poseen acceso a un fondo de conocimientos, ideas y opiniones
del personal que normalmente le está vedado a la alta dirección. Sumado
a esto, las organizaciones gremiales, poseen una capacidad de lobby que
en ocasiones, puede resultar de gran utilidad.
10. UN DESAFÍO PENDIENTE: LA EDUCACIÓN PARA EL TRABAJO.
Ya no se dictan órdenes cerradas, ya no hay jefes ni títulos. La
autoridad, está dada por el conocimiento.
Nos encontramos frente a un proceso de reformulación de los viejos
dogmas. De tal modo, es preciso asumir que todo lo que conocemos, puede
estar equivocado.
En este contexto, debemos recalcar una vez más la función principal de
las organizaciones: hacer que los conocimientos poseídos por sus
recursos humanos se tornen productivos.
De tal modo, será necesario rediseñar el sistema educativo, para que los
establecimientos de enseñanza brinden a las organizaciones, individuos
altamente capacitados que puedan incorporarse sin más al sistema
productivo.
Sin embargo, esto no debe ser tomado como una función exclusiva del
estado, como responsable de la educación pública.
Decíamos en el capítulo tercero, que la problemática de los recursos
humanos no solo afecta la productividad de la empresa, sino que además
produce efectos perjudiciales en la sociedad en donde ésta interactúa.
Por ende, la falta de capacitación de los trabajadores, no solo daña el
mejoramiento contínuo de los procesos desarrollados por las
organizaciones, sino que termina por perjudicar la competitividad global
del país.
En tal sentido, es preciso que las empresas se integren al proceso
educativo. Años de aislacionismo, han provocado la obsolescencia de los
programas de estudio desarrollados en los establecimientos de enseñanza
media y universitaria. Esto, requiere que las organizaciones actúen de
guía y apoyo, contribuyendo a la formación de los jóvenes que luego
habrán de incorporarse al mercado de trabajo.
De tal manera, a través de la firma de convenios de cooperación, las
empresas deberán posibilitar el acceso de alumnos y docentes al contacto
con los procesos de gestión y tecnologías de punta, aplicados por estas.
Esto no implica que las empresas deban reemplazar al estado en el rol de
educador, ni que el estado como ya vimos, deba suplir a la iniciativa
privada.
Por el contrario, significa que ambas partes, colaboren de manera
responsable, transformando los problemas sociales en oportunidades para
generar el crecimiento.
En este camino, las organizaciones deberán servirse de las
universidades, solicitándoles la investigación y el desarrollo de
ciertos temas de ciencia pura o aplicada. A tal fin, será conveniente el
aprovechamiento de los laboratorios de investigación existentes, los
cuales muchas veces se encuentras inactivos por falta de presupuesto.
Por su parte, las empresas deberán colaborar con la universidad en el
diseño de los planes de estudios, indicando cuales son las
especialidades más requeridas y hasta definiendo nuevas carreras de
grado, acordes con las nuevas realidades.
Consecuentemente, deberán interactuar con el sector educativo, a fin de
que éste provea a través de sus universidades, no solo individuos
informados, sino que a la vez sean capaces de resolver problemas.
De tal manera, se requiere un importante esfuerzo destinado a
reconvertir los recursos humanos recibidos y proporcionarles las
herramientas de gestión necesarias, para que sean realmente capaces de
contribuir a la consolidación del cambio.
11. EL PASO DE LA CULTURA DEL ORDEN A LA CULTURA DE LA
RESPONSABILIDAD:
Mas o menos hacia mediados del siglo XIX, las organizaciones, se fueron
dando forma copiando la estructura del por entonces mayor ejemplo de
eficiencia: el ejército prusiano.
De tal manera, al igual que éste, las empresas se estructuraron de
manera vertical, con un pequeño grupo altamente calificado que ejercía
el mando y control sobre un número muy importante de personas poco
calificadas.
La disciplina en el trabajo, resultaba un pilar fundamental, ya que a
los individuos, solo se les requería hacer y no pensar. Al decir de
Taylor, era preciso que al entrar a la fábrica, el obrero dejara colgada
su cabeza junto al abrigo.
Lo único importante era hacer. No importaba saber por que ni hasta
cuando. Tampoco era necesario conocer hacia donde.
La férrea estructura de poder, generaba trabajadores autómatas que se
limitaban a producir obedeciendo. A nadie se le requería creatividad en
el trabajo, ni mucho menos opinión acerca de como hacer las cosas. Era
de suponer que el jefe, supiera hacer el trabajo del subordinado ya que
seguramente años atrás había ocupado el mismo puesto.
Este esquema, alcanzó su cenit a finales de los años veinte.
Aproximadamente, hacia mediados de los años cuarenta, se comenzó a
percibir que este sistema de organización, había quedado obsoleto y
comenzaba a dejarse de lado la noción de orden y control, para ir
abriendo camino a la noción de responsabilidad, aunque sin demasiado
éxito.
Fue recién durante los años setenta, cuando la información comenzó a ser
un elemento estructural importante, que terminó por eliminar muchos de
los niveles jerárquicos existentes. Por oposición al esquema diseñado a
partir del modelo prusiano, la organización basada en la información se
asemeja a una orquesta de jazz, en donde cada uno de sus miembros
ejecutan un instrumento distinto pero sobre una misma partitura, es
decir, sobre una misma información.
Aquí, cada individuo es quien más sabe acerca de su trabajo. Por ello,
en la organización basada en el saber, es preciso asumir que quienes
ejercen el rol de liderar, no solo no saben hacer el trabajo de sus
colaboradores tan bien como ellos, sino que puede que nunca lo hayan
realizado.
Sin embargo, pese a conocer su trabajo a la perfección ¿Se sienten todos
los empleados responsables de la construcción de un objetivo común?.
Este interrogante, nos obliga a ir aún más allá de la organización
basada en la información.
Resulta necesario que todos nuestros empleados asuman como propios los
objetivos de la organización, concientes de que a cada uno, le está
reservado un papel protagónico.
Para ello, será necesario que comprendan, que cualquiera fuese el
trabajo que se les haya encomendado, el mismo, deberá ser ejecutado como
si del mismo dependiera la entera satisfacción de un cliente.
Es por eso, que lo fundamental en cada uno de nuestros empleados, debe
ser la pasión por el servicio. Tener presente en todo momento la misión
de la empresa, y recordar que para que esta pueda cumplirse, es preciso
responder en forma directa y rápida a las necesidades de cada cliente.
En este camino, deberemos asumir que lo que importa es la voluntad de
trabajar en equipo, ya que eso es lo único que persiste y nos llevará a
lograr buenos y durables resultados. En tal sentido, será preciso
reafirmar una y mil veces, que la compañía está orientada hacia el
cliente y organizada para el cambio.
El objetivo es ambicioso, y para poder llevarlo a cabo, es necesario el
esfuerzo de todos.
Es preciso generar gran entusiasmo en aquellos que nos rodean, y
hacerles ver que por insignificante que pueda parecerles la tarea
cotidiana, ella es vital en la construcción del objetivo global.
Para esto, resulta sumamente gráfica la historia narrada por Jan Carlzon
en la cual un viajero, preguntó que hacían a dos hombres que picaban
bloques de granito. El primer hombre de aspecto desagradable, protestó:
"Estoy cortando esta maldita piedra en bloques". El segundo, sin
detenerse en su tarea, replicó diciendo: "Estoy en este equipo de
trabajo que construye la catedral".
De nosotros depende. No esperemos del mañana algo distinto de lo que hoy
somos capaces de hacer. Y para eso, es necesario tener claro el
objetivo.
Solamente entonces, seremos capaces de transformar nuestra sociedad a
partir del mejoramiento contínuo de nuestras organizaciones.
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YURASZEK Troncoso, José. ENERSIS. El caso de una empresa moderna.
Carlos O. Bobillo y Juan Martín Encina
Aportado por: www.hfainstein.com.ar Actividades de consultoría, capacitación y facilitación de procesos para contribuir al aprendizaje y desarrollo de personas, equipos y organizaciones, tanto en el ámbito público como privado, y en organizaciones no gubernamentales. infoarrobahfainstein.com.ar
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